Los ingresos se hundieron 12,7% en la era Fernández
La merma para los ocupados fue incluso más pronunciada en el caso de los estratos más bajos; en el segundo trimestre cayeron 0,25% frente al mismo período del año pasado
Francisco Jueguen
El ajuste en los ingresos y salarios de los argentinos se sigue profundizando
Desde el segundo trimestre de 2020 hasta la actualidad, pero sin contemplar aún el último salto del dólar, los ingresos de los trabajadores se derrumbaron 12,7%. Según datos del Indec, en el segundo trimestre de este año, frente al mismo período de 2022, cayeron 0,25%, aunque el declive fue más pronunciado en los estratos bajos (-3%).
¿Fue Javier Milei un cisne negro? Para el arco político –“la casta”, diría el economista– parece que sí. Sin embargo, los números oficiales anticipaban su llegada. Desde que asumieron, Alberto Fernández y Cristina Kirchner, los ingresos de los ocupados se desmoronaron un 12,7%. En el segundo trimestre de este año, antes de la devaluación que disparó a un nuevo nivel la inflación, cayeron 0,25% frente al mismo período del año pasado, según el Indec. Entre 2017 y 2019, cuando se acumularon las corridas cambiarias en el gobierno de Mauricio Macri, esos mismos ingresos se habían hundido un estrepitoso 14,4%.
Desde la mitad del gobierno del entonces Cambiemos hasta la actualidad de Unión por la Patria, la retracción de los ingresos acumula 24,5%. De vuelta, entonces, la pregunta. ¿Es tan novedoso Milei?
Estos números surgen del informe oficial de Evolución de la Distribución del Ingreso que calcula la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) y fueron procesados por la consultora privada ExQuanti.
Los números oficiales muestran incluso una realidad más preocupante. Los ocupados más golpeados por las crisis que vivió el país desde 2017 fueron aquellos en los estratos bajos. Sus ingresos se desplomaron 17,9% en las poscorrida con Macri; 15% con la inflación y cuarentena obligatoria de Fernández-Kirchner; y 3% en el último año con el ministro de Economía y candidato a la presidencia de Unión por la Patria, Sergio Massa.
Los asalariados viven una pendiente similar: perdieron 14,7% en la era Macri y 14,9% en la Fernández-Kirchner. Sus salarios cayeron 0,99% en el último año con Massa. Para el acumulado de 2017 a hoy, perdieron 23,4%, pero aquellos en el estrato más bajo vieron hundirse su sueldo un 29%.
De nuevo, como son datos del segundo trimestre de este año, no incorporan aún los fogonazos de agosto y septiembre por la generalización del impuesto PAIS a las importaciones de fines de julio y la devaluación del 27% –la aceleración del crawling peg más el salto del dólar post-PASO– pactada con el FMI para poder sumar nuevos dólares al vaciado Banco Central (BCRA).
El informe del Indec difundido ayer es la contracara de la información del mercado laboral que celebró el Gobierno anteayer y es la muestra palpable de que, en los últimos años, los argentinos fueron sometidos a un ajuste violento por precio más que por cantidad. Se trata de una flexibilización laboral sin despidos, pero con bajas de ingresos reales significativas, extendidas en el tiempo y pocas veces vista en el país.
El organismo informó una baja del desempleo en un año de 6,9% a 6,2%. Sin embargo, la tasa de empleo se mantuvo en el mismo nivel. Los expertos explicaron que la mejora fue puramente estadística. La caída en la tasa de actividad –más inactivos; personas que no buscan empleo– es la que determinó la mejora del número oficial de desempleo. Pese a que el empleo registrado crece a ritmo aletargado desde hace varios meses, la expansión más importante se dio entre informales y cuentapropistas. De hecho, los asalariados privados pasaron de representar un 56% en 2012 a un 48% actualmente, según la consultora LCG. Por otra parte, en el primer trimestre de 2018, justo antes de que se desate la crisis cambiaria de Macri, el empleo asalariado privado registrado estaba en 6,3 millones. Actualmente, se encuentra también en 6,3 millones.
La resistencia del empleo –si no quiere verse como un estancamiento– podría matizarse como una buena noticia con una actividad económica cayendo casi 5% en el segundo trimestre del año. No obstante, aquellos economistas con memoria suelen recordar que en los tiempos de hiperinflación, el desempleo mostró tasas bajas. Economistas y una parte de la oposición vienen alertando sobre la posibilidad de una espiralización de los precios ante el vacío de poder, la emisión descontrolada y el salto del gasto público asociado a las medidas tomadas por Massa luego de los efectos implacables de la devaluación sobre los precios. Por caso, la inflación de agosto fue de 12,4%, la más alta desde febrero de 1991 y la de canasta de alimentos, que delimita la pobreza, se disparó 17%. En el Gobierno extienden un “efecto arrastre” a este mes y consideran que tiene que ver con una disparada puntual de los precios por el salto del dólar luego de las primarias.
