Aprueban una supervacuna contra la neumonía
Protege más que la que está disponible hoy en el mercado
Se aprobó en el país la comercialización de una nueva vacuna conjugada contra la neumonía por neumococo. Se trata de una dosis que amplía la protección a 20 serotipos de Streptococcus pneumoniae. La versión disponible para chicos y adultos incluida en el calendario nacional reduce el riesgo de infección grave por 13 serotipos de la bacteria. Ayer, en vacunatorios privados aguardaban aún la fecha a partir de la que estará disponible, así como también el costo hasta que se defina su incorporación al calendario y su cobertura.
La Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (Anmat) autorizó la venta en el país de Prevenar 20, del laboratorio Pfizer, y su incorporación al calendario dependerá de la decisión de la autoridad sanitaria nacional. Con esto, también se podría simplificar con una dosis el esquema de protección recomendado para los adultos.
La agencia regulatoria nacional recomienda la cobertura con una dosis en la población de 18 años o más. En los chicos, se repetiría un esquema de dos dosis –la primera a partir de las seis semanas de vida y la segunda a los dos meses– más un refuerzo entre los 11 y 15 meses de edad. Aparece, en la disposición de la Anmat, un segundo esquema posible que sería, de acuerdo con lo informado por el laboratorio productor, uno de recomendación individual de manera privada: incluye tres dosis (a partir de las seis semanas de vida y con un intervalo no menor a las cuatro semanas entre las dosis) más un refuerzo entre los 11 y 15 meses de edad.
Ante la consulta de la nacion, Pfila zer informó que “el precio de la nueva vacuna tendrá un leve diferencial por encima de la actual vacuna antineumocócica 13 valente”. En vacunatorios privados, sin cobertura, el costo de la dosis de la versión conjugada 13-valente es de $43.900.
La infección por neumococo puede ser localizada, como la neumonía o la otitis, o convertirse en una enfermedad invasiva, como la meningitis o la bacteriemia (infección generalizada). La edad y tener otras enfermedades aumenta el riesgo de padecer formas graves de la enfermedad.
“Esta vacuna da protección contra 20 serotipos, lo que hace que mejore de forma significativa la cobertura contra la neumonía y la enfermedad invasiva por neumococo, en donde el neumococo llega a través de la sangre a cualquier tejido del organismo, como, por ejemplo, las meninges y genera meningitis neumocócica”, explicó a través de un comunicado del laboratorio productor Miriam Rozenek, infectóloga, geriatra y miembro de la Comisión de Vacunas de la Sociedad Argentina de Infectología (SADI).
En diciembre del año pasado, el grupo de trabajo de la Comisión Nacional de Inmunizaciones (Conain) entregó a las autoridades del Ministerio de Salud de la Nación una recomendación para la vacunación en adultos de disponer de la vacuna conjugada contra 20 serotipos del neumococo. Existe una versión de la vacuna conjugada, que actúa contra 13 serotipos.
El grupo propuso “reemplazar el esquema de vacunación secuencial (vacuna conjugada 13-valente/ vacuna polisacárida 23-valente) por el de una dosis de la vacuna conjugada 20-valente para la población entre 18 y 64 años con factores de riesgo” de enfermedad neumocócica invasiva si contrae la infección.
Complicaciones
“La enfermedad invasiva por neumococo afecta fundamentalmente los extremos de la vida: los niños muy pequeños y las personas mayores”, continuó Rozenek. “En ambos, no solo puede producir enfermedad aguda, sino que también puede generar complicaciones a mediano y largo plazo. Es por eso por lo que la prevención en niños y adultos con condiciones de riesgo, así como en adultos mayores (de 65 años o más), es absolutamente importante”.
Las agencias regulatorias de Estados Unidos y Europa ya habían aprobado su uso en 2022. En la Argentina, Pfizer presentó su solicitud a la Anmat este año y la autoridad regulatoria dio luz verde a la solicitud en julio último, pero se dio a conocer ayer.
“Prevenar 20 (vacuna antineumocócica conjugada 20-valente) está indicada para la inmunización activa para prevenir la enfermedad invasiva, la neumonía y la otitis media aguda causadas por Streptococcus pneumoniae en lactantes, niños y adolescentes entre seis semanas y 18 años, además de las ya autorizadas –resolvió el administrador general de la Anmat–. Está indicada para la inmunización activa para la prevención de la enfermedad invasiva y la neumonía por Streptococcus pneumoniae en individuos de 18 años de edad y mayores”.
