Karina Milei estrenó a “su vicecanciller”, Sucalesca, durante la gira por Francia
El periodista fue su sombra durante las reuniones con empresarios y políticos
Más sonriente que nunca, Karina Milei protagonizó por estos días su gira oficial por Francia, que incluyó el lanzamiento del programa Embajada Argentina de la Tecnología, reuniones con empresarios del sector tecnológico e industrial, recorridas por una megaferia de innovación alimentaria y una reunión a solas con la primera dama, Brigitte Macron.
En sus distintos compromisos, la secretaria general de la Presidencia estuvo acompañada por el joven embajador en París, Ian Sielecki, pero sobre todo se mostró a su lado Diego Sucalesca, el periodista y amigo de los hermanos en el poder, a quien en Balcarce 50 ya denominan como el “vicecanciller” en las sombras de Karina Milei, que toma cada vez más atribuciones en otro tiempo asignadas a la diplomacia nacional.
Titular desde hace meses de la Agencia Nacional de Inversiones y Comercio Internacional, que absorbió atribuciones antes destinadas a la Secretaría de Turismo, como la denominada Marca País, Sucalesca acompañó a Karina Milei en sus encuentros con empresarios y con la esposa del presidente Emmanuel Macron, tal como se encargaron de informarlo desde la oficina del portavoz presidencial, Manuel Adorni.
Con una larga trayectoria en los medios de comunicación, que incluyó un paso por el irreverente Caiga quien caiga de Mario Pergolini y un programa propio que durante varios años animó con una mezcla de humor e información las noches del Canal de la Ciudad, Sucalesca comenzó a cambiar su rumbo hacia 2018, cuando coprotagonizó, junto al entonces economista mediático Javier Milei, la obra de teatro El consultorio de Milei, donde también participaba su ahora jefa.
Sin participación aparente en la campaña libertaria que llevó a los Milei al poder, el periodista asumió el rol de la búsqueda de inversiones fuera de las fronteras del país, un trabajo hasta hace poco a cargo de Yanina Martínez, la subsecretaria de Turismo que viene del kirchnerismo y responde al secretario Daniel Scioli.
Casi sin contacto con sus antiguos colegas, y en un contexto de cambios de nombres y posturas en la política exterior nacional, Sucalesca viajaría el mes próximo junto a Karina Milei a China, a participar de otra importante feria y, de paso, acercar posiciones con el gobierno de Xi Jinping.
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Abad, el discípulo de Sanz que construye un poder propio en plena implosión de la UCR
Matías Moreno
La carrera política de Maximiliano Abad encontró un cauce definitivo cuando el kirchnerismo consolidaba su poder en la Casa Rosada. Con años de militancia en la corriente alfonsinista de Franja Morada, Abad fue elegido presidente de la Federación Universitaria Argentina (FUA) en 2004. Meses después participó de la contracumbre de las Américas en Mar del Plata, donde Hugo Chávez fue el principal orador. Para ir a la marcha, Abad hizo estampar remeras con un mensaje explícito en rechazo a los Estados Unidos: “Fuck you, Bush”.
Por ese entonces, Ernesto Sanz ya había desembarcado en el Senado y se ubicaba en la vereda de enfrente de los Kirchner. El centenario partido atravesaba otra profunda crisis de identidad ante la decisión de Julio Cobos, gobernadores y legisladores de la UCR de aceptar la convocatoria de Néstor Kirchner a sellar un acuerdo transversal en 2007. Sanz buscó cobertura en un grupo de jóvenes con anclaje territorial para armar la resistencia. Así, estrechó lazos con líderes estudiantiles como Abad, quien luchaba para evitar las fugas a las filas del kirchnerismo. Se conocieron en las trincheras. Y, con el correr del tiempo, Abad se convertiría en el hijo político de Sanz.
