domingo, 9 de junio de 2024

EL MEDIO ES EL MENSAJE Y LA HISTORIA DETRÁS DE LA HISTORIA


De Pettovello a Rakauskas: mujeres en el banquillo
Pablo Sirvén
Las mujeres vienen siendo relevantes protagonistas de noticias trascendentes en esta Argentina tan conflictuada. Empezando por el escándalo, aún en curso, en el megaministerio de Capital Humano, con su titular Sandra Pettovello, sobrepasada por las denuncias cruzadas, y el paso al frente de su espada comunicacional principal en el tema, la conversa Leila Gianni.
Su inesperado acting, en Comodoro Py, con Juan Grabois pareció un involuntario homenaje a aquellas conventilleras peleas que propiciaba Mauro Viale cuando la TV Pública todavía se llamaba ATC, en los menemizados años noventa. El énfasis sobreactuado de ambos contendientes despertó en almas desconfiadas una idea peculiar: ¿podría haber algún tipo de originalísimo contubernio secreto entre ellos? Detrás de tanta estridencia –que la Justicia amonestó–, ¿se esconde una estrategia conjunta más profunda teniendo en cuenta la prodigiosa versatilidad ideológica de la que hace gala la funcionaria?
Justo en la semana en que el Presidente se definió como un “topo” que viene a destruir el Estado desde adentro, mejor sería que pusiera más la lupa en la infinidad de “topos” de la gestión anterior que permanecen en puestos claves de la administración pública, que, en cambio, sueñan con la implosión del fenómeno libertario.
La marcha feminista del Ni Una Menos ha ido perdiendo potencia con los años y en la del lunes último se acentuó esa deserción, a pesar de que los femicidios siguen a la orden del día –uno cada 35 horas– y el Gobierno desarma aceleradamente las políticas de “perspectiva de género”. En la presidencia de Alberto Fernández se sobredimensionaba el énfasis que le ponía mediáticamente al tema ya que le servía de comodín para tapar asuntos más graves.
Que el tema de la doble vara sigue tan vigente como siempre lo prueba que sí tuvo una gran repercusión la decisión oficial de eliminar la Subsecretaría de Protección contra la Violencia de Género y la consecuente renuncia de su titular, Claudia Barcia. Pero, en cambio, pasó casi inadvertida y no se elevaron voces de condena feminista contra las muy insidiosas aseveraciones del periodista Horacio Verbitsky en su sitio El Cohete a la Luna, al tomar sorprendente partido a favor del intendente de La Matanza, acusado de abuso sexual.
“Melody Jacqueline Rakauskas ejercía la prostitución y su proxeneta la entregó a Fernando Espinoza”, escribió sin dudar el autor de Robo para la corona. Con todo, no es el párrafo más brutal, sino el siguiente: “Si esa era la actividad habitual de la mujer, según sus propias palabras, la pregunta es por qué en este caso no quiso y lo dio a conocer”.
Ya en un terreno más mundano, pero no exento de maldad, Verbitsky en su medio –esponsoreado, entre otras marcas, por algunos gremios, gobernaciones e intendencias del conurbano–, remata: “Con ella es difícil saber qué es verdad y qué no, ya que por momentos se presenta como una prostituta de lujo que viaja por el mundo, incluso en aviones privados, como las jóvenes polacas de El precio del placer, y en otros es una pobre chica acorralada por la miseria”.
Nadie, hasta ahora, había puesto el cuerpo tan vehementemente por Espinoza. Aunque fuera cierto el pesado rótulo de “prostituta” que le endilga a Rakauskas, el periodista, de pasado montonero, parece no querer entender que el “no es no” es un derecho de cualquier mujer, también de aquellas a las que él pretende ensuciar. Si hay tantos “bombones envenenados” cerca de políticos notables, el ilícito debe buscarse por el lado del bolsillo (o la bragueta) fácil y los billetes espurios que financian tantos placeres exprés. No en revictimizar a las víctimas o, si prefiere, a las “profesionales del sexo”.
Con motivo del reciente Día del Periodista, Gabriela Oliván, presidenta de WINN (Women in the News Network), una red internacional que reúne a 4500 mujeres periodistas, plantea que los hombres firman un 50% más de notas que ellas y que apenas un cuarto de las jefaturas en doce mercados está en manos femeninas, a pesar de que representan el 40% de la fuerza laboral en los medios. Y suma un dato todavía más preocupante: el 73% de las periodistas sufre acoso online y el 20% ha padecido, también, violencia física por su trabajo.
Con todo, WINN pretende representar un feminismo moderado, menos testimonial y vociferante que el que se expresa en calles y redes sociales y, particularmente, con sesgos ideológicos tan marcados, en los palcos de ciertos actos, para concentrarse en los retos tecnológicos que enfrenta la profesión, como el uso de la inteligencia artificial y el periodismo en redes y en streaming. WINN asegura apostar por un periodismo diverso que no se encapsule en categorías o simplificaciones porque subraya que “ser periodista es un género en sí mismo”
La primera, sobrepasada por las denuncias cruzadas; la segunda, apuntada por Verbitsky. Y no nos olvidemos de Leila Gianni