“Las dos híper que hubo fueron la del 89 y la del 90, previa a la convertibilidad. En ambos años, el desempleo promedió 7,5%”, rememoró Lorenzo Sigaut Gravina, de Equilibra.
El ajuste sobre los ingresos desató dos fenómenos de pauperización en el mercado laboral. Casi el 10% de los trabajadores tiene más de un empleo (pluriempleo) y este fenómeno registra un crecimiento del 25% desde 2018, según Ecolatina. “El pluriempleo también está vinculado a la necesidad de sostener determinado nivel de vida”, señaló la consultora. Por otra parte, según un trabajo de la UBA y la UCA, la cantidad de ocupados pobres llegó a fines del año pasado a 27,3%. Para encontrar un dato similar, sacando el impacto de la cuarentena oficial por la pandemia (30,5% en 2020) hay que remontarse a 2006 (28,5%). El punto más bajo de la serie entre 2003 y 2022 fue 2017 (15,2%).
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Por segundo día, el BCRA mostró dificultades para comprar dólares
Pese a la vigencia del soja 4, solo se alzó otra vez con US$1 millón, lo que lo deja con saldo final en rojo; rumores
Desde el segundo trimestre de 2020 hasta la actualidad, pero sin contemplar aún el último salto del dólar, los ingresos de los trabajadores se derrumbaron 12,7%. Según datos del Indec, en el segundo trimestre de este año, frente al mismo período de 2022, cayeron 0,25%, aunque el declive fue más pronunciado en los estratos bajos (-3%).
¿Fue Javier Milei un cisne negro? Para el arco político –“la casta”, diría el economista– parece que sí. Sin embargo, los números oficiales anticipaban su llegada. Desde que asumieron, Alberto Fernández y Cristina Kirchner, los ingresos de los ocupados se desmoronaron un 12,7%. En el segundo trimestre de este año, antes de la devaluación que disparó a un nuevo nivel la inflación, cayeron 0,25% frente al mismo período del año pasado, según el Indec. Entre 2017 y 2019, cuando se acumularon las corridas cambiarias en el gobierno de Mauricio Macri, esos mismos ingresos se habían hundido un estrepitoso 14,4%.
Desde la mitad del gobierno del entonces Cambiemos hasta la actualidad de Unión por la Patria, la retracción de los ingresos acumula 24,5%. De vuelta, entonces, la pregunta. ¿Es tan novedoso Milei?
Estos números surgen del informe oficial de Evolución de la Distribución del Ingreso que calcula la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) y fueron procesados por la consultora privada ExQuanti.
Los números oficiales muestran incluso una realidad más preocupante. Los ocupados más golpeados por las crisis que vivió el país desde 2017 fueron aquellos en los estratos bajos. Sus ingresos se desplomaron 17,9% en las poscorrida con Macri; 15% con la inflación y cuarentena obligatoria de Fernández-Kirchner; y 3% en el último año con el ministro de Economía y candidato a la presidencia de Unión por la Patria, Sergio Massa.
Los asalariados viven una pendiente similar: perdieron 14,7% en la era Macri y 14,9% en la Fernández-Kirchner. Sus salarios cayeron 0,99% en el último año con Massa. Para el acumulado de 2017 a hoy, perdieron 23,4%, pero aquellos en el estrato más bajo vieron hundirse su sueldo un 29%.
De nuevo, como son datos del segundo trimestre de este año, no incorporan aún los fogonazos de agosto y septiembre por la generalización del impuesto PAIS a las importaciones de fines de julio y la devaluación del 27% –la aceleración del crawling peg más el salto del dólar post-PASO– pactada con el FMI para poder sumar nuevos dólares al vaciado Banco Central (BCRA).
El informe del Indec difundido ayer es la contracara de la información del mercado laboral que celebró el Gobierno anteayer y es la muestra palpable de que, en los últimos años, los argentinos fueron sometidos a un ajuste violento por precio más que por cantidad. Se trata de una flexibilización laboral sin despidos, pero con bajas de ingresos reales significativas, extendidas en el tiempo y pocas veces vista en el país.
