domingo, 17 de diciembre de 2023

LA PARTE Y EL TODO Y DIFICULTADES PARA REDUCIR EL GASTO


Hay que pasar el verano
Milei lanzó un duro ajuste pero depuso la rigidez conceptual que había mostrado Por Sergio Suppo 


Más bilardista que libertario, Javier Milei atravesó la primera semana aferrado a la promesa de un estilo rotundo y contundente, pero a la vez alejado de dogmas ideológicos que repitió hasta convertirse en presidenciable.
puesto a jugar sus primeras fichas, el nuevo presidente combinó el diagnóstico severo que lo llevó hasta la Casa rosada en tres elecciones consecutivas con un esquema de emergencia resumido en un anuncio del ministro Luis Caputo, el martes pasado.
No sorprende que Milei haya lanzado un duro ajuste. Llama la atención que se haya desprendido antes de empezar de la rigidez conceptual con la que construyó su exitoso personaje político.
El presidente no mintió cuando era candidato. Esgrimió una motosierra como símbolo de su acción futura a partir de un diagnóstico de catástrofe irreversible provocada por un agigantado déficit fiscal y por el bloqueo a los negocios y la producción privados impuestos por las políticas de control económico del kirchnerismo.
La realidad se hizo tan desoladora y sin horizontes para los argentinos que a Milei le resultó casi sencillo instalar en menos de dos años un contradiscurso al que durante dos décadas prevaleció en la argentina. También se simplificó su camino porque nadie advirtió el éxito que tendría. En Juntos por el Cambio lo ningunearon y en el peronismo lo ayudaron a crecer sin saber que terminaría ganándoles.
En ese juego de decir y prometer lo contrario al kirchnerismo y enmarcarlo con un estilo duro y decisivo, la primera versión del Milei presidente se parece por completo al Milei candidato outsider.
Hay sin embargo otro Milei insinuado durante la transición y corroborado en sus primeras horas en la presidencia. Es la transformación del hombre que se descubre por primera vez tomando decisiones y liderando un grupo que a la vez se va armando en forma acelerada y sobre la marcha.
Milei es un Carlos Bilardo que conoce a sus jugadores antes de salir a la cancha. La metáfora futbolera no es casual. Fue Milei quien al describirse como un resultadista se declaró un émulo político del doctor campeón del mundo.
¿Quiere decir que el presidente quiere llegar a su país soñado por caminos ajenos a sus convicciones originales? Esa pregunta todavía está entrampada en el uso del consejo maquiavélico de hacer lo más impopular al principio luego de desnudar y exponer como una situación en extremo peligrosa la herencia recibida.
Mientras armaba su gabinete, Milei en varias oportunidades puso por escrito en distintos comunicados que tal o cual decisión o designación no lo apartaba de su decisión de dolarizar y eliminar el Banco Central.
Era una aclaración que se autoimpuso para no dejar en evidencia que sus acompañantes originales habían sido desplazados por otro grupo de economistas menos dogmáticos. Entró Luis Caputo y salió Emilio Ocampo.
La descripción de la situación no cambió, pero los instrumentos iniciales para tratarla son bien diferentes. Milei habilitó a Caputo a una devaluación que evoca al rodrigazo que acelera la inflación y acentúa la recesión. La reposición del impuesto a las ganancias, el regreso de las retenciones a todas las exportaciones y el ajuste de las tarifas de energía y transporte con la quita de subsidios son la fórmula más drástica que se recuerde en el arranque de cuanto gobierno haya existido en el país.
Como los bomberos que encienden contrafuegos para frenar el fuego durante los incendios forestales, el plan bilardista del presidente es un trago amargo presentado como inevitable.
Milei, un político autoedificado a partir de una comunicación llamativa y estentórea es en sus primeros días un presidente que no utiliza al personaje expresivo que construyó. Sólo lo hizo en la inauguración de su presidencia para describir la herencia y para advertir el riesgo inminente de una hiperinflación.
El remedio que aplica merece una mejor explicación. Y tal vez sea ahora el momento de diferenciar la promesa de ajustar a la casta política con este paquete de decisiones que implican un enorme esfuerzo para millones de argentinos.
Nada resultó más efectivo para el nuevo presidente que presentarse como el vengador de los ciudadanos contra “la casta”, una forma generalizada que resume el fracaso y los abusos de los dirigentes tradicionales. Milei abusó de la confianza cuando dijo que ajustaría a la política en lugar de ajustar al conjunto de la sociedad.
Una cosa es eliminar los privilegios; otra es resolver el descomunal problema macroeconómico del país.
El vengador está obligado a explicar la diferencia entre su promesa de arrasar con los usos y costumbres de la política y el plan del ministro Caputo. Y, en especial, a establecer un horizonte de esperanza que justifique el esfuerzo que la realidad impone. Solo un presidente puede asumir ese papel.
Mientras la licuación por inflación opera sus efectos, rige un indulto para todo miembro de la casta que sin arrepentimiento alguno acepte convertirse en oficialista. Milei anunció ese perdón a quienes había condenado durante la campaña como recurso electoral.
El presidente sabe que necesitará seguir agregando funcionarios y recolectando de donde venga gente que lo ayude a gobernar. Es una experiencia nueva y desafiante.
El jefe de un gobierno que decidió operar un ajuste con pocos antecedentes se descubre a sí mismo en esa función, mientras recluta funcionarios entre los escombros de un sistema que destruyó con su triunfo disruptivo.

