Padres de Báez Sosa
EL DOLOR ETERNO POR LOS ABRAZOS QUE NO VOLVERÁN
por Gabriel Di Nicola
Él llegó a la Argentina en 1994. Ella, un año más tarde. Se conocieron en un boliche de Isidro Casanova, en La Matanza, y nunca más se separaron. Casi 30 años después de dejar atrás su ciudad natal, Carapeguá, situada a 80 kilómetros de Asunción, la capital de Paraguay, no solo los une el amor, también los atraviesa un dolor eterno: desde el 18 de enero de 2020, a Graciela Sosa y a Silvino Báez les faltan los abrazos de su único hijo, Fernando Báez Sosa, asesinado a golpes en Villa Gesell. “Para mí fue ayer que recibí la peor noticia de mi vida; a veces pienso que es una pesadilla, que vendrá alguien y me dirá que no es verdad… Pero no es así, Fernando está muerto”, dice la madre del joven, que tenía 18 años y se aprestaba a seguir la carrera de Derecho. El 2 de enero pasado fue la primera audiencia del juicio que terminó con las condenas a prisión perpetua para Máximo Thomsen, Enzo Comelli, Matías Benicelli y los hermanos Luciano y Ciro Pertossi, y de 15 años de cárcel para Blas Cinalli, Ayrton Viollaz y Lucas Pertossi..
DESPUÉS DEL JUICIO DONDE OCHO JÓVENES FUERON CONDENADOS POR EL HOMICIDIO DE SU HIJO ESPERAN CON ANGUSTIA QUE NO REBAJEN LAS PENAS
Hoy, diez meses después de la sentencia del Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) N°1, la madre de la víctima recuerda que cuando con su marido escucharon el veredicto condenatorio sintieron alivio, pero ahora tiene angustia y preocupación. Están a la espera del fallo del Tribunal de Casación Penal bonaerense, que tiene que resolver las apelaciones presentadas por el abogado Hugo Tomei, defensor de los sentenciados. “Está todo en manos de los jueces de La Plata. Estamos esperando la decisión con mucha angustia y preocupación por la espera. Esperamos una justicia ejemplar y que la demora no sea para favorecer a los que asesinaron a nuestro hijo”, sostiene Graciela, en diálogo La sentencia no solo fue apelada por Tomei. Los abogados Fernando Burlando, Germán Facio y Fabián y Facundo Améndola, representantes de los padres de la víctima en la querella, recurrieron el fallo y pidieron que los tres jóvenes condenados a 15 años de cárcel como partícipes secundarios del homicidio sean, también, sentenciados a la pena máxima.
El juicio por el asesinato de Fernando Báez Sosa: cinco fueron condenados a prisión perpetua y tres recibieron 15 años de prisión y la movilización de la gente pidiendo justicia
Los Báez Sosa eran una familia unida, y Fernando era la concreción de su felicidad. “Éramos inseparables, éramos una familia feliz. Fer era un ángel. Trajo alegría a nuestras vidas. Le di mucho amor, no pude darle cosas materiales”, dijo la madre de la víctima en la primera audiencia del juicio en Dolores. Fue un testimonio desgarrador. Por momentos se quebró. Pero no fue la única que lloró. Hubo efectivos del Servicio Penitenciario Bonaerense (SPB), encargados de vigilar y custodiar a los acusados, que también lloraron cuando la escucharon. Sobre todo, cuando afirmó: “Soy una mujer acabada, sin vida, sin ganas de vivir. No sé de dónde saco las fuerzas. Extraño tanto esos abrazos. Este dolor es eterno. No lo voy a recuperar nunca. Era la alegría de mi vida”. En ese momento, el silencio en la sala de audiencias era total, y ella hablaba como si tuviera que arrancarse de las entrañas cada frase. Silvino tiene 50 años. Trabaja en tareas de mantenimiento en una clínica oftalmológica y como encargado en el edificio donde viven, en Recoleta. Nunca deja de emocionarse hasta las lágrimas al recordar el día que Fernando llegó de la Universidad de Buenos Aires (UBA) después de inscribirse en la carrera de Derecho. En 2019 aprobó el Ciclo Básico Común (CBC) y soñaba con ser un gran abogado. El juicio fue un momento difícil para Silvino y para Graciela, que continúa con su trabajo en casas de familia, en actividades domésticas. Por primera vez tuvieron que ver las filmaciones de los golpes que sufrió Fernando la madrugada del 18 de enero de 2020. La madre de la víctima dijo que, al ver esos videos, sintió la necesidad de socorrer a su hijo, de ponerse delante para salvarlo. “Sigo esperando que mi hijo regrese, a pesar de que sé que nunca jamás regresará a nuestras vidas”, sostuvo en medio de una movilización por el tercer aniversario por el homicidio. Entre lágrimas, dijo: “No entiendo, no comprendo y nunca aceptaré cómo chicos de la edad de Fer le han hecho esto. Lo atacaron por la espalda, lo tiraron por la espalda, le reventaron la cabeza… Ese cuerpito tan lindo que tuve nueve meses en mi panza”.
