Leopoldo Lugones, el poeta que recurrió a la prosa para contar La Guerra Gaucha
El próximo miércoles se cumple el 150 aniversario del nacimiento del célebre escritor argentino
Roberto L. Elissalde
Sebastián Chiola , Ángel Magaña y Enrique Muiño en La guerra gaucha (1942)iEl próximo miércoles se conmemorará el sesquicentenario del nacimiento de Leopoldo Lugones, de quien afirmó León Rebollo Paz: “fue uno de los cerebros más robustos que fructificaron en tierra argentina. Tanto el Lugones anarquista de su juventud como el Lugones clerical de sus últimos años vivieron sirviendo y honrando al país de su nacimiento. Nadie como él cantó tan bellamente a la patria en el año de su centenario (Odas Seculares, El Libro de los paisajes). Nadie como él siguió cantándole en sus versos a las provincias, a sus pájaros, a sus ríos, a sus hombres esclarecidos. Nadie como él sintió tan adentro y tan hondamente su significación telúrica. Nadie como él la proclamó con más unción ni con más reverencia. Por todo eso, por la Historia de Sarmiento, por La Guerra Gaucha”, y porque él mismo, en su figura humana, era una expresión viviente de la historia argentina, fue designado miembro de número de la Academia Nacional de la Historia en 1936.
La Guerra Gaucha, publicado en 1905, fue su primer libro en prosa, narra las acciones sostenidas por las montoneras y las republiquetas en Salta y Jujuy, en todo el Alto Perú, entre 1814 y 1818 contra los ejércitos realistas. Como bien lo señala en el prólogo: “no es una historia, aunque sean históricos su concepto y su fondo”, a través de 22 episodios no hay fechas ni nombres o especificaciones de lugar, en esa guerra que “fue en verdad anónima como todas las grandes resistencias nacionales”. Por eso Lugones se impuso el silencio de los nombres, para no ser injusto con unos por elogiar a otros, sólo aparece el de Güemes cuatro veces, y en el episodio final; aunque es citado como “el caudillo gaucho” o “el jefe gaucho”.
Las descripciones, con sumo detalle, se deben a que el autor había recorrido esos escenarios para dar de ese modo un mayor conocimiento del paisaje y de la idiosincrasia de aquellas gentes, que al decir de su biógrafo y comprovinciano Efraín Bischoff “en Salta, Lugones se impregna de recuerdos e imágenes”.
Con apenas 20 años, Lugones llegó en julio de 1894 a Salta, donde su amigo Moisés Oliva le presentó a un grupo de jóvenes con inquietudes intelectuales con los que pasaron una noche en el cerro San Bernardo, observando aquella ciudad de 14.000 almas. Uno de ellos, Policarpo Daniel Romero, le dijo años después a su hijo, el historiador Carlos Romero Sosa: “nos enseñó a los salteños nuestro cerro tutelar”. El grupo lo integraban además Nicolás López Isasmendi y José María Leguizamón (padre del Cuchi) y supusieron que ese amanecer, es el que Lugones trasladó años después a las páginas de La Guerra Gaucha en el primer párrafo del capítulo final de su inmortal libro.
El relato nos muestra con crudeza lo que debieron pasar aquellos gauchos: “los chasques que corrían a pie avituallándose de coca; para la sed conocían ojos de agua ocultos y las raíces de yacen la suministraban; más la movilidad de aquel juego que demolía al español sin combatir”; y lo que debieron padecer por la falta de medios, como aquellas herraduras que no llegaban de Tucumán, o los caballos con “los lomos cavados de mataduras no sufrían ni las jergas; los corvejones plagados de alifafes se doblaban con dolorida impotencia. La falta de caballada, disponía de seiscientos animales, pero era tal su estado que no alcanzaban para montar ochenta hombres”.
Día del Escritor: por qué se celebra hoy y cómo festejarlo (con distanciamiento social) Leopoldo LugonesUno de los capítulos, “Carga”, describe un combate en el que las guerrillas gauchas arrasan el campamento de los realistas, utilizando caballos desbocados con fuego en sus colas, en “el chubasco de azotes, dos mil cuatrocientos cascos partieron, y entre silbos flagelantes y clamores que los insurrectos palmeándose la boca trocaban en ululatos, se precipitó la manada rajando la tierra, anudando en el boquete su torbellino”. Otro “Al rastro” recuerda a ese gaucho que va estudiando el terreno, mientras recuerda las coplas del carnaval que hablan del amor de dos jóvenes que se han conocido, romántico episodio que va contrastar en el relato cuando ese hombre conduce una carreta llena de pólvora, para hacerla explotar contra un batallón realista y luchando luego hasta perder la vida. El niño mensajero asesinado, o el cura que con el repique de las campanas enloquece a las partidas realistas.
