Qué tiene en mente el presidente Milei a siete días de su asunción
Está convencido de lanzar esta semana el DNU y el proyecto de ley de reforma del Estado; prepara su mudanza a la quinta de Olivos, donde vivirá junto a dos ministros claves
José Del Rio 
Habló sin eufemismos y con un tono de voz claramente tranquilo. Promediaba el final del último día hábil de su primera semana en ejercicio y miraba de reojo a dos economistas de Juntos por el Cambio que lo criticaron con fuerza a solo 72 horas de haber asumido. “Estamos literalmente arriba de la bomba y no hay tiempo que perder. Hay que enfocarse y avanzar”, agregó también a su equipo de confianza con el mismo nivel de pragmatismo que aplica a diario en las reuniones de gabinete. La fórmula de gestión empieza ya a dibujarse. Si bien está al tanto de las principales tareas de todo su equipo, hay dos ejes que particularmente sigue por estos días: economía y seguridad.
Es que Milei se prepara ahora para la segunda semana del “plan motosierra” que tiene en vilo a los rubros más disímiles: políticos, empresarios, sindicatos, protagonistas del sector aerocomercial, registros automotores y hasta los escribanos que emitieron un comunicado en alerta por trascendidos que podrían afectar a su forma de trabajo habitual.
Ya está confirmado el encuentro con los gobernadores en donde participará junto a Guillermo Francos, ministro del Interior, y Luis Caputo, ministro de Economía. También lanzará el decreto de necesidad y urgencia y el proyecto de ley con todas las reformas del Estado que hasta ahora se guarda bajo siete llaves. “Todo aquello que a nivel jurídico puede salir directo irá por DNU y aquello que era imposible se estacionará en el Congreso”, resumió una fuente cercana al Presidente. Hay más de 4200 leyes analizadas por Federico Sturzenegger, expresidente del Banco Central, junto a 100 técnicos, y 2000 tratados internacionales que son el preludio del documento que viene. Hay también un estado de alerta y movilización en varios sindicatos de buena llegada al kirchnerismo que miraron para otro lado durante la gestión de la tríada de Alberto Fernández, Cristina Kirchner y Sergio Massa.
El decreto presidencial es solo una de tres iniciativas que llegan. Eso quiere decir que habrá medidas incluidas en uno u otro documento y que habrá que ver el conjunto para dimensionar lo que puertas adentro definen como la reforma más ambiciosa de la historia argentina. “Varias combis que confluyen en un ómnibus”, ironizó un libertario.
El alza de precios
“No se puede decir cuándo termina la inflación. Es seguro que estábamos a días de la catástrofe y esto es lo único que podíamos hacer”, afirmaron en la Casa Rosada ante la consulta de la nacion. Ahí se esconde sin dudas uno de los principales desafíos de la nueva gestión y el principal contralor de la luna de miel.
Para el 63% de los argentinos la inflación es el principal problema del país y el 89% de los ciudadanos considera que será más alta este mes, según un relevamiento realizado por la consultora Fixer con 1453 encuestas efectivas. Allí se refleja que tanto Milei como la vicepresidenta Victoria Villarruel son hoy los dos funcionarios con mejor imagen del país, pero con un crédito finito. Un 21% de la población confía en que el Gobierno tardará entre seis y doce meses en reducir los niveles de incremento de precios; un 27% dice que será entre 12 y 24 meses, y para un 37% de los argentinos no lo logrará, según ese mismo relevamiento que circula como pan caliente entre los políticos argentinos. Es uno de los primeros que muestran la foto del gobierno en ejercicio. Los más escépticos respecto del éxito son los votantes de Unión por la Patria, ya que el 83% está convencido de que Milei no logrará bajar la inflación. Un porcentaje que, en la medida en que los resultados se demoren, seguramente se reflejará en los niveles de conflictividad.
Respecto de los aumentos de estos últimos días hay un racional económico que tienen en el Gobierno. “Todo estaba debajo de la alfombra y se va sincerando, pero tiene límites: ¿quién dijo que el valor de los productos viene determinado solamente por los costos? Si algo no tiene demanda, valdrá cero”, afirmaron en Balcarce 50.
La apuesta de corto plazo es limpiar el sobrante de dinero que hay en la economía. Una parte que está dentro del Banco Central y la otra afuera. Esa inflación todavía no se terminó de manifestar y es la inflación potencial que tiene la Argentina. A lo que ya ocurre con combustibles, prepagas, alimentos y demás bienes, se le sumarán las tarifas en el corto plazo. De hecho, el Gobierno ya convocó a audiencias públicas el 8 de enero para determinar los próximos aumentos del gas.
Hoy el sobrante es de cinco puntos del producto bruto interno y en el Rodrigazo era exactamente igual, pero con un efecto multiplicador menor. “Ya estamos en una hiperinflación que viaja al 1% diario. Hay que concientizar a la gente de que los precios suben al 3700% anual y que claramente pegan los rezagos de la política monetaria del último año y medio del gobierno kirchnerista. Estamos pagando las aberraciones que hizo el ministro de Economía, pero trabajando para frenar con esto de una vez y para siempre”, se entusiasmó el Presidente en diálogo con su mesa chica. La devaluación a días de asumir y el paquete de diez medidas del ministro Caputo fueron solo un aperitivo de lo que viene.
Los mitos respecto del video grabado no dejan de sorprender al Presidente, hasta el punto de que estaba en una reunión mientras la opinión pública dirimía las razones más diversas de por qué no se había emitido en tiempo y forma. Las especulaciones fueron de lo más disímiles. Desde que a Milei no le había gustado hasta que se hicieron muchas correcciones. Lo concreto es que hubo una combinación de fallas técnicas con una locación que vieron inadecuada para la que sería la aparición pública del hombre con la papa más caliente del gobierno.