El organismo informó una baja del desempleo en un año de 6,9% a 6,2%. Sin embargo, la tasa de empleo se mantuvo en el mismo nivel. Los expertos explicaron que la mejora fue puramente estadística. La caída en la tasa de actividad –más inactivos; personas que no buscan empleo– es la que determinó la mejora del número oficial de desempleo. Pese a que el empleo registrado crece a ritmo aletargado desde hace varios meses, la expansión más importante se dio entre informales y cuentapropistas. De hecho, los asalariados privados pasaron de representar un 56% en 2012 a un 48% actualmente, según la consultora LCG. Por otra parte, en el primer trimestre de 2018, justo antes de que se desate la crisis cambiaria de Macri, el empleo asalariado privado registrado estaba en 6,3 millones. Actualmente, se encuentra también en 6,3 millones.
La resistencia del empleo –si no quiere verse como un estancamiento– podría matizarse como una buena noticia con una actividad económica cayendo casi 5% en el segundo trimestre del año. No obstante, aquellos economistas con memoria suelen recordar que en los tiempos de hiperinflación, el desempleo mostró tasas bajas. Economistas y una parte de la oposición vienen alertando sobre la posibilidad de una espiralización de los precios ante el vacío de poder, la emisión descontrolada y el salto del gasto público asociado a las medidas tomadas por Massa luego de los efectos implacables de la devaluación sobre los precios. Por caso, la inflación de agosto fue de 12,4%, la más alta desde febrero de 1991 y la de canasta de alimentos, que delimita la pobreza, se disparó 17%. En el Gobierno extienden un “efecto arrastre” a este mes y consideran que tiene que ver con una disparada puntual de los precios por el salto del dólar luego de las primarias.
“Las dos híper que hubo fueron la del 89 y la del 90, previa a la convertibilidad. En ambos años, el desempleo promedió 7,5%”, rememoró Lorenzo Sigaut Gravina, de Equilibra.
El ajuste sobre los ingresos desató dos fenómenos de pauperización en el mercado laboral. Casi el 10% de los trabajadores tiene más de un empleo (pluriempleo) y este fenómeno registra un crecimiento del 25% desde 2018, según Ecolatina. “El pluriempleo también está vinculado a la necesidad de sostener determinado nivel de vida”, señaló la consultora. Por otra parte, según un trabajo de la UBA y la UCA, la cantidad de ocupados pobres llegó a fines del año pasado a 27,3%. Para encontrar un dato similar, sacando el impacto de la cuarentena oficial por la pandemia (30,5% en 2020) hay que remontarse a 2006 (28,5%). El punto más bajo de la serie entre 2003 y 2022 fue 2017 (15,2%).
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Por segundo día, el BCRA mostró dificultades para comprar dólares
Pese a la vigencia del soja 4, solo se alzó otra vez con US$1 millón, lo que lo deja con saldo final en rojo; rumores
Javier Blanco
Las compras de reservas del Banco Central (BCRA), gracias al dólar soja 4, se desaceleraron notoriamente en las últimas dos ruedas.
Para los analistas, resulta una especie de “anticipo de lo que vendrá una vez que la liquidación masiva del agro se retire”, al comenzar octubre y finalizar la actual versión del Programa de Estímulo a las Exportaciones (PIE), que –vale recordarlo– simplemente consiste en concederle un dólar más alto al oficial a sectores elegidos por el Gobierno.
Esa sensación quedó fortalecida luego de que ayer, por segundo día consecutivo, el ente bajo conducción de Miguel Pesce reportó que pudo captar apenas US$1 millón de los US$351,7 millones operados de contado por la plaza oficial.
Entre el lunes y el martes pasados, vale recordar, había recomprado un promedio de US$56,5 millones por rueda.
En la víspera, si bien mejoró muy en el margen su performance, al quedarse con el 0,284% de las divisas negociadas vs. el 0,27% de ayer, el paupérrimo saldo confirma el nerviosismo que vuelve a ganar al mercado en las últimas horas.
Es algo que se deja ver tanto en las presiones alcistas que exhiben otra vez las cotizaciones de los dólares financieros (MEP) como en la carrera que retomó el blue, que avanzó otro 1,36% ayer para llegar hasta los $745 para la venta (ver aparte) y ya se ubica por encima del nivel que mostraba ante del PIE IV, tras haber marcado un piso de $710 pocas horas después de que dicho programa mostrara capacidad de arrimarle algunas reservas al BCRA.
