Un desafío planetario ante el deterioro del medio ambiente
El cambio climático es un problema global porque, sin importar dónde se emitan, los gases de efecto invernadero se mezclan en la atmósfera y tienen el mismo impacto; el progreso económico es indispensable, pero la biodiversidad debe ser preservada
Alieto A. Guadagni
Enfrentamos un desafío planetario, ya que las condiciones ambientales se han deteriorado y seguirán empeorando si continúan las tendencias actuales. El cambio climático es un problema global, porque los gases de efecto invernadero se mezclan en la atmósfera y tienen el mismo impacto no importa dónde se emitan. El último siglo ha sido extraordinario por el desarrollo de las fuerzas productivas, con un progreso tecnológico que enterró la profecía malthusiana que nos condenaba a no poder mejorar nuestro nivel de vida. El crecimiento económico de la centuria pasada fue el mayor de toda la historia. El progreso económico es indispensable, pero debemos reconocer que el medio ambiente y la biodiversidad deben ser preservados.
Las evidencias actuales son concluyentes: nuestra Tierra se está calentando y las crecientes amenazas son múltiples y bien claras. La humanidad es responsable del cambio climático, ya que desde la Revolución Industrial la actividad humana viene acumulando enormes cantidades de dióxido de carbono y otros gases de efecto invernadero en nuestra atmósfera. El clima está cambiando como consecuencia de las actividades humanas, fundamentalmente por la combustión de fósiles (carbón, petróleo y gas) y la deforestación.
La Tierra ya ha experimentado un calentamiento en los últimos años y se prevé un calentamiento adicional en los próximos años si no se aplican enérgicas medidas acordadas en el nivel internacional. Los resultados serán precipitaciones más variables y una mayor incidencia de fenómenos meteorológicos extremos. Eso, junto con la elevación del nivel del mar, afectará negativamente la agricultura, los recursos hídricos, los asentamientos humanos, la salud humana y los sistemas ecológicos. Miles de glaciares están replegándose y el espesor de la capa de hielo en el Ártico ha disminuido. Las evidencias científicas sobre el calentamiento terrestre y sus efectos adversos se han incrementado en los últimos años.
Aun cuando se adoptaran de inmediato medidas para reducir las emisiones, la estabilización de los gases de efecto invernadero tardaría tiempo, porque el sistema climático de la Tierra se caracteriza por una gran inercia, lo que significa que el cambio climático se prolongará a lo largo del presente siglo. El mundo deberá volverse menos intensivo en emisiones de carbono, para evitar desastres ambientales. Los combustibles fósiles son las principales fuentes de las emisiones de gases de efecto invernadero, que causan el recalentamiento y el cambio climático. Por eso resulta esencial el incremento en el uso de fuentes de energías renovables y “limpias”, alternativas eficientes menos contaminantes.
La Agencia Internacional de Energía ha señalado que para 2030 deberíamos triplicar nuestra dependencia de las fuentes de energía renovables, duplicar la eficiencia energética y reducir significativamente las emisiones existentes. También expresa que ya debe comenzar sin demoras la reducción del consumo mundial de combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas) para abatir las emisiones contaminantes de CO2. También la Organización Meteorológica Mundial viene realizando serias advertencias.
Debido al ritmo de aumento de las emisiones de CO2 cruzaríamos la barrera crítica de CO2 acumulado en apenas 8 años.
Aún es posible evitar los peores efectos previsibles del cambio climático si se actúa con decisión a escala internacional. Los costos adicionales por actuar ahora y no después son inferiores a los beneficios generados por la acción inmediata. No hay tiempo que perder, ya que si no se modifica rápidamente nuestro patrón de consumo energético, el clima continuará deteriorándose. La buena noticia es que es tecnológicamente posible propiciar un nuevo modelo de generación y consumo de energía que acompañe al requerido crecimiento económico en las naciones en desarrollo, pero sin perjudicar nuestro medio ambiente. Como hemos avanzado poco, aún queda mucho por hacer, pero hay aquí una gran tentación para el comportamiento “oportunista” que transfiera todos los costos a las próximas generaciones, evitando ahora que cualquier esfuerzo procure reducir las emisiones globalmente contaminantes.
La realidad climática mundial es bien clara: no nos queda mucho tiempo para poder evitar el desborde de crecientes fenómenos climáticos. El deterioro ambiental en todo el planeta ya es una importante alerta para que la humanidad actúe sin demoras, de una manera globalmente coordinada, para superar la pasividad existente en esta cuestión, que es crucial para nuestro futuro. Pagaremos un precio cada vez más alto en términos de costos económicos, millones de vidas afectadas por un clima más extremo y grandes daños al medio ambiente y la biodiversidad.