El anuncio que no salió al aire se había grabado en el microcine del Ministerio -paradójicamente el lugar en el que Alfonso Prat-gay en plena gestión de Mauricio Macri había anunciado el final del cepo-. Sin embargo, entre la oscuridad y una escenografía poco feliz se tomó la decisión de una segunda grabación que fue la definitiva. En el despacho de Caputo -donde se ven varias imágenes de la Virgen propias de su devoción- el ritmo de esta semana fue incesante. La noche anterior a su discurso apenas durmió y terminó el viernes con la satisfacción de los resultados financieros.
Es que el tipo de cambio a $800 terminó el viernes con la brecha más baja desde diciembre de 2019. A su vez, el Banco Central se dio el lujo de bajar las tasas, el riesgo país retrocedió 70 puntos básicos y la entidad que preside Santiago Bausili compró cerca de US$800 millones en tres ruedas. La búsqueda será ahora por el regreso de los añorados dólares, condición imprescindible para llevar adelante una de las principales banderas de campaña de La Libertad Avanza.
Para ello el Gobierno avanza en el blanqueo de capitales para ingresar dólares al sistema bancario de residentes y no residentes. Inicialmente, la alícuota del impuesto iba ser del 0% sobre una base imponible de hasta US$100.000 y, desde ese monto, una alícuota del 5% sobre el excedente de US$100.000. Pero ahora se trabaja con el 0% para bienes locales y del 5% para activos en el exterior. Inmuebles, dinero en efectivo, acciones y hasta criptoactivos forman parte del borrador oficial. Para adherir al sistema habrá que hacer un pago adelantado hasta el 29 de febrero de 2024.
Se trabaja también en un nuevo instrumento financiero que permitirá al Banco Central resolver la deuda comercial de importadores con proveedores del exterior y los pasivos generados por las Leliq y los pases. Se trata de los Bonos para la Reconstrucción de una Argentina Libre (Bopreal), que próximamente serán subastados para las empresas que tengan importaciones pendientes de pago.
Ya hubo reuniones explicativas en las que debutó Pablo Lavigne, flamante secretario de Comercio, y exmiembro de la consultora de Hernán Lacunza, Empiria. La deuda comercial -tal como publicó la nacion- supera los US$50.000 millones en bienes y de US$12.000 millones en servicios. Del total de US$62.0000 millones, alrededor de la mitad equivale a un crecimiento de las deudas generadas en los últimos dos años.
“Solucionar este problema es imprescindible para que la pelota vuelva a rodar en la Argentina”, graficó el presidente de una de las tres principales automotrices del país. Es que los dólares están por todas partes en la economía argentina. Cuatro de cada 10 autopartes utilizadas para la producción local de pickups o productos son importados. El 65% de las drogas para medicamentos y el 90% de los celulares y de los LCD que dice “Fabricados en Tierra del Fuego” tienen tecnología importada. Los minerales de hierro que utiliza Techint, uno de los principales fabricantes de tubos de acero sin costura en el mundo, son del exterior, el cacao de los chocolates de Arcor y el café de cada mañana. Seis de cada 10 insumos que se importan no tienen un proveedor local y nueve de cada 10 grandes industrias utilizan al menos un insumo importado. De ahí el costado más complejo de la devaluación y los múltiples cepos. Además del efecto inflacionario.
Este tema seguro se trate en el encuentro gestado por Francos. Como también la reversión de Ganancias que apareció en el Excel de Caputo y que es un claro pedido de los gobernadores, pero al que muchos le rehuyeron públicamente. Será necesario que ellos lo pidan formalmente para que Milei avance con esa medida que tendrá un impacto muy directo en el segmento medio de la población que es uno de los más afectados por las últimas medidas. “Si ellos no se hacen cargo y dicen no ser los responsables del pedido, entonces no tocaremos Ganancias. Ajustaremos las transferencias aún más”, admitió por lo bajo una fuente de Hacienda. En definitiva, si la política se hace cargo, es factible que la reversión se produzca. Si dudan, el ajuste irá por otro lado y surgirá de sus propias huestes.
La segunda semana de hiperacción seguirá teniendo sede en la Casa Rosada y el Sheraton Libertador mientras en la quinta de olivos avanzan las obras. La limpieza y chequeo de cada uno de los ambientes -desde seguridad hasta micrófonos- forma parte del paso a paso de lo que será un fenómeno inédito en 40 años de democracia. Nicolás Posse, jefe de Gabinete, y Sandra Pettovello, ministra de Capital Humano, se mudarán a la casa de huéspedes, que también se está acondicionando especialmente. Será casi como un segundo hogar de dos personas de la máxima confianza del Presidente a quienes suele describir como dos grandes profesionales y amigos. Un reflejo de época del mundo real en un verano en el que no solo la TV vibra al ritmo de Gran Hermano.
Luis caputo, el hombre a cargo del plan de ajuste
La apuesta de corto plazo es limpiar el sobrante de dinero que hay
La devaluación y el paquete de Caputo son solo un aperitivo de lo que viene
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Habló sin eufemismos y con un tono de voz claramente tranquilo. Promediaba el final del último día hábil de su primera semana en ejercicio y miraba de reojo a dos economistas de Juntos por el Cambio que lo criticaron con fuerza a solo 72 horas de haber asumido. “Estamos literalmente arriba de la bomba y no hay tiempo que perder. Hay que enfocarse y avanzar”, agregó también a su equipo de confianza con el mismo nivel de pragmatismo que aplica a diario en las reuniones de gabinete. La fórmula de gestión empieza ya a dibujarse. Si bien está al tanto de las principales tareas de todo su equipo, hay dos ejes que particularmente sigue por estos días: economía y seguridad.
