Competencia de monedas con billetes en problemas
Néstor O. Scibona

Dentro de pocos días, en la última semana de octubre, el Banco Central pondrá en circulación el nuevo billete de $20.000, con la imagen de Juan Bautista Alberdi y fondo color rojizo. A pesar de que será el de máxima denominación dentro de la actual serie de pesos, equivale a menos de 20 dólares estadounidenses.
Más específicamente, el rango va desde US$19,71 al tipo de cambio oficial minorista (casi imposible de acceder con cepo cambiario) hasta US$12,32 al dólar tarjeta o turista. Entre ambos extremos se ubican el dólar paralelo (US$16,32), el contado con liquidación (US$16,70) y el MEP (US$17,22). Por más que –blanqueo mediante– la brecha cambiaria se haya reducido a la mitad (20%) en los últimos dos meses, igual será necesario recurrir a la calculadora para determinar la equivalencia del billete con los diferentes tipos de cambio y sus variantes comerciales o financieras.
Sin una salida a la vista del cepo, aunque progresivamente van flexibilizándose las restricciones de pagos y cobros externos, la política cambiaria mantiene los miniajustes del dólar oficial por debajo de la descendente inflación mensual y un mecanismo de intervención o arbitraje entre las demás cotizaciones.
Mientras tanto, el gobierno de Javier Milei apunta explícitamente a consolidar el equilibrio fiscal y externo, cerrar los grifos de emisión monetaria y desindexar la economía para quebrar la inercia inflacionaria. Pero aún está lejos del objetivo de eliminar los controles y pasar a un esquema de tipo de cambio único y “competencia de monedas” entre el peso, el dólar y otras divisas, con menor riesgo de un salto cambiario. De ahí que en los mercados las apuestas se dividen entre quienes pronostican el fin del cepo para el próximo verano o después de las elecciones legislativas de 2025.
A nivel macroeconómico, en lo que va de 2024 el peso argentino ha ido apreciándose frente al dólar, el euro y el real, al punto de que el Estudio Broda calcula que a fin de año el tipo de cambio real multilateral habrá perdido 95% de la fuerte mejora de diciembre de 2023.
No obstante, el dólar relativamente bajo contrasta con la desvalorización sufrida por el peso argentino frente a la alta inflación a lo largo de años de inestabilidad (excepto en la década de la convertibilidad 1 a 1) y la pérdida de 10 ceros desde 1983, que convirtieron a la economía en bimonetaria e impulsaron el refugio en el dólar –en blanco o en negro– de la clase media baja para arriba.
Sin ir más lejos, cuando el BCRA (presidido entonces por Federico Sturzenegger) lanzó, a fin de 2017, el billete de $1000 con la figura del hornero –el de mayor denominación de la línea con imágenes de animales autóctonos–, equivalía a US$57 y ahora apenas a 98 centavos de dólar (oficial) y 81(paralelo). Hoy su poder de compra no alcanza para un litro de leche o medio kilo de pan, y ni siquiera sirve como propina.
Los flamantes billetes de $20.000 fueron impresos en China, que, tras ganar una licitación pública, enviará 230 millones de unidades probablemente por etapas. Según fuentes del BCRA, no está previsto emitir billetes de 5000 pesos para completar la serie iniciada en 2023, que incluye los de $1000 (José de San Martín), $2000 (Ramón Carrillo y Cecilia Grierson) y $10.000 (Manuel Belgrano y María Remedios del Valle).
Su puesta en circulación permitirá simplificar el uso de efectivo y aumentar la demanda de pesos. Por caso, dos fajos de $100.000 en billetes de mil podrán ser reemplazados por 10 unidades de la mayor denominación.
Paralelamente, las entidades que agrupan a los bancos privados están trabajando con el BCRA para que, en el menor tiempo posible, los billetes de $20.000 estén disponibles en los cajeros físicos o automáticos y ser aceptados por los buzones de autoservicio en las principales ciudades, como ya ocurre con los de $10.000. La idea es que entre el 15 de diciembre y el 15 de enero puedan abonarse el medio aguinaldo y buena parte de los sueldos de diciembre.
