Los límites de la “luna de miel” y la tolerancia social frente al ajuste
Los especialistas dicen que el apoyo a los recortes es mayoritario, pero tiene plazos y podría evaporarse
Mariano Spezzapria
La gente el día de la asunción
En una semana en la que el debate público giró en torno del drástico ajuste fiscal que anunció el Gobierno, por cuerda paralela comenzó a medirse el costo político que pagará el presidente Javier Milei cuando los argentinos sientan los efectos de medidas como la devaluación y su masivo traslado a precios. Si bien el libertario lleva solo una semana en el poder y se encuentra en plena “luna de miel” con los electores que lo pusieron en la Casa Rosada, los analistas ya indagan sobre los tiempos de “tolerancia social” –en especial de la clase media– con los que puede contar el mandatario para amortiguar los cuestionamientos.
La mayoría de los especialistas de opinión pública consultados por la nacion coincidió en señalar que Milei parte con una imagen positiva de entre el 55% y el 60% en los últimos sondeos, derivada del apoyo que obtuvo en el balotaje (55,6%) de hace menos de un mes contra Sergio Massa. Afirman, además, que el Presidente tiene a su favor otro dato consolidado: el recorte de gastos del Estado recibe un apoyo mayoritario en las encuestas. Algunos lo ubican en torno al 65% de los consultados.
Sin embargo, los especialistas advirtieron que el capital político de Milei no saldrá indemne en los próximos meses, que es cuando –según el Presidente y su ministro de Economía, Luis Caputo–- el país sufrirá el impacto más crudo del ajuste. La lógica que se podría imponer –dicen– es que los mismos sectores que apoyan los recortes en el plano de las propuestas, los podrían rechazar “cuando les toquen el bolsillo a ellos”. En palabras de Shila Vilker, directora de la consultora Trespuntozero, se registra un “desfasaje sobre cuál es el sentido de lo dicho por Milei, lo que abre un interrogante sobre la paciencia de la clase media y su experiencia de atravesar el sufrimiento”.
“Milei parte del 55% de imagen positiva. En un clima polarizado, se mantienen los mismos valores que en la votación. Lo fundamental se jugará después de dos o tres meses de vigencia de las medidas de alto impacto, como las referidas a las tarifas”, sostuvo por su parte Facundo Nejamkis, director de Opina Argentina. “Creo que Milei pasará el verano, pero debe saber que en un contexto de ajuste su imagen no va a mejorar”, agregó en diálogo con este medio.
El mismo razonamiento temporal desplegó Lucas Romero. El titular de la consultora Synopsis dijo que en marzo próximo podría “empezar a menguar el efecto del resultado electoral, de la expectativa de inicio de ciclo” con la que ahora cuenta Milei. “Es cuando se conecta todo el mundo con la rutina diaria y ahí vamos a sentir una calidad de vida peor, más inflación, menos poder adquisitivo”, explicó. A su vez Cristian Buttié, de la Consultora CB, aseguró que habría que dividir la “paciencia social” con el presidente Milei en tercios. “Un 28% o 30% va a tolerar más que el resto, ya que es su núcleo electoral. Otro 30% tenía mala imagen del gobierno y por eso lo votó a Milei, pero no está fidelizado. Y el resto (un 40%) es crítico por naturaleza” y se opondrá al ajuste de la administración libertaria, diferenció el especialista.
Por su parte Gustavo Córdoba, que codirige la firma Zuban Córdoba, dijo a este diario que “los tiempos de tolerancia dependen de cómo cada gobierno genera consensos”, y apeló a un ejemplo histórico, el inicio de la gestión de Néstor Kirchner, en 2003. “Su frase recurrente era que había que salir del infierno y pasar al purgatorio. Era prudente, trataba de no generar expectativas. Ahora hay una sobregeneración de expectativas y si no hay resultados rápido, eso puede jugar en contra”, advirtió.
En el inicio del gobierno libertario, hay un argumento que reivindican aquellos que apoyan a Milei. Es el que sostiene que durante la campaña electoral efectivamente avisó que implementaría un ajuste, por lo que ahora tiene una “espalda simbólica” más ancha para avanzar en ese sentido. En cambio, en la vereda de enfrente sostienen que el nuevo mandatario incurrió en una “estafa electoral” porque prometió que el recorte lo pagaría “la casta”, es decir, la política, pero no la sociedad.