La mejor manera de enfrentar la grave amenaza del cambio climático es avanzar por el sendero de iniciativas que sean amigables con nuestra casa común. Por eso es importante que se logre un consenso efectivo en esta próxima COP-29 que convocan las Naciones Unidas en noviembre en Bakú, capital de Azerbaiyán. Lamentablemente, nuestras máximas autoridades políticas sustentan infundadas opiniones que niegan el origen del cambio climático, expresando que el cambio climático no está vinculado al consumo de energías contaminantes.
Inacción ahora significa mayores riesgos de daños para las futuras generaciones; esto pone a prueba si la humanidad de hoy es realmente solidaria con las generaciones futuras. La preservación de nuestro planeta es un bien público global. Por eso los organismos internacionales deben cumplir eficazmente su mandato en esta cuestión, que hace al futuro de la vida humana en la Tierra. Queda por ver si seremos capaces de encauzar el crecimiento de la riqueza material, estimulado por la globalización, para asegurar que no haya excluidos de la prosperidad, ni en esta generación ni tampoco en las futuras. Al fin y al cabo, el mandato bíblico fue este: “Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra y sojuzgadla” (Génesis 1:28). Pero eso no significa destruirla.
Miembro de la Academia Argentina de Ciencias del Ambiente
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La internacional terrorista
Los lazos de exmiembros de Montoneros con el terrorismo fundamentalista islámico sobreviven y pueden comprometer nuestro presente
Mañana: Libres, impunes y activos.
Vale la pena repasar los fuertes vínculos internacionales de Montoneros, que llegan hasta nuestros días y que signan buena parte de nuestro presente. Como parte de la Organización Latinoamericana de Solidaridad (OLAS), creada en Cuba, lucharon en favor del establecimiento de Estados socialistas en América Latina. Con apoyo soviético, sus miembros se codeaban en cumbres internacionales con representantes del IRA, de las Brigadas Rojas, de ETA y de otros grupos terroristas, como el Khmer Rouge, responsable del genocidio de Camboya.
Uno de los más siniestros capítulos de esta sangrienta historia se encuentra peligrosamente vigente, aun cuando los vínculos que mantienen con el terrorismo fundamentalista islámico son poco conocidos para el común de la gente. En 1977, Mario Firmenich y Fernando Vaca Narvaja celebraron en Beirut un acuerdo con Yasser Arafat y Faruk Kadummi, líderes de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP). El pacto contenía una cláusula secreta referida a una cuestión militar: Juan Carlos Marín, un ingeniero químico argentino miembro de Montoneros, había diseñado y construido una fábrica de exógenos, explosivos plásticos, en un espacio poco más grande que una heladera doméstica, un tamaño ideal para su funcionamiento en la clandestinidad. Según el acuerdo, la OLP, a través de su facción interna Al Fatah, ofrecería campos de entrenamiento, instructores militares y lanzacohetes RPG7, entre otros armamentos, a cambio de la tecnología que se produciría bajo el mando de Marín. Fue así que casi la totalidad de los atentados y asesinatos perpetrados por Montoneros durante la Ofensiva Táctica Mundial 78 y en la Contraofensiva Estratégica de Montoneros, como se conoció a la etapa de atentados entre 1979 y 1980, contaron con armamento fabricado y provisto directamente por la organización palestina, utilizado también en otros atentados internacionales.
Damour, un pueblo maronita de 30.000 habitantes en el sur del Líbano, tomado por la OLP luego de masacrar a su población a mediados de los 70, era una de las bases de entrenamiento. Allí se prepararon militarmente numerosos miembros de Montoneros.
Una de las organizaciones de extracción fundamentalista islámica daría origen en 1982 al Partido de Dios, Hezbollah en árabe. Esa facción, conocida como “los iraníes”, combatía con el pelotón de Al Fatah que entonces comandaba Rodolfo Galimberti, uno de los líderes de Montoneros que recibían allí entrenamiento; el mismo que años después le habría pedido perdón a Jorge Born, su exsecuestrado. El periodista Eduardo Barcelona reflejó el contenido de un informe del Departamento de Inteligencia de Francia según el cual los atentados de 1983 contra los cuarteles de los marines en el Líbano, con 300 muertos, y el que tuvo lugar contra los de las fuerzas de paz de las Naciones Unidas fueron perpetrados con tecnología desarrollada por Montoneros en la fábrica de explosivos del grupo Hezbollah. Recordó también que en el atentado de 1992 contra la embajada de Israel en Buenos Aires la Gendarmería certificó que la voladura había sido con exógeno.