El libro de Lugones sirvió de inspiración para la película homónima dirigida por Lucas Demare que se estrenó en 1942 y estuvo diecinueve semanas en cartel y se la consideró la más taquillera de su tiempo. La adaptación de la obra, estuvo a cargo de Homero Manzi y Ulises Petit de Murat, y según referencias de Homero Manzione -nieto del primero-, éste todas las noches visitaba algunos boliches, en los suburbios de Salta, y conversaba largamente con los lugareños. Tenía como objetivo, aún ya escrito el guion, reflejar con la mayor exactitud, modismos, costumbres y tradiciones, recogidas de la boca de esos gauchos, muchos descendientes de aquellos héroes anónimos de esa gesta conocida con La Guerra Gaucha, por la feliz inspiración de Leopoldo Lugones.
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Leopoldo Lugones, una vida de luces y sombras
A 83 años del suicidio del escritor argentino, la experta en su obra, Graciela Perrone, ex directora de la Biblioteca Nacional del Maestro, nos cuenta más sobre la gloria y repudio que supo cosechar el autor, de quien todavía se especulan las causas por las que decidió poner fin a su vida, el 18 de febrero de 1938
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¿Engaño amoroso, vergüenza social, repudio antidemocrático, la página en blanco? Muchas son las especulaciones de por qué se suicidó el escritor argentino, Leopoldo Lugones. Al momento de su muerte, había dejado sobre la mesa media botella de whisky, un artículo inconcluso y una carta que decía: “No puedo terminar el libro sobre Roca. Basta”. En El Tropezón, una pensión de la localidad de Tigre, sus pupilas comenzaron a dilatarse, la piel perdió temperatura y aumentó el ritmo cardíaco. Luego llegó la sensación de ahogo y quemazón. Las pulsaciones se volvieron lentas, y los labios, la cara, las extremidades se tornaron azulados. Lugones había bebido un vaso de whisky con cianuro y, así, puso fin a su vida, el 18 de febrero de 1938.
64 años antes de ese momento, Lugones había nacido en el norte de la provincia de Córdoba, el 13 de junio de 1874. Desde joven tuvo inquietudes intelectuales y políticas, lo que hizo que, hacia mediados de la década de 1890, organizara uno de los primeros clubes donde se discutieron muchas de las ideas socialistas del momento. En Buenos Aires, ya casado, fundó con José Ingenieros el diario La montaña y, desde allí, criticaron las ideologías de la política de Juan B. Justo.

(Retrato de Leopoldo Lugones).
Paralelamente, nació su vocación de escritor: compuso poesías, cuentos, relatos, ensayos y una novela. Entre ellos: La guerra gaucha; Odas seculares; Romances del río Seco; conferencias dedicadas al gaucho y al Martín Fierro, que se publicaron en 1916 con el título El payador, reivindicando al gaucho como una figura cantora y alegre, alejándose del gaucho de la queja de José Hernández. Su única novela fue El ángel de la sombra.
A la vez, y a partir de su prolífica obra, Lugones se convirtió en uno de los primeros en inaugurar el modernismo literario en Buenos Aires: aquella revitalización de la literatura que acompañaba el crecimiento urbano de la ciudad. El autor trabajó por la renovación y enriquecimiento del lenguaje, inspirado en el simbolismo europeo, como la obra de Victor Hugo. Por otra parte, todo el contexto histórico que le tocó vivir estuvo atravesado por la pregunta sobre la identidad argentina. Por eso creyó más que necesario construir un idioma nacional. Para él, la lengua era una de las cuestiones más importantes de la nacionalidad.
El rol de la escritor y el destino de la nación siempre fue un vínculo presente en muchos de sus poemas. Por ejemplo, “La voz contra la roca” -publicada en su libro Las montañas de oro (1897)-, expresa la llegada de un poeta, un “héroe elegido por Dios”, para transmitir su mensaje al pueblo: el devenir del nuevo mundo. Borges fue uno de los primeros en posicionar a Lugones como uno de los escritores imprescindibles de la literatura argentina.

(Leopoldo Lugones practicando esgrima).
Por otro lado, fue repudiado por sus ideas fascistas y antidemocráticas, al apoyar el golpe de Estado que fue encabezado por el general José Félix Uriburu. Lugones había bendecido la llamada “Hora de la espada” la que, para muchos de sus seguidores y contemporáneos, cobró más fuerza que su pluma.