Bancos atiborrados
El lanzamiento de billetes de mayor denominación fue un reclamo de los bancos en los últimos años, que ahora el BCRA está aceptando. La razón es que, a pesar del fuerte crecimiento de los pagos electrónicos y las transferencias (bancarias o por código QR), que permiten combatir las transacciones en negro, la emisión exponencial de billetes de $1000 fue saturando la capacidad de almacenaje en las bóvedas del tesoro de muchas sucursales.
Según datos del BCRA, a fin de septiembre –en números redondos– había en circulación 5800 millones de billetes de $1000, casi diez veces más que los de $10.000 (590 millones de unidades). A continuación, se ubican los de $500 (1400 millones), los de $2000 (1100 millones) y hasta los de $100, virtualmente en desuso (926 millones), sobre un total de 11.300 millones de billetes con curso legal. En esta misma situación también hay 9700 millones de monedas, cuyo valor como metal seguramente supera el facial (de 1 centavo a 10 pesos).
El último informe de Adeba (que agrupa a los bancos de capital nacional) indica que la cantidad de billetes en circulación se multiplicó por 24 en los últimos 24 años, pero el valor promedio de los billetes cayó 97%. Y que el volumen de 11.300 millones de billetes administrado por las entidades financieras no superaba los 500 millones en la década del 90. A esto agrega la complejidad que implica la existencia de múltiples billetes de diferentes series para una misma denominación: 22 distintos para cubrir las 9 denominaciones que van de $10 a $10.000.
Para comenzar a resolver este problema de empapelamiento, ABA (que agrupa a los bancos de capital extranjero) propone que el BCRA vaya retirando y acelerando la desmonetización de mayores cantidades de billetes deteriorados de 1000 y 500 pesos, que no pocos clientes llevan en mochilas y hasta en valijas de viaje para depositar o cambiar por billetes de $10.000.
La desmonetización –que implica reducir la base monetaria– es precedida por un proceso engorroso para los bancos. Los billetes deben ser clasificados según su uso o estado y la mayoría está en la categoría 5 (alto deterioro); pero deben agujerearlos para invalidar su uso, armar packs con sunchos y enviarlos en bolsas plásticas termoselladas al BCRA para que pueda retirarlos de circulación y o destruirlos.
En los últimos meses, la institución que preside Santiago Bausili agilizó el retiro de los billetes de $100 al eliminar la exigencia previa del agujereado, pero aún no se llegó a los de 200 y de 500 para reducir el volumen de almacenaje.
Dólares deteriorados
Otro problema que involucra a bancos y clientes surge de la intención oficial de incluir en el blanqueo a los dólares no declarados en el “colchón” o cajas de seguridad. En agosto, el BCRA envió a los bancos una comunicación (A 8079) para habilitarlos a recibir –hasta el 31 de diciembre– billetes deteriorados (manchados, sellados o escritos) siempre que sea reconocible el 50% de su superficie, y los de series anteriores como los de “cara chica”, que tienen curso legal. Todos ellos sufren el invento argentino de descontarles un porcentaje de su valor, que en las “cuevas” oscila entre 3 y 10% y alimentan al mercado paralelo.
Esa normativa, destinada a incentivar el depósito de dólares en las cuentas especiales del blanqueo (CERA), es voluntaria para las entidades y contiene minuciosas instrucciones sobre cómo acondicionar y empaquetar los billetes para su envío y verificación por la Reserva Federal de Estados Unidos a cambio de billetes nuevos y sin costo de flete, a cargo del BCRA.
No obstante, solo el Banco Nación publicitó hace un mes su adhesión a través de redes sociales, al informar que todas sus sucursales reciben dólares deteriorados para depositar en las CERA.
En los bancos privados la situación es dispar, ya que la norma no es obligatoria y los bancos tampoco son agentes de canje de moneda extranjera, a diferencia de los pesos. Varios aceptan esos billetes con ciertos límites y únicamente para sus clientes, pero no lo publicitan, y otros directamente no los toman, por políticas de cada entidad o el problema de acumulación de pesos en desuso.
