LRA: La Realidad Avanza
Carlos Pagni
Todo funcionario, mucho más un presidente de la Nación, suele tener un sueño para realizar al llegar al poder. Javier Milei es una expresión eminente de esa propensión. Él se ha venido expresando, y tal vez percibiéndose, como un reformador social. Alguien llamado a reconfigurar lo existente a partir de la lógica del mercado. Pero suele suceder que esos proyectos conceptuales quedan expuestos a las limitaciones del contexto. No se trata solo de la resistencia que ofrecen los que se niegan al cambio. Hay restricciones que provienen de otros factores.
Uno es el papel de la confianza en la formación de los equipos, que muchas veces aconseja resignar la pureza técnica de una medida o una gestión. Son las determinaciones eternas de la política que, como señalaba Julio Irazusta, “es una opción entre dificultades”. En el caso de Milei se agregan otras. Un discurso preelectoral elaborado para ampliar una fuerza parlamentaria, no para ejercer el Poder Ejecutivo. Recursos humanos escasos, sobre todo en el Poder Legislativo. Y un desconocimiento previsible de qué significa cada tecla en la gran consola de la administración. Nada que sorprenda: se trata de las peculiaridades propias de una fuerza que creció con una velocidad vertiginosa en conflicto con la clase dirigente. La Libertad Avanza fue un producto atractivo para muchos ciudadanos por esas características que ahora, bajo la lupa de la gobernabilidad, se ven como carencias. En síntesis: ahora, la que avanza es la realidad.
El nuevo jefe del Estado está en observación. Cualquier diagnóstico sobre su estilo es prematuro. Pero asoman ya algunos rasgos. El más notorio: una llamativa confianza en sí mismo. O, en términos más precisos, un sentido de misión por el cual se ve a sí mismo como un predestinado. Esta inspiración se proyecta sobre el juego de poder. Milei ha puesto un celo extraordinario en preservar su autoridad personal. La primera manifestación de ese propósito es el lugar que le ha dado al aparato de creación de imagen. Carente de una maquinaria partidaria o institucional, espera sostenerse en el vínculo con la opinión pública. Así se explica el lugar central que ocupa en su entorno Santiago Caputo, su estratega de campaña, el mago del Kremlin. Caputo es, después de la hermana Karina, la persona más próxima a Milei. A él se le confió ejercer, con Nicolás Posse, el futuro jefe de Gabinete, el control de calidad de las designaciones. También la organización del área de comunicación, crucial para un liderazgo como el del nuevo presidente. Caputo confió esa tarea a su socio Guillermo Garat, quien colaboró en su momento con María Eugenia Vidal y prestó servicios a Eduardo “Wado” de Pedro y su frustrada candidatura. También convocó a su amigo Rodrigo Lugones, quien, con Derek Hampton, asesor de Patricia Bullrich, completa un cuarteto de expertos en marketing formados a la sombra de Jaime Durán Barba. Hay que prestar atención a Garat. En la futura administración será el responsable del área de relaciones institucionales de YPF. Esa designación es un límite sutil de Milei a Mauricio Macri, para quien la petrolera tiene un significado principal: allí se celebró un opulento contrato con la AFA de Claudio “Chiqui” Tapia para identificar a la empresa con la rutilante figura de Lionel Messi. Gestores de ese negocio, Santiago “Patucho” Álvarez y Santiago Carreras. Estos dos exfuncionarios se han ufanado de irse de la compañía sin cobrar indemnización alguna. Ni falta que hacía. En cuanto a Milei, ya se ha pronunciado a favor de Andrés Ibarra y Macri en la competencia contra Juan Román Riquelme en Boca Juniors. Pero no entrega la llave de una de las cuentas más caudalosas del país.
Otra palanca decisiva que el nuevo presidente ha querido reservarse es la representación del Poder Ejecutivo en el Consejo de la Magistratura. Por esa butaca trabajó a destajo en los últimos días Juan Bautista Mahiques, fiscal general de la ciudad de Buenos Aires subordinado a Macri a través del binguero Daniel Angelici. Mahiques quiso ubicar allí a su sombra, Pablo Garcilazo. Pero perdió la partida frente al nuevo ministro de Justicia, Mariano Cúneo Libarona, que destacará en el Consejo al abogado Diego Guereindiain, quien será su jefe de Gabinete. La derrota de Mahiques provocó algún lloriqueo en el cumpleaños de la jueza María Servini, el viernes pasado, en el subsuelo del Palacio Duhau. Allí estaba el boxindanga Carlos Mahiques, camarista de Casación, padre del frustrado lobista. Engalanaban las mesas otras celebridades: Ricardo Lorenzetti, reconciliado con “Juancarlitos” Cubría, el hijo de la cumpleañera; Antonio “Jaime” Stiuso, cuya presencia explicó la ausencia de Marcelo D’Alessandro, antiguo amigo de la magistrada; inseparables de Stiuso, el juez Marcelo Martínez de Giorgi y el secretario del exespía, Lucas Nejamkis; otro camarista de Casación, Mariano Borinsky; Gabriel Hochbaum, incansable adalid contra la trata de personas; el auditor y diputado electo Miguel Pichetto; el juez Ariel Lijo, y, casi como anfitrión, Martín “Pica” Benedettini. Entre tanto funcionario de Comodoro Py era comprensible un lamento: que Cúneo Libarona esté ignorando ese antro para rodearse de funcionarios de la Justicia nacional, es decir, del fuero ordinario de la Capital Federal.