QUIERO UNA JUSTICIA EJEMPLAR, NO BUSCO VENGANZA”
La madre de Fernando Báez Sosa en varias ocasiones
El juicio acaparó la atención de la opinión pública durante el primer mes del año y terminó el 6 de febrero. En ese tiempo, Graciela y Silvino se instalaron en Dolores, donde recibieron el cariño de los vecinos y de personas que llegaron desde Paraguay para acompañarlos en su búsqueda de justicia. “Lo vi en una morgue, hecho pedazos. ¿En este mundo puede haber tanta crueldad? Me lo pregunto todos los días. Están escuchando a un padre que perdió todo: las ganas de vivir y de luchar. Perdió lo mejor de todo, el abrazo de su hijo”, sostuvo Silvino ante los jueces María Claudia Castro, Christian Rabaia y Emiliano Lazzari. Palabras similares utilizó su esposa para recordar el momento terrible de ver a su hijo sin vida. “Fue muy difícil cuando fui a reconocer el cuerpo. Su cabeza estaba destrozada de tantas patadas. Cuando entré en la morgue toqué sus piernas, quise abrazarlo. Veía caer la sangre. Hasta hoy no lo puedo creer, lo sigo esperando. Estoy muerta en vida”. Silvino y Graciela no se cansan de repetir que no buscan venganza, que su única búsqueda es la de una “justicia ejemplar”, y como afirmó la madre en varias ocasiones: “Justicia es perpetua”.
por Gabriel Di Nicola
Él llegó a la Argentina en 1994. Ella, un año más tarde. Se conocieron en un boliche de Isidro Casanova, en La Matanza, y nunca más se separaron. Casi 30 años después de dejar atrás su ciudad natal, Carapeguá, situada a 80 kilómetros de Asunción, la capital de Paraguay, no solo los une el amor, también los atraviesa un dolor eterno: desde el 18 de enero de 2020, a Graciela Sosa y a Silvino Báez les faltan los abrazos de su único hijo, Fernando Báez Sosa, asesinado a golpes en Villa Gesell. “Para mí fue ayer que recibí la peor noticia de mi vida; a veces pienso que es una pesadilla, que vendrá alguien y me dirá que no es verdad… Pero no es así, Fernando está muerto”, dice la madre del joven, que tenía 18 años y se aprestaba a seguir la carrera de Derecho. El 2 de enero pasado fue la primera audiencia del juicio que terminó con las condenas a prisión perpetua para Máximo Thomsen, Enzo Comelli, Matías Benicelli y los hermanos Luciano y Ciro Pertossi, y de 15 años de cárcel para Blas Cinalli, Ayrton Viollaz y Lucas Pertossi..
Hoy, diez meses después de la sentencia del Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) N°1, la madre de la víctima recuerda que cuando con su marido escucharon el veredicto condenatorio sintieron alivio, pero ahora tiene angustia y preocupación. Están a la espera del fallo del Tribunal de Casación Penal bonaerense, que tiene que resolver las apelaciones presentadas por el abogado Hugo Tomei, defensor de los sentenciados. “Está todo en manos de los jueces de La Plata. Estamos esperando la decisión con mucha angustia y preocupación por la espera. Esperamos una justicia ejemplar y que la demora no sea para favorecer a los que asesinaron a nuestro hijo”, sostiene Graciela, en diálogo La sentencia no solo fue apelada por Tomei. Los abogados Fernando Burlando, Germán Facio y Fabián y Facundo Améndola, representantes de los padres de la víctima en la querella, recurrieron el fallo y pidieron que los tres jóvenes condenados a 15 años de cárcel como partícipes secundarios del homicidio sean, también, sentenciados a la pena máxima.