Todo esto a su vez alimenta rumores sobre una posible ampliación del actual formato de liquidación de divisas vigente para el complejo sojero (75% MULC, 25% de libre disponibilidad) a otros sectores exportadores de la economía al menos durante octubre, en procura de evitar que el ente monetario vuelva a ceder reservas durante el mes de las elecciones.
¿Qué hay detrás de la merma?
Los operadores coinciden en observar que el desplome de las compras oficiales se explica tanto por un descenso de la oferta sojera (de promediar US$98 millones en las cinco ruedas previas cayó a poco más de US$46 millones ayer), que podría estar vinculado con la tendencia bajista que ensayaron en las últimas horas los precios de la soja en el mercado internacional, al alejarse desde hace una semana de los US$500 y ubicarse ahora en torno de los US$475 por tonelada.
Pero también se lo vincula como una propensión del Banco Central a validar una mayor demanda, tratando de evitar problemas en la cadena productiva por falta de insumos en la recta final hacia las elecciones presidenciales.
“Creemos que la autoridad monetaria habría irrigado de dólares a la demanda privada en el margen, la cual se encontraba muy pisada respecto de los días predevaluación. Hay que observar que el resto de la demanda (residual de la liquidación del agro y las compras netas del BCRA) recortó de un promedio de US$126 millones diarios entre el 01/08 y el 11/08 a un estimado de US$33 millones desde que inició el dólar soja 4”, explicaron los analistas de Portfolio Personal Inversiones (PPI).
Sin más conejos en la galera
Como sea, lo que queda claro es que el BCRA no logró sumar reservas propias ni agregando a la devaluación general de casi 22%, que validó tras las últimas PASO, otra “sectorial” del 25% para volver a estimular las liquidaciones del sector sojero.
De hecho, pese a que recompró por el MULC unos US$514 millones en lo que va del mes, apenas logró sumar a sus reservas netas unos US$150 millones ya que, según cálculos de mercado, dilapidó el resto tratando de evitar un mayor aumento de la brecha cambiaria.
Es algo que ayuda a entender por qué las reservas brutas o totales del BCRA, que estaban en US$27.774 millones el día previo al debut del dólar soja 4, hayan cerrado ayer en US$27.424 millones, es decir, unos US$350 millones por debajo de aquel nivel.
Y, a su vez, explica por qué su tenencia neta no acusa recibo de esos ingresos. “Eso es porque hay otros componentes, además de las intervenciones en MULC y MEP/CCL que impactan en las reservas netas, como los pagos a organismos internacionales y cambios en la valuación de los activos en cartera (yuanes, oro y DEG). De esta manera, las reservas netas se ubican en un estimado negativo de US$4908 millones, bajando US$337 millones hasta anteayer desde que inició el dólar soja”, sostienen desde PPI.
A eso se agrega que desde hace dos ruedas el flujo neto del total de sus intervenciones (tanto la que realiza diariamente sobre el MULC como la que mantiene para tratar de mantener en calma –cada vez con menos suceso– al dólar MEP o CCL) volvió a terreno negativo.
Ese drenaje anteayer habría sido, por caso, de US$28 millones, constituyéndose en el mayor rojo desde el inicio del mes en la previa a la implementación de la actual versión dólar soja.
Los datos parecen mostrar que el último conejo que sacó de la galera el ministro Sergio Massa pierde efectividad antes de lo previsto, lo que pone en guardia al mercado, que descuenta que “el canal de transmisión de la próxima, y ya inexorable, aceleración inflacionaria será un nuevo salto devaluatorio cuyo tamaño dependerá de la duración del congelamiento en $350 del dólar oficial”.
Muestra de ello son los saltos del 22% y 34% que muestran las cotizaciones de los futuros cambiarios en el Rofex para las posiciones a liquidarse a fines de noviembre y diciembre, respectivamente
Las compras de reservas del Banco Central (BCRA), gracias al dólar soja 4, se desaceleraron notoriamente en las últimas dos ruedas.
Para los analistas, resulta una especie de “anticipo de lo que vendrá una vez que la liquidación masiva del agro se retire”, al comenzar octubre y finalizar la actual versión del Programa de Estímulo a las Exportaciones (PIE), que –vale recordarlo– simplemente consiste en concederle un dólar más alto al oficial a sectores elegidos por el Gobierno.
Esa sensación quedó fortalecida luego de que ayer, por segundo día consecutivo, el ente bajo conducción de Miguel Pesce reportó que pudo captar apenas US$1 millón de los US$351,7 millones operados de contado por la plaza oficial.
Entre el lunes y el martes pasados, vale recordar, había recomprado un promedio de US$56,5 millones por rueda.
