lunes, 15 de enero de 2024

LA OPINIÓN DE JORGE LIOTTI




Los primeros contactos con un mundo turbulento
Jorge Liotti

El viernes a la tarde había cierta ansiedad en los pasillos del Gobierno. La canciller Diana Mondino estaba reunida con el embajador chino, Wang Wei, después de varias semanas de tensión, y se esperaba con expectativa el resultado del diálogo. Las claves eran la foto y el comunicado. Si había imagen conjunta al finalizar y una ratificación de la política hacia Taiwán, era un éxito.
En caso contrario, la Argentina se encaminaba a un serio conflicto con su principal socio comercial. Al final hubo una foto y una frase sanadora: “Durante el encuentro, Mondino y Wang desestimaron recientes versiones de prensa infundadas y reafirmaron los lazos de amistad y el principio de una sola China”. Fin.
La canciller se cansó de desmentir que se hubiera reunido con la representante de Taiwán en el país, Miaohung Hsie. Solo admitió haberse cruzado con ella en septiembre en un evento académico del CEMA, ámbito desde el cual había forjado un vínculo personal. Pero el problema no es esa relación, sino que Pekín sospechó que el gobierno de Javier Milei ponía en duda la posición adoptada por la Argentina desde 1972 de reconocer una sola China y considerar a la isla díscola como parte de su territorio. Supuestamente ese mensaje le llegó en forma directa a Wang.
El malestar también se alimentó con el dato de que Miao-hung Hsie había sido invitada el 10 de diciembre, el día de la asunción de Milei, y saludó al nuevo presidente como parte de las delegaciones extranjeras. Wang informódelasnovedadesensurecienteviaje a Pekín y regresó con instrucciones claras: lograr un pronunciamiento explícito de la Casa Rosada, poniendo sobre la mesa las sensibilidades conducentes que podrían verse afectadas, desde el segundo tramo del swap hasta el comercio de granos. En el entorno de Mondino aseguran que “nunca hubo un problema” con China y que la relación con Taiwán está clara: no hay reconocimiento de independencia, sí relaciones comerciales.
El episodio actuó como un tenso debut del nuevo gobierno en la geopolítica internacional, un terreno que se ha vuelto particularmente turbulento en los últimos tiempos, a tal punto que el prestigioso analista internacional Ian Bremmer acaba de definir al año 2024 como “el más peligroso e incierto desde la perspectiva del riesgo político global”.
Solo surge una explicación cuando se intenta profundizar en las razones
llevaron a la gestión libertaria a comprometer el vínculo con la segunda potencia global: la convicción de Milei de que el eje de su política exterior debe estar alineado con Estados Unidos. Esta mirada lo llevó a subestimar la enorme sensibilidad que genera en Pekín la situación de Taiwán, que no solo representa una reivindicación territorial, sino que también es la razón que esgrime Estados Unidos para tener apostada en el mar de la China a su gigantesca Séptima Flota. A esa descomunal disputa quedó arrastrada de costado la Argentina.
Este ajetreado episodio demostró lo complejo que le resultará a Milei evolucionar del simplismo electoral de decir que el país tendría como únicos vectores a Estados Unidos e Israel a una política exterior realista que contemple la multiplicidad de actores y las complejidades del contexto. En principio la Cancillería logró instalar una cosmovisión más amplia, anclada en la identificación con los valores occidentales. De allí la decisión de retomar las tratativas del acuerdo con la Unión Europea (con poco futuro en lo inmediato), retomar la aplicación de la OCDE (un proceso que llevará varios años) y salir de los Brics. El problema es que esa senda más ambiciosa no contempla las urgencias comerciales, que ubican a los principales compradores de la Argentina en Asia (China, Vietnam) y en la región (Brasil, Chile).
El anuncio del viaje presidencial a Roma y a Jerusalén fue otro episodio que evidenció ciertos desajustes. La información salió del propio entorno presidencial y encontró desprevenido al vocero Manuel Adorni. El Vaticano y el gobierno de Israel dicen no contar aún con información oficial, pero en el Gobierno lo dan por hecho. En el caso del Papa, hubo una aproximación en la reunión que el miércoles mantuvo Guillermo Francos con un grupo de obispos. Allí los prelados le hicieron saber al funcionario que Francisco vería con buenos ojos una invitación formal del Presidente para que visite el país. Francos lo comentó al día siguiente en la reunión de gabinete y se encontró con que ya había una carta redactada a la que solo le faltaba la firma de Milei. El Presidente, junto con su hermana Karina, difundieron entonces la misiva de invitación y una foto, con tanto entusiasmo que no repararon en que por protocolo no deberían haberlo ventilado hasta que fuera oficialmente entregada, algo que recién hizo Mondino el viernes. Nimiedades. Para algunos, el encuentro que tendrán en Roma fortalece la idea de que Francisco vendrá este año a la Argentina, porque sus problemas de salud le recortan la posibilidad de que pueda hacerlo más adelante. Pero quienes conocen de cerca al Pontífice siguen convencidos de que “no viene ni loco”.