Abad atravesó las distintas etapas de la vida radical. Fue militante estudiantil, armador político, legislador, jefe partidario en la estratégica provincia de Buenos Aires y senador. Sin embargo, el discípulo de Sanz prefiere cultivar un segundo plano y oculta su ambición de conducir, a futuro, la UCR nacional. Vencedor de Martín Lousteau y Emiliano Yacobitti en la disputa por el manejo de la UCR bonaerense –una puja que se judicializó–, camina con pies de plomo en un escenario cargado de interrogantes por el devenir de la gestión de Milei.
Frente a la grieta que provoca en el partido el posicionamiento frente a los libertarios, Abad elige pararse cerca de figuras como Alfredo Cornejo o Rodrigo de Loredo. Con Sanz y Jesús Rodríguez como evangelizadores, adhiere al oposición cooperativa con la Casa Rosa da y apuesta a construir una alternativa alejada de los extremos de Mil eioelk ir chconcreto, pretende que la UCR integre “un espacio republicano, institucional y moderno”. “La opción no puede ser un populismo de izquierda de Estado centrismo ni un populismo de derecha de mercado centrismo”, retratan cerca de Abad.
Habitual consumidor de encuestas, el senador opta por el repliegue en un contexto incierto para la oposición a Milei. En su entorno notan que los correligionarios, como Lousteau, que intentaron pararse en el ring y confrontar con el Presidente salieron golpeados en términos de imagen. En el mar de intrigas que produce la fragmentación opositora y la incertidumbre que hoy rodea el desenlace de la política económica libertaria, Abad elige ser precavido a la hora de aventurar un esquema de alianzas para 2025: “La cancha todavía no está clara; no hay que asomar la cabeza”, dicen a su lado.
Eso sí: mantiene contactos frecuentes con todos los actores del arco no libertario. Sus consejeros especulan con que sectores de Pro, el peronismo no kirchnerista o del progresismo, in cómodos con el estilo dogmático, de tinte autoritario y extremista de Milei, buscarán refugio una opción socialdemócrata que aporte “una visión de Estado moderno” y respeto a la institucionalidad. Abad integra la lista de dirigentes de la oposición que se ilusionan con reeditar el esquema de JxC, con una versión aggiornada. No ven un colapso definitivo del centro político.
Con ese trasfondo, Abad no se ubica ni cerca de la oposición férrea de Lousteau ni de los “radicales con peluca”, el grupo que ayudó a blindar los vetos presidenciales. En las votaciones clave para Milei, Abad osciló entre alinearse con los intereses de la Casa Rosada y rechazar las propuestas del Poder Ejecutivo. Por caso, se abstuvo en la sesión en la que se trató del DNU 70/23 para desregular la economía, un pilar de la gestión de Milei. Y apoyó, en general, la Ley Bases y el paquete fiscal. Pero se opuso al decreto que asignaba unos $100.000 millones a la SIDE, y respaldó tanto la reforma jubilatoria como la ley de financiamiento universitario, luego vetadas por Milei.
¿Lijo sí o no?
Abad es uno de los cuatro senadores radicales que integran la Comisión de Acuerdos, donde se tratan los pliegos de Ariel Lijo y Manuel García-Mansilla, los candidatos de Milei para la Corte Suprema. Si bien Abad fue designado como titular en diciembre, fue reemplazado de forma temporal por Pablo Blanco. El 21 de agosto, en una maniobra sugestiva ejecutada horas antes de que arrancara la audiencia pública en la Cámara alta, Blanco –que ya había anticipado su rechazo a Lijo– fue sustituido por Eduardo Vischi, jefe de la bancada y cercano a Gustavo Valdés, quien no objetó al juez. Por lo tanto, según fuentes parlamentarias, Abad no podría firmar el pliego salvo que Guadalupe Tagliaferri, a cargo de la comisión, convoque a una nueva reunión para tratar las candidaturas. En conclusión, Vischi es quien por ahora quedó habilitado para firmar por haber reemplazado a Abad en la exposición de Lijo.
Si bien en el oficialismo presumen que Abad sería uno de los que apoye a Lijo en el recinto, el senador esconde sus cartas y envía señales de que acatará el mandato de la cúpula de la UCR: no discutir los pliegos hasta que se incorpore la paridad de género en la propuesta del Gobierno. “Abad es muy orgánico; si Milei no modifica este esquema de ‘los dos o ninguno’, no se va a mover de ahí”, confía uno de sus aliados. Tampoco respaldaría a una candidata impuesta por el kirchnerismo.