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Un stand-up con tono de parodia ante tres jueces
Camila Dolabjian

Eran las 11 de la mañana y con puntualidad las dos partes se presentaron en la mesa de entradas de la Sala de Cámara para firmar e ingresar a la audiencia. Ni juicio oral y público, ni alegato final de un fiscal, sino un simple trámite protocolar de fundamentación de una apelación del Ministerio de Capital Humano al pedido del juez Casanello para que presentaran un plan de reparto de alimentos. Entre la audiencia, compuesta de testigos, periodistas y personal judicial, una mezcla de cringe y expectativa por dos motivos. Primero, por el incómodo silencio inicial, casi actuado, entre Juan Grabois y Leila Gianni y, segundo, por la contradicción latente entre la defensiva oficialista en Comodoro Py cuando en la calle ya rumbeaban los motores de los camiones del Ejército yendo a buscar la leche en polvo a Villa Martelli y Tafí Viejo, para llevarla a centros de Conin.
Toda la mañana fue una gran puesta en escena. El show comenzó incluso antes, con despliegues de ambos contendientes, envalentonados y en preparativos para una simple y sencilla audiencia procedimental. Grabois, con su masa crítica de porristas, banderas y bombos en la puerta de los tribunales, y Gianni, que en horas tempranas ya había comenzado a desfilar su remera de león y gorra de “fuerzas del cielo” en dorado en su Instagram, escoltada de un escuadrón de libertarios para hacer apoyo moral, porque función específica en la citación no tenían.
Hasta el contraste de los atuendos de las partes provocaba una sensación embarazosa de teatralidad. Grabois, con zapatillas rotas, un crucifijo sencillo pero gigantesco y campera de lluvia azul; Gianni, pollera lápiz de cuero negro a los tobillos, botas altas en juego y el felino rugeante impreso en blanco en el torso. La gorra, por suerte y para decoro, no ingresó a la sala de audiencia. Allí aguardaban los tres magistrados, Martín Irurzun, Eduardo Farah y Roberto Boico, con sacos, camisas, corbatas y demasiada paciencia.
En el escenario, se notaron las horas de cámara de los intérpretes (y la diferencia en experiencia frente a ellas, también). Ninguno se molestó en que el stand-up que tenían preparado se asemejara al papel que tenían que cumplir, el de defensa de las organizaciones que fueron a representar. Una, al Estado, y el otro, a los más desaventajados. Tanto había para descargar en monólogo político que ambos recurrieron a actores de reparto para esgrimir lo poco de argumento técnico que se oyó en las exposiciones. Los magistrados presentes emularon el mismo papel que tiene un jurado en un concurso de niños: más o menos delinean las reglas pero mucho reproche sería mal visto. Al fin y al cabo, son solo niños “inmaduros”, como después, en el papel impreso en una resolución, sellaron como devolución a los aspirantes al premio al abogado menos estratégico.
Los 25 minutos de audiencia fueron una pieza dramática mal ejecutada, pero con algo de esfuerzo. Un intérprete debería repetir las líneas de manera natural, pero particularmente a Gianni le faltó ensayo a la parte de mirar a los jueces a los ojos y pronunciar la advertencia ‘firme’ de que no “van a permitir” que se entrometan en su Gobierno, en la que le temblequeaba un tanto la voz. A Grabois se le fue un poco de las manos el tinte trágico de su personaje cuando pasó de elevar el tono, al grito liso y llano, al borde del berrinche reclamando no ser interrumpido. Las filminas impresas con las comunicaciones oficiales contradictorias sobre el estado de los alimentos fueron un bonito detalle, aunque innecesario.
El desenlace de la obra convirtió al espectáculo en una auténtica parodia. La única parte no guionada entre los ‘espontáneos’ y ocurrentes “vos tenés remera de león y un pingüino tatuado” y “el león se comió al pingüino”, fue la intervención del abogado Ariel Romano, cuyo papel era el de soporte al lado del telón pero, no contento con su minuto de soliloquio frente a las grabadoras y los camaristas, decidió que ese sería su momento de estrellato e irrumpió a mostrarle al mundo su capacidad de actuación para escenas de acción en un épico enfrentamiento con Grabois. Tomado de sorpresa por la desviación en el libreto, Grabois evidentemente no entendió que el acting de Romano ameritaba una trompada o empujoncito, para darle una mano en su camino a las pantallas del Cine Gaumont a su colega.
Los críticos expertos no interrumpieron, tal vez para ver si en la generación de momentum mejoraba la performance. No pasó, y ningún residente de los pasillos de Comodoro Py se retiró de la sala hasta que cada artista dejara la escena y se apagaran las cámaras que transmitieron en vivo el papelón. Pero no dejaron de dar su veredicto, lleno de tomates podridos. A algunas películas aclamadas les agregan en la parte inferior de la cartelera frases sueltas de sus mejores críticas. Si esta fuera a pasarse en pantallas, con los comentarios de los magistrados, dirían, literalmente: “Lamentable”, “inmadura” y “violenta”.
La audiencia judicial por el reparto de alimentos se convirtió en una escena grotesca, con malas actuaciones

http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA

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