domingo, 9 de junio de 2024

CRÍTICAS DE STREAMING..."Geek Girl" Y EL PODCAST"


Una nueva serie juvenil con pocas pretensiones
Milagros AmondarayUna trama que se ajusta a un género siempre atractivo Netflix
Geek Girl
(CANADÁ-REINO UNIDO/2024). GUION:
Sarah Morgan, Jessica Ruston,Sameera Steward, basado en la novela de Holly Smale. DIRECCIÓN: Declan O’Dwyer. ELENCO: Emily Carey, Liam Woodrum, Tim Downie, Jemima Rooper.
DISPONIBLE EN NETFLIX

La nueva serie juvenil de Netflix, que llegó este mes a la plataforma, aborda su (relativamente simple) narrativa con una cadencia que la favorece, especialmente al adentrarse en un terreno con tropos bastante machacados como los del coming of age. Por lo tanto, en los primeros episodios de los 10 que comprende la coproducción entre Canadá y el Reino Unido se registra el tortuoso día a día de la protagonista excluyente de esta historia, Harriet Manners (Emily Carey), con un cierto apego a los lugares comunes que auguraban un panorama poco feliz para el desarrollo de Geek Girl.
Sin embargo, la serie -basada en el primer libro de la popular saga de novelas de Holly Smalesabe cuándo es el momento de dar el volantazo y empezar a mostrar a su personaje central con aristas mucho más profundas. Harriet es una adolescente con dificultades para sociabilizar (conflicto que se explora con candidez sobre el final de esta primera temporada), una realidad que la angustia y en la que poco colabora un grupo de alumnos que ejercen bullying sobre ella por no considerarla lo suficientemente cool y por el resentimiento que les genera verla destacarse en todas las asignaturas.
Como consecuencia, el mote de “nerd”, de “geek”, empieza a hacer mella en Harriet, quien se escara pa de las clases en cuanto puede para refugiarse en un salón, debajo de una mesa o bien entre los árboles del jardín de un colegio al que teme ir por las agresiones verbales que no cesan. Con mucha astucia, la ficción evita que su protagonista sea simplemente una chica torpe o ingenua como algunas conductas pueden llegar a indicar, y lo hace al retratar la raíz de su padecimiento ligado al rechazo que siente por cómo luce, por cómo se comunica y por sus gustos, que no van en sintonía con ese entorno más superficial que no responde favorablemente a una persona que elude moverse en manada.
La encrucijada que enfrenta Harriet se traza por una sucesión de episodios fortuitos que la obliga a crecer de golpe. En un viaje escolar a la Semana de la Moda de Londres, la protagonista oficia de acompañante de su mejor amiga -una aspirante a modelo y diseñadora-, pero termina siendo ella quien acapara las miradas de un representante de talentos que trabaja para una agencia cuyo objetivo es descubrir “un rostro disruptivo” en el escenario fashionista. En ese momento, la serie entra en una suerte de segundo tramo, con Harriet rechazando inicialmente una oferta laboral para ser el rostro de la nueva colección de una respetada diseñadora porque no se siente cómoda con la excesiva atención que recibe.
El conflicto de Geek Girl se plantea precisamente a través de la contradicción de la adolescente, quien, por un lado, empieza a notar cómo la moda también celebra la impronta, la personalidad, mientras en simultáneo padece el precio de volverse una figura popular, cuando una imagen suya en el piso de un desfile la hace despuntar como una modelo en ascenso con potencial painnovar en un microcosmos donde diferenciarse es la clave.
Con guiños a la serie Hannah Montana y al siempre influyente largometraje El diablo viste a la moda, Geek Girl pone el foco en esa suerte de doble vida de Harriet, quien intenta equilibrar su perfecto desempeño como estudiante con ese trabajo que la lleva a viajar por todo el mundo. En esa vorágine, su padre y su madrastra se convierten en pilares necesarios para no marearse y, sobre todo, para tratar su ansiedad social que se acrecienta cuando es obligada a dar pasos para los que no se siente lista. El vínculo entre Harriet y su papá es uno de los puntos más logrados de una serie que resta mucho cuando se busca forzar un interés romántico que no aporta demasiado al crecimiento personal que atraviesa la protagonista y solo es incluido como “gancho” para una inevitable segunda temporada.
Sin demasiadas estridencias, Geek Girl va de menor a mayor, con secuencias muy emotivas entre Harriet y sus amigos, quienes hallan consuelo en compartir sus luchas cotidianas fruto de sus problemáticas de salud mental que son agravadas por el constante bullying. Por lo tanto, aunque el recorrido (con varios obstáculos, como los ataques de figuras antagónicas) de la joven en el modelaje resulte llevadero, es en las charlas con sus padres y con sus pares en donde la serie adquiere otro espesor y encuentra un sello que la distingue de otras ficciones similares, como sucede con su protagonista y su incursión en la moda. En ambos casos, se trata de dejar una marca y, en su primera temporada, Geek Girl demuestra que va camino a conseguirlo con una bienvenida autenticidad.