Hay un tercer frente en el que Milei decidió preservar su poder: la presidencia de la Cámara de Diputados. Macri no consiguió consagrar a Cristian Ritondo, lo que derivó en la postergación de Florencio Randazzo, quien había sido postulado por el propio presidente electo. El beneficiario de esta doble exclusión fue Martín Menem, con quien Milei volvió a su primera hipótesis para el manejo de la Cámara. En ese cuerpo se expresa uno de los fenómenos sobresalientes de este momento histórico: la fragmentación del espacio no peronista. El bloque de Pro tendrá dos o tres subloques, igual que el de la UCR. Y la Coalición Cívica de Elisa Carrió en adelante, rancho aparte.
Macri comunicó, con bastante elegancia, sus propios límites en la relación con el oficialismo. Dijo que Bullrich y Luis “Toto” Caputo asumían sus ministerios a título personal. Una forma de tomar distancia de Bullrich y, sobre todo, de la riesgosa experiencia de Caputo. Milei respondió con un comunicado de su oficina consignando que con la designación de Bullrich en Seguridad y de Luis Petri en Defensa, “la fórmula de Juntos por el Cambio quedó incorporada al gabinete en plenitud”. Dos maneras distintas de entender un vínculo político.
Convencidos de que Juntos por el Cambio está condenado, al menos al comienzo, a apoyar la nueva gestión, Milei y su futuro ministro del Interior, Guillermo Francos, exploran acuerdos con el peronismo. Es el otro espacio para fraccionar. El primer acercamiento se produjo, a pesar de la caída de Randazzo, con Juan Schiaretti. Es una relación que no se entiende sin la incorporación de otro actor discreto pero relevante en esta hora: Domingo Cavallo. Schiaretti y Francos fueron, en distintos momentos, colaboradores del exministro de Economía. Además, Francos tiene una vieja amistad con Ricardo Sosa, mano derecha de Schiaretti. Y también con Daniel Tillard, jefe de la sucursal porteña del Banco de Córdoba a quien luego incorporó a su equipo del Banco Provincia de Buenos Aires durante la gestión de Daniel Scioli. Tillard será el presidente del Banco Nación. Otro funcionario que llega desde el entorno de Schiaretti es su exministro de Finanzas Osvaldo Giordano, quien también ejerció funciones relevantes al lado de Cavallo. Será nada menos que el titular de la Anses. En resumen: Milei tejió, a través de Francos, una alianza con Cavallo y Schiaretti que va más allá del aporte parlamentario cordobés.
Sería un error, sin embargo, no advertir la proyección legislativa de este nexo. El nuevo presidente y su futuro ministro del Interior se han propuesto horadar el bloque peronista, que responde, por ahora, a Cristina Kirchner. Para ese objetivo Francos negocia con los gobernadores del PJ. Empezó por los del norte, alrededor de una materia vital para la región: la minería. Así se explica la permanencia en el Gobierno de Flavia Royon, quien pañora sará de secretaria de Energía de Alberto Fernández a secretaria de Minería de Milei. Royon es una pieza importante en un tablero complejo. Pertenece al equipo del salteño Gustavo Sáenz, pero proviene del staff del fallecido Jorge Brito. Royon es, antes que nada, litio. Un elemento químico que sirve de pegamento a Jorge Brito (h.); José Luis Manzano y Daniel Vila; el trío Emilio Monzó, Nicolás Massot y Rogelio Frigerio, socios en Salta de una minera canadiense, y, de manera menos nítida, Sergio Massa. Esta trama políticoempresarial conquistó una posición clave en el nuevo gabinete. La “casta” empieza a perder el miedo.
Sáenz, que negoció esta colina, es parte de un experimento más amplio: con Alberto Weretilneck, de Río Negro; Oscar Herrera Ahuad, de Misiones, y Rolando Figueroa, de Neuquén, armó un bloque autónomo en el Congreso para atender las necesidades del nuevo Ejecutivo. Detrás está la mano de Francos. Y otro actor gravitante: Monzó, quien ya demostró durante la gestión de Macri su capacidad para quebrar al peronismo en el Congreso. La mira está puesta ahora en el santiagueño Gerardo Zamora y en el riojano Ricardo Quintela. Ambos tenían una relación pésima con Milei. Quintela había prometido renunciar si La Libertad Avanza llegaba al poder. Tal vez a estos antecedentes ahora se deba que sean, desde hace una semana, mejores amigos.
