El Gobierno quita trabas al comercio de alimentos y productos agropecuarios
Eliminó requisitos que deben declarar las empresas en un registro oficial de operadores; hubo elogios del sector privado
Fernando Bertello Con la colaboración de Belkis Martínez
El comercio de carne también tendrá menos regulaciones
El secretario de Bioeconomía, Fernando Vilella, avanzó con una nueva desregulación del comercio de productos agropecuarios derogando requisitos que se venían exigiendo para poder permanecer en el Registro Único de Operadores de la Cadena Agroindustrial (RUCA), un sistema clave para funcionar en el ámbito de la Dirección Nacional de Control Comercial Agropecuario.
El Gobierno alivió de esta manera a exportadores de granos, entre otras actividades donde se redujo un 47% de las mismas que estaban en el RUCA. La semana pasada este medio adelantó que se trabajaba en simplificaciones para el agro.
El 24 de febrero de 2017, el entonces Ministerio de Agroindustria, en el gobierno de Mauricio Macri, creó el Registro Único de Operadores de la Cadena Agroindustrial (RUCA) como continuador con cambios del Registro Único de Operadores de la Cadena Agroalimentaria. La resolución de ese momento, la 21, fijó los requisitos para la matriculación y fiscalización a cumplir para comercializar y/o industrializar productos del sector. Eso se hizo para facilitar la fiscalización y, además, actualizar categorías. Luego vinieron algunas incorporaciones a la normativa de base y en 2022 el entonces gobierno de Alberto Fernández le sumó puntos restrictivos, como tener que informar sobre detalles de cuentas bancarias con las que se opera y planes de trabajo para la exportación.
Según pudo saber este medio, esta es la primera de varias resoluciones que relanzarán la fiscalización comercial que, junto a la impositiva de AFIP y la sanitaria de Senasa, conformarán un sistema que funcione. Esto, porque para el Gobierno hasta ahora todo el sistema era muy enredado y sin resultados, según el análisis interno que se hizo.
Si bien no se derogó toda la normativa que estaba vigente, con la resolución 32 publicada ayer en el Boletín Oficial el Gobierno se concentró en ciertos puntos que quedaron mencionados en un anexo. Fundamentó su medida en el decreto 70 del presidente Javier Milei, que tiene, entre otros objetivos, según dijo, “reconstruir la economía a través de la inmediata eliminación de barreras y restricciones estatales que impidan su normal desarrollo”.
Además, en el mismo sentido, Bioeconomía argumentó que para “facilitar las operaciones y asegurar su transparencia resulta necesario rediseñar los procesos de matriculación y registración de las distintas actividades” que integran el RUCA.
En general, en el sector privado recibieron favorablemente la medida tomada por el Gobierno. El presidente de la Cámara de la Industria Aceitera de la República Argentina y el Centro de Exportadores de Cereales (Ciara-CEC), Gustavo Idígoras, sostuvo que los cambios publicados en el Boletín Oficial buscan eliminar registros que ya se encontraban duplicados en otros organismos.
En el caso puntual de los exportadores, esa información ya la tenían el Banco Central (BCRA), la AFIP y la Aduana. “Con esa información, la Dncca (Dirección Nacional de Control Comercial Agropecuario) no tenía ningún procedimiento de control o auditoría, con lo cual era meramente un registro innecesario e improductivo. Apoyamos estas resoluciones. Hemos presentado un documento a la Dncca, AFIP, Aduana y a la Secretaría de Bioeconomía, para seguir trabajando en la desregulación y la simplificación”, precisó.
Para Juan Eiras, director de la Cámara Argentina de Feedlot (CAF), “esta es una muy buena medida, es un paso más de tantos que hay que dar para desburocratizar y dejar hacer gestiones que no tienen ningún sentido. Éramos la única actividad de producción primaria que estaba con el RUCA.
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La Facultad de Arquitectura, cubierta de andamios desde hace más de un año
Fueron colocados por seguridad en marzo de 2023, ante el riesgo de desprendimientos en la fachada; la UBA alega falta de fondos para la obra necesaria
María Nöllmann
Los andamios ya son parte de la postal de la Facultad de Arquitectura de la UBA
Suena como una gran paradoja: la fachada de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la Universidad de Buenos Aires (UBA) presenta riesgo de desprendimientos. El edificio donde se formaron gran parte de los arquitectos más prestigiosos del país y donde actualmente estudian 30.000 alumnos está cubierto por estructuras de protección desde hace más de un año, para garantizar la seguridad de las personas que ingresan diariamente a la sede.