Es que Milei se prepara ahora para la segunda semana del “plan motosierra” que tiene en vilo a los rubros más disímiles: políticos, empresarios, sindicatos, protagonistas del sector aerocomercial, registros automotores y hasta los escribanos que emitieron un comunicado en alerta por trascendidos que podrían afectar a su forma de trabajo habitual.
Ya está confirmado el encuentro con los gobernadores en donde participará junto a Guillermo Francos, ministro del Interior, y Luis Caputo, ministro de Economía. También lanzará el decreto de necesidad y urgencia y el proyecto de ley con todas las reformas del Estado que hasta ahora se guarda bajo siete llaves. “Todo aquello que a nivel jurídico puede salir directo irá por DNU y aquello que era imposible se estacionará en el Congreso”, resumió una fuente cercana al Presidente. Hay más de 4200 leyes analizadas por Federico Sturzenegger, expresidente del Banco Central, junto a 100 técnicos, y 2000 tratados internacionales que son el preludio del documento que viene. Hay también un estado de alerta y movilización en varios sindicatos de buena llegada al kirchnerismo que miraron para otro lado durante la gestión de la tríada de Alberto Fernández, Cristina Kirchner y Sergio Massa.
El decreto presidencial es solo una de tres iniciativas que llegan. Eso quiere decir que habrá medidas incluidas en uno u otro documento y que habrá que ver el conjunto para dimensionar lo que puertas adentro definen como la reforma más ambiciosa de la historia argentina. “Varias combis que confluyen en un ómnibus”, ironizó un libertario.
El alza de precios
“No se puede decir cuándo termina la inflación. Es seguro que estábamos a días de la catástrofe y esto es lo único que podíamos hacer”, afirmaron en la Casa Rosada ante la consulta de la nacion. Ahí se esconde sin dudas uno de los principales desafíos de la nueva gestión y el principal contralor de la luna de miel.
Para el 63% de los argentinos la inflación es el principal problema del país y el 89% de los ciudadanos considera que será más alta este mes, según un relevamiento realizado por la consultora Fixer con 1453 encuestas efectivas. Allí se refleja que tanto Milei como la vicepresidenta Victoria Villarruel son hoy los dos funcionarios con mejor imagen del país, pero con un crédito finito. Un 21% de la población confía en que el Gobierno tardará entre seis y doce meses en reducir los niveles de incremento de precios; un 27% dice que será entre 12 y 24 meses, y para un 37% de los argentinos no lo logrará, según ese mismo relevamiento que circula como pan caliente entre los políticos argentinos. Es uno de los primeros que muestran la foto del gobierno en ejercicio. Los más escépticos respecto del éxito son los votantes de Unión por la Patria, ya que el 83% está convencido de que Milei no logrará bajar la inflación. Un porcentaje que, en la medida en que los resultados se demoren, seguramente se reflejará en los niveles de conflictividad.
Respecto de los aumentos de estos últimos días hay un racional económico que tienen en el Gobierno. “Todo estaba debajo de la alfombra y se va sincerando, pero tiene límites: ¿quién dijo que el valor de los productos viene determinado solamente por los costos? Si algo no tiene demanda, valdrá cero”, afirmaron en Balcarce 50.
La apuesta de corto plazo es limpiar el sobrante de dinero que hay en la economía. Una parte que está dentro del Banco Central y la otra afuera. Esa inflación todavía no se terminó de manifestar y es la inflación potencial que tiene la Argentina. A lo que ya ocurre con combustibles, prepagas, alimentos y demás bienes, se le sumarán las tarifas en el corto plazo. De hecho, el Gobierno ya convocó a audiencias públicas el 8 de enero para determinar los próximos aumentos del gas.
Hoy el sobrante es de cinco puntos del producto bruto interno y en el Rodrigazo era exactamente igual, pero con un efecto multiplicador menor. “Ya estamos en una hiperinflación que viaja al 1% diario. Hay que concientizar a la gente de que los precios suben al 3700% anual y que claramente pegan los rezagos de la política monetaria del último año y medio del gobierno kirchnerista. Estamos pagando las aberraciones que hizo el ministro de Economía, pero trabajando para frenar con esto de una vez y para siempre”, se entusiasmó el Presidente en diálogo con su mesa chica. La devaluación a días de asumir y el paquete de diez medidas del ministro Caputo fueron solo un aperitivo de lo que viene.
Los mitos respecto del video grabado no dejan de sorprender al Presidente, hasta el punto de que estaba en una reunión mientras la opinión pública dirimía las razones más diversas de por qué no se había emitido en tiempo y forma. Las especulaciones fueron de lo más disímiles. Desde que a Milei no le había gustado hasta que se hicieron muchas correcciones. Lo concreto es que hubo una combinación de fallas técnicas con una locación que vieron inadecuada para la que sería la aparición pública del hombre con la papa más caliente del gobierno.
El anuncio que no salió al aire se había grabado en el microcine del Ministerio -paradójicamente el lugar en el que Alfonso Prat-gay en plena gestión de Mauricio Macri había anunciado el final del cepo-. Sin embargo, entre la oscuridad y una escenografía poco feliz se tomó la decisión de una segunda grabación que fue la definitiva. En el despacho de Caputo -donde se ven varias imágenes de la Virgen propias de su devoción- el ritmo de esta semana fue incesante. La noche anterior a su discurso apenas durmió y terminó el viernes con la satisfacción de los resultados financieros.
Es que el tipo de cambio a $800 terminó el viernes con la brecha más baja desde diciembre de 2019. A su vez, el Banco Central se dio el lujo de bajar las tasas, el riesgo país retrocedió 70 puntos básicos y la entidad que preside Santiago Bausili compró cerca de US$800 millones en tres ruedas. La búsqueda será ahora por el regreso de los añorados dólares, condición imprescindible para llevar adelante una de las principales banderas de campaña de La Libertad Avanza.