Sobre su propio tiempo y el gobierno de Uriburu, Lugones expresó: “Ha sonado otra vez, para bien del mundo, la hora de la espada... Pacifismo, colectivismo, democracia, son sinónimos de la misma vacante que el destino ofrece al jefe predestinado, es decir, al hombre que manda por su derecho de mejor, con o sin ley, porque esta, como expresión de potencia, confúndese con su voluntad. (...) El ejército es la última aristocracia, vale decir la última posibilidad de organización jerárquica que nos resta entre la disolución demagógica”.
Más allá de las sombras que todavía pesan sobre la figura del escritor, sus luces literarias continúan brillando. Tal vez, en ciertos aspectos, la fortaleza de su pluma sigue conservando más poder que sus ideas de espada. A continuación, Graciela Perrone -socióloga, exdirectora de la Biblioteca Nacional de Maestros durante 25 años y experta en la obra de Leopoldo Lugones- nos acerca más a los vaivenes de la vida intelectual del autor, por quien hoy, cada 13 de junio, día de su nacimiento, se continúa celebrando el Día del Escritor.

(Lunario sentimental, poemario del escritor publicado en 1909).
-¿Cómo definirías la obra de Lugones?
-Lugones es un hombre hipertextual que construye su camino como escritor, político, educador, filólogo, bibliotecario y más. Desde su universo lector que comienza en las serranías de Ojo de Agua, transita vanguardias y los más diversos géneros literarios e ideologías. Su vida vertiginosa rueda impulsada por pasiones, mística y tensiones. Su mente brillante piensa con la ilusión de nuevos hombres y sociedades con educación, libros, un idioma popular y libertades, pero da traspiés que lo llevan a ostracismos sin retorno. Definir la obra de Lugones no solo abarca su producción literaria, sino sus tareas y escritos como burócrata de la educación y las innovaciones realizadas en la biblioteca que dirigió por 23 años para ofrecer libros y lecturas a los niños, docentes y ciudadanos que concurrían con asiduidad. No muchos lectores, críticos e investigadores de su prolífera pluma conocen las múltiples facetas de este hombre de acción, que en una suerte de constelación de vidas paralelas, mientras dirige la Biblioteca Nacional de Maestros, puede diseñar una reforma para la educación secundaria argentina, viajar como conferencista renombrado al exterior, representar a la ciencia argentina en Europa, escribir “El ejército de la Ilíada”, “Las horas doradas”, “El payador y cuentos fatales”, “El tamaño del espacio”, “El ángel de las sombras” y “La Grande Patria”, progresivamente volcarse a los incipientes fascismos europeos y proclamar la fatídica “Hora de la espada”.

La vanguardia de Lugones
Su obra quiere ser fundadora de una vanguardia literaria que supere la herencia hispanista y el modernismo de allende los mares y siente precedentes para el comienzo de la literatura moderna en nuestro país, con un castellano rioplatense que siente las bases semánticas de una patria grande.
Lugones es lectura devenida en escritura y acción. Sus ideas escriben políticas públicas en educación y arengas políticas. Como lo demuestran los materiales de su biblioteca privada, pone sus lentes en cuanta temática clásica o innovadora que llega a sus manos elegida cuidadosamente. Pero esa pasión por el conocimiento universal y nativo lo convierte también en un difusor de ideas como conferencista o catedrático, en un lector y escritor que piensa en los futuros lectores, cuando inaugura la sección infantil de la Biblioteca.
La obra de Lugones es prolífera en géneros y temáticas. Su prosa, su métrica y sus metáforas se entrecruzan con sus escritos, artículos y ensayos políticos que comienzan con su visión socialista desde el periódico La Montaña, sigue con La Tribuna integrándose “al orden conservador”, publica Mi beligerancia como último libro de inspiración republicana y comienza su giro hacia el fascismo con La grande Argentina y La patria fuerte.
Paralelamente, da rienda suelta a la narrativa, la poesía, la ciencia ficción, las historias biográficas, la lírica gauchesca, los estudios filológicos y su elevación del Martín Fierro como obra emblemática de la identidad nacional. Dos vértices de su escritura describen su intimidad amorosa: la obra de estilo recatado que dedica a su esposa, El libro fiel, y los poemas y cartas enviadas secretamente a su primera amante “Aglaura” donde Lugones libera el estilo de su pluma y abre su corazón a otro tipo de pasión. No hay genética de texto que lo explique.
-A diferencia de cómo fue recibido en su época, ¿creés que hoy es un autor un tanto olvidado?
