viernes, 8 de diciembre de 2023

EDUCACIÓN Y SOCIEDAD


Qué Estado necesitamos
Guillermina Tiramonti
Desde el inicio de la conformación del Estado, en nuestro país, la educación fue un instrumento clave para operar el pase de la sociedad tradicional a la moderna. Fue una elección acertada y exitosa, y si bien no tuvo el alcance deseable fue un factor que diferenció nuestro proceso de modernización de otros de la región.
Con la reinauguración de la democracia, en 1983, se renovó el esfuerzo por ampliar los beneficios de la escolarización a todos los sectores sociales. El propósito tuvo rápido éxito en la fase de incorporación, pero no se supo cómo acompañar este movimiento con una propuesta pedagógica que permitiera a los incorporados adueñarse de los instrumentos culturales necesarios para dialogar exitosamente con la actual configuración de la cultura. Al contrario, el Estado nacional hoy no es capaz de trasladar a los niños y jóvenes los instrumentos básicos de la cultura letrada; a la vez, reproduce las diferencias de origen social y está muy atrasado en cuanto a contenidos, prácticas pedagógicas y organización, del sistema y de las instituciones.
Dado que se inicia una nueva administración de la educación cabe preguntarse qué Estado necesitamos para construir el futuro. Hay dos premisas insoslayables desde las cuales conviene plantear la reflexión: hoy no hay mercado que pueda prescindir del Estado para formar los recursos humanos que se necesitan, y tampoco hay posibilidades de actualizar la “libertad” de niños y jóvenes si no logran romper el cerco de la ignorancia.
A partir de esto nos atrevemos a repensar qué necesita la educación del Estado. En los últimos tiempos se discutió sobre el presupuesto para la educación. Primero es imperioso dar transparencia a todos y cada uno de los pesos que invertimos en el sector. Si no logramos esto no sabremos nunca cuánto presupuesto necesitamos para tener una educación de calidad.
Forma parte del mismo requerimiento la producción confiable de datos, la evaluación de los aprendizajes y el seguimiento de los resultados de las inversiones realizadas. Es cierto que tenemos un sistema federal y que las provincias deben hacerse cargo de los subsistemas locales. Pero no puede prescindirse de un Estado nacional que auxilie tanto con recursos técnicos como materiales a las jurisdicciones que hasta ahora no han sido capaces de cumplir con este cometido. Es necesario rediseñar los incentivos para procurar el interés provincial por destinar sus recursos a la educación. Hasta ahora la organización de la administración del sistema incentiva la dependencia de los recursos nacionales.
No necesitamos del Estado lo mismo que hace 40 años, aunque nunca el Estado cumplió acabadamente con las exigencias del sector.
Es urgente generar un ministerio nacional “inteligente” en el sentido de una estructura ágil, eficiente, capaz de pensar los problemas en clave innovadora orientada hacia lo que viene y no a remediar el pasado. Es urgente recuperar una mirada amplia y pluralista por parte del Estado que revise el instrumental metodológico con el que se enseñan los saberes más básicas como la lectura, la escritura y la matemáticas, metodologías que hoy no son eficaces a la hora de generar aprendizaje en niños y jóvenes.
El pluralismo debe ser la regla para la formación de las nuevas generaciones. Estas solo serán libres si les permitimos desde los inicios de su escolarización reflexionar y construir su criterio respecto de las variadas versiones existentes sobre la realidad. La escuela populista abandonó a los chicos a sus propios recursos de origen en materia de cognición de la cultura elaborada y a su vez avanzó como nunca sobre las subjetividades de los alumnos y la transmisión de visiones muy sectarias respecto de nuestra historia así como interpretaciones dogmáticas de la realidad.
Tenemos un país culturalmente heterogéneo y socio económicamente muy desigual. Es de esperar que ensayemos desde el Estado modos de procesar la diversidad cultural neutralizando las desigualdades educativas. Cuanto más crezcamos económicamente más necesitará el mercado que se lo provea de los recursos humanos técnicamente formados. A la vez, será necesario atender a la complejidad de las sociedades modernas desarrollando mentes inteligentes capaces de dialogar con ella. No queremos quedarnos fuera de un futuro que promete y a la vez amenaza. Necesitamos un Estado para procesar positivamente tanto sus oportunidades como sus riesgos.
No existen antinomias entre Estado y mercado, por el contrario son instancias mutuamente dependientes en casi todas las actividades de la sociedad. No podremos ser eficientes en la producción de bienes y servicios que debe proveer el Estado si no dedicamos tiempo, esfuerzo e inversión a generar condiciones adecuadas en la población. Y estas condiciones abarcan un amplio abanico de saberes, habilidades y valores, y la escuela sigue siendo un instrumento privilegiado para lograrlo.
La educación está en una situación en la que el cambio es imprescindible. Si bien pareciera que no le importa mucho a nadie, es un ámbito muy sensible y con gran capacidad de producir conflicto. Seguramente los habrá y parte de la población los sufrirá. Lo que importa es que el esfuerzo dé frutos. Necesitamos un Estado que marque un rumbo que nos conduzca al futuro y nos saque del pantano

