miércoles, 12 de junio de 2024

Condena penal al expresidente Donald Trump Y POLÍTICA INTERNACIONAL


La anarquía americana
Moisés Naím

La condena penal al expresidente Donald Trump por falsificación de documentos pone a la principal potencia económica y militar del mundo en camino a la anarquía. Eso se debe, en gran medida, a la estrategia mediática, política y legal que Trump ha adoptado para salvarse de la cárcel y llegar de nuevo a la presidencia. Su apuesta es que la manipulación de las reglas del Estado de Derecho y el feroz ataque contra las instituciones y leyes le permitirán neutralizar los múltiples juicios que hay en su contra. Es una estrategia que fomenta la desconfianza y nutre la anarquía.
Los países en los cuales los ciudadanos confían unos en otros, y todos en sus instituciones, son más prósperos y estables que aquellos donde reina la desconfianza. Y, según muchos estudios de opinión, los estadounidenses tienen cada vez menos confianza en sus conciudadanos y en sus instituciones. La estrategia de Trump encaja en esa tendencia, y la agrava. La defenestración reputacional de jueces, magistrados, funcionarios públicos, testigos e instituciones es el objetivo central de Trump y sus aliados. Esta estrategia no solo se apoya en la conducta del expresidente, sino que también se amplifica por la masiva utilización de las redes sociales y la desconfianza generalizada que reina en estos tiempos.
En 1972, las encuestas del National Opinion Research Center de la Universidad de Chicago encontraron que más del 45% de los americanos pensaban que la mayoría de la gente era digna de confianza. Para 2006, ese número había caído al 30%. La desconfianza es particularmente grave entre los jóvenes: en 2019, el 73% de los menores de 30 años estaba de acuerdo en que “la mayoría de las veces la gente solo se preocupa por sí misma”. Un númeblica, ro similar opinaba que “la mayoría de la gente se aprovecharía de ti si tuviese la oportunidad”.
Los estadounidenses no confían unos en otros, y tampoco en su gobierno. Según el Pew Research Trust, en los años 60 el 77% de ellos pensaban que el gobierno merecía su confianza, pero en 2023 la proporción apenas llegaba al 16%. Gallup, por su parte, muestra que solo la mitad de los estadounidenses cree que el sistema de justicia penal en su país es justo.
Peor: la desconfianza se ha polarizado. El 73% de los republicanos afirma que las religiones actúan buscando el bien de EE.UU., pero solo el 45% de los demócratas está de acuerdo. Brechas parecidas se abren cuando se les pregunta sobre las escuelas, las universidades y los sindicatos. Y lo más grave, la misma situación afecta a la Corte Suprema de Justicia: en ella expresa confianza el 68% de los republicanos, y solo el 24% de los demócratas.
A los países que caen en esta dinámica no les va bien. Italia es un buen ejemplo. Allí, por muchos años, un carismático líder político socavó gravemente la confianza en tribunales y jueces. El impacto fue nefasto. En sus 30 años de vida púa Silvio Berlusconi se lo enjuició por un sinnúmero de crímenes: evasión fiscal, sobornos, falsear la contabilidad de sus empresas, abuso de poder y otros más. En 2008, Berlusconi enfrentaba 12 casos penales y 8 civiles al mismo tiempo.
En vez de defenderse en cada caso con base en hechos verificables y argumentos legales, Berlusconi optó siempre por atacar a las instituciones que lo investigaban. En vez de perderse en los recónditos detalles legales en su contra, se dedicó a atacar a jueces y magistrados, tildándolos de comunistas y corruptos, y cuestionando la legitimidad del Poder Judicial.
Siendo la principal figura política de su país, Berlusconi logró convertir el desprecio por la Justicia en un valor fundamental para su coalición. En Italia, ser di destra (de derecha) terminó siendo para muchos una identidad basada en la desconfianza en los jueces, los tribunales y el Estado en general.
Cuando la polarización se despliega desprestigiando a las instituciones fundamentales del Estado, se hace tóxica. ¿Qué italiano de derechas en su buen juicio iba a querer pagar sus impuestos cuando el presidente del gobierno le decía día tras día por radio y TV que las instituciones que se los cobraban eran en sí corruptas? ¿Quién iba a respetar la ley cuando el presidente del consiglio aseguraba que la ley misma no era más que un complot de los comunistas? La desconfianza generalizada es una grave condición preexistente en la sociedad norteamericana y Trump la ha estado utilizando con maestría y desenfreno para lograr sus objetivos. Muchos están dispuestos a seguirlo por ese camino, sin darse cuenta de que al colapsar la confianza en las instituciones lo que resultará no es una victoria política para ellos, sino la anarquía para todos.

