martes, 19 de diciembre de 2023

DESPEDIMOS AL DR. RENÉ BALESTRA...UN GRAN PENSADOR...


René Balestra. Catedrático, dirigente político y comunicador incansable
Enorme pesar causó, en ámbitos políticos y académicos, el fallecimiento de René Balestra, abogado, catedrático, ex diputado nacional y dirigente del Partido Socialista de extensa trayectoria. Tenía 94 años.
Nacido en Rosario el 22 de octubre de 1929, Balestra combinó su profesión de abogado con su vocación política, en la que se destacó, además y durante décadas, como un hábil comunicador de sus ideas, en libros, charlas y estudios de televisión, durante seis décadas.
Fue diputado nacional extrapartidario por la UCR de Santa Fe entre 1991 y 1995, y luego entre 1997 y 2001, en este último caso representando a la Alianza. En el primer caso, llegó al Congreso a través de un acuerdo con el dirigente radical Horacio Usandizaga, intendente de Rosario durante seis años (1983-1989) y a quien acompañó en su frustrada pelea por la gobernación santafesina.
Mucho antes, y representando al Partido Socialista Democrático (PSD), creado luego de la división del viejo Partido Socialista, Balestra había sido candidato a vicepresidente del líder socialista Américo Ghioldi en marzo de 1973, y repitió diez años más tarde como postulante al mismo cargo, esta vez acompañando a Rafael Martínez Raymonda, en la denominada Alianza Democrática Socialista.
“A mí me gusta enseñar, siempre he sido un poco un maestro de Siruela. La palabra conmueve, pero solamente el ejemplo convence”, reflexionaba en uno de sus últimos reportajes por Canal 3 de su ciudad. Su rol de catedrático lo llevó a la Universidad de Rosario, la Universidad del Litoral y la Universidad de Belgrano, en la que fue director del Doctorado en Ciencia Política.
Colaborador en distintos medios de prensa, entre ellos la nacion, Balestra valoraba por sobre todo uno de sus libros, El Poder ObceKado, en el que resumía su visión crítica del kirchnerismo. “El cohecho es lamentable, para cometer una inmoralidad se necesitan al menos dos”, sostuvo, y criticaba “el facilismo, que un orfebre no se permite y la sociedad argentina sí se permitió. En Argentina han fallado los frenos, la sociedad ha acompañado, aplaudido, votado y continuado votando a quienes, precisamente, no tuvieron ningún freno”, criticaba, en relación con el peronismo –del que siempre se mostró distante– y en particular frente al gobierno de Alberto Fernández. “El peronismo es un caleidoscopio. Puede ofrecer y ofrece cualquier combinación de formas y colores. Lo que no puede ofrecer –por su etiología– es solución ni porvenir”, afirmaba en diciembre de 2014, cuando el segundo gobierno de Cristina Kirchner transitaba su etapa final.
Otros libros de su autoría son Las oligarquías zurdas (1974); La idea de la República y el temor a la democracia (1983); La Constitución cuestionada (1982, en conjunto con Germán Bidart Campos, Carlos S. Fayt, Mario Justo López y Jorge Reinaldo Vanossi), y Testigo involucrado (2003). Presidió durante años la Fundación Héctor I. Astengo, de Rosario.
Amante, según sus propias palabras, de la fidelidad, el mar y la inteligencia, los restos de Balestra fueron velados ayer en la sala de la calle Córdoba 2936, de Rosario.


Espíritu crítico y habitué del disenso, sus atributos frente al intento de controlar las ideas
José Claudio Escribano