Con reserva de identidad, directivos de entidades indican que la operatoria puede prestarse a que los clientes –incluso quienes no necesitan blanquear– hagan colectas entre familiares o amigos para deshacerse de dólares deteriorados.
Mientras tanto, aguardan la reglamentación de las anunciadas tarjetas de crédito bimonetarias para transacciones en pesos o dólares. Un formato de competencia de monedas cuyo manejo requiere menores volúmenes de billetes físicos.
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Para el Banco Mundial hay “cuatro trampas” que originan la pobreza
Informe. El organismo describe los factores que explican el deterioro social del país en la última década; inflación, ingresos, educación y cambio climático impactan de distintas formas
Esteban Lafuente
Inundaciones y sequías, producto del cambio climático, impactan más entre la población más pobre
El Banco Mundial reiteró sus advertencias por el crecimiento de la pobreza en la Argentina. Luego de los comentarios realizados días atrás por William Maloney, economista jefe para América Latina y el Caribe, el organismo presentó un documento donde analiza la evolución de este indicador en la última década y enumera las “cuatro trampas” que se combinan detrás del deterioro en las condiciones sociales de la población.
Se trata del informe “Las trampas de la pobreza en Argentina”, donde el organismo ubica al país en un lugar tristemente distinguido en la región: es el único, junto con Venezuela, que tuvo un crecimiento de la pobreza desde 2012 hasta hoy, aun partiendo desde los niveles más bajos de América Latina.
Para poder cotejar países que, en sus mediciones locales, utilizan distintos parámetros para medir la pobreza, el organismo utiliza como umbral un ingreso diario por persona de US$6,85 ajustado por paridad de poder adquisitivo. “En la Argentina, los efectos de la pandemia sumados a los de la crisis económica profundizaron el deterioro de una situación que ya venía siendo negativa desde 2018. El país alcanzó en 2020 su máximo nivel de pobreza en más de una década, 15,4% según la medición con la línea de pobreza internacional”, sostiene el organismo.
El valor que toma el Banco Mundial es, en términos de ingreso, similar al umbral de indigencia que calcula el Indec. Según la serie del organismo, la pobreza fue del 8,6% en 2012 y llegó al 10,9% en 2022. A su vez, en el banco destacan que “la desigualdad se mantuvo relativamente estable” entre 2012 y 2022, las dos puntas que toma el estudio.
“La población pasó de clase media al sector vulnerable”, sintetizó Lourdes Rodríguez-Chamussy, economista senior en la Práctica Global de Pobreza y Equidad del Banco Mundial, referente del informe que se presentó la semana pasada. De acuerdo con estas cifras, la clase media (ingresos de entre US$14 y US$65 diarios per cápita) pasó del 66,9% de la población al 58,7%, mientras que el sector de vulnerables (ingresos de entre US$6,85 y US$14 diarios) creció del 20,9% al 28,5% de la población.
Este deterioro de las condiciones sociales y crecimiento de la pobreza se explica, según el Banco Mundial, por “cuatro trampas” que están interconectadas. La primera se vincula con el desequilibrio fiscal y la creciente inflación. Es la “más importante” detrás de este proceso en la Argentina, que afecta tanto al ingreso privado como a la capacidad de intervención por parte del Estado.
“La inflación es el gran impulsor de la pobreza. Los pobres consumen alimentos en mayor proporción en su ingreso y estos aumentan más que el promedio de los precios”, explicó Rodríguez-Chamussy, quien insistió en el “círculo vicioso” del desequilibrio fiscal y la inflación, que “limita la eficiencia distributiva” de las políticas de ingreso. Se refirió a políticas como la AUH, que se indexa por la inflación pasada y pierde poder adquisitivo, o los subsidios, que impactan negativamente en las cuentas fiscales, en un ciclo que termina “retroalimentando la inflación”.
El Banco Mundial identifica en los “desequilibrio sin ter generacionales y geográficos” la segunda trampa de la pobreza. En su análisis, se enfoca en las brechas de ingresos que muestra hoy la sociedad argentina, con una incidencia de la pobreza más profunda entre los menores de 14 años (58,4% a fines de 2023) que entre los mayores de 65 (17,6%), según el Indec.