En el frente federal hay un protagonista especial: Axel Kicillof. Es, en disputa con Máximo Kirchner, el líder del peronismo bonaerense. Y es un engranaje del sistema de Cristina Kirchner. Kicillof tuvo ya una reunión con Francos, centrada en las dificultades fiscales de la provincia. El encuentro fue casi tan largo como el que el mismo Francos mantuvo con varios intendentes del conurbano bonaerense, fastidiados desde siempre con el gobernador. En las últimas horas Kicillof se curó en salud, insinuando que, como su provincia es discriminada por el régimen de coparticipación, podría llevar un reclamo a la Justicia. En la Corte Suprema sonríen. Lo están esperando. Fue el gobernador que más temprano alentó el juicio político contra el tribunal.
La bonaerense es la frontera más caliente. Porque es la frontera con el kirchnerismo. La relación con la sehará, de Kirchner tuvo ya un primer chisporroteo. Ella envió a Milei un mensaje: “Si designan a Bullrich en Seguridad, vamos a la guerra total”. ¿Por qué tanto encono? Sencillo: la vicepresidenta está convencida de que Bullrich tuvo que ver, a través de Gerardo Milman, en un complot para quitarle la vida a través del “copito” Fernando Sabag Montiel. Cuando el nuevo presidente recibió el recado, contestó: “A mí nadie me amenaza. Será Bullrich”. Eso sí, el cuerpo de custodia de Cristina Kirchner, a cargo del comisario Diego Carbone, seguirá sin cambios.
La relación de Milei con la saliente vicepresidenta se dirime también en el Senado, donde ella conserva una cuota relevante de poder. Allí debe prestarse atención a Francisco Paoltroni. Como en Diputados, el presidente electo eligió a alguien de su partido para la presidencia provisional. El trabajo de Paoltroni tendrá tres dimensiones. Una es negociar con el peronismo. Otra, acotar el poder de Victoria Villarruel: el idilio de Milei con su vice se ha enfriado, como demostraron las designaciones de Bullrich y Petri en Seguridad y Defensa, dos casilleros que habían sido delegados a la nueva vicepresidenta. La tercera zona de fricción deliberada que abre Milei con Paoltroni es Formosa. Mala noticia para Gildo Insfrán: alguien con ese protagonismo aterrice todos los fines de semana en su feudo.
La señora de Kirchner tiene un instrumento poderoso en su esgrima con Milei: la Comisión de Acuerdos del Senado, por donde pasan designaciones estratégicas. Por ejemplo: ¿se habrán asegurado de que allí aprueben el pliego de Gerardo Werthein para que sea embajador en Washington? En las últimas horas se escuchó esta advertencia de inconfundible cuño kirchnerista: “Werthein fijó domicilio fiscal en Uruguay; ¿puede representar al país alguien que rompió un pacto colectivo elemental?”.
El abordaje del universo federal tiene un punto de fuga: el Ministerio de Economía. La cobertura de esta área es una demostración impactante de la plasticidad política del nuevo presidente. Allí designó a Caputo. Es cierto: no fue su primera opción. Antes se le había ofrecido el cargo al fiscalista Daniel Artana, quien no lo aceptó. ¿Influencia de Carlos Melconian? Historias mínimas. El principal atributo de Caputo para Milei es la confianza, garantizada por Santiago, hijo de un primo del ministro nominado. Una primera sorpresa en esa selección es la idiosincrasia de Caputo. La razón por la cual abandonó la gestión Macri fue la recusación del Fondo Monetario Internacional a su pretensión de intervenir en la fijación del precio del dólar a través de operaciones del Banco Central. Más sencillo: confiar al Estado la determinación de un precio estratégico de la economía. Ese tipo de prácticas que, hasta hace poco, enfurecían a Milei. Segunda sorpresa: no solo la dolarización de Emilio Ocampo quedó olvidada en el pelotero de un grupo de exploradores financieros; en el nuevo gobierno, el Banco Central no solo sobrevivirá: tampoco será independiente. Milei designó allí al socio de Caputo en la consultora Anker Latinoamérica, el experimentado Santiago Bausili. Esa expansión del futuro titular del Palacio de Hacienda fue la que inclinó a Demian Reidel por rechazar la oferta para encabezar el Central. La Realidad Avanza.
Más allá de estas innovaciones, en la organización de la gestión económica sigue habiendo dos incógnitas cruciales. Una tiene que ver con el financiamiento que permita fortalecer las reservas monetarias para acelerar el levantamiento del cepo. El Fondo Monetario habría ya anticipado que no habrá dinero fresco hasta que, más adelante, se negocie otro programa. ¿Conseguirá Caputo esos dólares en los exóticos Emiratos Árabes?