René Balestra estuvo vinculado con por más la nacion de cincuenta años. Su pensamiento y sensibilidad de político íntegro y académico versado en el derecho político y el derecho constitucional reafirmaron en este diario, en tan prolongado tiempo, el ideario liberal que le infundió Mitre, sobre quien escribió varios ensayos.
La izquierda zurda fue uno de sus primeros libros. Lo publicó en 1974, cuando se desvanecía, con la muerte del presidente Juan Perón, la contención inmediata y definitiva del maridaje entre corrientes provenientes del nacionalismo católico y el marxismo. Su entrecruzamiento había hecho posible la subversión montonera y el sueño amenazante de la patria socialista. Terminaron por perderse, con la desaparición física del líder político que había alentado en los sesenta esa convergencia para después, ya encarnando el realismo del poder, empeñarse en destruirla –en “exterminarla”, llegó Perón a jurar–, muchos años, muchas vidas. Enorme costo de un cruento ocaso institucional.
La república en su plenitud se recuperó casi una década después, con la asunción de Raúl Alfonsín. Pero de esos tiempos de oscuridad institucional no se emergió por milagro ni por casualidad, sino por la prédica vigorosa, constante, de hombres como Balestra. Atacó a las fuerzas totalitarias de izquierda con denuedo y sin el atajo de concesiones temerosas en toda una época a la hipocresía del falso progresismo. Solo de un tiempo a esta parte los hombres de la cultura de sesgo liberal y democrático se atreven a señalar en mayor número, y con indisimulable energía ahora, lo que Balestra se había anticipado a denunciar entre filas raleadas de cofrades.
Hasta donde tengo presente, Balestra fue el primero entre estos en descalificar la absurda prevalencia moral de las corrientes políticas aupadas en América Latina sobre la tiranía de Fidel Castro y en catalogarlas como “fascismo de izquierda”.
No lo amilanaron en esa prédica ni invectivas ni incomodidades ni riesgos personales. Había llegado a atraído por la amistad y la nacion respeto intelectual por un coterráneo, que ejerció por muchos años la conducción del área editorial 
, Luis Mario Lozzia. Otro agnóstico, carente también él de la gracia de la fe, pero con notable integridad moral y suficiente solidez intelectual como para llamar la atención de Balestra tan pronto se conocieron. Entre tantos puntos de referencia en común, ambos compartían la admiración por José Luis Romero, el gran medievalista y estudioso de la historia argentina a quien Balestra había acompañado como secretario en el rectorado durante la intervención de la Universidad de Buenos Aires dispuesta en 1955 por la Revolución Libertadora, a la caída del presidente Perón.
Lozzia y Balestra tenían un mismo origen en el viejo socialismo. Al dividirse el partido fundado por Juan B. Justo, Balestra tomó otro camino que el de José Luis Romero, y se alistó en las filas de la socialdemocracia que inspiraba, con el nombre de Partido Socialista Democrático, Américo Ghioldi. Fue su compañero de fórmula en las elecciones de 1973 en que triunfó Héctor Cámpora.
Lozzia, en cambio, desde las simpatías iniciales por el Partido Socialista Argentino (Alfredo Palacios, Alicia Moreau de Justo), que contaba entre los adherentes de los primeros años a Romero, se acercó a una fuerza política eminentemente santafesina: el Partido Demócrata Progresista.
Balestra fulguraba como un conversador nato, de inagotables observaciones sobre la fauna política vernácula y los líderes de la política internacional de la época. Fue dos veces diputado nacional, y las dos veces, por el lugar preferente que la UCR santafesina le brindó en sus listas. La generosa decisión se fundó bastante más en el prestigio de su figura que en alguna consideración hacia el socialismo santafesino, del que Balestra estaba claramente distanciado por la simple razón de que no entendía de qué se trataba.
Pocos podían narrar con más lujo de detalles, hacer más vívida la indignación de hombre con pautas y convicciones sobre la conducta que cabe asumir a las personalidades públicas, que el registro sobre cómo actuaba Cristina Kirchner en la Comisión de Justicia de la Cámara de Diputados, que ambos integraban. Lo horrorizaba el destrato que dispensaba no ya a meros colegas de ese cuerpo legislativo, sino a compañeros del propio bloque. Dos de ellos habían sido sus discípulos en la Universidad Nacional de Rosario; uno era Oscar Lamberto, economista de destacada militancia en el peronismo, y por quien Balestra profesaba estima y admiración.
Balestra era un hijo de la Ilustración, pero con el grado de tolerancia que se halla sujetado a los límites insuperables del sentido común. Celebró hasta el cansancio la vez que Lozzia despidió destempladamente al jefe montonero en embrión que una noche, alrededor de 1970, se había acercado al diario, cuando este funcionaba en San Martín 344, para ofrecerse como redactor. Recuerdo que cuando Balestra resolvió reunir en libro sus colaboraciones innúmeras en la nacion, me hizo el honor de que escribiera el prólogo. Escribí, en esencia, que cuando se inculca en el ciudadano el hábito del disenso y del espíritu crítico se perfeccionan los instrumentos para combatir las fuerzas que siempre acechan en la humanidad para controlar las ideas.
Acaba de irse uno de los argentinos que mejor interpretaron ese papel en la Argentina moderna.
Atacó a las fuerzas totalitarias de izquierda con denuedo y sin el atajo de concesiones temerosas
Fulguraba como un conversador nato, de inagotables observaciones sobre la fauna política vernácula y los líderes de la política internacional de la época
Era un hijo de la Ilustración, pero con el grado de tolerancia que se halla sujetado a los límites insuperables del sentido común

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