Además de remarcar que esa desigualdad y las malas condiciones de vida de los menores “perpetúan la pobreza crónica”, en el Banco Mundial advierten sobre las falencias en el sistema educativo. “La formación de capital humano es el principal activo de la población, y hoy es insuficiente en términos del rendimiento en el aprendizaje”, planteó Rodríguez-Chamussy, al analizar el rendimiento de estudiantes argentinos en las pruebas internacionales o la deserción escolar.
La especialista definió esa carencia como una “trampa de pobreza”, al advertir sobre una “disminución” futura en la productividad de las personas. “Hoy un niño en estas condiciones alcanza solo el 60% de su potencial”, planteó.
La tercera “trampa” se vincula con la elevada informalidad, la baja productividad y la “vulnerabilidad” en los ingresos de la población, especialmente en los deciles más bajos.
Aun con programas de asistencia social, “la principal fuente de ingresos es laboral, y la contracción de ese ingreso explica el 60% del aumento de la pobreza en la década”, ilustró Rodríguez-Chamussy.
De hecho, en el Banco Mundial advierten que en el segmento de población más pobre el ingreso laboral pasó de representar el 64% del total al 58%, mientras que las transferencias públicas se incrementaron del 19% al 27% del ingreso de ese segmento.
Por último, el organismo advirtió por los riesgos asociados al cambio climático y la vulnerabilidad de la población de menores ingresos ante episodios como sequías o inundaciones. Este factor representa una “trampa micro y macro”, en el sentido de que tiene impacto inmediato en las familias y, a su vez, efectos persistentes, como el cambio climático y la probabilidad creciente de sequías, que “afectan a la agricultura, el principal motor de la economía y las exportaciones del país”.
En cuanto a los fenómenos micro, sostiene que la población pobre vive en espacios de mayor vulnerabilidad o precariedad, lo cual los expone a ser “los más afectados” ante choques climáticos. “Las zonas más vulnerables a inundaciones tienen más correlato con las zonas donde vive la población más vulnerable”, explicó Rodríguez-Chamussy.ß
Desequilibrio fiscal y creciente inflación constituyen las causas “más importantes”
La formación de capital humano es el principal activo de la población, y hoy es insuficiente
La población pobre vive en espacios más vulnerables y es la más afectada ante choques climáticos
El Banco Mundial reiteró sus advertencias por el crecimiento de la pobreza en la Argentina. Luego de los comentarios realizados días atrás por William Maloney, economista jefe para América Latina y el Caribe, el organismo presentó un documento donde analiza la evolución de este indicador en la última década y enumera las “cuatro trampas” que se combinan detrás del deterioro en las condiciones sociales de la población.
Se trata del informe “Las trampas de la pobreza en Argentina”, donde el organismo ubica al país en un lugar tristemente distinguido en la región: es el único, junto con Venezuela, que tuvo un crecimiento de la pobreza desde 2012 hasta hoy, aun partiendo desde los niveles más bajos de América Latina.
Para poder cotejar países que, en sus mediciones locales, utilizan distintos parámetros para medir la pobreza, el organismo utiliza como umbral un ingreso diario por persona de US$6,85 ajustado por paridad de poder adquisitivo. “En la Argentina, los efectos de la pandemia sumados a los de la crisis económica profundizaron el deterioro de una situación que ya venía siendo negativa desde 2018. El país alcanzó en 2020 su máximo nivel de pobreza en más de una década, 15,4% según la medición con la línea de pobreza internacional”, sostiene el organismo.
El valor que toma el Banco Mundial es, en términos de ingreso, similar al umbral de indigencia que calcula el Indec. Según la serie del organismo, la pobreza fue del 8,6% en 2012 y llegó al 10,9% en 2022. A su vez, en el banco destacan que “la desigualdad se mantuvo relativamente estable” entre 2012 y 2022, las dos puntas que toma el estudio.