Las estructuras metálicas fueron colocadas en marzo del año pasado, luego de que un relevamiento de la estructura reveló desprendimientos de material en varios sectores de la fachada y riesgo en otros, detallaron fuentes de la UBA. Desde entonces, en los últimos 15 meses, el edificio no ha estado en obra, sino a la espera de conseguir el financiamiento necesario para llevar a cabo una puesta en valor que, según indican sus autoridades, “no está al alcance” del presupuesto de mantenimiento que tiene el edificio ni tampoco del dinero para obras que tiene la institución.
Según informaron desde el rectorado, la obra que sería necesario impulsar para solucionar los daños en la fachada y garantizar la seguridad de los transeúntes cuesta $5394 millones, de acuerdo con la última actualización, con fecha del 30 de diciembre de 2023.
“Dada la magnitud de esa obra y por no estar al alcance del presupuesto de mantenimiento edilicio de nuestra facultad, se dio intervención a la Dirección General de Construcciones Universitarias de la UBA, que inició gestiones con el gobierno nacional para obtener los fondos que garantizaran esa intervención integral”, afirmó Hernán Noriega, secretario de Hábitat de la FADU.
Pero la gestión no avanzó. Fuentes de la UBA afirmaron que en diciembre del año pasado, poco antes de la asunción del nuevo gobierno, el proyecto de puesta en valor del edificio “quedó archivado”. “La obra ya había pasado el último nivel de aprobación en el Ministerio de Obras Públicas, que es el cinco. Solo faltaba que se abriera la licitación, pero el proceso dejó de avanzar”, indicaron. consultó a los ministerios de Capital Humano y Economía sobre el estado de la solicitud de obra, pero no obtuvo respuesta.
Ante este panorama, las autoridades de la UBA advirtieron que no tienen noción sobre cuándo podría ejecutarse y destacaron que, mientras tanto, el alquiler mensual del andamiaje implica un gasto significativo para la FADU.
Para los estudiantes, personal docente y no docente, la imagen del edificio cubierto por tuberías de hierro se ha vuelto moneda corriente, al igual que otros defectos que tiene el inmueble desde hace al menos 10 años, como ventanas rotas y falta de internet, que afecta la operatividad de las clases.
En la FADU hay wifi, pero no siempre anda, y la conexión –destacan docentes y alumnos– es complicada. En muchas zonas tampoco es posible activar los datos móviles. Los más perjudicados son quienes dan y asisten a clases en el subsuelo, donde funciona una sede del Ciclo Básico Común (CBC) de la UBA.
Desde la FADU afirman que los problemas de conectividad están relacionados con la masividad de usuarios que la demandan día a día. “En 2022-2023 se hizo una gran inversión en redes, antenas y repetidoras de wifi y hay señal disponible y gratuita para la comunidad FADU en todo el edificio”, dijo Noriega, a la vez que admitió que “presenta algunos inconvenientes, que son los mismos que ocurren en un gran evento deportivo o un espectáculo en un estadio”. “Esta es una comunidad de más de 30.000 personas. Y hay horas pico, cuando todo el mundo ingresa o se conecta al mismo tiempo. En esos momentos, no hay ancho de banda que alcance”, agregó.
El año pasado la facultad renovó tres de los seis ascensores, una obra que desde hacía años la comunidad educativa reclamaba, a la vez que empezó con la puesta en valor de los otros tres. Los ascensores reemplazados eran los originales, de 53 años de antigüedad. También el año pasado comenzó la refacción de algunos baños del edificio. Sin embargo, los que no han sido mejorados continúan con cubículos clausurados, además de carecer de productos básicos de higiene, como jabón y papel higiénico.
De 1971
Sin duda, destacan miembros de la comunidad educativa, el más sintomático de los problemas edilicios de la FADU es el estado de su fachada. Inaugurada en 1971 en el Pabellón 3 de la Ciudad Universitaria –el proyecto, en ese entonces, era mudar más del 80% de la matrícula de la UBA a este predio–, la FADU tenía originalmente en su fachada parasoles de hormigón. Pero ante la falta de mantenimiento del edificio, estos empezaron a sufrir desprendimientos, razón por la que debieron ser removidos. Desde entonces, detallan desde la UBA, la fachada afrontó nuevas problemáticas.