Para ello el Gobierno avanza en el blanqueo de capitales para ingresar dólares al sistema bancario de residentes y no residentes. Inicialmente, la alícuota del impuesto iba ser del 0% sobre una base imponible de hasta US$100.000 y, desde ese monto, una alícuota del 5% sobre el excedente de US$100.000. Pero ahora se trabaja con el 0% para bienes locales y del 5% para activos en el exterior. Inmuebles, dinero en efectivo, acciones y hasta criptoactivos forman parte del borrador oficial. Para adherir al sistema habrá que hacer un pago adelantado hasta el 29 de febrero de 2024.
Se trabaja también en un nuevo instrumento financiero que permitirá al Banco Central resolver la deuda comercial de importadores con proveedores del exterior y los pasivos generados por las Leliq y los pases. Se trata de los Bonos para la Reconstrucción de una Argentina Libre (Bopreal), que próximamente serán subastados para las empresas que tengan importaciones pendientes de pago.
Ya hubo reuniones explicativas en las que debutó Pablo Lavigne, flamante secretario de Comercio, y exmiembro de la consultora de Hernán Lacunza, Empiria. La deuda comercial -tal como publicó la nacion- supera los US$50.000 millones en bienes y de US$12.000 millones en servicios. Del total de US$62.0000 millones, alrededor de la mitad equivale a un crecimiento de las deudas generadas en los últimos dos años.
“Solucionar este problema es imprescindible para que la pelota vuelva a rodar en la Argentina”, graficó el presidente de una de las tres principales automotrices del país. Es que los dólares están por todas partes en la economía argentina. Cuatro de cada 10 autopartes utilizadas para la producción local de pickups o productos son importados. El 65% de las drogas para medicamentos y el 90% de los celulares y de los LCD que dice “Fabricados en Tierra del Fuego” tienen tecnología importada. Los minerales de hierro que utiliza Techint, uno de los principales fabricantes de tubos de acero sin costura en el mundo, son del exterior, el cacao de los chocolates de Arcor y el café de cada mañana. Seis de cada 10 insumos que se importan no tienen un proveedor local y nueve de cada 10 grandes industrias utilizan al menos un insumo importado. De ahí el costado más complejo de la devaluación y los múltiples cepos. Además del efecto inflacionario.
Este tema seguro se trate en el encuentro gestado por Francos. Como también la reversión de Ganancias que apareció en el Excel de Caputo y que es un claro pedido de los gobernadores, pero al que muchos le rehuyeron públicamente. Será necesario que ellos lo pidan formalmente para que Milei avance con esa medida que tendrá un impacto muy directo en el segmento medio de la población que es uno de los más afectados por las últimas medidas. “Si ellos no se hacen cargo y dicen no ser los responsables del pedido, entonces no tocaremos Ganancias. Ajustaremos las transferencias aún más”, admitió por lo bajo una fuente de Hacienda. En definitiva, si la política se hace cargo, es factible que la reversión se produzca. Si dudan, el ajuste irá por otro lado y surgirá de sus propias huestes.
La segunda semana de hiperacción seguirá teniendo sede en la Casa Rosada y el Sheraton Libertador mientras en la quinta de olivos avanzan las obras. La limpieza y chequeo de cada uno de los ambientes -desde seguridad hasta micrófonos- forma parte del paso a paso de lo que será un fenómeno inédito en 40 años de democracia. Nicolás Posse, jefe de Gabinete, y Sandra Pettovello, ministra de Capital Humano, se mudarán a la casa de huéspedes, que también se está acondicionando especialmente. Será casi como un segundo hogar de dos personas de la máxima confianza del Presidente a quienes suele describir como dos grandes profesionales y amigos. Un reflejo de época del mundo real en un verano en el que no solo la TV vibra al ritmo de Gran Hermano.
Luis caputo, el hombre a cargo del plan de ajuste
La apuesta de corto plazo es limpiar el sobrante de dinero que hay
La devaluación y el paquete de Caputo son solo un aperitivo de lo que viene
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Los empresarios disfrutan de la vuelta a la “normalidad” en el comercio exterior
Tras varias reuniones con los funcionarios del Ministerio de Economía y del Banco Central, los hombres de negocios se ilusionan con poder resolver el gran tema de agenda corporativa
Diego Cabot
No son muchos los invitados a las recepciones que ofrece el embajador de los Estados Unidos en la Argentina, Marc Stanley. Pero la cantidad es lo de menos cuando los presentes representan gran parte del mundo empresario argentino. El jueves, en los salones del Palacio Bosch no había otro tema que la configuración del nuevo gobierno. Y dentro de ese asunto general, había uno que sobresalía, entre choripán y choripán, en las conversaciones de los hombres de negocios. El pago de la deuda comercial que las empresas tienen con proveedores en el exterior y la normalización de las operaciones de comercio exterior, que ya empezaron a fluir distinto, se destacaban del resto.
Era el saludo de fin de año de la embajada y de la Cámara de Comercio de los Estados Unidos en la Argentina (Amcham). La gran mayoría de los que llegaron ya habían tenido alguna reunión con el Gobierno, sea directamente con algún funcionario o a través de alguna de las cámaras que los representan.
