El “big bang” del teatro según el académico Jorge Dubatti
El investigador, crítico y docente ingresó a la Academia Argentina de Letras; ocupará el sillón de Ventura de la Vega, dramaturgo nacional del siglo XIX
Daniel Gigena
Se abrió el telón para el investigador, profesor y flamante académico Jorge Dubatti (Buenos Aires, 1963), que ayer fue protagonista en el Palacio Errázuriz del acto de recepción en la Academia Argentina de Letras (AAL) donde se lo designó académico de número. El acontecimiento teatral es “uno de los tesoros culturales de la humanidad”, dijo Dubatti, director del Instituto de Artes del Espectáculo Dr. Raúl H. Castagnino, de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, y autor de varios libros e infinidad de trabajos sobre su pasión desde los años de estudiante universitario: el teatro. Entre otros títulos, publicó Batato Barea y el nuevo teatro argentino, El convivio teatral, Introducción a los estudios teatrales y Cien años de teatro argentino. De 1910 a nuestros días.
Dubatti leyó su discurso, “El acontecimiento teatral y sus literaturas” (en el que mencionó a artistas y autores como Mauricio Kartun, Vivi Tellas, Alejandro Urdapilleta y Ricardo Bartís, Niní Marshall y Les Luthiers), tras las palabras de la presidenta de la AAL, Alicia María Zorrilla, y del académico y escritor Santiago Sylvester. También participó el actor Osmar Núñez, que interpretó un fragmento de La desobediencia de Marte, del mexicano Juan Villoro, fragmentos de Relojero, de Armando Discépolo, y de la pieza María Velasco y Arias. Una mujer de teatro en la Facultad de Filosofía y Letras, de Dubatti y María Fukelman. Estuvo presente el escritor, investigador y nuevo académico Oscar Conde, que dará su discurso el 10 de octubre, en el mismo museo.
“Me siento muy honrado de que se me haya asignado el Sillón Ventura de la Vega, gran dramaturgo argentino del siglo XIX, que realiza una amplia producción en España, creador fundamental en la articulación de la poética romántica a un protorrealismo, y que, como señala Raúl H. Castagnino, debe ser incluido en la historia del teatro nacional a través de una reconsideración de sus cartografías –dijo Dubatti ante un salón colmado–. Me siento además muy honrado de quienes me precedieron en el Sillón Ventura de la Vega: Bernardo González Arrili, José Oría, Rodolfo Modern y Oscar Martínez. Todos ellos de amplia trayectoria creadora, también vinculada al teatro”.
“La filosofía del teatro es la disciplina que le hace al teatro las grandes preguntas filosóficas”, dijo. “La fuerza del acontecimiento teatral le permite resistir todos los embates, sobrevivir a través de los tiempos, incluso a la pandemia”. Definió este acontecimiento como “una de las fórmulas culturales más maravillosas: dos o más personas se reúnen en territorio, en el espacio físico y en presencia física; una de ellas, dentro de la reunión, empieza a producir con su cuerpo un mundo paralelo al mundo, un mundo con otras reglas diferentes de la vida cotidiana; alguien, dentro de la reunión, empieza a observar ese mundo”.
“El teatro no se puede hacer en soledad –remarcó Dubatti–. Es la única de las artes que no se deja desterritorializar y se funda en la fascinante capacidad humana de producir poiesis con el cuerpo”.
Brindó ejemplos de acontecimientos teatrales en distintas “escenas”: la religión y sus ritos, las reuniones, la educación, la salud (los “Payamédicos”), el deporte y la política. “En el presente, y en la historia, hay más expresiones de teatro liminal que prototípicas –sostuvo–. El teatro nació liminalmente; recordemos la tragedia griega, la escena cristiana o los orígenes orales de la literatura. El acontecimiento teatral se manifiesta, porosamente, donde menos lo esperamos. Podemos encontrarlo en cualquier territorio: en una sala, un mercado, una plaza, una calle, un transporte público, un aula universitaria, una casa, una iglesia, un geriátrico”.