“La población pasó de clase media al sector vulnerable”, sintetizó Lourdes Rodríguez-Chamussy, economista senior en la Práctica Global de Pobreza y Equidad del Banco Mundial, referente del informe que se presentó la semana pasada. De acuerdo con estas cifras, la clase media (ingresos de entre US$14 y US$65 diarios per cápita) pasó del 66,9% de la población al 58,7%, mientras que el sector de vulnerables (ingresos de entre US$6,85 y US$14 diarios) creció del 20,9% al 28,5% de la población.
Este deterioro de las condiciones sociales y crecimiento de la pobreza se explica, según el Banco Mundial, por “cuatro trampas” que están interconectadas. La primera se vincula con el desequilibrio fiscal y la creciente inflación. Es la “más importante” detrás de este proceso en la Argentina, que afecta tanto al ingreso privado como a la capacidad de intervención por parte del Estado.
“La inflación es el gran impulsor de la pobreza. Los pobres consumen alimentos en mayor proporción en su ingreso y estos aumentan más que el promedio de los precios”, explicó Rodríguez-Chamussy, quien insistió en el “círculo vicioso” del desequilibrio fiscal y la inflación, que “limita la eficiencia distributiva” de las políticas de ingreso. Se refirió a políticas como la AUH, que se indexa por la inflación pasada y pierde poder adquisitivo, o los subsidios, que impactan negativamente en las cuentas fiscales, en un ciclo que termina “retroalimentando la inflación”.
El Banco Mundial identifica en los “desequilibrio sin ter generacionales y geográficos” la segunda trampa de la pobreza. En su análisis, se enfoca en las brechas de ingresos que muestra hoy la sociedad argentina, con una incidencia de la pobreza más profunda entre los menores de 14 años (58,4% a fines de 2023) que entre los mayores de 65 (17,6%), según el Indec.
Además de remarcar que esa desigualdad y las malas condiciones de vida de los menores “perpetúan la pobreza crónica”, en el Banco Mundial advierten sobre las falencias en el sistema educativo. “La formación de capital humano es el principal activo de la población, y hoy es insuficiente en términos del rendimiento en el aprendizaje”, planteó Rodríguez-Chamussy, al analizar el rendimiento de estudiantes argentinos en las pruebas internacionales o la deserción escolar.
La especialista definió esa carencia como una “trampa de pobreza”, al advertir sobre una “disminución” futura en la productividad de las personas. “Hoy un niño en estas condiciones alcanza solo el 60% de su potencial”, planteó.
La tercera “trampa” se vincula con la elevada informalidad, la baja productividad y la “vulnerabilidad” en los ingresos de la población, especialmente en los deciles más bajos.
Aun con programas de asistencia social, “la principal fuente de ingresos es laboral, y la contracción de ese ingreso explica el 60% del aumento de la pobreza en la década”, ilustró Rodríguez-Chamussy.
De hecho, en el Banco Mundial advierten que en el segmento de población más pobre el ingreso laboral pasó de representar el 64% del total al 58%, mientras que las transferencias públicas se incrementaron del 19% al 27% del ingreso de ese segmento.
Por último, el organismo advirtió por los riesgos asociados al cambio climático y la vulnerabilidad de la población de menores ingresos ante episodios como sequías o inundaciones. Este factor representa una “trampa micro y macro”, en el sentido de que tiene impacto inmediato en las familias y, a su vez, efectos persistentes, como el cambio climático y la probabilidad creciente de sequías, que “afectan a la agricultura, el principal motor de la economía y las exportaciones del país”.
En cuanto a los fenómenos micro, sostiene que la población pobre vive en espacios de mayor vulnerabilidad o precariedad, lo cual los expone a ser “los más afectados” ante choques climáticos. “Las zonas más vulnerables a inundaciones tienen más correlato con las zonas donde vive la población más vulnerable”, explicó Rodríguez-Chamussy.ß
Desequilibrio fiscal y creciente inflación constituyen las causas “más importantes”
La formación de capital humano es el principal activo de la población, y hoy es insuficiente
La población pobre vive en espacios más vulnerables y es la más afectada ante choques climáticos
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