El megadecreto de Milei
Las medidas desregulatorias impulsadas por el Presidente son en general correctas, pero la forma elegida para aplicarlas chocaría con la institucionalidad
Nadie puede ignorar el gravísimo estado en que se encuentra la Argentina tras tantos años de políticas populistas que desencadenaron el mayor proceso inflacionario de los últimos 32 años, junto a un largo período de estancamiento económico y un significativo incremento de la pobreza. Tampoco puede ignorarse que la ciudadanía se pronunció mayoritariamente en las urnas a favor de un cambio y que respaldó el compromiso del nuevo presidente de los argentinos de reducir el elefantiásico tamaño del Estado, poniéndole fin al crónico déficit fiscal, y de liberar las fuerzas productivas para avanzar por la senda del crecimiento económico.
Javier Milei se ha propuesto dejar atrás un modelo económico sometido a interferencias y regulaciones estatales que ahogaron durante años al sector privado, a controles de precios, a cepos cambiarios y a restricciones arbitrarias al comercio, a una presión tributaria que se ubica entre las más elevadas del mundo y a amenazas como las derivadas de la extemporánea ley de abastecimiento. Es necesario terminar con esa trama de regulaciones y trabas al desarrollo económico, por lo que debe apoyarse la intención del primer mandatario de avanzar hacia la desregulación de la economía.
Tiene razón el Presidente cuando, al describir la funesta herencia recibida, señala que la intrincada red de regulaciones diseñada por quienes gobernaron el país en las últimas décadas lejos de proteger a los sectores más débiles de la población los ha hecho dependientes de grupos notablemente improductivos y parasitarios, y que se torna imprescindible romper ese círculo vicioso de empobrecimiento generalizado y crisis recurrentes. Es cierto también que la falta de confianza –pilar fundamental de las decisiones económicas– solo podrá revertirse con un programa integral de reformas que quiebre las causas profundas de la decadencia argentina.
Los propósitos y el contenido del reciente megadecreto de necesidad y urgencia (DNU) anunciado por el presidente de la Nación deben ser apoyados en general. Entre otras cosas, no puede negarse que la nefasta ley de alquileres vigente, ahora derogada, ha virtualmente paralizado al mercado locatario residencial, ya que provocó una fuerte retracción de la oferta. Tampoco puede cuestionarse la necesidad de declarar servicios esenciales a la salud y la educación, ni el hecho de que las empresas de medicina prepaga se incorporen al sistema de obras sociales, con la posibilidad de que cada trabajador elija adónde derivar su aporte. La derogación del régimen de sociedades del Estado y su transformación en sociedades anónimas con vistas a su eventual privatización es otro capítulo importante, al igual que la declarada intención de modernizar el régimen laboral para facilitar el proceso de generación de empleo genuino y de disminuir el costo de los despidos.
Independientemente de los beneficios que generarían las medidas, no puede dejar de tenerse en cuenta que para no pocos especialistas en derecho constitucional el decreto comentado sería decididamente inconstitucional. La Constitución nacional señala que “el Poder Ejecutivo no podrá en ningún caso bajo pena de nulidad absoluta e insanable, emitir disposiciones de carácter legislativo” y que solo podrá dictar decretos de necesidad y urgencia cuando “circunstancias excepcionales hicieran imposible seguir los trámites ordinarios previstos por esta Constitución para la sanción de las leyes”. La doctrina de la Corte Suprema de Justicia ha precisado que las facultades para que el Poder Ejecutivo dicte un DNU son admitidas en condiciones de rigurosa excepcionalidad para limitar y no ampliar el sistema presidencialista.
Dado que difícilmente las crisis se resuelvan avasallando la división de poderes, sería deseable que el presidente Milei convocara cuanto antes a sesiones extraordinarias del Congreso y enviara un proyecto de ley que reproduzca las numerosas disposiciones contempladas en el DNU para su urgente tratamiento parlamentario, de tal modo que los legisladores puedan analizar cada una de las más de 300 iniciativas, aprobando aquellas que consideren admisibles y rechazando aquellas que no lo sean.
La salida de la crisis exige coraje, pero también diálogo. No es factible prescindir de las reglas de la república ni del respeto por la división de poderes, necesario para que cualquier cambio resulte legítimo y duradero.
Difícilmente las crisis se resuelvan avasallando la división de poderes
La salida exige coraje, pero también diálogo
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Navidad es encuentro
Qué tremendo castigo para este país bendecido con tantos recursos que sus propios habitantes pasen hambre. Qué doloroso que esto incluya a millones de niños que sufren diariamente y que ya no podrán alcanzar su pleno desarrollo por tanta carencia. Más hambre, menos futuro.
La desgarradora realidad traducida a números indica que 6 de cada 10 chicos dependen de comedores para su alimentación diaria. De cada 4 que se sientan a la mesa, solo uno come todos los días. El mandato bíblico “Ganarás el pan con el sudor de la frente” es hoy apenas el privilegio de unos pocos porque cada vez son más los que, a pesar de contar con un trabajo, no llegan a satisfacer las necesidades básicas. Pensar en poder llevar a la mesa que compartirán con sus familias el alimento cotidiano es una utopía para muchos. La dependencia del merendero barrial es tan angustiante como creciente.
El Banco de Alimentos (BdA) distribuye comida a 1091 comedores que atienden a unas 350.000 personas diarias. Veintidós años de trabajo y transparencia avalan su trayectoria. En 2022, se distribuyeron más de 20 millones de platos de comida. Este año se concretó la ansiada inauguración del Centro de Distribución Benavídez, que permitió recibir y entregar más donaciones de alimentos y productos. Pero nunca alcanza.
Evitar el desperdicio de alimentos es también una forma de ayudar, advierte el BdA ante esas mesas de excesos por falta de planificación. Cuando muchos niños piden juguetes a Papá Noel, otros solo ansían contar con un plato de comida para ellos y sus familias en estas Fiestas.
“En esta Navidad, la ayuda se hace encuentro” es el lema de Cáritas para estas Fiestas. Monseñor Carlos Tissera, presidente de la institución, destaca que “las angustias de las personas son las nuestras; las necesidades del prójimo son las nuestras”. ¿Cómo desoírlas si así lo entendemos?
Las ayudas toman todas las formas posibles y siempre quedan ligadas a la generosidad de los donantes, traducida en especies, en tiempo que entregan los voluntarios y también en dinero. Es sabido que una contribución esporádica no rinde lo mismo que un compromiso mensual que permite a una institución organizarse para potenciar mejor los siempre escasos recursos. Por pequeño que sea, cada aporte vale un montón frente a una realidad desbordada. Tenemos por delante un año particularmente difícil. El desafío será llegar juntos a la meta, sin perder a ningún compatriota por el camino.
Que no falte el alimento en ninguna mesa, especialmente en Navidad. No dejemos que nos gane la indiferencia. Comprometamos nuestra ayuda para que así sea.
http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA
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