-A pesar de que fue un escritor que marcaba su paso poniendo en jaque la influencia del hispanismo, generando obras de vanguardia que más tarde serían criticadas por los nuevos popes de la literatura argentina, Lugones es actualmente un autor muy olvidado para el lector en general. No está en la literatura que se lee en las escuelas. Por supuesto está presente en la universidad, la academia y en menor grado en la investigación. Las escuelas de literatura latinoamericana en el exterior lo estudian como literato y como fenómeno del “entre siglo” por su interés en la ciencia, el teosofismo y otras corrientes espiritualistas. Se encuentra en los catálogos de muchas bibliotecas, pero no se ven reediciones en los anaqueles de las librerías, no están sus obras completas, más allá de algunos intentos personales de expertos que han publicado parte de su obra. La soledad de su destierro intelectual y el encasillamiento de su figura por su viraje ideológico echaron sombra sobre el brillo literario de su prolífera pluma.

(Leopoldo Lugones, a la izquierda de Lisandro de latorre y el presidente de facto, José Félix Uriburu).
-Borges fue uno de los primeros en aclamar a Lugones como un gran escritor. ¿Por qué pensas que no logró superar las barreras del tiempo como sí hizo el autor de El Aleph?
-Para que los escritores logren superar las barreras del tiempo, sus obras deben trascender, deben tener compromiso con la realidad de su época y, por supuesto, un sello peculiar en su estilo y cadencia semántica que movilice al lector. Ambos Borges y Lugones superan esos cánones, además comparten zodíacos inventados por sus propios personajes, babeles, palabras y lecturas comunes. Pero en la cronología real, están separados por una placa generacional. Es que una pulsión muy diferente rigió sus vidas. Borges lee y escribe desde una biblioteca universal, desde una mixtura de mitologías y vivencias culturales que conforman un intelecto exquisito.
Lugones tiene calle, toma riesgos con su palabra y su hacer. Borges cabalga sobre Lugones como contra vanguardia para poder ser la nueva pluma argentina y desde allí se genera un movimiento de crítica a su sello literario que lo desgasta ante sus coetáneos. Finalmente Borges reconoce a Lugones como un maestro de las letras argentinas, pero Lugones muere y queda en el olvido sin historiografía que lo reescriba. Colaboró además una muerte grandilocuente que lo condena a no seguir escribiendo. En El Hacedor, Borges escribe su fantasía de visitarlo en su despacho para entregarle su última obra. ¿Qué hubiera sucedido con la obra de Lugones si él hubiera seguido con vida y continuado escribiendo? ¿Habrían ambos compartido el podio?
-¿Por qué deberíamos seguir leyéndolo? ¿Cuál es su actualidad? ¿Todavía puede decirnos algo?
-Por las mismas razones que se leen a quienes han marcado un giro en las vanguardias literarias, porque tiene obras para todos los gustos literarios. Y no hablo solo de su producción literaria, sino de sus otros escritos, artículos e informes. Quizás la densidad de su prosa y su frondoso vocabulario resulte un poco anticuado y un poco lejos de los estilos que hoy atraen a los lectores. Lugones puede decirnos que la lectura nos puede llevar a mundos inesperados fantásticos y reales, que la lectura nos compromete con nuestra realidad, y que debemos leer para hacer.
-Como toda persona que deja un legado a partir de su obra, hay muchos matices de luces y sombras. ¿Cuáles creés que son esos lugares de oscuridad en la vida y obra del autor?
-Los virajes ideológicos expresados en escritos y acciones hicieron que sus admiradores se convirtieran en enemigos. La decepción por no concretar sus anhelos de poder llegar a generar cambios en su patria, ya sea por su pluma o su participación política, provocó una severa depresión, agravada quizás por las actitudes de su hijo Leopoldo, que arrasó con su vida privada, fue pederasta y violador, y como Inspector General de la Policía introdujo nuevas formas de tortura como la picana eléctrica. ¿Sombras en su obra? Eso dependerá de la lente con que lo mida el experto o la apreciación que sienta el lector. Borges pensaba que mucha de la prosa lugoniana todavía no se había desprendido de la influencia hispanista, y tenía un tinte anticuado, aunque aseveraba que su obra en conjunto era una de las mayores aventuras del idioma español.

-¿Una recomendación para quienes todavía no leyeron la obra de Lugones?
-Me gusta Las fuerzas extrañas; Cuentos fatales; Romances del Río Seco; Lunario sentimental; El ángel de las sombra, y su poemario romántico. Recomiendo que busquen sus obras en la Biblioteca Digital de la Biblioteca Nacional de Maestros.
http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA
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