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Apoyo nuclear de EE.UU. a Arabia Saudita
Patricio Carmody

Una decisión en política internacional puede tener múltiples y profundas consecuencias, e impactar varias geografías. Así, en un Medio Oriente en ebullición, EE.UU. parece haber llegado a un “megaacuerdo” con Arabia Saudita para darle apoyo en materia de energía nuclear para uso civil. Esta es una sorprendente novedad, dada la naturaleza cambiante de sus relaciones bilaterales. Además, ya hay planes para una mayor cooperación militar y para el trabajo conjunto en nuevas tecnologías como la inteligencia artificial (IA). Esto tiene un claro impacto a nivel regional y global.
Arabia Saudita hace tiempo que está interesada en la energía nuclear y en nuevas tecnologías como elementos para reducir su dependencia del petróleo y diversificar su economía. Esta es una iniciativa similar a la de los EAU, que buscan crear un centro de IA global –con la ayuda de Microsoft–, y ya tienen una central nuclear en Barakah construida por empresas coreanas. En lo nuclear, Ryad procura ser transparente y que su plan tenga la aprobación de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA), y ya había tenido propuestas de apoyo técnico de países europeos y asiáticos.
El acuerdo con Ryad puede tener elementos que preocupan a sus vecinos. Uno es que los sauditas pretenden enriquecer por sí mismos el uranio –de sus propias minas–. Lo que plantea un problema: esta tecnología puede ser usada también con fines militares. Ryad parece estar presionando a EE.UU. para poder dominar el sistema de enriquecimiento.
Esto plantea desafíos desde el punto de vista de la proliferación nuclear. Normalmente las grandes potencias procuran limitar la proliferación de armas nucleares y de los países que las posean. Esto es también el gran desafío de la AIEA, que dirige el diplomático argentino Rafael Grossi. Por eso, se considera que EE.UU. debe asegurar rígidas medidas de seguridad en el programa atómico civil saudita. A pesar de esto, la posibilidad de que Arabia Saudita pudiera poseer un arma nuclear preocupa a potencias regionales como Turquía y Egipto, con el antecedente de que el príncipe saudita Mohammed bin Salman dijo alguna vez que si Irán –su rival regional– construye su bomba nuclear, Arabia Saudita necesitará la suya. Esto podría desencadenar una no querida carrera armamentista nuclear en una región ya muy volátil.
Los planes nucleares sauditas también preocupan a Israel, la única potencia atómica en Medio Oriente –aunque no declarada–. Irónicamente, el plan original era que este acuerdo fuera posterior a una normalización de las relaciones entre Arabia Saudita e Israel. Pero Ryad ha insistido en que una condición sea que Tel Aviv inicie el proceso para el establecimiento de un Estado palestino, lo que Israel no acepta. El escenario se ha complicado con la situación en Gaza. Que EE.UU. avance en este acuerdo –sin la participación de Israel– hace que Tel Aviv no pueda condicionar ciertos aspectos del trato, como que Ryad enriquezca su propio uranio, o lograr altísimos niveles de control. Una normalización de las relaciones hubiera hecho a este acuerdo más soportable y controlable para Israel.
Este acuerdo es a su vez una iniciativa de EE.UU. para limitar la influencia de China en Arabia Saudita, demostrada por el acuerdo logrado entre Ryad y Teherán, con mediación de Pekín. Washington se alejó de Ryad después del atentado de las Torres Gemelas, y China, Europa y Rusia han aumentado su influencia en esta importante potencia regional y miembro del G-20.

http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA

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