martes, 19 de diciembre de 2023

BANALIZACIÓN Y DISCURSO INAUGURAL


Juramentos o piruetas
Mario A. Fernández Moreno
En tiempos de juramentos, vemos cómo se ha ido banalizando la única exigencia moral y pública que se les pide a los políticos. Juran por igual, por la Constitución o la patria, por personas, objetivos políticos o eslóganes. La jura a sus cargos por diputados, senadores, ministros y muchos funcionarios se ha convertido en menos que una mera formalidad burocrática. Se ha vuelto más una escena teatral, digna de flashes y risas, que la expresión del compromiso solemne con la responsabilidad que dimana de las funciones asumidas.
Lo inverosímil de algunos juramentos pasados es digno de recopilación: “por echar al FMI de Argentina…”; “por les trabajadores de la salud... por la docencia... por les jubilades... por la absolución [de dos militantes]”; “por la revolución de los oprimidos”; “…por no más presos por plantar [marihuana]”; “por los 30.000 detenidos desaparecidos…”, “porque la crisis la paguen los capitalistas”; “por Néstor”, “por Cristina”, “por el General Perón, por la gloriosa CGT y la justicia social”, “por la gloriosa JP, por Juan Perón, por Eva Perón, por Néstor Kirchner, lealtad absoluta a Cristina, viva la Santa Federación, gracias Diego”, etc.
A tal punto llegó el descalabro institucional que en un intento de encauzar la psicodelia juramentista (de lo que vale rescatar la intención), el propio respeto a la fórmula misma fue digno de juramento: “Porque respetemos de una vez y demos el ejemplo respetando la Constitución, las leyes y la fórmula de juramento establecida por el reglamento interno”. Algunas cosas para decir. Aquellas piruetas verbales, sin importar si pueden ser dignas de elogio o no, se dan de patadas con la Constitución y los reglamentos –por caso– de la Cámara de Diputados y el Senado, que prevén expresamente varias fórmulas para jurar (sin decir por quién; hacerlo por Dios, por la patria y los Santos Evangelios; por Dios y la patria, o solo por esta ), afortunadamente siempre con la promesa de“desempeñar fielmente el cargo” y“obraren todo de conformidad con lo que prescribe la Constitución nacional”, lo que de manera circular dirige al respeto a los reglamentos que no se respetan.
Esa inobservancia material (puede que formalmente el interesado sí haya elegido una fórmula legal, que luego omite, altera o modifica al momento de prestar efectivamente el juramento) implica, lisa y llanamente, que –en el caso de los legisladores– la persona elegida no adquiera legalmente el carácter de diputado o senador en ejercicio.
El que jura, por definición, pone de testigo a Dios frente a una afirmación o negación. De ello se sigue que los agnósticos ya evidencian un contrasentido si lo hacen: si no creen en Dios, ponen de testigo –desde su punto de vista– a la nada misma. Bien valdría habilitar la posibilidad, para quien así lo desee y se sienta más representado, de expresar la promesa o el compromiso indeclinable de fidelidad al cargo y a la Constitución.
Como se aprecia, la cuestión del juramento no es baladí. Jurar por alguien o algo que, en definitiva, se anteponga a la ligazón con el respeto a la Constitución opera como una cortina ética que trastoca el sentido mismo del juramento, pero –y esto es grave– acondiciona el espíritu para “superar” los eventuales pruritos morales y cualquier freno inhibitorio que limite la actuación en el sentido político que pueda exigir esa persona o cosa por la que se juró, sobre todo cuando esto último puede significar el incumplimiento de la ley o, incluso, la comisión de delitos.
Esa declaración solemne de fidelidad y subordinación que se autoimpone la persona puede operar negativamente “hacia afuera”, cuando el respeto al juramento puede suponer la violación de la ley, y “desde adentro”, si funciona como autoengaño para creer que se “hace lo correcto” (respetar el juramento) cuando en realidad se hace lo contrario (violar las leyes).
Retomemos, entonces, el sano carril del juramento “clásico” y la promesa o el compromiso indeclinable de fidelidad al cargo y a la Constitución, porque eso, si se cumple con honestidad, enaltecerá los valores indelebles que nos conducen hacia el bien común inclusivo de toda la sociedad, sin sesgos ideológicos, políticos o partidarios, que comprometen seriamente la unidad nacional