“Al retirar las placas de hormigón que funcionaban como parasoles, hace más de 30 años, en algunas zonas se produjeron fisuras que permitieron filtraciones, producto de la dilatación del material expuesto al asoleamiento continuo. Esa secuencia de dilatación y contracción diaria, más el efecto del agua, hizo que se desprendieran algunos pequeños trozos del material original. Esto se produjo principalmente en sectores específicos de la fachada N (Vicente López) y E (Río de la Plata), que son las más expuestas al sol. Los desprendimientos fueron pequeños trozos de material que, al hacer la revisión del edificio, se encontraron en alguna cornisa y nos indicaron la conveniencia de profundizar los estudios y la colocación de las protecciones para llevarlos adelante”, detalló Noriega.
Además de la fachada, la FADU afirma no tener dinero suficiente para hacer el mantenimiento básico del edificio. “Por cantidad de estudiantes, nuestra facultad es la segunda de la UBA, después de Ciencias Médicas. Nuestro edificio alberga la población de una ciudad y cuenta con el presupuesto de un edificio. Y ahora, encima, fue recortado”, afirmó Noriega en abril pasado, ante una consulta
Es que la crisis de la situación edilicia de la FADU coincide actualmente con un contexto de puja por el presupuesto universitario, que en lo que va del año ya ha derivado en diferentes conflictos y manifestaciones sociales.
“El presupuesto de gasto de funcionamiento de la UBA alcanza para obras menores de funcionamiento de las facultades, pero para obras de grandes magnitudes, como la de la fachada de la FADU, se requirió siempre del gobierno”, sostuvieron desde la UBA.
Lo mismo advierten sobre los problemas de apertura y cierre que tienen la mayoría de las ventanas del edificio, que en total son más de 3000: “Las [ventanas] banderolas tienen un sistema de apertura construido para la facultad especialmente. El mecanismo original incluye tornillos sin fin, brazos articulados, manivelas de accionamiento y piezas originales de fundición de aluminio. No son de fabricación comercial y, desde la pandemia, estamos intentando solucionar este problema histórico, pero que, dada la cantidad de estas ventanas, implica una inversión que no está a nuestro alcance en este momento”.
El secretario de Bioeconomía, Fernando Vilella, avanzó con una nueva desregulación del comercio de productos agropecuarios derogando requisitos que se venían exigiendo para poder permanecer en el Registro Único de Operadores de la Cadena Agroindustrial (RUCA), un sistema clave para funcionar en el ámbito de la Dirección Nacional de Control Comercial Agropecuario.
El Gobierno alivió de esta manera a exportadores de granos, entre otras actividades donde se redujo un 47% de las mismas que estaban en el RUCA. La semana pasada este medio adelantó que se trabajaba en simplificaciones para el agro.
El 24 de febrero de 2017, el entonces Ministerio de Agroindustria, en el gobierno de Mauricio Macri, creó el Registro Único de Operadores de la Cadena Agroindustrial (RUCA) como continuador con cambios del Registro Único de Operadores de la Cadena Agroalimentaria. La resolución de ese momento, la 21, fijó los requisitos para la matriculación y fiscalización a cumplir para comercializar y/o industrializar productos del sector. Eso se hizo para facilitar la fiscalización y, además, actualizar categorías. Luego vinieron algunas incorporaciones a la normativa de base y en 2022 el entonces gobierno de Alberto Fernández le sumó puntos restrictivos, como tener que informar sobre detalles de cuentas bancarias con las que se opera y planes de trabajo para la exportación.
Según pudo saber este medio, esta es la primera de varias resoluciones que relanzarán la fiscalización comercial que, junto a la impositiva de AFIP y la sanitaria de Senasa, conformarán un sistema que funcione. Esto, porque para el Gobierno hasta ahora todo el sistema era muy enredado y sin resultados, según el análisis interno que se hizo.
Si bien no se derogó toda la normativa que estaba vigente, con la resolución 32 publicada ayer en el Boletín Oficial el Gobierno se concentró en ciertos puntos que quedaron mencionados en un anexo. Fundamentó su medida en el decreto 70 del presidente Javier Milei, que tiene, entre otros objetivos, según dijo, “reconstruir la economía a través de la inmediata eliminación de barreras y restricciones estatales que impidan su normal desarrollo”.