Más controvertidos serían el paso de Milei por Israel y su encuentro con el primer ministro Benjamin Netanyahu en plena guerra de Gaza. El Presidente aún tiene en mente la idea de trasladar la embajada de Tel Aviv a Jerusalén, algo que ni siquiera Estados Unidos llegó a hacer cuando lo anunció Donald Trump. En fuentes diplomáticas circuló la información de que desde el gobierno de Israel se hizo llegar algún mensaje sutil sobre la inconveniencia de hacer estos movimientos en este contexto. Habrá que evaluar las hipótesis que se reabren para el país con su regreso al tablero de Meque dio Oriente, una partida que le generó un gran costo al menemismo.
Las definiciones de la nueva gestión también abarcan al área de defensa, en donde hay un trabajo en marcha del ministro Luis Petri para retomaractividadesconwashington en el plano de los ejercicios militares conjuntos y de una mayor participación en las fuerzas multilaterales de paz, como en los 90. En esta reorientación también se incluye la intención de comprar finalmente aviones caza F16 y desechar las opciones de China e India, que había alentado la gestión de Alberto Fernández.
Los mercados expectantes
Esta semana Milei realizará su primer viaje oficial como presidente a Davos, la meca del capitalismo global. La organización del evento vino hace un tiempo a la Argentina para invitarlo especialmente, interpretando el enorme atractivo que despierta su figura en el mundo. Tiene media hora para exponer el miércoles y lo presentará Klaus Schwab, el creador y cerebro del evento, una señal de seniority para Milei. Por fuera de esa intervención no hay reuniones bilaterales agendadas, aunque no se descarta que al final se produzca alguna. El argumento oficial es que como tiene tantos pedidos no quiere priorizar y quedar mal con la mayoría. Pero extraoficialmente hay otra explicación: a Milei no le atraen las reuniones con gente que no conoce y que supone que buscarán entablar algún tipo de negociación.
Le pasa lo mismo en la Argentina, donde tiene una lista de pedidos que prefiere no atender, tanto de políticos como de empresarios (algunos han notado una tendencia a cierto autoencierro en sus horas en la Casa Rosada). Por eso prefiere focalizarse en el mensaje que transmitirá en Suiza: que la Argentina se encuentra en un proceso de apertura y que los capitales del mundo son bienvenidos. En el universo de las finanzas y de ciertos sectores industriales vinculados a los flujos globalizados miran con expectativas el experimento. Entre los negociadores del Gobierno con el FMI había una satisfacción especial por el rápido acuerdo logrado esta semana, como una señal a los mercados. “La verdad es que cuando establecimos los primeros contactos hace unos meses no nos creían nada de lo que les decíamos que íbamos a hacer. Ahora construimos confiabilidad”, resumió uno de los funcionarios.
Pero ese dato positivo se complementa con una demanda política del Fondo: que el Congreso apruebe la ley ómnibus. Y ahí el tema no es sencillo. El debate en el plenario de comisiones demostró esta semana que la apelación a cierto pragmatismo no era una opción para el oficialismo, sino una necesidad. El dictamen que comenzará a discutirse ahora ya vendrá despojado de algunos temas espinosos con la intención de liberar el corazón de la iniciativa, que es el capítulo económico. Traducido: los cambios en Bienes Personales, los ajustes en las retenciones, el blanqueo, la moratoria y, especialmente, la fórmula jubilatoria, el capítulo que promete generar los mayores debates. La negociación se avizora intensa porque el oficialismo va a necesitar juntar una masa crítica para evitar que el dictamen de mayoría termine siendo el del peronismo y la izquierda, que propondrán el rechazo liso y llano del proyecto. Para eso, los libertarios deberán consensuar los cambios con Pro, la UCR y Hacemos Coalición Federal, y así superarlos en adhesiones. También el frente de compromiso con los gobernadores se presenta volátil. Los mandatarios protestan, pero por lo bajo admiten que no tienen mucho margen para voltear la ley. Para sellar este flanco, Francos y Caputo preparan en estos días el envío de la reversión de Ganancias, para que actúe como factor de adhesión de los gobernadores.
El Gobierno sabe que desde afuera están mirando si tiene la fortaleza para lograr su objetivo de aprobar la ley. Debe lograrlo antes de que la ebullición social empiece a escalar de nuevo a partir del paro de la CGT y del impacto de la suba de tarifas. Milei debe lograr resultados rápido para demostrar que su proyecto político y económico es viable.
Habrá que evaluar las hipótesis que se reabren con el regreso al tablero de Medio Oriente

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