También recordó sus inicios como investigador. “Siendo joven auxiliar de investigación, a los 19 años, en el Instituto Ricardo Rojas, mi maestro Antonio Pagés Larraya me sugirió que me dedicara a los estudios del teatro argentino. Su propuesta fue persuasiva: había muchas investigaciones, en curso y en la historia, sobre poesía, narrativa, ensayo, y muy pocas sobre teatro. ‘Métale con el teatro’, me dijo. Su indicación me condujo unívocamente a la dramaturgia, una literatura preescénica, anterior e independiente de la escena, gestada en escritorio o gabinete, literatura en papel que el autor entregaba a un director para que la pusiera en escena”.
Al avanzar en sus estudios, descubrió la existencia de las “dramaturgias posescénicas: textos dramáticos escritos o reelaborados a posteriori de la experiencia escénica, y que registraban en la trama de sus escrituras o reescrituras los procesos de los ensayos y las transformaciones de los espectáculos en la escena”. “Así, por ejemplo, el director Ricardo Bartís me dictó el texto de Postales argentinas, evocando el texto escénico, o con Eduardo Pavlovsky grabamos en video el espectáculo Rojos globos rojos y ‘desgrabamos’ un nuevo texto en papel, muy diferente al preescénico de la primera edición. Ya no se trataba de un vínculo transitivo entre texto dramático previo y puesta en escena, sino de una escritura o reescritura de textos desde la experiencia del acontecimiento teatral con los cuerpos en el espacio, en el tiempo, en convivio. El acontecimiento teatral escribe o reescribe literaturas”.
“Veía con admiración a Alejandro Urdapilleta en los sótanos del under hacer unos textos bellísimos y lo convencí para que los publicáramos. ‘¿De quién son esos textos que hacés?’, le pregunté. ‘Míos’, me contestó. Publiquémoslos”. Así nació Vagones transportan humo. “El fenómeno era todavía más complejo: la escena reescribía teatralmente, además, textos no teatrales: Les Luthiers tomaba el teorema de Tales y lo volvía literatura cómica; Osmar Núñez transformaba en escena el poema ‘Las patas en las fuentes’ de Leónidas Lamborghini en texto dramático. Ante mis ojos se desplegaba una maravillosa constelación de literaturas”, reveló. Muchas se convirtieron en materia de estudio.
En diálogo Dubatti contó que desde muy joven le interesó el teatro. “Especialmente, toda la movida del under porteño. En mi amor por el teatro, confluyen la investigación, la relación con el under y haber sido convocado como crítico. Veo cinco o seis espectáculos por semana, algo que permite la intensa cartelera porteña”.
Destacó la tradición de ediciones teatrales que existe en la Argentina. “Hay numerosas colecciones en todo el país que publican teatro”. En su opinión, el teatro argentino es de “una riqueza y una solidez sorprendentes”, y tiene múltiples tradiciones: textos clásicos, poéticas (como el grotesco criollo), formas de producción (como la independiente), imaginarios propios y formas rituales.
“Sería injusto construir un canon –agregó–. En las últimas décadas el concepto de teatro se amplió conceptual y territorialmente. Vivimos un auténtico big bang. La idea de canon, tan cerrada y restrictiva, se lleva mal con estas ampliaciones. Siguiendo esta ampliación, los límites del canon se borran.
¿La inteligencia artificial escribirá obras de teatro? “Por supuesto que sí –responde el académico–. Pero lo interesante será ver qué haremos los humanos con esos textos”.
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Distinguen a Mauricio Wainrot como Personalidad Destacada de la Cultura en la Legislatura porteña
Muy emocionado, el reconocido coreógrafo recibió el diploma en un Salón Dorado del palacio legislativo colmado de artistas, familiares y amigos; recuerdos de 57 años de carrera y un mensaje grabado de Julio Bocca
Emocionado y muy agradecido, Mauricio Wainrot recibió en el Salón Dorado de la Legislatura de la Ciudad de Buenos su diploma de Personalidad Destacada de la Cultura. La platea de sillas dispuesta en el imponente palacio legislativo se llenó de artistas, familiares y amigos del coreógrafo que, con 57 años de trayectoria, hizo un racconto de su carrera durante una conversación que mantuvo en la mesa del estrado junto con la periodista cultural Cristina Mucci. También lo acompañaron el director general del Teatro Colón Jorge Telerman, la diputada Manuela Thourte (UCR / Evolución) que impulsó esta designación y la editora y crítica de danza de LA NACION Constanza Bertolini.