La gran comidilla fue, sin dudas, además del alcance y la viabilidad del ajuste, la promesa de pagar la deuda comercial. “Si los proveedores externos de cada empresa quisieran ejecutar sus créditos, muchas empresas argentinas, algunas de primerísima línea, estarían en quiebra”, dijo el número uno de una compañía industrial que contó su caso. “Hicimos una inversión de una línea de producción para poder exportar. Y logramos vender a varios mercados tremendamente competitivos. Pero no pudimos cumplir con los proveedores que nos vendieron las máquina para producir. Hablé decenas de veces con [Matías] Tombolini y [Sergio ] Massa para que nos autorizaran esos. Está bien que no hayan dejado importar producto terminado, pero líneas de producción no se entiende”, dijo el industrial
Su caso es el de miles de empresas argentinas que quedaron con deuda pendiente de pago. “Según el Gobierno, son 65.000 millones de dólares de deuda comercial que quedó vencida al 10 de diciembre”, comentó uno de los ejecutivos que habían pasado por los despachos más importantes del Ministerio de Economía que maneja Luis Caputo.
La famosa “deuda comercial”, que para resumir es la que quedó pendiente de pago después de que la anterior administración autorizara la importación, tendrá como mojón para la consolidación el primer día de la gestión del presidente Javier Milei. Para que se entienda: las importaciones se solicitaban a través de las célebres y discrecionales SIRA. Ese instrumento tenía una fecha de pago cuando el importador debería entregar los pesos suficientes en el Banco Central (BCRA) para que la entidad desembolsara los dólares suficientes como para cancelar la operación en el exterior. El punto es que las autorizaciones que se dieron no tenían los dólares necesarios en el Central para garantizarlas. Por más que los privados lleven los pesos a la entidad monetaria, la moneda dura no está. Esa es la famosa deuda comercial.
Ahora bien, primero y principal: ¿qué pasará con lo que se importe desde el 10 de diciembre? Esa fue la primera de las certezas que el Gobierno les dio a los empresarios. Confían en que el flujo, como se le llama, lo podrán pagar. Por eso se diseñó un sistema de acceso al Mercado Único Libre de Cambio (MULC) por posición arancelaria.
El combustible y los fletes se pagarán en plazos más cortos; los servicios, a los 30 días, y el resto de importaciones, donde entran la mayoría de las materias primas de la industria, las autopartes, entre otras, a 120 días, con pagos de 25% por mes en cuatro cuotas cada treinta días cada una. Los autos terminados, una de las posiciones arancelarias más largas, se pagarán a los 180 días.
“Todo lo que se importó en el último año se debe. Piense que en cada auto que se vendió se debe todo”, graficó un poderoso industrial. Esa deuda suma una cifra que aún no está consolidada, pero que se supone estará entre los 50.000 y 65.000 millones de dólares. Ahí estará el primero de los deberes: crear un registro para que cada una de las empresas presente la documentación que respalde la operación. Algo así como un proceso similar al que se sigue en un concurso preventivo donde cada uno verifica su crédito.
El lunes se pondrá en marcha el Padrón de Reconocimiento de Deuda Comercial Pendiente. El objetivo será permitir a cada empresa ingresar el monto pendiente de pago, validar con la AFIP y el BCRA. Sucede que, según confesó uno de los principales funcionarios del Palacio de Hacienda, los registros de una y otro no coinciden. Seguramente se esconden en esas diferencias algunas de las sospechosas operaciones de comercio exterior que se autorizaron en la gestión Tombolini.
Será la manera de cuantificar los montos de la deuda para saber qué se deberá emitir para cancelarla. De acuerdo con la información que cerca de Caputo les comentaron a los empresarios, el plazo para ingresar la información y validar la operación será de entre 5 y 10 días. No más que eso. Con el detalle, el BCRA podrá bajar algunas operaciones ya que las compañías deberán informar las deudas que fueron canceladas mediante dólar contado con liquidación (CCL) o, directamente, desde cuentas del exterior. Esto permitirá “dar por cumplida la deuda sin penalidades ni contingencias y facilitará determinar el monto máximo sobre el cual licitar los futuros bonos”, sostuvo un ejecutivo que pasó por las oficinas de Santiago Bausili, a cargo del BCRA.
Luego, llegará la emisión del llamado Bono para la Recuperación de la Argentina Libre (Bopreal). En principio, habrá varios títulos con diferentes características. La idea del Gobierno es que los mas cortos, es decir los que se pagan antes, puedan ser suscriptos por las pymes. Los más largos claro, serán para grandes compañías.
Claro que para que estos bonos tengan buena vida es necesario que coticen lo más cerca de la par posible. En su caso, la venta a precio muy por debajo será una clara pérdida que deberán anotar las empresas.
Aún no se sabe si pagarán intereses (y a qué tasa) y tampoco cómo será el sistema de amortización. Antes de firmar la letra chica, en el Gobierno prefirieron testear la recepción entre los ejecutivos de las firmar que tienen deuda comercial. Más allá de que la recepción de la idea marco fue buena, nadie se arriesga a ir más allá ya que las condiciones de emisión y suscripción aún no se conocen.
Hubo algunas ideas que quedaron sobre la mesa. Una de las que más les interesan a los ejecutivos es que estos bonos se puedan utilizar para pagar deudas tributarias. Nadie dijo si se podría incluir esta característica en el papel. Eso sí les adelantaron que sería por ley del Congreso y que, además, se espera la primera emisión sea del bono largo, con vencimiento a fines de 2027.
Para las empresas, regularizar aquel pasivo y tener previsibilidad con las actuales importaciones es de vital importancia. “El jueves arrancó en nuevo sistema de compras en el exterior, donde no hay que pedir permiso a nadie ni esperar habilitaciones. Es impresionante la energía que se ahorra la estructura sin todos esos trámites engorrosos”, dijeron en una automotriz. El punto es que no son pocos los que retomaron las charlas con sus proveedores externos para comentarles las nuevas condiciones de todas las exportaciones nuevas. Pero claro, a poco de hablar surge la pregunta: ¿cómo se normaliza la deuda? “Salvo con algunos proveedores, otros esperan resolver aquello para volver a la normalidad. Es necesario tener certezas para normalizar el comercio exterior”, comentó esa noche en la embajada un industrial dedicado al consumo masivo.