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Hace 45 años fue trasplantado y hoy promueve la donación
En 1977, cuando era un niño, el uruguayo Ítalo López fue intervenido en el Cemic
María Nöllmann
Ítalo López recibió un riñón de su madre
El uruguayo Ítalo López nació en agosto de 1967, pero para él su verdadero cumpleaños es el 9 de diciembre de 1977, día en que, con solo 10 años, se despertó de la anestesia y su vida comenzó de nuevo. “Cuando me trasplanté, empecé a vivir. Salí de la clínica y mi vida era otra. Así que yo calculo que, en vez de 56 años, tengo 45”, dice entre risas. Él fue el primer niño trasplantado de riñón en la historia del Hospital Universitario Cemic, y es una de las personas que más años llevan con el mismo riñón trasplantado en el país.
Los pocos recuerdos que conserva de su infancia son en hospitales: internado, durante una extracción de sangre, en alguna de sus tres visitas semanales al nefrólogo. “Mi vida era eso. Obviamente, iba a la escuela, pero no tengo recuerdos positivos: me dolían la cabeza, las piernas, los riñones”, detalla, por videollamada, desde su casa, en Montevideo.
Los médicos que lo trataron de niño, en Uruguay, nunca lograron saber con exactitud la afección que hizo que, con tan solo ocho años, sus riñones dejaran de funcionar. Siguieron años de tratamientos, hasta que, a través de un doctor, su padre supo que, en el Cemic, en Buenos Aires, habían comenzado a hacer trasplantes renales. “Mis padres vendieron la casa, el auto, todo. Eso lo recuerdo. Mi mamá me donó un riñón”, cuenta.
El equipo médico que hace 45 años operó al niño, coordinado por el nefrólogo Mario Turin y compuesto por un cirujano, un urólogo, dos pediatras y un cirujano vascular, perdió el contacto con López durante décadas. Hace unos meses el expaciente envió un mail a Cemic para ponerse nuevamente en contacto. “Él quería que supiéramos que estaba vivo y muy bien con el riñón que le trasplantamos”, cuenta Turin, de ahora 86 años. Cuando coordinó el trasplante de López, tenía 40 y había regresado hacía siete de Estados Unidos, donde había sido becario de investigación nefrológica en el Hospital Johns Hopkins. Allí había presenciado y participado del seguimiento de los primeros trasplantes de riñón. De regreso a Buenos Aires, llegó a ser jefe de Nefrología y rector del Instituto Universitario Cemic, además de presidente de la Asociación Argentina de Trasplantes. “Fue emocionante volver a estar en contacto con Ítalo. Imaginate lo que significa para un médico que se dedicó a esa tarea que, muchos años después, un paciente se acuerde de agradecerle”, suma.
López recuerda el posoperatorio con alegría: “Les pregunté a los médicos: ‘¿Y ahora qué?’ Y me dijeron: ‘Ahora hacé lo que quieras, tomá los remedios y hacé lo que quieras’. Mi vida cambió desde el primer día”, afirma.
Hoy tiene un hijo de 19 años, está divorciado y vive en el centro de Montevideo, donde es feriante y se dedica al comercio de indumentaria. Lleva una vida normal –”normal para bien y normal para mal”, suma entre risas–, aunque de vez en cuando se pregunta sobre el futuro de su riñón: “A veces tengo algún sentimiento un poquito desencontrado. Sé que soy de las pocas personas con un trasplante renal de tantos años, y sé lo que puede pasar. Pero después me olvido. Prefiero concentrarme en lo bueno: los últimos exámenes que me hice me dieron perfectos. Los médicos me dijeron: ‘Pa, estás mejor que yo’. Yo creo que, si Dios quiere, este trasplante va a durar muchísimo más”, dice.
Efectos
Turin destaca que el trasplante no implica limitaciones en el estilo de vida: “Recuerdo a un paciente que, después del trasplante, quería jugar de arquero en un equipo de fútbol y se lo prohibimos porque no le podían pegar un pelotazo en la panza. Pero, más allá de eso, no hay limitaciones. Los pacientes normalmente se olvidan, hacen una vida totalmente normal”.
En cuanto a los riesgos, indica: “Son muy pocos. Por supuesto, toda operación tiene riesgos, pero son muy limitados. El riesgo mayor está en la compatibilidad y en el rechazo, pero eso ha mejorado a lo largo de la historia de los trasplantes. Han surgido nuevos medicamentos inmunosupresores que hacen que el riñón no tenga crisis de rechazo”. Los nuevos fármacos también han aumentado la durabilidad de los órganos trasplantados, afirma, a la que vez que señala que los nuevos hallazgos seguirán aumentándola.
López incentiva la donación de órganos: “Lo hago, más que nada, por mi madre, creo que se lo merece. Ella falleció hace unos años, pero está conmigo siempre. Si yo tengo el riñón de ella, parte de su vida está viva. Al menos me gusta pensarlo así”, dice.