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Un film de ciencia ficción minimalista
Hernán FerreirósUn relato que ocurre en el aislamiento max
EL PODCAST
(AUSTRALIA/2022). DIRECCIÓN: Matt Vasely. GUION: Lucy Campbell. FOTOGRAFÍA: Michael Tessari. EDICIÓN: Tania Nehme. MÚSICA: Banjamin Speed. ELENCO: Lily Sullivan. DURACIÓN: 90 minutos.
DISPONIBLE EN MAX

El cine de ciencia ficción suele ser excesivo: sufre de exceso de pretensiones presupuestarias, exceso de efectos especiales, exceso de velocidad en las escenas de acción y, a veces, exceso de ambición. Nada de esto es necesariamente malo pero hace que el género tienda al maximalismo. Esta película, sin embargo, presenta las características opuestas y, aun así, se las arregla para ser parte del rubro.
Un poco como las obstrucciones que el realizador danés Lars Von Trier imponía a su cine para reforzar la creatividad, El podcast (título demasiado literal que reemplaza al más significativo Monolith) parece responder a un conjunto de reglas igualmente caprichosas: hay un solo personaje, una sola locación y casi no hay efectos especiales. Es difícil calcular su presupuesto pero, con un poco de buena voluntad de todos los involucrados, bien podría ser cero. Si bien se trata de un guion original de la autora Lucy Campbell, la película se siente más bien como la adaptación de un podcast narrativo de los que proliferaron durante la cuarentena, no solo porque la protagonista se dedica precisamente a hacer un podcast (de ahí el ingenioso título local), sino porque casi todos los avances de la historia se dan en el plano sonoro: diálogos, llamados telefónicos, mensajes de texto, lectura de recortes periodísticos o e-mails. En suma, todos los recursos que caracterizan a un relato verbal. Por otro lado, la situación del único personaje, que pasa todo el metraje sin salir de la mansión modernista de su familia, lleva a pensar en el período de aislamiento social y tiñe a todo de un leve anacronismo, como si la película quisiera evocar una ansiedad que terminó hace poco y, por lo tanto, llegara tarde.
La protagonista (Lily Sullivan) no tiene nombre y en los créditos se la llama “La entrevistadora”. Tras ser despedida de un medio tradicional por no chequear adecuadamente sus fuentes en una denuncia periodística, decide trabajar por su cuenta e inicia un podcast de temática paranormal titulado “Más allá de lo creíble”. Casi al mismo tiempo en el que empieza a rastrear las redes buscando material para el primer episodio, recibe un e-mail anónimo que la dirige hacia Floramae King, una mujer con una historia extraña. En e-mails y llamadas telefónicas, Floramae relata que tuvo en su poder un objeto al que llama “el ladrillo” que parecía tener un aura psíquica que afectaba sus pensamientos. Este objeto, un pequeño bloque de piedra negra, no era artificial, pero tampoco natural de este mundo. Tras un incidente con la familia para la que trabajaba -su hija arruina el mobiliario de la casa con un cuchillosus patrones toman posesión del ladrillo y lo venden a un coleccionista de arte para costear las reparaciones. A falta de una historia mejor, la entrevistadora decide seguir el derrotero de este curioso objeto y así va descubriendo sus supuestas extrañas propiedades y el detalle adicional de que no hay solo uno.
Este relato es al mismo tiempo ridículo y, gracias a la convincente interpretación de Sullivan, cautivante. Si bien las motivaciones expuestas (la búsqueda de un ladrillo negro, la rotura de una mesa) parecen insignificantes, absurdas y torpemente imaginadas, a medida que el relato avanza, crece la inquietud que provocan, algo más que meritorio si se considera la radical escasez de elementos puestos en juego. En el tercer acto, sin embargo, los exiguos recursos hacen que, dado que la película se niega a quebrar sus propias normas, la narrativa se dirija hacia el único lugar que le queda y se vuelva predecible.

http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA

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