Es que en un sector de la fuerza meditan que Milei debe buscar una salida por arriba. Imaginan que podrían destrabar los pliegos si abre una negociación sobre la ampliación de la Corte y el puesto del Procurador General de la Nación, que incluya a peronistas y radicales, entre otros. ¿Abad apoyaría a Lijo si la UCR se garantiza sillas preciadas en el máximo tribunal? Él juega al misterio y espera a que se aclare el panorama.
Está claro que el consejero de Abad en este asunto es Sanz, un hombre que solía tener llegada a los Tribunales y mantiene vigentes sus puentes con el denominado “círculo rojo”. Elisa Carrió siempre le reprocha a Sanz su relación con Ricardo Lorenzetti, pese a que el exsenador niega tener un trato frecuente.
El vínculo con Sanz le abrió a Abad las puertas de la política grande y del mundo empresarial. También lo alentó a relacionarse con actores vinculados a los movimientos sociales, como Juan Grabois, los sindicatos y el Poder Judicial. “Hay que abrirse para entender mejor la economía y el país”, le aconsejó. El extitular de la UCR se encargó de promover su ascenso en la estructura partidaria. Lo cobijó en las negociaciones con Pro para la conformación de las listas en 2015, lo que le permitió a Abad dar el salto de concejal en General Pueyrredón a legislador provincial. Luego, lo apuntaló en la disputa por el control de la UCR bonaerense en 2021 y lo estimuló a trabajar en tándem con Facundo Manes para desafiar la incursión de Diego Santilli (Pro).
Finalmente, Sanz lo escoltó en las conversaciones que derivaron en el pacto con Patricia Bullrich en los últimos comicios presidenciales. Ese entendimiento con la candidata de los “halcones” de Juntos por el Camen bio catapultó a Abad al Senado. Sin embargo, la alianza con Bullrich fue efímera. Apenas la extitular de Pro apoyó a Milei para el balotaje frente a Sergio Massa, Abad salió a tomar distancia de la decisión y se declaró neutral. Sus caminos se bifurcaron.
La interna con Yacobitti
Abad volvió a contar con el sostén de Sanz y el grueso de los intendentes radicales en su última gran batalla política: la pelea con Lousteau y Yacobitti por la conducción del comité radical de Buenos Aires. La elección interna del 6 de octubre pasado entre Miguel Fernández, el delfín de Abad, y Pablo Domenichini, dirigente del riñón de Yacobitti, derivó en un escándalo, con acusaciones cruzadas de fraude y denuncias en la Justicia. Según el escrutinio definitivo, Fernández se impuso por menos de 2500 votos sobre Domenichini. “Lousteau y Yacobitti quieren colonizar al radicalismo para llevarlo a un frente con el kirchnerismo”, despotrican en el grupo de Abad.
En el campamento de Lousteau y Yacobitti, en cambio, creen que la UCR de Buenos Aires se alejó de su identidad histórica bajo la conducción de Abad. Consideran que jugó siempre en línea con los intereses de Pro en lugar de luchar por el liderazgo de la coalición. Ahora también lo acusan de no exhibir una posición nítida frente al gobierno de Milei.
El enfrentamiento con Evolución Radical en la provincia dejó al descubierto la vieja enemistad entre Abad y Yacobitti. Las diferencias comenzaron en 2006, cuando ambos militaban en Franja Morada. Abad representaba a la línea alfonsinista, que se denominaba “los federales”. Yacobitti, al radicalismo porteño. Volvieron a colisionar en 2021, cuando Abad pretendía quedarse con el comité provincial. En ese momento, Lousteau y Yacobitti apostaron sus fichas por su rival, Gustavo Posse, entonces intendente de San Isidro.