Entre las dos caras de la misma moneda, el propio Milei salió a recoger el guante el último viernes cuando prometió que “el esfuerzo que recae en el sector privado” por el programa al que calificó de “hiperortodoxo” será “transitorio”. El Presidente sabe que su electorado –el propio y el prestado– le compró la idea del recorte de gastos, pero también creen en el oficialismo y en sectores aliados que ese “esfuerzo” no puede ser ilimitado en el tiempo.
“Milei tiene un acompañamiento muy sólido. Según nuestros números, la necesidad del ajuste es apoyada por el 63% de los consultados. La idea monetarista de la inflación está superinstalada y eso le da plafón al Presidente, pero solo el 15% de la sociedad se banca que el ajuste les toque a ellos”, precisó Vilker a este medio. “Diciembre, enero y febrero son meses en los que el oficialismo suele crecer”, agregó la analista al definir los plazos de la “luna de miel” que, a su criterio, Milei transitará sin sobresaltos.
Nejamkis introdujo otro elemento de análisis: el papel que jugará la oposición en los primeros meses del gobierno libertario. “Ninguno quiere aparecer como el que le pone palos en la rueda al presidente del 55% de los votos. El ajuste lo van a dejar pasar, pero cuando vengan las privatizaciones o la reforma laboral, ahí vamos a ver una confrontación más tensa”, advirtió. Vilker sumó que Milei puede hacer jugar ese elemento a su favor: “El votante antiperonista quiere ver cómo inculpar a los peronistas, que no dejan que cambie nada”, explicó la titular de Trespuntozero.
Córdoba dijo que el enojo de un sector grande del electorado con el kirchnerismo sigue siendo considerable. “¿Qué se votó en el balotaje? Primero el ajuste de la casta, como propuso Milei, pero luego un castigo al gobierno anterior, para que se vaya rápido”, definió. Por ese mismo análisis, el peronismo no sale ahora mismo con los tapones de punta contra el plan de ajuste que puso en marcha el ministro Caputo. “La decantación va a ser cuando se produzcan los aumentos de tarifas y transportes”, vaticinó Nejamkis
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En una semana en la que el debate público giró en torno del drástico ajuste fiscal que anunció el Gobierno, por cuerda paralela comenzó a medirse el costo político que pagará el presidente Javier Milei cuando los argentinos sientan los efectos de medidas como la devaluación y su masivo traslado a precios. Si bien el libertario lleva solo una semana en el poder y se encuentra en plena “luna de miel” con los electores que lo pusieron en la Casa Rosada, los analistas ya indagan sobre los tiempos de “tolerancia social” –en especial de la clase media– con los que puede contar el mandatario para amortiguar los cuestionamientos.
La mayoría de los especialistas de opinión pública consultados por la nacion coincidió en señalar que Milei parte con una imagen positiva de entre el 55% y el 60% en los últimos sondeos, derivada del apoyo que obtuvo en el balotaje (55,6%) de hace menos de un mes contra Sergio Massa. Afirman, además, que el Presidente tiene a su favor otro dato consolidado: el recorte de gastos del Estado recibe un apoyo mayoritario en las encuestas. Algunos lo ubican en torno al 65% de los consultados.
Sin embargo, los especialistas advirtieron que el capital político de Milei no saldrá indemne en los próximos meses, que es cuando –según el Presidente y su ministro de Economía, Luis Caputo–- el país sufrirá el impacto más crudo del ajuste. La lógica que se podría imponer –dicen– es que los mismos sectores que apoyan los recortes en el plano de las propuestas, los podrían rechazar “cuando les toquen el bolsillo a ellos”. En palabras de Shila Vilker, directora de la consultora Trespuntozero, se registra un “desfasaje sobre cuál es el sentido de lo dicho por Milei, lo que abre un interrogante sobre la paciencia de la clase media y su experiencia de atravesar el sufrimiento”.