Los Báez Sosa eran una familia unida, y Fernando era la concreción de su felicidad. “Éramos inseparables, éramos una familia feliz. Fer era un ángel. Trajo alegría a nuestras vidas. Le di mucho amor, no pude darle cosas materiales”, dijo la madre de la víctima en la primera audiencia del juicio en Dolores. Fue un testimonio desgarrador. Por momentos se quebró. Pero no fue la única que lloró. Hubo efectivos del Servicio Penitenciario Bonaerense (SPB), encargados de vigilar y custodiar a los acusados, que también lloraron cuando la escucharon. Sobre todo, cuando afirmó: “Soy una mujer acabada, sin vida, sin ganas de vivir. No sé de dónde saco las fuerzas. Extraño tanto esos abrazos. Este dolor es eterno. No lo voy a recuperar nunca. Era la alegría de mi vida”. En ese momento, el silencio en la sala de audiencias era total, y ella hablaba como si tuviera que arrancarse de las entrañas cada frase. Silvino tiene 50 años. Trabaja en tareas de mantenimiento en una clínica oftalmológica y como encargado en el edificio donde viven, en Recoleta. Nunca deja de emocionarse hasta las lágrimas al recordar el día que Fernando llegó de la Universidad de Buenos Aires (UBA) después de inscribirse en la carrera de Derecho. En 2019 aprobó el Ciclo Básico Común (CBC) y soñaba con ser un gran abogado. El juicio fue un momento difícil para Silvino y para Graciela, que continúa con su trabajo en casas de familia, en actividades domésticas. Por primera vez tuvieron que ver las filmaciones de los golpes que sufrió Fernando la madrugada del 18 de enero de 2020. La madre de la víctima dijo que, al ver esos videos, sintió la necesidad de socorrer a su hijo, de ponerse delante para salvarlo. “Sigo esperando que mi hijo regrese, a pesar de que sé que nunca jamás regresará a nuestras vidas”, sostuvo en medio de una movilización por el tercer aniversario por el homicidio. Entre lágrimas, dijo: “No entiendo, no comprendo y nunca aceptaré cómo chicos de la edad de Fer le han hecho esto. Lo atacaron por la espalda, lo tiraron por la espalda, le reventaron la cabeza… Ese cuerpito tan lindo que tuve nueve meses en mi panza”.
QUIERO UNA JUSTICIA EJEMPLAR, NO BUSCO VENGANZA”
La madre de Fernando Báez Sosa en varias ocasiones
El juicio acaparó la atención de la opinión pública durante el primer mes del año y terminó el 6 de febrero. En ese tiempo, Graciela y Silvino se instalaron en Dolores, donde recibieron el cariño de los vecinos y de personas que llegaron desde Paraguay para acompañarlos en su búsqueda de justicia. “Lo vi en una morgue, hecho pedazos. ¿En este mundo puede haber tanta crueldad? Me lo pregunto todos los días. Están escuchando a un padre que perdió todo: las ganas de vivir y de luchar. Perdió lo mejor de todo, el abrazo de su hijo”, sostuvo Silvino ante los jueces María Claudia Castro, Christian Rabaia y Emiliano Lazzari. Palabras similares utilizó su esposa para recordar el momento terrible de ver a su hijo sin vida. “Fue muy difícil cuando fui a reconocer el cuerpo. Su cabeza estaba destrozada de tantas patadas. Cuando entré en la morgue toqué sus piernas, quise abrazarlo. Veía caer la sangre. Hasta hoy no lo puedo creer, lo sigo esperando. Estoy muerta en vida”. Silvino y Graciela no se cansan de repetir que no buscan venganza, que su única búsqueda es la de una “justicia ejemplar”, y como afirmó la madre en varias ocasiones: “Justicia es perpetua”.
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