Abad superó a Posse en la interna y, fortalecido, apalancó la candidatura a diputado nacional de Manes en 2021. Dos años después, Abad sostuvo el proyecto presidencial de Manes –incluso se lanzó como aspirante a gobernador– hasta que los sondeos de opinión lo convencieron de que el neurólogo no tendría posibilidades en una interna con Bullrich y Larreta. Con Morales y Lousteau ya subidos al proyecto de Larreta, se inclinó por Bullrich, quien le garantizaba puestos para los suyos en las nóminas. “Había que cuidar el colectivo partidario”, arguyó Abad. Con ese desmarque, la relación política y personal con Manes se desgastó.
Ahora, Abad volvió a ser desafiado por el tándem Lousteau-Yacobitti, los herederos de Enrique “Coti” Nosiglia, quienes sumaron como aliado a Manes en la cruzada por gestar un frente anti-Milei. En cambio, Abad cerró filas con Posse y empujó el carro de Miguel Fernández.
Retener la estructura bonaerense es central para Abad si pretende proyectar su figura a nivel nacional. “Él debe construir su imagen y un relato para trascender”, dice uno de sus íntimos. Buenos Aires ha sido su plataforma para ascender en la galaxia de la UCR y acceder a puestos codiciados en el tablero nacional. Por caso, la jefatura del radicalismo y su rol en la Legislatura bonaerense durante el gobierno de María Eugenia Vidal –fue titular de la bancada de Juntos por el Cambio desde 2017– le permitieron forjar un vínculo cercano con los intendentes radicales del interior. Su principal aliado en la construcción bonaerense fue el exvicegobernador Daniel Salvador.
Abad prefiere conciliar antes que abrir un conflicto, y quienes lo conocen destacan su capacidad para articular y dialogar. Pero esta tendencia tiene doble filo: sus detractores le achacan los acuerdos que anudó con el gobernador Axel Kicillof durante su paso por la Legislatura, para repartir cargos entre oficialistas y opositores en el Tribunal de Cuentas o el Banco Provincia. Cultor de la “rosca”, Abad siempre se escudó en que debía hamacarse para atender los reclamos de los intendentes, sobre todo, en la discusión por el presupuesto. Sus críticos internos, como Federico Storani, sembraron sospechas sobre su accionar ante el escándalo de corrupción del puntero del PJ Julio “Chocolate” Rigau, quien cobraba sueldos de “ñoquis” de la Legislatura. Abad demoró tres semanas en pronunciarse sobre el tema.
Una familia política
Retener la UCR bonaerense es clave para la estrategia nacional de Abad
Abad, de 47 años, nació en la localidad de Ranchos. Es hijo de Carlos Abad, que supo ser un articulador de Alfonsín. Su ciudad natal está ubicado a pocos kilómetros de Chascomús, el pago chico del expresidente. Motivado por el entusiasmo de su padre por la política, Abad comenzó a militar desde los 14 años en la Juventud Radical. Proviene de una familia de origen humilde. De hecho, su padre optó por mudarse a Mar del Plata para buscar mejores oportunidades. Allí, Abad se recibió de abogado en la Facultad Nacional de Derecho, donde hoy ejerce como docente
En una asamblea de la FUA conoció a Marina Sánchez Herrero, con quien se casó y tuvo dos hijos. Ella también es abogada y está inmersa en la política. Ambos son dueños de un estudio jurídico.
En 2018 fue electa como integrante del Consejo de la Magistratura en representación de los abogados de todo el país. Actualmente, es la presidenta del Concejo Deliberante de General Pueyrredón, el terruño de Guillermo Montenegro (Pro). Abad tiene un acuerdo de cogobierno con Montenegro. En los pasillos de la Legislatura el nombre de Sánchez Herrero ha sonado como eventual candidata del radicalismo para ocupar una banca en la Suprema Corte bonaerense, pero en el entorno de Abad desestiman esa posibilidad. ¿Preferiría ser postulante a intendenta del distrito donde Abad forja su poder? Tal vez, eso sea solo una idea de Sanz.
Cultor de la rosca y el bajo perfil, el senador prefiere conciliar antes que ir al choque
http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA
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