“Milei parte del 55% de imagen positiva. En un clima polarizado, se mantienen los mismos valores que en la votación. Lo fundamental se jugará después de dos o tres meses de vigencia de las medidas de alto impacto, como las referidas a las tarifas”, sostuvo por su parte Facundo Nejamkis, director de Opina Argentina. “Creo que Milei pasará el verano, pero debe saber que en un contexto de ajuste su imagen no va a mejorar”, agregó en diálogo con este medio.
El mismo razonamiento temporal desplegó Lucas Romero. El titular de la consultora Synopsis dijo que en marzo próximo podría “empezar a menguar el efecto del resultado electoral, de la expectativa de inicio de ciclo” con la que ahora cuenta Milei. “Es cuando se conecta todo el mundo con la rutina diaria y ahí vamos a sentir una calidad de vida peor, más inflación, menos poder adquisitivo”, explicó. A su vez Cristian Buttié, de la Consultora CB, aseguró que habría que dividir la “paciencia social” con el presidente Milei en tercios. “Un 28% o 30% va a tolerar más que el resto, ya que es su núcleo electoral. Otro 30% tenía mala imagen del gobierno y por eso lo votó a Milei, pero no está fidelizado. Y el resto (un 40%) es crítico por naturaleza” y se opondrá al ajuste de la administración libertaria, diferenció el especialista.
Por su parte Gustavo Córdoba, que codirige la firma Zuban Córdoba, dijo a este diario que “los tiempos de tolerancia dependen de cómo cada gobierno genera consensos”, y apeló a un ejemplo histórico, el inicio de la gestión de Néstor Kirchner, en 2003. “Su frase recurrente era que había que salir del infierno y pasar al purgatorio. Era prudente, trataba de no generar expectativas. Ahora hay una sobregeneración de expectativas y si no hay resultados rápido, eso puede jugar en contra”, advirtió.
En el inicio del gobierno libertario, hay un argumento que reivindican aquellos que apoyan a Milei. Es el que sostiene que durante la campaña electoral efectivamente avisó que implementaría un ajuste, por lo que ahora tiene una “espalda simbólica” más ancha para avanzar en ese sentido. En cambio, en la vereda de enfrente sostienen que el nuevo mandatario incurrió en una “estafa electoral” porque prometió que el recorte lo pagaría “la casta”, es decir, la política, pero no la sociedad.
Entre las dos caras de la misma moneda, el propio Milei salió a recoger el guante el último viernes cuando prometió que “el esfuerzo que recae en el sector privado” por el programa al que calificó de “hiperortodoxo” será “transitorio”. El Presidente sabe que su electorado –el propio y el prestado– le compró la idea del recorte de gastos, pero también creen en el oficialismo y en sectores aliados que ese “esfuerzo” no puede ser ilimitado en el tiempo.
“Milei tiene un acompañamiento muy sólido. Según nuestros números, la necesidad del ajuste es apoyada por el 63% de los consultados. La idea monetarista de la inflación está superinstalada y eso le da plafón al Presidente, pero solo el 15% de la sociedad se banca que el ajuste les toque a ellos”, precisó Vilker a este medio. “Diciembre, enero y febrero son meses en los que el oficialismo suele crecer”, agregó la analista al definir los plazos de la “luna de miel” que, a su criterio, Milei transitará sin sobresaltos.
Nejamkis introdujo otro elemento de análisis: el papel que jugará la oposición en los primeros meses del gobierno libertario. “Ninguno quiere aparecer como el que le pone palos en la rueda al presidente del 55% de los votos. El ajuste lo van a dejar pasar, pero cuando vengan las privatizaciones o la reforma laboral, ahí vamos a ver una confrontación más tensa”, advirtió. Vilker sumó que Milei puede hacer jugar ese elemento a su favor: “El votante antiperonista quiere ver cómo inculpar a los peronistas, que no dejan que cambie nada”, explicó la titular de Trespuntozero.