El otro enigma es la identidad del futuro secretario de Hacienda. Milei, como Caputo, está obsesionado por resolver el drama que representa la deuda del Banco Central cifrada en una masa descomunal de Leliq. Sin embargo, ese pasivo es la consecuencia de otro problema: el Tesoro presenta un déficit descomunal que, para ser financiado, requiere de una exorbitante emisión monetaria, que se absorbe con Leliq. La raíz del inconveniente no está en las Leliq, tampoco en la emisión, ni siquiera en el déficit: está en el gasto público. ¿Quién va a tomar la motosierra para reducir el tamaño del Estado? Más claro: ¿quién será el responsable de que Milei cumpla con su principal promesa electoral?
El proyecto de rediseñar el Estado sigue siendo atribuido a Federico Sturzenegger y su planilla de Excel con un listado innumerable de regulaciones y oficinas oficiales a ser suprimidas. Sería parte de ese audaz proyecto de ley ómnibus que se enviaría al Congreso, a pesar de la contraindicación de muchos expertos en política parlamentaria que vaticinan un Vietnam legislativo.
Cuando mira la estructura del Estado, Milei quiere ir, según afirman sus colaboradores inmediatos, más allá: avanzar sobre unos 50 fideicomisos distribuidos en distintos ministerios. Se trata de vehículos creados para garantizar que un ingreso sería asignado a una finalidad específica. Pero terminaron sirviendo a otro fin: asegurar la opacidad en las contrataciones, a través de mecanismos que no están expuestos a la información pública a través del sistema digital. Constituyen, en la mayoría de los casos, el reino de la prebenda. Dicho de otro modo: la guarida más recóndita de “la casta”. El otro sótano en el que se quiere internar el nuevo presidente es el de la Dirección del Registro Nacional del Automotor. Es una antigua caja de la política, que estuvo bajo el mando de Carlos Walter, con Macri, y de María Eugenia Doro Urquiza, con Fernández. Esa dirección depende de Cúneo Libarona y fue reclamada por Germán Garavano, uno de sus antecesores.
Estos ajustes siguen en el plan que se ha trazado Milei. Pero no son la prioridad. Con sus interlocutores más cercanos él suele explicar de este modo su orientación fiscal: “En lo inmediato tengo que aprovechar la peor herencia que me deja el kirchnerismo, que es la inflación. Tenemos que evitar una híper, porque nos llevaría a una pobreza del 80%. Pero la inflación puede ir haciendo la reducción del gasto por vía de una licuación. Congelaremos el presupuesto a nivel nominal y eso producirá un ahorro extraordinario. Por un momento, la pobreza puede alcanzar el 55%. Es el costo de la racionalización. Yo tengo 60% de popularidad, pero el ajuste tiene el 70%. Es la situación que hay que aprovechar”.
De confirmarse esta perspectiva, se verá que la motosierra se ha vuelto gradualista. Nada que llame a sorpresa. Se cumple la sentencia del sagaz Pancho Aricó: “Cuando pensábamos transformar al poder, descubrimos que el poder nos transformó a nosotros”. La Realidad Avanza.
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Aerolíneas. La Cámpora usó plata de los jubilados para maquillar la pérdida
En una operación de apuro que se cerró en octubre, colocó deuda por US$100 millones a devolverse desde enero y cuyo 50% fue suscripto por la Anses
Diego Cabot
ArchivoLa empresa usó un fideicomiso para captar ahorro de los jubilados
La semana aerocomercial empezó con una batería de posteos del presidente de Aerolíneas Argentinas en los que se informaba que la empresa había dado ganancias por primera vez desde su estatización, en 2007. “Por primera vez desde su reestatización, [la empresa] alcanza el equilibrio económico con un resultado positivo de US$32 millones para 2023, sin ejecutar además el presupuesto asignado”, escribió
Luis Ceriani. Sin embargo, con solo revisar aparecen los verdaderos números de la compañía: la línea aérea de bandera usó dinero de los jubilados para maquillar sus gastos.
Puntualmente, colocó deuda por US$100 millones, de los cuales el 50% lo suscribió el Fondo de Garantía de Sustentabilidad, que se deberán empezar a devolver en enero y por 36 meses.
La semana aerocomercial empezó con una batería de posteos del presidente de Aerolíneas Argentinas. “Por primera vez desde su reestatización, [la empresa] alcanza el equilibrio económico con un resultado positivo de US$32 millones para 2023, sin ejecutar además el presupuesto asignado”, escribió Luis Ceriani.
Sin embargo, con solo escudriñar apenas aparecen los verdaderos números de la compañía: la línea aérea de bandera usó dinero de los jubilados para maquillar sus gastos.