La irregularidad normativa y la discrecionalidad en la que se movieron las importaciones en los últimos tiempos, en el último año particularmente, dejaron consecuencias. No solo en la relación comercial de vendedores del exterior y compradores locales, sino también en la reputación de estos. Las góndolas con poca variedad de productos que hay en la Argentina son otro de los efectos. Recién cuando se empiece a regularizar, habrá más oferta. Para hacerlo es necesario hacer una emisión de bonos millonaria. Aún más grande que el crédito que el FMI le concedió al Estado en la administración de Mauricio Macri.
El dólar oficial estaba atrasado y se tenía que corregir.
Pero, desde ese momento, congelaron la cotización durante tres meses a $350. Incluso a pesar de que la inflación marcó récords de dos dígitos mensuales. Eso llevó a que pronto la devaluación haya perdido su efecto y, nuevamente, el tipo de cambio oficial se volvió a atrasar. Ya con Javier Milei en la presidencia, una de sus primeras medidas económicas fue devaluar la moneda un 54% y llevar al dólar hasta los $800, niveles altos en términos reales.
“Si el Gobierno logra controlar el tipo de cambio, tiene una gran influencia sobre la inflación. Por eso la estrategia de La Libertad Avanza fue subir el tipo de cambio hasta las nubes para luego moverlo solo un poco (un ritmo del 2% mensual, según adelantaron), con la idea de que eso ayude a bajar la inflación en los próximos meses. Lo que pasa es que la historia demuestra que estos movimientos tienen que estar acompañados de una política fiscal consistente, que no genere más aumentos de precios a la larga. Porque si se tiene una inercia inflacionaria, y se intenta pisar la inflación controlando el tipo de cambio, esa política no se sostiene. Explota todo, que es lo que le pasó al peronismo. Por eso ahora hicieron una gran devaluación, para estar supercompetitivos y no seguir con estas correcciones”, dijo Camilo Tiscornia, director de C&T Asesores Financieros.
Para el economista, tiene que haber una relación entre la evolución de los precios del tipo de cambio y los precios internos. Porque si los precios internos crecen más rápido que el tipo de cambio, la Argentina se termina encareciendo y se vuelve menos competitiva a nivel internacional. Abundan las importaciones (o se tienen que limitar con cepo) y escasean las exportaciones. Una situación que se consolidó en los últimos años.
Hoy, el dólar a $800 es comparable con el nivel de competitividad de 2006. El cálculo, elaborado por Persichini, incluye la inflación y el tipo de cambio de la Argentina y sus principales socios comerciales. Se trata de un umbral elevado en términos históricos (y no solo nominalmente), pero que se vuelve difícil de mantener en el tiempo con el ritmo de crawling peg actual. Para los meses de diciembre y enero, se pronostica un aumento del costo de vida por encima del 20% mensual.
“La inflación de los próximos meses frente a una regla cambiaria de actualización de 2% mensual haría que rápidamente el peso se fortaleciera o que la competitividad empeorara. Entiendo que la regla de crawling peg diseñada por el Gobierno, que parte desde un tipo de cambio real muy alto, responde más a la idea de anclar expectativas a través del dólar que a mantener la competitividad. En cualquier caso, el ancla fundamental del plan es fiscal. El resto de los componentes monetarios y cambiarios contribuye a mejorar el proceso de estabilización de las expectativas”, completó el economista de GMA Capital.
En el mismo sentido apuntó Santiago Manoukian, jefe de research de Ecolatina, quien agregó que no cree que el ritmo del 2% mensual se sostenga en el tiempo, sino que en las próximas semanas o meses se podría acelerar. Se trata de una estrategia para usar de ancla contra la inflación e intentar ponerles un freno a las expectativas hacia adelante.
“Más allá de la competitividad que se puede ganar o no con el tipo de cambio real, producto de la devaluación, es importante entender que lo que es necesario ahora es crear un esquema cambiario consistente y sostenido en el tiempo, que tienda a eliminar restricciones, reduzca la brecha cambiaria e incentive la liquidación de exportaciones. Porque para muchas empresas su principal problema no es necesariamente el tipo de cambio real, sino justamente la brecha cambiaria: la diferencia entre el precio al cual pagan la divisa y un tipo de cambio más alto al cual terminan comprando sus insumos”, agregó Manoukian. Tras la devaluación, la brecha entre el oficial y el CCL se redujo a un 24%.
De cara a los próximos meses, Tiscornia consideró que el Gobierno deberá seguir de cerca algunos factores fundamentales. En lo inmediato, que no se disparen los dólares financieros, algo que podría suceder si el mercado deja de creer que se irá hacia una unificación. Con ello, volvería la brecha. En segundo lugar, que el tipo de cambio a $800 siga siendo competitivo para que los exportadores quieran liquidar y así se refuercen las reservas del Banco Central. Y por último, que la inflación empiece a bajar tras marcar un pico en diciembre. “Que la cotización quede en un nivel más acomodado será la clave”, subrayó
No son muchos los invitados a las recepciones que ofrece el embajador de los Estados Unidos en la Argentina, Marc Stanley. Pero la cantidad es lo de menos cuando los presentes representan gran parte del mundo empresario argentino. El jueves, en los salones del Palacio Bosch no había otro tema que la configuración del nuevo gobierno. Y dentro de ese asunto general, había uno que sobresalía, entre choripán y choripán, en las conversaciones de los hombres de negocios. El pago de la deuda comercial que las empresas tienen con proveedores en el exterior y la normalización de las operaciones de comercio exterior, que ya empezaron a fluir distinto, se destacaban del resto.