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¿por qué Javier Milei citó a los Macabeos?
Mario Eduardo Cohen Presidente del Cidicsef


En el discurso inaugural, el presidente Javier Milei sorprendió con dos citas a la gesta de los Macabeos y a la festividad de Janucá. Trataremos de explicar en este artículo por qué las utilizó y cuál es su contexto.
Dijo en una parte de su disertación: “No es casualidad que esta inauguración presidencial ocurra durante la fiesta de Janucá, la fiesta de la luz, ya que esta celebra la verdadera esencia de la libertad. La guerra de los Macabeos es el símbolo del triunfo de los débiles por sobre los poderosos, de los pocos por sobre los muchos, de la luz por sobre la oscuridad”.
La festividad hebrea de Janucá o de las Luminarias evoca la primera lucha por la libertad religiosa que se conoce en la historia de la humanidad. Un hecho acontecido hace casi veintidós siglos y que sigue teniendo vigencia, como una voz de alerta contra toda tiranía.
En estos días se recuerda la gesta de los Macabeos. Los judíos comandados por Iehuda o Judá Macabeo (y su familia) expulsaron al tirano rey grecosirio Antíoco IV Epífanes, que había pretendido imponer brutalmente las costumbres helénicas (incluso había colocado una estatua de Zeus en el Gran Templo).
Los Macabeos, con un pequeño ejército, recuperaron la independencia de Judea, restauraron el oficio del Templo y milagrosamente volvieron a encender el candelabro. En la historia de la humanidad han quedado como referentes de la valentía y la resistencia contra el poderoso opresor muy superior en número.
El historiador Flavio Josefo (siglo I) comenta el origen de la celepartido bración: “Estaban [los hebreos] tan alegres al recuperar su libertad de culto que hicieron ley para la posteridad el guardar esta festividad, en recuerdo de la restauración de su Templo de culto, durante ocho días. Y desde ese entonces hasta ahora es que celebramos esta festividad, y la llamamos Luces”. Hoy esta celebración se denomina Janucá. El símbolo principal de Janucá es la luz. La luz nos iguala a todos. Cuando la luz irrumpe, la oscuridad desaparece; incluso la tenue luminosidad de una vela aleja mucha oscuridad. La luz es sinónimo de “sabiduría” y la oscuridad, de “ignorancia”.
Hoy vemos en muchísimas ciudades candelabros gigantes en recordación de la gesta de los Macabeos y de la luz. Gobernantes de todas las ideologías han encendido las velas de Janucá (entre muchos otros: Biden, Putin, el rey Carlos III, Macron, Zelensky y, ahora, Milei).
En otro momento del discurso, Milei señaló que, dos años atrás, su tenía solo dos diputados. Cuando le dijeron que nada podían respecto de doscientos cincuenta y siete, así contestó: “La respuesta es una cita del Libro primero de Macabeos 3:19 que dice que la victoria en la batalla no depende de la cantidad de soldados, sino de las fuerzas que vienen del cielo”.
Una curiosidad: ¿por qué el libro citado utiliza “las fuerzas del cielo” y no directamente “Dios”? Es que el autor del Libro de Macabeos era una persona religiosa que evitó nombrar en un libro histórico el nombre de Dios y lo hizo a través de “Señor” o “las fuerzas del cielo”.
Janucá es una festividad de la esperanza y de que los milagros son posibles. Milei cerró su alocución con la misma referencia bíblica: “Por lo tanto, Dios bendiga a los argentinos y que las fuerzas del cielo nos acompañen en este desafío”.
“Dios bendiga a los argentinos y que las fuerzas del cielo nos acompañen en este desafío”


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