Las Tropas Especiales de Infantería (TEI), entrenadas en Líbano bajo el comando de Raúl Yager, miembro fundador de la organización guerrillera, tenían instrucciones de aniquilar al equipo económico de la junta militar. Perpetrarían los atentados con explosivos en el estudio de Alfredo Martínez de Hoz, en la casa de Guillermo Walter Klein –uno de los secretarios del Ministerio de Economía, con toda su familia adentro– y en la de Juan Alemann. Mataron también a Miguel Padilla, asesor de la cartera económica, y al empresario Francisco Soldati.
En otro ejemplo de consonancia con la tradición del terrorismo fundamentalista islámico, que fomenta el martirio para sus jóvenes voluntarios, uno de los grupos de combatientes argentinos se llamó Pelotón de Combate Mártires de la Resistencia. La organización comandada por Osama ben Laden mantuvo las Brigadas de Mártires de Al-Aqsa. Imad Fayiz Moughnieh, jefe de la Jihad Islámica, y Jamal Suleiman, quienes fueron señalados como responsables de la planificación de los atentados llevados en Buenos Aires contra la embajada y la AMIA, fueron en 1978 y 1979 miembros de Fuerza 17, de Al Fatah, grupo de elite de custodia de Arafat.
La revista Jotapé (Juventud Peronista) contaba con una sección llamada El Mensaje del Islam. Se vendía en la librería islámica Al-Tauhid de Floresta, un local adquirido por la embajada de Irán, según consta en el Registro de la Propiedad, y a cargo del agregado cultural de esa embajada, Moshen Rabbani, sindicado en la investigación de la AMIA como organizador de los atentados contra la mutual y la embajada, con orden de captura de Interpol. El secretario de Rabbani, Ricardo Horacio Elía –a instancias del cual se compró el inmueble–, era un efectivo de Montoneros que, convertido al islamismo, cambió su nombre por el de Shamsuddin Elía. Fue entrenado y condecorado por Al Fatah en el Líbano. En las causas contras los atentados locales consta que, como “integrante del círculo de personas más cercanas a Rabbani, habría sido el encargado de los contactos con organizaciones de extrema tendencia locales, manteniendo contactos con personas que antiguamente habían formado parte de Montoneros, entre ellas Emilio Pérsico, Jorge Reyna y Jorge Garay”.
A menos de dos años del atentado contra la embajada, en 1992, Jotapé hacía una apología del terrorismo árabe y en especial iraní, con consignas antisemitas y elogios a “mártires” que conducen coches-bomba. ¿Dónde se imprimía la revista en 1988? Nada menos que en los talleres del sacerdote católico Luis Farinello, en Quilmes. A nadie puede sorprender, entonces, el acuerdo entre la administración Kirchner e Irán para consagrar la impunidad de los atentados cometidos en nuestro país cuando fue precisamente ese sacerdote, junto a Luis D’Elía, Fernando Esteche y Mario Cafiero quienes, además de viajar a Teherán invitados por la república islámica, acusaban al fiscal Alberto Nisman de ser influenciado por intereses norteamericanos para cuestionar la causa que le costó la vida.
Hadi Soleimanpour, embajador iraní en la Argentina cuando ocurrió el ataque a la AMIA, está sindicado como responsable de una “célula dormida” en España que respondía a la línea del entonces primer ministro iraní Mir Hussein Musavi, experto en relaciones con Cuba y Nicaragua. Ambos países fueron y son los de mayor contacto con la organización Montoneros. En Cuba se depositó gran parte del dinero obtenido por el secuestro de personas, al punto de que a fines de los años 80 Montoneros seguía recibiendo intereses mensuales por esas sumas, casi 100.000 dólares enviados a la Argentina con fines que se desconocen. En cuanto a Nicaragua, el comandante Daniel Ortega y el movimiento sandinista fueron directos beneficiarios de más de un millón de dólares con los que Montoneros financió a esa organización. Fernando Vaca Narvaja, otro de sus conspicuos miembros, participó activamente en el Frente Sandinista. Y Firmenich, quien pasaría parte de su tiempo en un lujoso barrio de Managua, cobra actualmente un sueldo en dólares como asesor del régimen.
El ataque sistemático y generalizado de las organizaciones terroristas en los años 70 contó con apoyos decisivos de Estados extranjeros. Mientras los soviéticos entregaron armas, el Estado palestino proveía entrenamiento militar. El propio Fidel Castro admitió en 1998 que la voluntad expansionista de Cuba motorizaba la lucha armada en Latinoamérica. Aquellos lazos y otros que les sucedieron sobreviven y pueden comprometer peligrosamente el presente.
A nadie puede sorprender el acuerdo entre la administración Kirchner e Irán para consagrar la impunidad de los atentados terroristas contra nuestro país
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