Era el saludo de fin de año de la embajada y de la Cámara de Comercio de los Estados Unidos en la Argentina (Amcham). La gran mayoría de los que llegaron ya habían tenido alguna reunión con el Gobierno, sea directamente con algún funcionario o a través de alguna de las cámaras que los representan.
La gran comidilla fue, sin dudas, además del alcance y la viabilidad del ajuste, la promesa de pagar la deuda comercial. “Si los proveedores externos de cada empresa quisieran ejecutar sus créditos, muchas empresas argentinas, algunas de primerísima línea, estarían en quiebra”, dijo el número uno de una compañía industrial que contó su caso. “Hicimos una inversión de una línea de producción para poder exportar. Y logramos vender a varios mercados tremendamente competitivos. Pero no pudimos cumplir con los proveedores que nos vendieron las máquina para producir. Hablé decenas de veces con [Matías] Tombolini y [Sergio ] Massa para que nos autorizaran esos. Está bien que no hayan dejado importar producto terminado, pero líneas de producción no se entiende”, dijo el industrial
Su caso es el de miles de empresas argentinas que quedaron con deuda pendiente de pago. “Según el Gobierno, son 65.000 millones de dólares de deuda comercial que quedó vencida al 10 de diciembre”, comentó uno de los ejecutivos que habían pasado por los despachos más importantes del Ministerio de Economía que maneja Luis Caputo.
La famosa “deuda comercial”, que para resumir es la que quedó pendiente de pago después de que la anterior administración autorizara la importación, tendrá como mojón para la consolidación el primer día de la gestión del presidente Javier Milei. Para que se entienda: las importaciones se solicitaban a través de las célebres y discrecionales SIRA. Ese instrumento tenía una fecha de pago cuando el importador debería entregar los pesos suficientes en el Banco Central (BCRA) para que la entidad desembolsara los dólares suficientes como para cancelar la operación en el exterior. El punto es que las autorizaciones que se dieron no tenían los dólares necesarios en el Central para garantizarlas. Por más que los privados lleven los pesos a la entidad monetaria, la moneda dura no está. Esa es la famosa deuda comercial.
Ahora bien, primero y principal: ¿qué pasará con lo que se importe desde el 10 de diciembre? Esa fue la primera de las certezas que el Gobierno les dio a los empresarios. Confían en que el flujo, como se le llama, lo podrán pagar. Por eso se diseñó un sistema de acceso al Mercado Único Libre de Cambio (MULC) por posición arancelaria.
El combustible y los fletes se pagarán en plazos más cortos; los servicios, a los 30 días, y el resto de importaciones, donde entran la mayoría de las materias primas de la industria, las autopartes, entre otras, a 120 días, con pagos de 25% por mes en cuatro cuotas cada treinta días cada una. Los autos terminados, una de las posiciones arancelarias más largas, se pagarán a los 180 días.
“Todo lo que se importó en el último año se debe. Piense que en cada auto que se vendió se debe todo”, graficó un poderoso industrial. Esa deuda suma una cifra que aún no está consolidada, pero que se supone estará entre los 50.000 y 65.000 millones de dólares. Ahí estará el primero de los deberes: crear un registro para que cada una de las empresas presente la documentación que respalde la operación. Algo así como un proceso similar al que se sigue en un concurso preventivo donde cada uno verifica su crédito.
El lunes se pondrá en marcha el Padrón de Reconocimiento de Deuda Comercial Pendiente. El objetivo será permitir a cada empresa ingresar el monto pendiente de pago, validar con la AFIP y el BCRA. Sucede que, según confesó uno de los principales funcionarios del Palacio de Hacienda, los registros de una y otro no coinciden. Seguramente se esconden en esas diferencias algunas de las sospechosas operaciones de comercio exterior que se autorizaron en la gestión Tombolini.
Será la manera de cuantificar los montos de la deuda para saber qué se deberá emitir para cancelarla. De acuerdo con la información que cerca de Caputo les comentaron a los empresarios, el plazo para ingresar la información y validar la operación será de entre 5 y 10 días. No más que eso. Con el detalle, el BCRA podrá bajar algunas operaciones ya que las compañías deberán informar las deudas que fueron canceladas mediante dólar contado con liquidación (CCL) o, directamente, desde cuentas del exterior. Esto permitirá “dar por cumplida la deuda sin penalidades ni contingencias y facilitará determinar el monto máximo sobre el cual licitar los futuros bonos”, sostuvo un ejecutivo que pasó por las oficinas de Santiago Bausili, a cargo del BCRA.
Luego, llegará la emisión del llamado Bono para la Recuperación de la Argentina Libre (Bopreal). En principio, habrá varios títulos con diferentes características. La idea del Gobierno es que los mas cortos, es decir los que se pagan antes, puedan ser suscriptos por las pymes. Los más largos claro, serán para grandes compañías.
Claro que para que estos bonos tengan buena vida es necesario que coticen lo más cerca de la par posible. En su caso, la venta a precio muy por debajo será una clara pérdida que deberán anotar las empresas.
Aún no se sabe si pagarán intereses (y a qué tasa) y tampoco cómo será el sistema de amortización. Antes de firmar la letra chica, en el Gobierno prefirieron testear la recepción entre los ejecutivos de las firmar que tienen deuda comercial. Más allá de que la recepción de la idea marco fue buena, nadie se arriesga a ir más allá ya que las condiciones de emisión y suscripción aún no se conocen.
Hubo algunas ideas que quedaron sobre la mesa. Una de las que más les interesan a los ejecutivos es que estos bonos se puedan utilizar para pagar deudas tributarias. Nadie dijo si se podría incluir esta característica en el papel. Eso sí les adelantaron que sería por ley del Congreso y que, además, se espera la primera emisión sea del bono largo, con vencimiento a fines de 2027.
