viernes, 26 de enero de 2024

PROTESTA SINDICAL Y RESPUESTA


Una huelga precoz que abre un doble desafío
Nicolás Balinotti.
La precoz reacción sindical de activar un paro general contra Javier Milei a solo 45 días de haber asumido la presidencia y después de cuatro años de silencio y letargo es apenas el inicio de un plan de lucha que nació deshilachado. Es parte del trazado de una hoja de ruta que expone diferencias en la cúpula de la CGT, hoy punta de lanza de un peronismo derrotado, con sus principales líderes, sobre todo Cristina Kirchner, recluidos y sin dar señales nítidas de un recambio que parece inevitable.
En la CGT surgen disidencias sobre la estrategia de confrontación en un contexto minado por la amenaza de la hiperinflación. Chocan las posturas de los dirigentes moderados, que buscan forzar un diálogo con el Gobierno a toda costa, y los más combativos, que miran detenidamente el calendario para fijar la próxima huelga, tal vez en coincidencia con la fecha del comienzo de clases. Casi un reflejo de lo que sucede en el Congreso, con la llamada “oposición dialoguista”, que intenta auxiliar a Milei, y la oposición lisa y llana, encarnada en el PJ, dispuesta a frenar la ley ómnibus.
En este juego de equilibrios, el riesgo de la CGT es quedar atrapada por las presiones del kirchnerismo y la izquierda para profundizar las protestas. Hasta Sergio Massa, el candidato presidencial que cosechó unánime apoyo entre los gremios, le reprochó haberse apresurado para activar la huelga. “Si a 45 días le haces un paro general, a los 90 días, ¿qué haces? ¿Un bombardeo?”, cuestionó el exministro hace tres semanas. Anteayer, sin embargo, Malena Galmarini, su esposa, se olvidó de la moderación con un mensaje por las redes.
Durante la madrugada del miércoles, la cúpula de la CGT recibió aliviada la noticia de que el proyecto de ley ómnibus había obtenido dictamen. La presión se traslada ahora al Congreso y correrá por unos días a los gremialistas del centro de la escena. Héctor Daer, uno de los jefes cegetistas, resbaló frente a la intensidad mediática al amenazar por radio a los legisladores que avalen las medidas oficialistas. Daer es un dirigente racional, dialoguista, que se recuesta en dos mentores: Carlos West Ocampo y Armando Cavalieri, históricos referentes de “los Gordos” (grandes gremios de servicios) que supieron posicionarse durante el menemismo.
El apriete de Daer a los diputados fue leído entre sus pares como un intento de no ceder terreno en la pelea por el liderazgo de la CGT ante el protagonismo que recobró el camionero Pablo Moyano, otro de los jefes, de perfil más combativo y menos negociador. Daer, de hecho, fue junto con Gerardo Martínez, líder de la Uocra, el que habilitó al mercantil Cavalieri abrir una negociación con Milei a través de la ministra de Capital Humano, Sandra Pettovello, que estaba dispuesta a ceder en lo relativo a las contribuciones patronales, una maniobra de los gremios para recaudar más fondos. Esa frustrada negociación eyectó a Horacio Pitrau.
La tensión y la desconfianza guiaron el vínculo entre Milei y los gremios desde que el libertario venció a Massa en el balotaje presidencial. Se abrió inicialmente un canal de diálogo entre la CGT y el ministro del Interior, Guillermo Francos, pero la letra chica del DNU 70/23 presentado a fin de año dinamitó los puentes. En una cumbre secreta en Sanidad, el gremio de Daer, Francos, Santiago Caputo y Cordero se reunieron con el ala dialoguista de la central obrera. Nada de lo que se conversó allí se reflejó horas después en el decreto presidencial, según fuentes de ambos sectores. El avance de Milei con la reforma laboral por decreto fue considerado una provocación para los gremios, que sintieron amenazado por primera vez en mucho tiempo su poder de representación y recaudación. El capítulo laboral del DNU quedó finalmente suspendido hasta que se expida la Corte Suprema después de una seguidilla de fallos judiciales en instancias inferiores que la dirigencia cegetista consideró un triunfo propio. Así y todo, mantuvo en pie la huelga. “La Corte juega con los tiempos y los ánimos sociales. Esperamos que se expida por la anulación”, presionó un sindicalista con llegada al Poder Judicial.
La huelga se activó en un peligroso contexto de inflación desbocada y con el Gobierno dispuesto a avanzar con un ajuste del gasto público a ritmo de machete. Contempla fuertes caídas en el poder adquisitivo de los montos de los planes sociales y el salario mínimo, y también de las jubilaciones. También de los salarios del sector público y privado. Además, Milei pretende restituir el impuesto a las ganancias a partir de los salarios superiores a $1.350.000, lo que abriría un foco de conflicto adicional con los sindicatos. En la CGT ya se preparan marchas en contra de los gobernadores y legisladores que apoyen el regreso del tributo que pesa sobre los salarios. El desliz retórico de Daer tal vez no sea una mera equivocación.
Hasta antes del DNU, los dirigentes sindicales creían que la clase media iba a ser el fusible que encendiera la protesta social, con marchas espontáneas y cacerolazos para expresar su descontento. Proyectaban ese primer estallido recién para marzo o abril, cuando la inflación haya devorado aún más los salarios, el ajuste ya haya dejado de su huella y el dinero de muchas familias no alcance para alimentos, pagar las tarifas, prepagas y educación privada. Pablo Moyano, incluso, descartó activar un paro en enero y febrero “porque los laburantes están de vacaciones”. Los tiempos se precipitaron y con un documento la CGT amplió su reclamo a lo estrictamente laboral y económico.
“Hay que voltear el decreto de Milei en la Justicia, en el Congreso y en la calle”, planteó Daer cuando la CGT presentó a fin de año el amparo que frenó el capítulo laboral del DNU. Lo reiteró ayer ante la militancia congregada en las calles. El trazado del plan, que involucra a todo el peronismo, se aceleró dramáticamente cuando se cortaron los intercambios con el Gobierno. Un sindicalista de peso e influyente contó que Francos les confesó que la toma de las decisiones es exclusiva de Milei y su hermana Karina. A Francos ya no le creen. A los Caputo, tampoco.
El desafío es ahora reconstruir el vínculo con un gobierno que recién da sus primeros pasos y tomar distancia de ese pesado estigma del sindicalismo antropófago, capaz de engullirse a cualquier gobierno que no sea peronista.