El uruguayo Ítalo López nació en agosto de 1967, pero para él su verdadero cumpleaños es el 9 de diciembre de 1977, día en que, con solo 10 años, se despertó de la anestesia y su vida comenzó de nuevo. “Cuando me trasplanté, empecé a vivir. Salí de la clínica y mi vida era otra. Así que yo calculo que, en vez de 56 años, tengo 45”, dice entre risas. Él fue el primer niño trasplantado de riñón en la historia del Hospital Universitario Cemic, y es una de las personas que más años llevan con el mismo riñón trasplantado en el país.
Los pocos recuerdos que conserva de su infancia son en hospitales: internado, durante una extracción de sangre, en alguna de sus tres visitas semanales al nefrólogo. “Mi vida era eso. Obviamente, iba a la escuela, pero no tengo recuerdos positivos: me dolían la cabeza, las piernas, los riñones”, detalla, por videollamada, desde su casa, en Montevideo.
Los médicos que lo trataron de niño, en Uruguay, nunca lograron saber con exactitud la afección que hizo que, con tan solo ocho años, sus riñones dejaran de funcionar. Siguieron años de tratamientos, hasta que, a través de un doctor, su padre supo que, en el Cemic, en Buenos Aires, habían comenzado a hacer trasplantes renales. “Mis padres vendieron la casa, el auto, todo. Eso lo recuerdo. Mi mamá me donó un riñón”, cuenta.
El equipo médico que hace 45 años operó al niño, coordinado por el nefrólogo Mario Turin y compuesto por un cirujano, un urólogo, dos pediatras y un cirujano vascular, perdió el contacto con López durante décadas. Hace unos meses el expaciente envió un mail a Cemic para ponerse nuevamente en contacto. “Él quería que supiéramos que estaba vivo y muy bien con el riñón que le trasplantamos”, cuenta Turin, de ahora 86 años. Cuando coordinó el trasplante de López, tenía 40 y había regresado hacía siete de Estados Unidos, donde había sido becario de investigación nefrológica en el Hospital Johns Hopkins. Allí había presenciado y participado del seguimiento de los primeros trasplantes de riñón. De regreso a Buenos Aires, llegó a ser jefe de Nefrología y rector del Instituto Universitario Cemic, además de presidente de la Asociación Argentina de Trasplantes. “Fue emocionante volver a estar en contacto con Ítalo. Imaginate lo que significa para un médico que se dedicó a esa tarea que, muchos años después, un paciente se acuerde de agradecerle”, suma.
López recuerda el posoperatorio con alegría: “Les pregunté a los médicos: ‘¿Y ahora qué?’ Y me dijeron: ‘Ahora hacé lo que quieras, tomá los remedios y hacé lo que quieras’. Mi vida cambió desde el primer día”, afirma.
Hoy tiene un hijo de 19 años, está divorciado y vive en el centro de Montevideo, donde es feriante y se dedica al comercio de indumentaria. Lleva una vida normal –”normal para bien y normal para mal”, suma entre risas–, aunque de vez en cuando se pregunta sobre el futuro de su riñón: “A veces tengo algún sentimiento un poquito desencontrado. Sé que soy de las pocas personas con un trasplante renal de tantos años, y sé lo que puede pasar. Pero después me olvido. Prefiero concentrarme en lo bueno: los últimos exámenes que me hice me dieron perfectos. Los médicos me dijeron: ‘Pa, estás mejor que yo’. Yo creo que, si Dios quiere, este trasplante va a durar muchísimo más”, dice.
Efectos
Turin destaca que el trasplante no implica limitaciones en el estilo de vida: “Recuerdo a un paciente que, después del trasplante, quería jugar de arquero en un equipo de fútbol y se lo prohibimos porque no le podían pegar un pelotazo en la panza. Pero, más allá de eso, no hay limitaciones. Los pacientes normalmente se olvidan, hacen una vida totalmente normal”.
En cuanto a los riesgos, indica: “Son muy pocos. Por supuesto, toda operación tiene riesgos, pero son muy limitados. El riesgo mayor está en la compatibilidad y en el rechazo, pero eso ha mejorado a lo largo de la historia de los trasplantes. Han surgido nuevos medicamentos inmunosupresores que hacen que el riñón no tenga crisis de rechazo”. Los nuevos fármacos también han aumentado la durabilidad de los órganos trasplantados, afirma, a la que vez que señala que los nuevos hallazgos seguirán aumentándola.
López incentiva la donación de órganos: “Lo hago, más que nada, por mi madre, creo que se lo merece. Ella falleció hace unos años, pero está conmigo siempre. Si yo tengo el riñón de ella, parte de su vida está viva. Al menos me gusta pensarlo así”, dice.
http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA
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