Miembro del Club Político Argentino y de la Coalición por la Educación

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El cambio se abre paso
Alejandro Poli Gonzalvo
La sociedad argentina tenía la palabra. Y se manifestó. El presidente Milei tiene la enorme responsabilidad de llevar a la práctica las ideas de la libertad, núcleo esencial de su campaña. Es la primera vez en nuestra historia que esas ideas llegan al gobierno mediante elecciones democráticas. Pero la llegada al gobierno no significa que hayan llegado al poder. Como sabía Foucault, la sociedad es un archipiélago de poderes y en ese ámbito de altísima complejidad se desenvolverá la presidencia de Milei, cuyo desafío crece al tomar en cuenta la gigantes ca crisis económica que deja el Gobierno. En estas circunstancias extremas, en que se inicia una dificilísima transición entre modelos diferentes de país, un nuevo líder debe desplegar habilidades políticas excepcionales. Kissinger, en Liderazgo lo señala con meridiana claridad: “El liderazgo es aún más esencial durante las transiciones. En esos momentos, los líderes están llamados a hacer diagnósticos y a pensar de manera creativa: ¿cuáles son las fuentes de bienestar de la sociedad? ¿Y las de su decadencia? ¿Qué herencias del pasado deben conservarse y cuáles adaptarse o descartarse? Y, en el extremo, ¿es la sociedad lo bastante vital y segura para tolerar el sacrificio como paso intermedio hacia un futuro más satisfactorio?”. De la respuesta a estos interrogantes dependerá en buena medida el futuro del gobierno de Milei.
Hay lugar para el optimismo. En materia política, hemos logrado un consenso a largo plazo sobre la necesidad de respetar las instituciones democráticas. Nada parecido había sucedido con la economía. La negligencia y la irresponsabilidad económica han estado a la orden del día, con terribles consecuencias para los argentinos. Pero esta vez se manifestaron a favor de un cambio de raíz en la estructura económica. Nadie podrá decir que Milei no anticipó los ejes de su visión económica. Las recetas erróneas serán vistas en un futuro próximo como hoy vemos al poder militar de antaño: un error del pasado que no volverá a ocurrir. Es la hora de los consensos económicos. Al consenso democrático se suma finalmente el consenso económico. Y entonces el cortoplacismo populista ya no tendrá lugar en la Argentina.
Este panorama optimista enfrenta fortísimas tensiones. Una nueva trayectoria histórica no estará exenta de incertidumbre: el camino hacia un país renovado y fortalecido en sus valores fundacionales producirá agudos dolores de parto. Apelo nuevamente a la lucidez de Kissinger: “En su búsqueda del camino a seguir, el liderazgo estratégico podría compararse a atravesar una cuerda floja: al igual que un acróbata puede caerse si es demasiado tímido o demasiado audaz, un líder está obligado a moverse dentro de un margen estrecho, suspendido entre las certezas relativas del pasado y las ambigüedades del futuro”.
La sociedad argentina tuvo la palabra; ahora la tiene la política. Es esencial que el nuevo gobierno invierta tres cuartas partes de su tiempo en comunicar sus metas, explicar sus medidas para lograr apoyo popular. La transición será muy exigente para la sociedad y se requerirá un esfuerzo sostenido de comunicación. El cambio exige un mensaje enérgico y esperanzador de cara al futuro. Escribe Kissinger: “Ninguna sociedad puede seguir siendo grande si pierde la fe en sí misma”. El cambio se abre paso. Una verdadera revolución en democracia está en marcha

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