“La cultura nos va a salvar a todos de todo”, ratificó Wainrot una vieja declaración que Mucci puso con mucho sentido de la oportunidad sobre la mesa; una frase que podría pecar de anacrónica y, sin embargo, en la actualidad política del país, adquiere un especial valor. Durante más de una hora y media, la infancia, juventud y madurez del artista volvió en el tiempo y trajo anécdotas. Algunas propias, otras que fueron desgranando los participantes del acto. Contó, por ejemplo, cómo fue que con la Sinfonía de los salmos dio el salto del bailarín al coreógrafo; luego vinieron de a decenas las creaciones, que montó en unas cincuenta compañías internacionales.
Telerman dijo que conoce a Wainrot hace muchísimos años: “desde la época en que él era más joven que yo”, bromeó, y confesó que si ama la danza contemporánea es, en buena parte, por él. “¿Qué hay allí en ese lenguaje que me habla de una manera tan misteriosa y potente”, se preguntó la primera vez que se sentó en una butaca del Teatro San Martín. Y luego, ya como gestor, admitió haber recurrido al coreógrafo para poder “presentarle al público la belleza”. Finalmente, acudió a una cita de Borges, esa que dice que a diferencia del amor “la amistad no precisa frecuencia”, y se refirió a un lazo que los une y seguirá uniendo a través del tiempo.
Además del ministro de Cultura porteño Enrique Avogadro, a la hora de los mensajes grabados Julio Bocca no quiso estar ausente y le envió desde Uruguay un agradecimiento por las obras que bailó y que llevó de vuelta por el mundo, un video que concluyó afectuoso: “Te quiero y te respeto”. Entre las adhesiones, también se leyeron palabras del presidente de la Fundación Konex, Luis Ovsejevich.
Paloma Herrera, Norma Morandini, María Victoria Alcaraz; bailarines, asistentes y colaboradores de tantos años en el San Martín (de Elizabeth Rodríguez y Diego Poblete a Sol Rourich, Benjamín Parada y Sofía Menteguiaga); su hermana, sus sobrinas, su pareja, muchísimos amigos-hermanos, amigas de la danza, otras personalidades de la cultura, de la gestión pública y de la vida a secas: en la primera fila, por ejemplo, estaba bien ubicado su querido vecino de los cuatro años, cuando vivían ambos en la calle Muñecas al 1000, en Villa Crespo.
Wainrot, de 76 años, fue muy generoso a la hora de los agradecimientos, empezando por su padre, que a la primera manifestación de interés lo llevó a la Escuela Nacional de Danzas, y siguió por mencionar a varios de sus maestros; habló de Otto Werberg, de Oscar Araiz, por supuesto, y relató el día en que después de un ensayo en el Colón este se acercó para proponerle sumarse al futuro primer ballet del Teatro San Martín. Allí, en diferentes momentos, entre las idas y venidas propias de la institución y las suyas propias -trabajó varias temporadas en el exterior, principalmente en Canadá, en Bélgica-, los años que siguieron a su regreso al país los dedicó al que fue el proyecto de su vida: el Ballet Contemporáneo. A propósito, sobre el final, la bailarina Eva Prediger interpretó un solo de la obra Travesías, con música de Tom Jobim.
La ceremonia completa se puede revivir en el canal de YouTube de la Legislatura.
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A 100 años del nacimiento de Páez Vilaró
A un siglo del nacimiento del artista uruguayo Carlos Páez Vilaró (1923-2014), Colección Fortabat le rinde homenaje con una muestra organizada junto con el Museo Taller de Casapueblo, que inaugura hoy a las 19 en su sede de Olga Cossettini 141, Puerto Madero. Carlos Páez Vilaró: 100 años de un rioplatense que recorre sus inicios, cuando el artista comenzó a plasmar en pinturas, dibujos y cerámicas escenas cotidianas de la negritud, del candombe y de todo lo que ocurría en el conventillo de Montevideo donde tenía su atelier. La exhibición se puede visitar de jueves a domingos, de 12 a 20, con ingreso hasta media hora antes del cierre. La entrada general cuesta $1000 y los jueves, $500
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