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La dificultades políticas a la hora de reducir el gasto social y el déficit
Las iniciativas para bajar los gastos del sector público suelen representar una pérdida de legitimidad del gobierno que lo intenta
Aldo Isuani Sociólogo y politólogo (UBA/ Conicet/udesa)
La situación fiscal y suendémico déficit es uno de los temas centrales que debe abordar el gobierno de Javier Milei. Hay consenso en que ha llegado la hora de acabar con el déficit revisando el nivel de ingresos y gastos del sector público.
El promedio de gasto público consolidado (el correspondiente a los tres niveles de gobierno) en el periodo 1980-1984 fue de 28% del PIB y alcanzó el 45% en el periodo 2015-2019. La diferencia es impactante. La última información oficial (2023) dice que representó 44% en 2021. ahora bien, los datos oficiales se clasifican en cuatro categorías de gastos: Funcionamiento del Estado, Servicios Económicos, Servicios Sociales y Deuda pública.
Los gastos de Funcionamiento del Estado incluyen los de administración General, Justicia y Defensa y Seguridad. En estas cuatro décadas tuvieron un modesto crecimiento de 4,9% a 7% del PBI. Los servicios de la Deuda pública pasaron de 3,9% en el primer periodo a 3,8% en el último, siendo menores los guarismos en todos los periodos intermedios. Los gastos en Servicios Económicos incluyen como principales ítems Energía y Combustibles por un lado y Servicios públicos por el otro. Cayó de 6,7% a 5,3% del PBI entre los periodos inicial y final que consideramos, habiendo llegado al 2,4% en el periodo 19951999, fruto de la privatización de empresas públicas.
Los Servicios Sociales incluyen la previsión Social, Salud y Educación como sus principales componentes, que representan el 80% del total. El resto se distribuye en programas de Vivienda, Empleo y asistencia Social. Mientras en el periodo 1980-1984 se ubicaba en 13% del PBI en 2015-2019 alcanzó 29% (2/3 del gasto público total). Este monumental crecimiento lleva al país a un nivel comparable con el porcentaje del producto que países desarrollados otorgan al gasto social y muy por encima de los niveles latinoamericanos. Sin embargo ofrece un pobre resultado en nivel de prestaciones y calidad de servicios: fragmentación de sistemas, desigualdad marcada en el acceso e irracionalidad en el uso de los recursos.
El sistema previsional argentino es una manta llena de parches donde coexisten un sistema nacional y varios provinciales junto a regímenes especiales para miembros del poder Judicial, Fuerzas armadas y de seguridad, legisladores provinciales, profesores universitarios, maestros, entre otros. por otro lado, tanto a la educación como a la salud públicas se las identifica con políticas sociales de carácter universalista y en algún momento lo fueron, pero se ha consolidado un sistema en el que lo “público” es un componente reservado para los pobres, en el marco de desigualdad creciente de la sociedad argentina. La asistencia social, que dispone del 1% del PBI, se estructura sobre base de un manejo discrecional de programas alimentarios y de subsidios a la informalidad y cuyos beneficiarios son fruto del clientelismo estatal o de la presión de organizaciones sociales que los nuclean.
Tanto esfuerzo para tan pobres resultados. ¿Que explica entonces este gigantesco incremento del Gasto Social? a mi juicio, la fortaleza corporativa y el funcionamiento de nuestra democracia.
Así como en los 90 se privatizaron teléfonos, aviones, gas, electricidad, petróleo, no sucedió lo mismo con los servicios sociales. Las presiones de sindicatos, partidos de oposición y organizaciones de la sociedad civil previnieron transformaciones privatizadoras de la profundidad operada en el terreno de las empresas públicas. pero más allá de la fortaleza de los sectores beneficiarios para evitar transformaciones, el proceso democrático jugó un papel decisivo, ya que afectar servicios mayoritariamente percibidos como derechos a ser garantizados por el Estado expuso los riesgos de pérdida de legitimidad y apoyo político para quienes osaren intentar su reducción. así, el continuo crecimiento del gasto social habla de las necesidades de las fuerzas políticas por acceder o mantenerse en el poder. En otros términos, los intentos de reducción del gasto social chocan seriamente con la resistencia que imponen los procesos de democratización y obtención de legitimidad política.
¿El desafío fiscal que afronta la argentina abordará el gasto social? ¿Habrá disposición para bancar los costos políticos que ocasionará una reducción sustancial dada una población que no acepta fácilmente recortes? ¿Habrá voluntad para ir forjando un sistema más racional o seguirá con su estructura desigual e ineficiente? Veremos. La nueva serie acaba de comenzar.

http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA

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