Para las empresas, regularizar aquel pasivo y tener previsibilidad con las actuales importaciones es de vital importancia. “El jueves arrancó en nuevo sistema de compras en el exterior, donde no hay que pedir permiso a nadie ni esperar habilitaciones. Es impresionante la energía que se ahorra la estructura sin todos esos trámites engorrosos”, dijeron en una automotriz. El punto es que no son pocos los que retomaron las charlas con sus proveedores externos para comentarles las nuevas condiciones de todas las exportaciones nuevas. Pero claro, a poco de hablar surge la pregunta: ¿cómo se normaliza la deuda? “Salvo con algunos proveedores, otros esperan resolver aquello para volver a la normalidad. Es necesario tener certezas para normalizar el comercio exterior”, comentó esa noche en la embajada un industrial dedicado al consumo masivo.
La irregularidad normativa y la discrecionalidad en la que se movieron las importaciones en los últimos tiempos, en el último año particularmente, dejaron consecuencias. No solo en la relación comercial de vendedores del exterior y compradores locales, sino también en la reputación de estos. Las góndolas con poca variedad de productos que hay en la Argentina son otro de los efectos. Recién cuando se empiece a regularizar, habrá más oferta. Para hacerlo es necesario hacer una emisión de bonos millonaria. Aún más grande que el crédito que el FMI le concedió al Estado en la administración de Mauricio Macri.
El dólar oficial estaba atrasado y se tenía que corregir.
Pero, desde ese momento, congelaron la cotización durante tres meses a $350. Incluso a pesar de que la inflación marcó récords de dos dígitos mensuales. Eso llevó a que pronto la devaluación haya perdido su efecto y, nuevamente, el tipo de cambio oficial se volvió a atrasar. Ya con Javier Milei en la presidencia, una de sus primeras medidas económicas fue devaluar la moneda un 54% y llevar al dólar hasta los $800, niveles altos en términos reales.
“Si el Gobierno logra controlar el tipo de cambio, tiene una gran influencia sobre la inflación. Por eso la estrategia de La Libertad Avanza fue subir el tipo de cambio hasta las nubes para luego moverlo solo un poco (un ritmo del 2% mensual, según adelantaron), con la idea de que eso ayude a bajar la inflación en los próximos meses. Lo que pasa es que la historia demuestra que estos movimientos tienen que estar acompañados de una política fiscal consistente, que no genere más aumentos de precios a la larga. Porque si se tiene una inercia inflacionaria, y se intenta pisar la inflación controlando el tipo de cambio, esa política no se sostiene. Explota todo, que es lo que le pasó al peronismo. Por eso ahora hicieron una gran devaluación, para estar supercompetitivos y no seguir con estas correcciones”, dijo Camilo Tiscornia, director de C&T Asesores Financieros.
Para el economista, tiene que haber una relación entre la evolución de los precios del tipo de cambio y los precios internos. Porque si los precios internos crecen más rápido que el tipo de cambio, la Argentina se termina encareciendo y se vuelve menos competitiva a nivel internacional. Abundan las importaciones (o se tienen que limitar con cepo) y escasean las exportaciones. Una situación que se consolidó en los últimos años.
Hoy, el dólar a $800 es comparable con el nivel de competitividad de 2006. El cálculo, elaborado por Persichini, incluye la inflación y el tipo de cambio de la Argentina y sus principales socios comerciales. Se trata de un umbral elevado en términos históricos (y no solo nominalmente), pero que se vuelve difícil de mantener en el tiempo con el ritmo de crawling peg actual. Para los meses de diciembre y enero, se pronostica un aumento del costo de vida por encima del 20% mensual.
“La inflación de los próximos meses frente a una regla cambiaria de actualización de 2% mensual haría que rápidamente el peso se fortaleciera o que la competitividad empeorara. Entiendo que la regla de crawling peg diseñada por el Gobierno, que parte desde un tipo de cambio real muy alto, responde más a la idea de anclar expectativas a través del dólar que a mantener la competitividad. En cualquier caso, el ancla fundamental del plan es fiscal. El resto de los componentes monetarios y cambiarios contribuye a mejorar el proceso de estabilización de las expectativas”, completó el economista de GMA Capital.
En el mismo sentido apuntó Santiago Manoukian, jefe de research de Ecolatina, quien agregó que no cree que el ritmo del 2% mensual se sostenga en el tiempo, sino que en las próximas semanas o meses se podría acelerar. Se trata de una estrategia para usar de ancla contra la inflación e intentar ponerles un freno a las expectativas hacia adelante.
“Más allá de la competitividad que se puede ganar o no con el tipo de cambio real, producto de la devaluación, es importante entender que lo que es necesario ahora es crear un esquema cambiario consistente y sostenido en el tiempo, que tienda a eliminar restricciones, reduzca la brecha cambiaria e incentive la liquidación de exportaciones. Porque para muchas empresas su principal problema no es necesariamente el tipo de cambio real, sino justamente la brecha cambiaria: la diferencia entre el precio al cual pagan la divisa y un tipo de cambio más alto al cual terminan comprando sus insumos”, agregó Manoukian. Tras la devaluación, la brecha entre el oficial y el CCL se redujo a un 24%.
De cara a los próximos meses, Tiscornia consideró que el Gobierno deberá seguir de cerca algunos factores fundamentales. En lo inmediato, que no se disparen los dólares financieros, algo que podría suceder si el mercado deja de creer que se irá hacia una unificación. Con ello, volvería la brecha. En segundo lugar, que el tipo de cambio a $800 siga siendo competitivo para que los exportadores quieran liquidar y así se refuercen las reservas del Banco Central. Y por último, que la inflación empiece a bajar tras marcar un pico en diciembre. “Que la cotización quede en un nivel más acomodado será la clave”, subrayó
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