Además, en el mismo sentido, Bioeconomía argumentó que para “facilitar las operaciones y asegurar su transparencia resulta necesario rediseñar los procesos de matriculación y registración de las distintas actividades” que integran el RUCA.
En general, en el sector privado recibieron favorablemente la medida tomada por el Gobierno. El presidente de la Cámara de la Industria Aceitera de la República Argentina y el Centro de Exportadores de Cereales (Ciara-CEC), Gustavo Idígoras, sostuvo que los cambios publicados en el Boletín Oficial buscan eliminar registros que ya se encontraban duplicados en otros organismos.
En el caso puntual de los exportadores, esa información ya la tenían el Banco Central (BCRA), la AFIP y la Aduana. “Con esa información, la Dncca (Dirección Nacional de Control Comercial Agropecuario) no tenía ningún procedimiento de control o auditoría, con lo cual era meramente un registro innecesario e improductivo. Apoyamos estas resoluciones. Hemos presentado un documento a la Dncca, AFIP, Aduana y a la Secretaría de Bioeconomía, para seguir trabajando en la desregulación y la simplificación”, precisó.
Para Juan Eiras, director de la Cámara Argentina de Feedlot (CAF), “esta es una muy buena medida, es un paso más de tantos que hay que dar para desburocratizar y dejar hacer gestiones que no tienen ningún sentido. Éramos la única actividad de producción primaria que estaba con el RUCA.
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La Facultad de Arquitectura, cubierta de andamios desde hace más de un año
Fueron colocados por seguridad en marzo de 2023, ante el riesgo de desprendimientos en la fachada; la UBA alega falta de fondos para la obra necesaria
María Nöllmann
Suena como una gran paradoja: la fachada de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la Universidad de Buenos Aires (UBA) presenta riesgo de desprendimientos. El edificio donde se formaron gran parte de los arquitectos más prestigiosos del país y donde actualmente estudian 30.000 alumnos está cubierto por estructuras de protección desde hace más de un año, para garantizar la seguridad de las personas que ingresan diariamente a la sede.
Las estructuras metálicas fueron colocadas en marzo del año pasado, luego de que un relevamiento de la estructura reveló desprendimientos de material en varios sectores de la fachada y riesgo en otros, detallaron fuentes de la UBA. Desde entonces, en los últimos 15 meses, el edificio no ha estado en obra, sino a la espera de conseguir el financiamiento necesario para llevar a cabo una puesta en valor que, según indican sus autoridades, “no está al alcance” del presupuesto de mantenimiento que tiene el edificio ni tampoco del dinero para obras que tiene la institución.
Según informaron desde el rectorado, la obra que sería necesario impulsar para solucionar los daños en la fachada y garantizar la seguridad de los transeúntes cuesta $5394 millones, de acuerdo con la última actualización, con fecha del 30 de diciembre de 2023.
“Dada la magnitud de esa obra y por no estar al alcance del presupuesto de mantenimiento edilicio de nuestra facultad, se dio intervención a la Dirección General de Construcciones Universitarias de la UBA, que inició gestiones con el gobierno nacional para obtener los fondos que garantizaran esa intervención integral”, afirmó Hernán Noriega, secretario de Hábitat de la FADU.
Pero la gestión no avanzó. Fuentes de la UBA afirmaron que en diciembre del año pasado, poco antes de la asunción del nuevo gobierno, el proyecto de puesta en valor del edificio “quedó archivado”. “La obra ya había pasado el último nivel de aprobación en el Ministerio de Obras Públicas, que es el cinco. Solo faltaba que se abriera la licitación, pero el proceso dejó de avanzar”, indicaron. consultó a los ministerios de Capital Humano y Economía sobre el estado de la solicitud de obra, pero no obtuvo respuesta.
Ante este panorama, las autoridades de la UBA advirtieron que no tienen noción sobre cuándo podría ejecutarse y destacaron que, mientras tanto, el alquiler mensual del andamiaje implica un gasto significativo para la FADU.
Para los estudiantes, personal docente y no docente, la imagen del edificio cubierto por tuberías de hierro se ha vuelto moneda corriente, al igual que otros defectos que tiene el inmueble desde hace al menos 10 años, como ventanas rotas y falta de internet, que afecta la operatividad de las clases.
