
Así se vive (y se evita) un intento de estafa online
El último fin de semana largo hubo una ola de ataques con llamadas que parecían provenir de MercadoLibre; la escala es todo en este turbio negocio
Lo hacen bien, hay que decirlo, pero hay una regla que nunca falla para desactivar esta clase de bombas que paralizan tu mente y te hacen caer en la trampa
Ariel Torres
Esto les va a encantar. El sábado pasado (en medio de un fin de semana largo, primer dato) me entró una llamada de un número desconocido por WhatsApp. De suyo, si el número es desconocido no atiendo. No es mal carácter (eso, aparte, digamos) ni mala voluntad. Es que con la cantidad demencial de comunicaciones que recibo por día, salvo de mis personas más allegadas, lo menos que espero es que antes de llamarme me manden un WhatsApp. De otro modo, no haría nada más que responder mensajes y llamados las 24 horas del día. Y aun así no daría abasto.
Pero (segundo dato interesante) el nombre de quienquiera que me haya llamado era del (sic) Área de Seguridad de MercadoLibre. El que hubiera un avatar y un nombre en WhatsApp no era lo interesante, sino el hecho de que no fuera el del área de seguridad de MercadoLibre que tengo agendado. Me pareció raro que anduvieran cambiándolo, precisamente porque en esto de la seguridad informática la confianza es como el 90% de toda la cuestión. Pero bueno, por ahí soy un poco paranoico, me regañé, mientras levantaba el teléfono para atender (ya tenían mi atención) y notaba otra cosa que no estaba bien. El avatar que usa MercadoLibre no dice MercadoLibre. Tiene el isotipo y nada más. En este caso era muy amarillo y decía mercado libre, en minúsculas y en dos renglones. O sea, no podías no verlo. Además, advertí, se veía el número de teléfono. Normalmente, e incluso si no lo tenés agendado, la llamada debería mostrar solo el avatar y el nombre de la organización. Como dije, el original es MercadoLibre Seguridad. El de esta sospechosa llamada decía Área de Seguridad de MercadoLibre.
Traducido: alguien quiso desviar mi atención del teléfono desconocido (que además no debería verse) hacia la marca MercadoLibre y hacia la palabra Seguridad, que en esta llamada quedaba en primer lugar y no al final. Todo muy raro, así que atendí con la voz que pongo en estos casos, que es una desagradable combinación de mafioso irritable con psicópata desquiciado.
Cortina de datos
Del otro lado, sin embargo, tenían bien preparada la artillería verbal. En una ráfaga imparable de verborragia perentoria el sujeto me hizo saber que me llamaban del área de seguridad de MercadoLibre (emoji de bostezo aquí) para pedirme autorización por una compra efectuada con mi tarjeta de débito (débito, no crédito; recuerden el finde largo) por Fulana de Tal (ahí me dio el nombre de una mujer, con apellido y todo), a lo que, sin hacerse tiempo siquiera de respirar, añadió las características de la compra, un televisor de cierta marca y 32 pulgadas y un precio de no se cuántos pesos.
El logo falso usado en la estafaMientras pensaba que 32 pulgadas era poco para andar robando (digo, al menos llevate uno de 60), tomé nota de dos datos más que volvían sospechosa toda la apasionada, urgente y aparentemente bienintencionada comunicación. Primero, el sujeto nunca había dicho mi nombre (raro), pero había encubierto esta llamativa laguna dándome el nombre de la supuesta compradora y las características íntegras de la pantalla. No sé si es obvio, pero si alguien te está a punto de robar, su nombre es lo de menos; y si va a gastar plata sin tu autorización da exactamente lo mismo si lo hace en un televisor de 32 pulgadas, un sommier, un dron o un juego de palitos de milenrama para tirar el I Ching. Pero los delincuentes usan esta abrumadora catarata de datos como una cortina de humo para tapar lo que no saben.
Segundo, tampoco me había dado el número de la tarjeta con la que (según el solícito personaje que me había llamado) querían hacer la compra. Creo que también es evidente, pero de todos modos vale la pena destacarlo: no tenía modo de probar que Fulana de Tal no fuera un nombre inventado (lo era, que no les quepa duda) ni mucho menos verificar que el televisor del que estaba hablándome estuviera en stock y costara lo que me dijo que costaba. Lo único que podía verificar en ese momento (que normalmente debería ponerte nervioso) era mi nombre y el número de la tarjeta. Justo los dos datos que no me había proporcionado. Qué lindo todo.
Es la ley
Cuando le pregunté cuál de mis tarjetas habían usado en la (supuesta) compra, me dijo que esta conversación estaba siendo grabada (eso, para asustarme, y casi me da un ataque de risa) y a continuación lanzó una bien ensayada retahíla de artículos, incisos y apartados de una ley que le impedían informarme qué tarjeta se había usado en la compra.
Ah, caramba. Estuve a un milisegundo de decirle que me permitiera verificar los incisos de los artículos de la leyes que había citado, pero supuse que si hacía eso me iba a cortar. Además, para entonces, y con un texto por terminar para el diario, se me estaba acabando el tiempo para el recreo. Por lo tanto, le dije que estaba todo bien, que no autorizara la compra de ese televisor, y que de todos modos esa compra nunca había existido, que ya sabía que esto era una estafa y que tuviera un lindo día.
El logo real de MercadoLibre Seguridad (y el que usan en las otras comunicaciones por WhatsApp)Malnacido hasta el final, antes de que le cortara llegó a decirme “Gracias por su compra”. Hacen esto para instalar la duda y obligar a la víctima a insistir con que no autorizaron la compra y, así, tener una oportunidad más de envolverlo con algún argumento de ingeniería social y dar el tiro de gracia: pedir un PIN, una contraseña o un código de seguridad.
Le faltaba un datito esencial al malviviente, así que de entrada el sujeto había estado pedaleando su intento de estafa en el aire. ¿Qué dato le faltaba? Que no tengo registradas mis tarjetas en MercadoLibre. Abrí una cuenta para verificar algunas cosas en ocasión de una nota que escribí hace unos meses, pero no puse mis tarjetas. Con lo que, muchacho, gracias por su visita. Vuelva pronto.
Un mantra moderno
Estas estafas son cotidianas, ya lo saben. Te llaman de todos lados con un sinnúmero de pretextos. A veces con más destreza, a veces con una torpeza patética. Pero el asunto funciona por la escala, que es industrial. Al final, de tanto llamar, alguien cae. En mi último libro, Hackearán tu mente, hay una regla que funciona siempre, no importa cuál sea el origen, estilo o los pretextos que usen para intentar robarte. Dice así: si te llega un mensaje por Internet (o, en este caso, por teléfono), te afecta emocionalmente y te pide que hagas algo de forma urgente, entonces es una estafa. No hay que siquiera razonarlo. Hay repetirlo como un mantra de los tiempos modernos y aplicarlo. No falla.
http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA
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