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Milei minimizó la protesta, pero buscó confrontar con la CGT
“Un fracaso estrepitoso”, fue la evaluación que el Presidente hizo entre sus íntimos; sus ministros criticaron a la central obrera y al PJ; en el Gobierno afirmaron que solo participaron 40.000 personasJ
Jaime Rosemberg y Cecilia Devanna
Todo era optimismo en el seno del Gobierno tras la primera jornada de paro y movilización por parte de la CGT, a la que se acopló buena parte del kirchnerismo y el Frente Renovador de Sergio Massa, entre otros múltiples sectores. Fuentes cercanas a Javier Milei indicaron que para el Presidente el paro fue “un fracaso estrepitoso” al considerar que, “con toda la furia, el impacto fue del 1%” en la actividad. “Este es un paro político, no es en defensa de los trabajadores, se hace para dañar al Gobierno”, fue la frase más repetida ayer en la Casa Rosada.
Sobre el final de la tarde el presidente usó su cuenta de la red social X para consignar: “Nunca estuvo tan clara la elección. Hacemos los cambios o seguimos presos de estos extorsionadores”. Adjuntó una foto de Pablo Moyano y su frase sobre el ministro Luis Caputo y el Riachuelo.
El paro rompió un récord en la CGT: ocurrió a solo 45 días de la llegada de Milei a Balcarce 50. Y comenzó horas después de que el oficialismo obtuviera dictamen en Diputados para la ley ómnibus. Dos motivos que en las filas libertarias se encadenaron en una lectura casi unívoca: dos grandes desafíos fueron sorteados en una jornada.
Entre los motivos que despertaban el optimismo del mandatario, que siguió la protesta desde la residencia de Olivos, estaba también el hecho de que el paro ordenaba el tablero: “Es muy conveniente la confrontación, ya que los que se oponen al proyecto pasan a quedar en la misma bolsa que los que han llamado al paro”.
En ese sentido fueron gráficos al resumir su mirada sobre lo sucedido: “Fue un golazo por el fracaso del paro, por la confrontación que se plantea y porque alinea a los ‘puristas’, porque en su defecto quedan del lado de los que llamaron al paro”, dijeron fuentes cercanas al jefe de Estado. Quienes vieron al mandatario en las últimas horas relataron que se mantiene optimista y convencido.
Otro punto positivo para el Gobierno fue el operativo de Seguridad, con la aplicación del protocolo anti-piquetes, que consideraron “exitoso”. La ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, siguió de cerca el operativo desde el Comando Unificado, situado en la Central de Policía, y se mantuvo en comunicación con el mandatario, al que tenía previsto ver en Olivos por la noche. La relación entre ambos es excelente y en poco tiempo la excandidata a presidenta se convirtió en una de las personas de confianza del líder libertario.
Por la mañana, Milei recibió a su hermana y secretaria general de Presidencia, Karina, quien luego fue a trabajar al primero piso de la Casa Rosada, donde tiene su despacho.
Desde temprano, varios ministros habían cuestionado al paro, al sindicalismo y al peronismo que respaldó la protesta. Mensajes que Milei luego amplificó en sus redes sociales. Además de Bullrich, lo hicieron la canciller Diana Mondino (desde la cumbre del Mercosur en Paraguay), Luis Petri (Defensa) y Luis Caputo (Economía). “El paro no tiene justificación. Convocado por la oligarquía de millonarios con autos blindados y chofer”, escribió en X Mondino, que también trató a los sindicalistas de “falsos representantes de los trabajadores”. Bullrich, por su parte, apuntó contra el gobernador Axel Kicillof, al que le pidió “cumplir la ley, no violarla” y le recordó el reciente asesinato de la niña Umma Aguilera.
Desde Balcarce 50 calcularon una asistencia de 40 mil personas. Lejos de las postales que dejó la convocatoria frente al Congreso y más aún de los números de la central obrera, que estimó en 600.000 los asistentes a la marcha porteña. “Fue un paro raro”, decían también en referencia a la modalidad elegida, en la que el acto fue al mediodía y la interrupción del servicio de transporte público, a las 19.
“No hay diálogo posible con quienes no quieren que el país salga adelante. Este paro es un gran sinsentido, una complicación y pérdida de dinero para muchísimos argentinos”, dijo el vocero presidencial, Manuel Adorni, al descartar algún tipo de acercamiento con la CGT, la CTA y los movimientos sociales y políticos que impulsaron la medida de fuerza. Reiteró, además, la decisión del Gobierno de descontarles el día a los empleados públicos que participaron en la manifestación.