En la FADU hay wifi, pero no siempre anda, y la conexión –destacan docentes y alumnos– es complicada. En muchas zonas tampoco es posible activar los datos móviles. Los más perjudicados son quienes dan y asisten a clases en el subsuelo, donde funciona una sede del Ciclo Básico Común (CBC) de la UBA.
Desde la FADU afirman que los problemas de conectividad están relacionados con la masividad de usuarios que la demandan día a día. “En 2022-2023 se hizo una gran inversión en redes, antenas y repetidoras de wifi y hay señal disponible y gratuita para la comunidad FADU en todo el edificio”, dijo Noriega, a la vez que admitió que “presenta algunos inconvenientes, que son los mismos que ocurren en un gran evento deportivo o un espectáculo en un estadio”. “Esta es una comunidad de más de 30.000 personas. Y hay horas pico, cuando todo el mundo ingresa o se conecta al mismo tiempo. En esos momentos, no hay ancho de banda que alcance”, agregó.
El año pasado la facultad renovó tres de los seis ascensores, una obra que desde hacía años la comunidad educativa reclamaba, a la vez que empezó con la puesta en valor de los otros tres. Los ascensores reemplazados eran los originales, de 53 años de antigüedad. También el año pasado comenzó la refacción de algunos baños del edificio. Sin embargo, los que no han sido mejorados continúan con cubículos clausurados, además de carecer de productos básicos de higiene, como jabón y papel higiénico.
De 1971
Sin duda, destacan miembros de la comunidad educativa, el más sintomático de los problemas edilicios de la FADU es el estado de su fachada. Inaugurada en 1971 en el Pabellón 3 de la Ciudad Universitaria –el proyecto, en ese entonces, era mudar más del 80% de la matrícula de la UBA a este predio–, la FADU tenía originalmente en su fachada parasoles de hormigón. Pero ante la falta de mantenimiento del edificio, estos empezaron a sufrir desprendimientos, razón por la que debieron ser removidos. Desde entonces, detallan desde la UBA, la fachada afrontó nuevas problemáticas.
“Al retirar las placas de hormigón que funcionaban como parasoles, hace más de 30 años, en algunas zonas se produjeron fisuras que permitieron filtraciones, producto de la dilatación del material expuesto al asoleamiento continuo. Esa secuencia de dilatación y contracción diaria, más el efecto del agua, hizo que se desprendieran algunos pequeños trozos del material original. Esto se produjo principalmente en sectores específicos de la fachada N (Vicente López) y E (Río de la Plata), que son las más expuestas al sol. Los desprendimientos fueron pequeños trozos de material que, al hacer la revisión del edificio, se encontraron en alguna cornisa y nos indicaron la conveniencia de profundizar los estudios y la colocación de las protecciones para llevarlos adelante”, detalló Noriega.
Además de la fachada, la FADU afirma no tener dinero suficiente para hacer el mantenimiento básico del edificio. “Por cantidad de estudiantes, nuestra facultad es la segunda de la UBA, después de Ciencias Médicas. Nuestro edificio alberga la población de una ciudad y cuenta con el presupuesto de un edificio. Y ahora, encima, fue recortado”, afirmó Noriega en abril pasado, ante una consulta
Es que la crisis de la situación edilicia de la FADU coincide actualmente con un contexto de puja por el presupuesto universitario, que en lo que va del año ya ha derivado en diferentes conflictos y manifestaciones sociales.
“El presupuesto de gasto de funcionamiento de la UBA alcanza para obras menores de funcionamiento de las facultades, pero para obras de grandes magnitudes, como la de la fachada de la FADU, se requirió siempre del gobierno”, sostuvieron desde la UBA.
Lo mismo advierten sobre los problemas de apertura y cierre que tienen la mayoría de las ventanas del edificio, que en total son más de 3000: “Las [ventanas] banderolas tienen un sistema de apertura construido para la facultad especialmente. El mecanismo original incluye tornillos sin fin, brazos articulados, manivelas de accionamiento y piezas originales de fundición de aluminio. No son de fabricación comercial y, desde la pandemia, estamos intentando solucionar este problema histórico, pero que, dada la cantidad de estas ventanas, implica una inversión que no está a nuestro alcance en este momento”.
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