Córdoba dijo que el enojo de un sector grande del electorado con el kirchnerismo sigue siendo considerable. “¿Qué se votó en el balotaje? Primero el ajuste de la casta, como propuso Milei, pero luego un castigo al gobierno anterior, para que se vaya rápido”, definió. Por ese mismo análisis, el peronismo no sale ahora mismo con los tapones de punta contra el plan de ajuste que puso en marcha el ministro Caputo. “La decantación va a ser cuando se produzcan los aumentos de tarifas y transportes”, vaticinó Nejamkis
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Milei y el judaísmo, un nexo que abre el debate en la comunidad
Un sector lo celebra, pero otros grupos, laicos y progresistas, se muestran más distantes del Presidente
Jaime Rosemberg
Milei esta semana en Jánuca
Javier Milei avanza, emocionado, en medio de la marea de brazos y torsos que se estiran para saludarlo o sacarse una selfie. Son casi las ocho de la noche del martes y el Presidente llega apurado y algo incómodo al escenario montado en la Plaza República Oriental del Uruguay, donde la organización judía ortodoxa Jabad Lubavitch erigió una enorme Janukiá, el candelabro de nueve brazos que el mandatario tendrá el kabod (honor) de encender, ante la sonrisa satisfecha de rabinos y estudiantes, casi todos hombres, en un enorme escenario y ante una no menos enorme multitud.
“La luz triunfa frente a la oscuridad”, gritó el Presidente ante una muchedumbre que lo aplaudía, entre políticos, funcionarios de su gobierno, como Patricia Bullrich, y el rabino jefe de Jabad Argentina, Tzvi Grumblatt. Habían pasado minutos desde que el ministro de Economía, Luis Caputo, anunciara al país un plan de severo ajuste fiscal y un dólar oficial que duplicaba su valor.
La postal de la celebración de Jánuca, a la que un presidente argentino concurrió por primera vez en la historia, representa el acercamiento estrecho entre el Presidente y varias de las ramas más observantes del judaísmo, sea en su veta ashkenazi (occidental) o sefaradí (oriental).
La llegada de Milei y su rezo en la tumba del rebe de Lubavitch en Nueva York junto a empresarios, como Eduardo Elsztain y Gerardo Werthein, próximo embajador en Estados Unidos; su participación en la ceremonia de Havdalá (fin del shabat) con el rabino cabalista David Pinto, y la designación de su rabino de cabecera, Axel Wahnish, como próximo embajador argentino en Israel conforman un combo que complace a los sectores ortodoxos que lo rodean, aunque generan también una mezcla de rechazo y preocupación en la dirigencia comunitaria, los religiosos liberales, progresistas y laicos, que advierten sobre las consecuencias de tamaña cercanía, en medio del anunciado ajuste que el gobierno de La Libertad Avanza ha comenzado a implementar y que tendrá, más temprano que tarde, un enorme impacto social.
La división comunitaria en torno al judaísmo de Milei –en proceso de conversión al judaísmo, aunque juró como presidente ante los Santos Evangelios– no empezó el domingo, pero tuvo ese día un nuevo capítulo. La elección de Wahnish como representante del judaísmo en la oración interreligiosa en la Catedral (incluso con una prédica vibrante que emocionó a Milei), incomodó a la dirigencia comunitaria. Ni la DAIA, ni la AMIA (también con liderazgo ortodoxo, pero referenciado en el rabino Shmuel Levin) ni la Organización Sionista Argentina fueron de la partida, y algunas voces hasta aseguran que no fueron invitadas. “No era un lugar para que fuera un rabino observante”, lo critica un referente de los sectores más alejados del Presidente.
“El acercamiento de Milei al judaísmo es real y genuino, y desde hace años. Pero en este contexto esa cercanía no puede terminar bien”, analiza con preocupación un dirigente que, paradójicamente, tiene vínculos con el segundo anillo de los más cercanos al Presidente.
“Él va a las ceremonias, pero nosotros lo invitamos, hay una doble responsabilidad en esto”, se sincera la misma fuente, muy crítica de la forma en que según su visión se “devalúan” las tradiciones judías, en general reducidas al ámbito de la sinagoga o el hogar, y ahora expuestas por el Presidente ante el gran público.
Otro temor adicional: que una eventual crisis económica haga recaer las miradas de los afectados sobre los religiosos y la comunidad toda. “La culpa de la recesión que viene será de los judíos”, sentencia un veterano dirigente comunitario, por años vinculado al partido Avodá, el laborismo israelí.