En la víspera, si bien mejoró muy en el margen su performance, al quedarse con el 0,284% de las divisas negociadas vs. el 0,27% de ayer, el paupérrimo saldo confirma el nerviosismo que vuelve a ganar al mercado en las últimas horas.
Es algo que se deja ver tanto en las presiones alcistas que exhiben otra vez las cotizaciones de los dólares financieros (MEP) como en la carrera que retomó el blue, que avanzó otro 1,36% ayer para llegar hasta los $745 para la venta (ver aparte) y ya se ubica por encima del nivel que mostraba ante del PIE IV, tras haber marcado un piso de $710 pocas horas después de que dicho programa mostrara capacidad de arrimarle algunas reservas al BCRA.
Todo esto a su vez alimenta rumores sobre una posible ampliación del actual formato de liquidación de divisas vigente para el complejo sojero (75% MULC, 25% de libre disponibilidad) a otros sectores exportadores de la economía al menos durante octubre, en procura de evitar que el ente monetario vuelva a ceder reservas durante el mes de las elecciones.
¿Qué hay detrás de la merma?
Los operadores coinciden en observar que el desplome de las compras oficiales se explica tanto por un descenso de la oferta sojera (de promediar US$98 millones en las cinco ruedas previas cayó a poco más de US$46 millones ayer), que podría estar vinculado con la tendencia bajista que ensayaron en las últimas horas los precios de la soja en el mercado internacional, al alejarse desde hace una semana de los US$500 y ubicarse ahora en torno de los US$475 por tonelada.
Pero también se lo vincula como una propensión del Banco Central a validar una mayor demanda, tratando de evitar problemas en la cadena productiva por falta de insumos en la recta final hacia las elecciones presidenciales.
“Creemos que la autoridad monetaria habría irrigado de dólares a la demanda privada en el margen, la cual se encontraba muy pisada respecto de los días predevaluación. Hay que observar que el resto de la demanda (residual de la liquidación del agro y las compras netas del BCRA) recortó de un promedio de US$126 millones diarios entre el 01/08 y el 11/08 a un estimado de US$33 millones desde que inició el dólar soja 4”, explicaron los analistas de Portfolio Personal Inversiones (PPI).
Sin más conejos en la galera
Como sea, lo que queda claro es que el BCRA no logró sumar reservas propias ni agregando a la devaluación general de casi 22%, que validó tras las últimas PASO, otra “sectorial” del 25% para volver a estimular las liquidaciones del sector sojero.
De hecho, pese a que recompró por el MULC unos US$514 millones en lo que va del mes, apenas logró sumar a sus reservas netas unos US$150 millones ya que, según cálculos de mercado, dilapidó el resto tratando de evitar un mayor aumento de la brecha cambiaria.
Es algo que ayuda a entender por qué las reservas brutas o totales del BCRA, que estaban en US$27.774 millones el día previo al debut del dólar soja 4, hayan cerrado ayer en US$27.424 millones, es decir, unos US$350 millones por debajo de aquel nivel.
Y, a su vez, explica por qué su tenencia neta no acusa recibo de esos ingresos. “Eso es porque hay otros componentes, además de las intervenciones en MULC y MEP/CCL que impactan en las reservas netas, como los pagos a organismos internacionales y cambios en la valuación de los activos en cartera (yuanes, oro y DEG). De esta manera, las reservas netas se ubican en un estimado negativo de US$4908 millones, bajando US$337 millones hasta anteayer desde que inició el dólar soja”, sostienen desde PPI.
A eso se agrega que desde hace dos ruedas el flujo neto del total de sus intervenciones (tanto la que realiza diariamente sobre el MULC como la que mantiene para tratar de mantener en calma –cada vez con menos suceso– al dólar MEP o CCL) volvió a terreno negativo.
Ese drenaje anteayer habría sido, por caso, de US$28 millones, constituyéndose en el mayor rojo desde el inicio del mes en la previa a la implementación de la actual versión dólar soja.
Los datos parecen mostrar que el último conejo que sacó de la galera el ministro Sergio Massa pierde efectividad antes de lo previsto, lo que pone en guardia al mercado, que descuenta que “el canal de transmisión de la próxima, y ya inexorable, aceleración inflacionaria será un nuevo salto devaluatorio cuyo tamaño dependerá de la duración del congelamiento en $350 del dólar oficial”.
Muestra de ello son los saltos del 22% y 34% que muestran las cotizaciones de los futuros cambiarios en el Rofex para las posiciones a liquidarse a fines de noviembre y diciembre, respectivamente
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