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Controles y vallado policial en los accesos para impedir cortes totales
El punto más caliente fue el Puente Pueyrredón, donde no dejaron pasar manifestantes
Bianchi y Ailén Vila Matías
Como parte de la movilización sindical, en el marco del paro convocado por la CGT, grupos de manifestantes ingresaron por los accesos a la ciudad de Buenos Aires y enfrentaron un esquema de cordón policial. Ese fue el cuadro que, entre otros puntos, se vio ayer a la mañana en la Panamericana y en el Puente Pueyrredón.
En el primer punto hubo controles a la altura del ingreso a Panamericana desde la ruta 197. Allí se apostaron camionetas y autos de Gendarmería y un puesto de control en previsión del paso de trabajadores de gremios como Smata y UOM. Allí se vio un colectivo escolar estacionado y un grupo de camioneros con sus clásicas camperas verdes y blancas, en un puesto cercano, sobre la colectora. Según pudo saber el vehículo –que se dirigía a la manifestación– presentaba irregularidades, por lo que fue incautado y llevado al autódromo. Durante la mañana, en los controles pararon y revisaron los micros que circulaban con manifestantes.
Pero el punto más caliente fue el Puente Pueyrredón, donde hubo un fuerte despliegue de la Policía Federal, Gendarmería y Prefectura que bloqueó el puente por completo. Hasta ese lugar llegó al mediodía una columna de la Uocra, que primero ocupó dos carriles de la avenida Mitre y después todos los carriles mano a Capital. La PFA en una primera línea y Gendarmería por detrás les cortaron el paso y no los dejaron pasar hacia el puente de la autopista. “Acá nos quedamos”, dijo allí un dirigente de la columna ante la presencia policial.
“Estamos organizados, seremos 2500 personas en total. Queremos cruzar el puente. Iríamos en fila india, sin cortar ni un carril, pero no nos dejan. Ni caminar se puede en democracia. Está negociando con la policía nuestro dirigente a ver si nos dejan, pero la veo difícil”, explicó a uno de los organizadores de la columna.
Un subcomisario de la PFA dijo que el panorama fue “tranquilo” en el Puente Pueyrredón, pero aclaró que a los manifestantes “no se los dejó pasar”. En cambio si pudieron pasar peatones individuales y gente en sus motos, pero la calle estuvo cortada. Pablo Romero, dirigente de la Uocra sede Avellaneda, dijo que propusieron cruzar el puente en filas de a cuatro personas, pero no los dejaron, a pesar de que estuvo negociando con el subcomisario a cargo del operativo. La PFA les sugirió que se tomen el tren, pero le dijeron que era mucha gente y que era una alternativa complicada.

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