El Movimiento Conservador Masortí, popular desde la década del sesenta y reconocido a regañadientes por la ortodoxia judía, no tiene vínculos con el Presidente a pesar del fuerte arraigo que supo y sabe tener en la calle judía, con templos, escuelas y miles de adherentes. Desde allí hay elogios a los repetidos gestos de Milei hacia Israel y el judaísmo, pero también una evidencia de un vínculo poco menos que inexistente.
¿Personal o público?
“Sin dudas que el nuevo gobierno se muestre del lado de Occidente, apoye a Israel y quiera pasar la embajada a Jerusalén es un giro que alienta la expectativa de un cambio de dirección hacia el concierto de países democráticos y de desarrollo. La búsqueda espiritual y el desarrollo de una ética basada en valores espirituales es fundamental para cualquier político, empresario, periodista o trabajador. Lo que sin dudas esperaría es que se la trabaje en el ámbito personal y privado, sin que se transforme en parte de la agenda pública”, afirmó a este diario Alejandro Avruj, rabino y líder de la comunidad Amijai. “De todas formas, y atendiendo al clima y la propuesta de libertad del Presidente, a la que adhiero, me resultaría muy gratificante poder conocerlo personalmente como referente de la corriente liberal del judaísmo argentino”, culminó Avruj ante la nacion, con tono diplomático, pero sin negar que el vínculo, por la razón que fuese, hoy no existe.
Más lejos todavía parecen estar los sectores del judaísmo progresista, que durante el kirchnerismo estuvieron nucleados en el Llamamiento Argentino-judío. “Casi en simultáneo con el anuncio de un programa económico que hace recaer de modo brutal todo el peso del llamado ajuste (…) el Presidente fue invitado a encender una vela en público en el acto organizado por Jabad, la cual es solo un sector de la ortodoxia, que a su vez representa una minoría en la colectividad judía”, sentencia el Llamamiento a través de un comunicado, firmado por su presidente, Marcelo Horenstein, y su secretario Pablo Gorodneff. Mientras el Presidente multiplica sus estudios judaicos y sus guiños a Israel y a la línea ortodoxa –evalúa viajar al Estado hebreo en enero, junto con su eventual paso por la Santa Sede y Ucrania–, la polémica en el seno de la comunidad pareciera recién estar comenzando.
Javier Milei avanza, emocionado, en medio de la marea de brazos y torsos que se estiran para saludarlo o sacarse una selfie. Son casi las ocho de la noche del martes y el Presidente llega apurado y algo incómodo al escenario montado en la Plaza República Oriental del Uruguay, donde la organización judía ortodoxa Jabad Lubavitch erigió una enorme Janukiá, el candelabro de nueve brazos que el mandatario tendrá el kabod (honor) de encender, ante la sonrisa satisfecha de rabinos y estudiantes, casi todos hombres, en un enorme escenario y ante una no menos enorme multitud.
“La luz triunfa frente a la oscuridad”, gritó el Presidente ante una muchedumbre que lo aplaudía, entre políticos, funcionarios de su gobierno, como Patricia Bullrich, y el rabino jefe de Jabad Argentina, Tzvi Grumblatt. Habían pasado minutos desde que el ministro de Economía, Luis Caputo, anunciara al país un plan de severo ajuste fiscal y un dólar oficial que duplicaba su valor.
La postal de la celebración de Jánuca, a la que un presidente argentino concurrió por primera vez en la historia, representa el acercamiento estrecho entre el Presidente y varias de las ramas más observantes del judaísmo, sea en su veta ashkenazi (occidental) o sefaradí (oriental).
La llegada de Milei y su rezo en la tumba del rebe de Lubavitch en Nueva York junto a empresarios, como Eduardo Elsztain y Gerardo Werthein, próximo embajador en Estados Unidos; su participación en la ceremonia de Havdalá (fin del shabat) con el rabino cabalista David Pinto, y la designación de su rabino de cabecera, Axel Wahnish, como próximo embajador argentino en Israel conforman un combo que complace a los sectores ortodoxos que lo rodean, aunque generan también una mezcla de rechazo y preocupación en la dirigencia comunitaria, los religiosos liberales, progresistas y laicos, que advierten sobre las consecuencias de tamaña cercanía, en medio del anunciado ajuste que el gobierno de La Libertad Avanza ha comenzado a implementar y que tendrá, más temprano que tarde, un enorme impacto social.