Uno de los primeros datos que surgen tiene que ver con la deuda que tomó la empresa. El propio comunicado con el que la compañía irrumpió estos días destaca los US$100 millones que la empresa logró ingresar a través de un fideicomiso administrado por BICE Fideicomisos SA (Bifsa), una firma cuyo accionista es el Banco de Inversión y Comercio Exterior, pero que tiene una gestión independiente. Ese párrafo guarda uno de los secretos de la “ganancia” con la que ahora se barniza la gestión de La Cámpora.
La historia empezó después de la derrota oficialista en las PASO, allá por agosto, cuando Unión por la Patria quedó en tercer lugar, detrás de Javier Milei y Patricia Bullrich.
En ese tiempo, la gestión de Aerolíneas desarrolló el ahora famoso FF Global ARSA I, un valor de deuda fiduciaria que se preparó en las oficinas de Bifisa, una entidad que, si bien depende del BICE, tiene autonomía. Esa firma está gestionada por Jorge Tanús, excandidato a vicegobernador de Mendoza en la fórmula que encabezó la hiperkirchnerista Anabel Fernández Sagasti en 2019. Ambos se aliaron para competir con Cambia Mendoza que, con Rodolfo Suarez como candidato, cosechó 49,88% de los votos ante el kirchnerismo, que obtuvo el 34,97%.
De regreso a Aerolíneas y a agosto, con el tercer puesto electoral estampado, Ceriani encomendó a la entidad buscar dinero en el mercado para no usar los subsidios y poder vender la racionalidad de su gestión. Los largos brazos del kirchnerismo, y, sobre todo, de La Cámpora, hicieron su trabajo.
En el Senado, además de Cristina Kirchner, conviven dos legisladores que mucho tuvieron que ver en la solución que se usó: Fernández Sagasti y Mariano Recalde, el verdadero líder de Aerolíneas Argentinas.
De esa usina surgió la idea de financiar la empresa con dinero de los jubilados. Tanús, que responde a Sagasti, puso manos a la obra en Bifisa. Surgió, entonces, el FF Global
ARSA I, con una autorización para emitir por US$300 millones. El organizador fue Puente y los agentes de colocación fueron Adcap (una sociedad de bolsa de Javier Timerman) y Nación Bursátil.
El prospecto de la colocación con una autorización de US$300 millones se publicó el 11 de octubre de 2023 y la suscripción se programó para el 17 de octubre de 2023. Según la información pública, se recibieron ofertas por US$96,3 millones y se decidió emitir US$100 millones.
A esta estructura le faltaba una parte: quién era el comprador. Y entonces apareció la Anses, también manejada por La Cámpora, a través de Fernanda Raverta, mediante el Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) de ese organismo, que suscribió la mitad. El resto se repartió entre los FCI (Fondos Comunes de Inversión, 18,23%) y Cajas, Asociaciones y otros (14,61%).
Para resumir, Aerolíneas Argentinas se comprometió a pagar en 36 meses a estos tomadores US$100 millones, con una tasa de 3% anual (con un corte cada tres meses), siempre a la cotización que tenga la moneda estadounidense, con pagos de capital semestrales.
El precio de corte fue de US$1 por cada US$1 y el tipo de cambio de integración fue de $365,5 por cada US$1. Dicho de otra forma, el comprador pagó baratísimo el dólar linked (a pagar en el futuro), ya que entonces, ese tipo de valores se negociaban muy por encima de la cotización oficial. Ayer, por caso, una empresa colocó un papel en el mercado a un plazo similar, pero a tasa cero (Aerolíneas paga 3% anual) y ese título se negoció a alrededor de 500 pesos.
Hay otro punto: este tipo de instrumentos requieren la confianza del comprador, es decir, la expectativa de que el emisor pague esa deuda. Aerolíneas, una empresa con patrimonio neto negativo, no parece ser de las más confiables. Es decir, la línea aérea se endeudó carísimo y en dólares con el objetivo de cambiar de ventanilla: la Anses en vez del Fisco.
Claro que las deudas con el Estado suelen ser un mero asiento contable porque nunca se pagan, pero lo real es que la empresa aérea buscó esa alquimia contable para disimular sus pérdidas. Hay más: quienes miraron la operación se preguntan cómo se respaldó, o cómo aseguró el departamento de Finanzas ese pago futuro.
En general, se compra algún tipo de seguro de cambio. De no ser así, el lunes, cuando el presidente Javier Milei inicie su gestión y el dólar oficial, como se descuenta, inicie su carrera a la suba, Aerolíneas Argentinas empezará a perder dinero a raudales. Comidilla para La Cámpora: se dirá que ya es en la gestión del libertario.
