Desde los márgenes. Gumier Maier en los 80, hasta el 3 de marzo en el Museo Nacional de Bellas Artes, Av. del Libertador 1473. De martes a viernes, de 11 a 20, sábados y domingos, de 10 a 20. Entrada gratuita.
Al rescate de la obra de Gumier Maier, antes de convertirse en el gran curador de los 90
El Bellas Artes rescata la producción temprana de una figura central del arte contemporáneo, que desde el Centro Cultural Rojas agitó la escena local en la década de 1980
María Paula Zacharías
Jorge Gumier Maier fue una figura central del arte de los años 90. Como curador, nucleó a una nueva generación de artistas en el Centro Cultural Rojas. Pero antes fue pintor, dibujante, fotógrafo, siempre investigador, agitador y activista. Y ese período de su vida se rescata en la muestra que le dedica el Museo Nacional de Bellas Artes, Desde los márgenes. Gumier Maier en los 80, que reúne cerca de 90 pinturas, dibujos, ilustraciones, fotografías, publicaciones y documentos de sus primeros años de trayectoria.
Es Gumier Maier (1953-2021) antes de ser Gumier, el gran agitador cultural y activista, centro vital del arte llamado light, el del brillo y los materiales baratos, militante de las disidencias, pensador, periodista y escritor. Pero no hay que esperar eso en la exposición del Bellas Artes, sino más bien ejercicios de un pintor de los 80, obra temprana, desarrollada entre 1978 y 1989: figuras humanas en carbonillas, acrílicos, collages, desnudos en tinta y originales de un ilustrador. Pero no cualquiera. Gumier es a la vez un performer, creador de escenografías y vestuarios, crítico de arte, autor de ensayos sobre la cuestión genéricosexual y activista dentro del movimiento homosexual. Todo eso está en su obra.
Hay, entonces, un Gumier de los 90, centro del arte del Rojas; un Gumier artista de los 80, que se despliega en la muestra del Bellas Artes, y después está el Gumier isleño de los 2000, cuando se retiró a vivir en el Tigre como un ermitaño lleno de visitantes, para olvidarlo todo y estudiar el tao, “en medio de una burbuja melancólica, desprolija, austera”, como escribió la artista Cristina Schiavi, una de sus visitantes asiduas. Se dejaba sorprender por “el perfume de las rosas, los movimientos de tus gatos, el panal de avispas sobre nuestras cabezas”.
Muchas de las piezas que pueden verse en estas dos salas se exhiben al público por primera vez y otras solo fueron expuestas en el momento de su realización. “Esta reunión inédita alumbra así un trayecto desconocido de la carrera de Gumier Maier, etapa que, desde el presente, se muestra como condición de posibilidad de la práctica artística y curatorial que emprendería luego”, señala Natalia Pineau, curadora de la muestra e investigadora del Museo.
Así se definía Gumier: “Mi mirada siempre fue de artista. Así me acerco a la obra de arte: abierto y sin saber muy bien por qué me gusta. Me dejo guiar por el gusto –la única certeza en el arte– y después entra la parte curatorial”. La cita es de la página 548 del libro Arte argentino de los años noventa, de Fabián Lebenglik y Gustavo Bruzzone, recién publicado por Adriana Hidalgo. “Fue el primer gran curador del arte argentino, que marcó la década del 90 como vector, y esto se debe a la radicalidad con la que él empezó a trabajar en el Rojas y a los artistas que él decidió apoyar”, dice Bruzzone, amigo, coleccionista y documentalista de lo que ocurrió en aquellos años. “Desde una decisión personal comenzó a hacer algo que no estaba en escena y no se estaba mostrando en ningún lugar del mundo. Desde estos arrabales del mundo empezó a modificarse determinado tipo de prácticas que hoy están institucionalizadas”, explica. “Gumier fue muchas cosas. Fue un activista, un artista que rompió un canon con su curaduría doméstica. Por sobre todas las cosas no fue light, de ninguna manera, y nos abrió camino a muchos otros”, dice Schiavi.
Carlos, Rodolfo, Raúl, Juan Carlos... una serie de desnudos masculinos en bolígrafo trae al presente los nombres (y los cuerpos) de sus amores, parejas y amantes. La producción artística de Gumier Maier se inició en tiempos de dictadura. “A partir de 1983, con la apertura democrática, su creatividad se expandió hacia múltiples prácticas disciplinares y diversas actividades contraculturales”, dice Pineau.
Asoma el costado activista y performático en las fotos y los documentos de las vitrinas. Maier es el under porteño: hace shows caracterizado como Brunilda Bayer, “la hija bahiana y travesti de Osvaldo de Bayer”, y desfila en murgas con Humberto Tortonese, Alejandro Urdapilleta y Batato Barea. También se pueden leer algunas de sus críticas de arte y otros escritos en revistas emblemáticas de la época, como Expreso Imaginario, Cerdos & Peces, El Porteño o Sodoma.
Hacia fines de los años 80, hizo obras con pintura de pared y témpera sobre papel y reutilizó afiches publicitarios y diarios, de los que integró sus motivos y leyendas. Predominan el blanco, gris, negro y azul. A veces, irrumpe el rojo. En los 90, Gumier, ya curador, era el centro del arte argentino.
Para agendar
Desde los márgenes. Gumier Maier en los 80, hasta el 3 de marzo en el Museo Nacional de Bellas Artes, Av. del Libertador 1473. De martes a viernes, de 11 a 20, sábados y domingos, de 10 a 20. Entrada gratuita.
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