La división comunitaria en torno al judaísmo de Milei –en proceso de conversión al judaísmo, aunque juró como presidente ante los Santos Evangelios– no empezó el domingo, pero tuvo ese día un nuevo capítulo. La elección de Wahnish como representante del judaísmo en la oración interreligiosa en la Catedral (incluso con una prédica vibrante que emocionó a Milei), incomodó a la dirigencia comunitaria. Ni la DAIA, ni la AMIA (también con liderazgo ortodoxo, pero referenciado en el rabino Shmuel Levin) ni la Organización Sionista Argentina fueron de la partida, y algunas voces hasta aseguran que no fueron invitadas. “No era un lugar para que fuera un rabino observante”, lo critica un referente de los sectores más alejados del Presidente.
“El acercamiento de Milei al judaísmo es real y genuino, y desde hace años. Pero en este contexto esa cercanía no puede terminar bien”, analiza con preocupación un dirigente que, paradójicamente, tiene vínculos con el segundo anillo de los más cercanos al Presidente.
“Él va a las ceremonias, pero nosotros lo invitamos, hay una doble responsabilidad en esto”, se sincera la misma fuente, muy crítica de la forma en que según su visión se “devalúan” las tradiciones judías, en general reducidas al ámbito de la sinagoga o el hogar, y ahora expuestas por el Presidente ante el gran público.
Otro temor adicional: que una eventual crisis económica haga recaer las miradas de los afectados sobre los religiosos y la comunidad toda. “La culpa de la recesión que viene será de los judíos”, sentencia un veterano dirigente comunitario, por años vinculado al partido Avodá, el laborismo israelí.
El Movimiento Conservador Masortí, popular desde la década del sesenta y reconocido a regañadientes por la ortodoxia judía, no tiene vínculos con el Presidente a pesar del fuerte arraigo que supo y sabe tener en la calle judía, con templos, escuelas y miles de adherentes. Desde allí hay elogios a los repetidos gestos de Milei hacia Israel y el judaísmo, pero también una evidencia de un vínculo poco menos que inexistente.
¿Personal o público?
“Sin dudas que el nuevo gobierno se muestre del lado de Occidente, apoye a Israel y quiera pasar la embajada a Jerusalén es un giro que alienta la expectativa de un cambio de dirección hacia el concierto de países democráticos y de desarrollo. La búsqueda espiritual y el desarrollo de una ética basada en valores espirituales es fundamental para cualquier político, empresario, periodista o trabajador. Lo que sin dudas esperaría es que se la trabaje en el ámbito personal y privado, sin que se transforme en parte de la agenda pública”, afirmó a este diario Alejandro Avruj, rabino y líder de la comunidad Amijai. “De todas formas, y atendiendo al clima y la propuesta de libertad del Presidente, a la que adhiero, me resultaría muy gratificante poder conocerlo personalmente como referente de la corriente liberal del judaísmo argentino”, culminó Avruj ante la nacion, con tono diplomático, pero sin negar que el vínculo, por la razón que fuese, hoy no existe.
Más lejos todavía parecen estar los sectores del judaísmo progresista, que durante el kirchnerismo estuvieron nucleados en el Llamamiento Argentino-judío. “Casi en simultáneo con el anuncio de un programa económico que hace recaer de modo brutal todo el peso del llamado ajuste (…) el Presidente fue invitado a encender una vela en público en el acto organizado por Jabad, la cual es solo un sector de la ortodoxia, que a su vez representa una minoría en la colectividad judía”, sentencia el Llamamiento a través de un comunicado, firmado por su presidente, Marcelo Horenstein, y su secretario Pablo Gorodneff. Mientras el Presidente multiplica sus estudios judaicos y sus guiños a Israel y a la línea ortodoxa –evalúa viajar al Estado hebreo en enero, junto con su eventual paso por la Santa Sede y Ucrania–, la polémica en el seno de la comunidad pareciera recién estar comenzando.
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