En enero, cuando los funcionarios de Milei de Aerolíneas empiecen a acomodar los portarretratos en los despachos de la línea aérea, ya deberán empezar a pagar intereses. El primer pago de ese 3% anual se deberá pagar el 24 del mes próximo. En abril llega el primer pago de capital: siempre a dólar oficial. Con ese dinero de jubilados y ahorristas en la caja, Ceriani y sus funcionarios se envalentonaron y decidieron no recurrir al dinero del fisco.
Ahora bien: diciembre, enero y febrero, la temporada alta de la empresa, son meses de muchos gastos y relativamente poca recaudación. Sucede que esos asientos están vendidos y no volados con bastante anterioridad. En pocas palabras, deuda en pasajes. En ese momento deberá empezar a pagar en dólares oficiales.
Números cuestionados
No bien aparecieron los dichos de Ceriani y el comunicado de la empresa, varios de los grupos que miran de cerca los números de la empresa aérea y que los estudian para la gestión Milei desconfiaron de las palabras del ejecutivo. Y entonces apareció la comparación del indicador principal que se usa en la industria.
Se trata del llamado “asiento por kilómetro ofrecido” (AKO), un término utilizado en el transporte aéreo para referirse al número de asientos que una compañía aérea pone a disposición por cada kilómetro que un avión recorre. Ese número, dividido por la cantidad de empleados, da un resultado que explica como ningún otro la productividad.
Latam operó en 2022 exactamente 113.852 millones de asientos-kilómetro ofrecidos e informó que lo hizo con 32.507 empleados. Es decir, 3,50 millones de asientos-km por empleado. La brasileña Azul operó 39.579 millones de AKO con 12.485 empleados, lo que resultó en 3,17 millones por empleado
Aerolíneas, en 2022, informó que operó con 11.682 trabajadores y, si bien no publica sus AKO, se infiere de los datos de la IATA (International Air Transport Association) que no llegarían a 25.000 millones. Es decir, alrededor de 2 millones de AKO por empleado.
Si se trata de comparar, IAG, la empresa madre de Iberia y British Airways, tiene 264.000 millones de AKO y 66.000 empleados: 4 millones por cada dependiente. Air France KLM, que es una corporación en parte propiedad de los estados de Francia y de los Países Bajos, informa 245.457 millones de AKO y 71.000 empleados, con lo cual el indicador llega a 3,46 millones. Todos muy lejos de Aerolíneas.
De ahí que el voluntarismo contable de La Cámpora fuera mirado con cierta desconfianza por el mercado, tanto que algunos hasta se reían a carcajadas. Les venía a la mente un video que se conoció de una gerenta financiera de la empresa que arengaba a los empleados a votar por Sergio Massa: “Esta empresa no dura dos días sin subsidios del Estado”, se le escuchaba decir.
Otros, en cambio, sostenían que, si este número de Ceriani fuera cierto, Javier Milei no tendría problemas de avanzar con uno de sus planes para la empresa: entregarla a los empleados. Sería un mundo feliz: el libertario no gastaría un peso en mantener Aerolíneas Argentinas y cada empleado habría embolsado su proporción de ganancias. Así las cosas, si la empresa ganó US$32 millones, cada uno de los 11.682 trabajadores tendría un bono de US$2739
Los nuevos uniformes, postergados
Una de las fotos más coloridas que el presidente de Aerolíneas Argentinas, Luis Ceriani, se tomó en el año se dio cuando presentó los nuevos uniformes de la empresa. Sonriente, y de la mano de la moda, el delegado camporista posó junto a Benito Fernández y Ricky Sarkany. El primero fue el encargado de diseñar el uniforme; el segundo se ocupó de las zapatillas. La polémica sobre la oportunidad y el costo de la iniciativa se instaló de inmediato. “Sarkany regaló su diseño porque considera que le sirve para su marca y Fernández cobró alrededor de 40.000 dólares. Pero fue un proceso largo, con muestras, pruebas y, finalmente, la entrega del diseño”, informó un vocero de la empresa. Ahora bien, ¿qué pasará con esa nueva vestimenta? “Nosotros no la mandamos a confeccionar, apenas hicimos un diseño. El gobierno que llega podrá tomar la decisión de hacer losono”,dijo el mimo vocero. El cambio de indumentaria implica un enorme desembolso. Ahora, con la mira en ajustar los números, todo parece que quedará igual.
La semana aerocomercial empezó con una batería de posteos del presidente de Aerolíneas Argentinas en los que se informaba que la empresa había dado ganancias por primera vez desde su estatización, en 2007. “Por primera vez desde su reestatización, [la empresa] alcanza el equilibrio económico con un resultado positivo de US$32 millones para 2023, sin ejecutar además el presupuesto asignado”, escribió
Luis Ceriani. Sin embargo, con solo revisar aparecen los verdaderos números de la compañía: la línea aérea de bandera usó dinero de los jubilados para maquillar sus gastos.
Puntualmente, colocó deuda por US$100 millones, de los cuales el 50% lo suscribió el Fondo de Garantía de Sustentabilidad, que se deberán empezar a devolver en enero y por 36 meses.
La semana aerocomercial empezó con una batería de posteos del presidente de Aerolíneas Argentinas. “Por primera vez desde su reestatización, [la empresa] alcanza el equilibrio económico con un resultado positivo de US$32 millones para 2023, sin ejecutar además el presupuesto asignado”, escribió Luis Ceriani.
Sin embargo, con solo escudriñar apenas aparecen los verdaderos números de la compañía: la línea aérea de bandera usó dinero de los jubilados para maquillar sus gastos.
Uno de los primeros datos que surgen tiene que ver con la deuda que tomó la empresa. El propio comunicado con el que la compañía irrumpió estos días destaca los US$100 millones que la empresa logró ingresar a través de un fideicomiso administrado por BICE Fideicomisos SA (Bifsa), una firma cuyo accionista es el Banco de Inversión y Comercio Exterior, pero que tiene una gestión independiente. Ese párrafo guarda uno de los secretos de la “ganancia” con la que ahora se barniza la gestión de La Cámpora.
La historia empezó después de la derrota oficialista en las PASO, allá por agosto, cuando Unión por la Patria quedó en tercer lugar, detrás de Javier Milei y Patricia Bullrich.
En ese tiempo, la gestión de Aerolíneas desarrolló el ahora famoso FF Global ARSA I, un valor de deuda fiduciaria que se preparó en las oficinas de Bifisa, una entidad que, si bien depende del BICE, tiene autonomía. Esa firma está gestionada por Jorge Tanús, excandidato a vicegobernador de Mendoza en la fórmula que encabezó la hiperkirchnerista Anabel Fernández Sagasti en 2019. Ambos se aliaron para competir con Cambia Mendoza que, con Rodolfo Suarez como candidato, cosechó 49,88% de los votos ante el kirchnerismo, que obtuvo el 34,97%.
De regreso a Aerolíneas y a agosto, con el tercer puesto electoral estampado, Ceriani encomendó a la entidad buscar dinero en el mercado para no usar los subsidios y poder vender la racionalidad de su gestión. Los largos brazos del kirchnerismo, y, sobre todo, de La Cámpora, hicieron su trabajo.
En el Senado, además de Cristina Kirchner, conviven dos legisladores que mucho tuvieron que ver en la solución que se usó: Fernández Sagasti y Mariano Recalde, el verdadero líder de Aerolíneas Argentinas.
De esa usina surgió la idea de financiar la empresa con dinero de los jubilados. Tanús, que responde a Sagasti, puso manos a la obra en Bifisa. Surgió, entonces, el FF Global
ARSA I, con una autorización para emitir por US$300 millones. El organizador fue Puente y los agentes de colocación fueron Adcap (una sociedad de bolsa de Javier Timerman) y Nación Bursátil.
El prospecto de la colocación con una autorización de US$300 millones se publicó el 11 de octubre de 2023 y la suscripción se programó para el 17 de octubre de 2023. Según la información pública, se recibieron ofertas por US$96,3 millones y se decidió emitir US$100 millones.
A esta estructura le faltaba una parte: quién era el comprador. Y entonces apareció la Anses, también manejada por La Cámpora, a través de Fernanda Raverta, mediante el Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) de ese organismo, que suscribió la mitad. El resto se repartió entre los FCI (Fondos Comunes de Inversión, 18,23%) y Cajas, Asociaciones y otros (14,61%).
Para resumir, Aerolíneas Argentinas se comprometió a pagar en 36 meses a estos tomadores US$100 millones, con una tasa de 3% anual (con un corte cada tres meses), siempre a la cotización que tenga la moneda estadounidense, con pagos de capital semestrales.
El precio de corte fue de US$1 por cada US$1 y el tipo de cambio de integración fue de $365,5 por cada US$1. Dicho de otra forma, el comprador pagó baratísimo el dólar linked (a pagar en el futuro), ya que entonces, ese tipo de valores se negociaban muy por encima de la cotización oficial. Ayer, por caso, una empresa colocó un papel en el mercado a un plazo similar, pero a tasa cero (Aerolíneas paga 3% anual) y ese título se negoció a alrededor de 500 pesos.
Hay otro punto: este tipo de instrumentos requieren la confianza del comprador, es decir, la expectativa de que el emisor pague esa deuda. Aerolíneas, una empresa con patrimonio neto negativo, no parece ser de las más confiables. Es decir, la línea aérea se endeudó carísimo y en dólares con el objetivo de cambiar de ventanilla: la Anses en vez del Fisco.
Claro que las deudas con el Estado suelen ser un mero asiento contable porque nunca se pagan, pero lo real es que la empresa aérea buscó esa alquimia contable para disimular sus pérdidas. Hay más: quienes miraron la operación se preguntan cómo se respaldó, o cómo aseguró el departamento de Finanzas ese pago futuro.
En general, se compra algún tipo de seguro de cambio. De no ser así, el lunes, cuando el presidente Javier Milei inicie su gestión y el dólar oficial, como se descuenta, inicie su carrera a la suba, Aerolíneas Argentinas empezará a perder dinero a raudales. Comidilla para La Cámpora: se dirá que ya es en la gestión del libertario.
En enero, cuando los funcionarios de Milei de Aerolíneas empiecen a acomodar los portarretratos en los despachos de la línea aérea, ya deberán empezar a pagar intereses. El primer pago de ese 3% anual se deberá pagar el 24 del mes próximo. En abril llega el primer pago de capital: siempre a dólar oficial. Con ese dinero de jubilados y ahorristas en la caja, Ceriani y sus funcionarios se envalentonaron y decidieron no recurrir al dinero del fisco.
Ahora bien: diciembre, enero y febrero, la temporada alta de la empresa, son meses de muchos gastos y relativamente poca recaudación. Sucede que esos asientos están vendidos y no volados con bastante anterioridad. En pocas palabras, deuda en pasajes. En ese momento deberá empezar a pagar en dólares oficiales.
Números cuestionados
No bien aparecieron los dichos de Ceriani y el comunicado de la empresa, varios de los grupos que miran de cerca los números de la empresa aérea y que los estudian para la gestión Milei desconfiaron de las palabras del ejecutivo. Y entonces apareció la comparación del indicador principal que se usa en la industria.
Se trata del llamado “asiento por kilómetro ofrecido” (AKO), un término utilizado en el transporte aéreo para referirse al número de asientos que una compañía aérea pone a disposición por cada kilómetro que un avión recorre. Ese número, dividido por la cantidad de empleados, da un resultado que explica como ningún otro la productividad.
Latam operó en 2022 exactamente 113.852 millones de asientos-kilómetro ofrecidos e informó que lo hizo con 32.507 empleados. Es decir, 3,50 millones de asientos-km por empleado. La brasileña Azul operó 39.579 millones de AKO con 12.485 empleados, lo que resultó en 3,17 millones por empleado
Aerolíneas, en 2022, informó que operó con 11.682 trabajadores y, si bien no publica sus AKO, se infiere de los datos de la IATA (International Air Transport Association) que no llegarían a 25.000 millones. Es decir, alrededor de 2 millones de AKO por empleado.
Si se trata de comparar, IAG, la empresa madre de Iberia y British Airways, tiene 264.000 millones de AKO y 66.000 empleados: 4 millones por cada dependiente. Air France KLM, que es una corporación en parte propiedad de los estados de Francia y de los Países Bajos, informa 245.457 millones de AKO y 71.000 empleados, con lo cual el indicador llega a 3,46 millones. Todos muy lejos de Aerolíneas.
De ahí que el voluntarismo contable de La Cámpora fuera mirado con cierta desconfianza por el mercado, tanto que algunos hasta se reían a carcajadas. Les venía a la mente un video que se conoció de una gerenta financiera de la empresa que arengaba a los empleados a votar por Sergio Massa: “Esta empresa no dura dos días sin subsidios del Estado”, se le escuchaba decir.
Otros, en cambio, sostenían que, si este número de Ceriani fuera cierto, Javier Milei no tendría problemas de avanzar con uno de sus planes para la empresa: entregarla a los empleados. Sería un mundo feliz: el libertario no gastaría un peso en mantener Aerolíneas Argentinas y cada empleado habría embolsado su proporción de ganancias. Así las cosas, si la empresa ganó US$32 millones, cada uno de los 11.682 trabajadores tendría un bono de US$2739
Los nuevos uniformes, postergados
Una de las fotos más coloridas que el presidente de Aerolíneas Argentinas, Luis Ceriani, se tomó en el año se dio cuando presentó los nuevos uniformes de la empresa. Sonriente, y de la mano de la moda, el delegado camporista posó junto a Benito Fernández y Ricky Sarkany. El primero fue el encargado de diseñar el uniforme; el segundo se ocupó de las zapatillas. La polémica sobre la oportunidad y el costo de la iniciativa se instaló de inmediato. “Sarkany regaló su diseño porque considera que le sirve para su marca y Fernández cobró alrededor de 40.000 dólares. Pero fue un proceso largo, con muestras, pruebas y, finalmente, la entrega del diseño”, informó un vocero de la empresa. Ahora bien, ¿qué pasará con esa nueva vestimenta? “Nosotros no la mandamos a confeccionar, apenas hicimos un diseño. El gobierno que llega podrá tomar la decisión de hacer losono”,dijo el mimo vocero. El cambio de indumentaria implica un enorme desembolso. Ahora, con la mira en ajustar los números, todo parece que quedará igual.
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