miércoles, 12 de junio de 2024

GRABOIS Y OPINIÓN


Casas ocupadas y sin terminar: el barrio que llevó a Grabois a la Justicia
Son cuatro manzanas con viviendas que están inconclusas; eran financiadas por el FISU, administrado por el dirigente social
Darío PalavecinoLos investigadores no pudieron encontrar el listado de beneficiarios del barrio mara sosti
MAR DEL PLATA.– Salió el sol después de las intensas lluvias del fin de semana y los tendales están cargados de ropa al costado de las casas, todas sin terminar. Algunas incluso no tienen puertas, que son las pocas vacías. Otras están cerradas, pero con bloques de ladrillo en las paredes, como una precaria e inicial terminación. Y unas pocas aparecen encaminadas: son las de quienes con mano de obra y recursos propios se animaron a completarlas y entraron al barrio para quedarse.
Las casas están repartidas en cuatro manzanas que nacieron como un plan de desarrollo de servicios urbanos. Las obras se paralizaron por recursos públicos que nunca llegaron. Hoy son pura precariedad. El cartel colocado al frente del complejo da cuenta del objetivo y de los responsables originales.
No menciona casas, sino un total de “64 lotes con servicios” y, además, la construcción en ese predio de un polideportivo cubierto y un playón, también para práctica deportiva, a cielo abierto. Nada está terminado. Resalta al pie que el proyecto se encara desde el Fondo de Integración Socio Urbana (FISU), que dependía del entonces Ministerio de Desarrollo Social y con participación de organizaciones sociales. El FISU es la herramienta fiduciaria que quedó envuelta en polémica tras descubrirse que los fondos eran administrados por dirigentes ligados a Juan Grabois y derivó en denuncias judiciales por su falta de control.
El fiscal federal Juan Manuel Pettigiani denunció que se investigue por administración fraudulenta y defraudación a Juan Grabois, dirigente del Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE), a quien señala como gestor ante el gobierno nacional de los millonarios fondos que no se ven cristalizados en las obras comprometidas. “Sin él no puede entenderse ni habría podido concretarse”, asegura.
“La malversación queda expuesta cuando los propios organismos alimentan lo que se pretendía modificar con los cuantiosos recursos asignados al FISU y al plan Casa Propia: barrios indignos con casas indignas”, describió el funcionario, y remarca: “Lo único que hace es enterrarlas (a las personas) aún más en la pobreza y en la indignidad”.
La presentación del fiscal general ante el Tribunal Oral en lo Criminal Federal en Mar del Plata derivó en principio, por jurisdicción y sorteo, en el juzgado de Julián Ercolini. El magistrado se consideró incompetente y envió el expediente a su colega marplatense Santiago Inchausti, que acaba de tomar idéntica posición al entender que era incompetente. Transcurridos tres meses, la causa sigue sin juez. Ahora está otra vez en el despacho de Ercolini, a la espera de un destino que deberá definir la Cámara de Casación.
La recorrida por esas cuatro manzanas delimitadas por la avenida Fortunato de la Plaza, Arana y Goiri, Camusso y Namuncurá permite confirmar que aún no cuentan con conexiones habilitadas de ninguno de los servicios. Según vecinos del lugar contactados por han logrado montar de manera precaria una red para disponer de energía eléctrica y agua potable.
“Gas, por ahora no”, coinciden, mientras se ven las terminales de conexión a la vista, en el frente de las construcciones más avanzadas. El predio está alambrado en casi todo su perímetro. Esas calles internas están mejoradas con piedra y son difíciles de transitar por las lluvias del fin de semana. Hay cuatro accesos de uso público para ingresar con vehículos. En uno de ellos está apostado un móvil policial. “Había dos, quedó uno solo”, confió un vecino, y explicó que esa guardia intenta evitar nuevas tomas u ocupaciones de esas construcciones que, aun sin ventanas ni puertas, se llenaron de habitantes en muy poco tiempo.
“No había ningún registro establecido o a la vista que detallara quiénes eran los beneficiarios de esas casas”, coincidieron una pareja que ya vive allí y un vecino que se había involucrado en averiguar cómo se accedía a esas unidades. El complejo, como ya informó
eligió como destino estas tierras que son donación de Patricio Peralta Ramos, fundador de Mar del Plata, que un 11 de enero de 1894, hace 130 años, reservó allí una parcela de 200 por 300 metros con destino a edificios públicos. “Para escuela rural”, aclara el escrito presentado ante un escribano de gobierno. En dos manzanas linderas, parte de ese aporte voluntario, ya funcionan la Escuela Primaria 50, la Secundaria 19 y el Jardín de Infantes 922.

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De Milei al kirchnerismo, el bloqueo argentino y la política de la crueldad
Luciana VázquezMartín Lousteau y Cristina Kirchner


No solo Javier Milei acaba de cumplir seis meses en el gobierno. También la oposición cerró el balance de su primer semestre de acción política del otro lado del mostrador. Como nunca antes, la gestión presidencial no puede escindirse de los cambios y del funcionamiento que se están dando en la oposición: la condición de minoría extrema del mileísmo en el Congreso le deja a la oposición legislativa un rol cuasi ejecutivo inédito y con posibles efectos colaterales para la misma oposición. Por obstrucción o por acción con amplio alcance, como con la media sanción de la nueva movilidad jubilatoria en Diputados, la oposición le marca la cancha a la presidencia de Milei. Por momentos, el poder de la oposición más dura y no tanto se presenta como mayor que el del Poder Ejecutivo. Legislar, o impedirlo, es gobernar.
Esta Argentina 2024 trae condicionamientos únicos para un gobierno nacional también único, por el nivel de su debilidad parlamentaria y por su nivel de inexperiencia política y de gestión, entre otras cosas, pero también trae consecuencias para la oposición. Confiada en que el gobierno de Milei afronta una primera crisis profunda, la oposición más dura cree que llegó el momento de endurecer posturas. Las declaraciones del jefe del bloque de Unión por la Patria en Diputados, Germán Martínez, son elocuentes: “Milei viene perdiendo consenso social y es más factible construir mayorías parlamentarias”, dijo hace dos días.
No solo poner freno a las pretensiones legislativas de Milei o, directamente, bloquear las leyes que llegan desde el Ejecutivo, sino también activar leyes propias cuando todavía no hay ninguna ley del Ejecutivo: la oposición legislativa se mueve en toda la cancha de posibilidades que le da su fortaleza en el Congreso. Detrás de esa estrategia, hay dos creencias: que Milei está perdiendo apoyo popular y que renace la esperanza de una oportunidad de representación para la oposición. La dureza ante los planes de Milei sería la mejor táctica para aprovechar esos vientos. Como si acentuar las contradicciones del capitalismo mileísta condujera a una posibilidad real de recuperar el vínculo perdido con la opinión pública. Eso no está tan claro. También hay paradojas: a veces la debilidad, de Milei en este caso, da poder ante la percepción de la opinión pública.
El tiro puede salir por la culata y puede dispararse en 2025, con una ciudadanía que, en las elecciones de mitad de mandato, responsabilice a la oposición dura y a la endurecida de los eventuales tropiezos, o fracasos, de la gestión actual aún más que al mismo Gobierno. La noción de “casta” versus cambio como respuesta al callejón sin salida de la Argentina. “Basta ya. Que lo dejen gobernar”, dice un alto ejecutivo de una multinacional con décadas en la Argentina, ubicado en las antípodas de Milei, sobre las trabas para la Ley Bases. “Le van a terminar dando una coartada a Milei para ir contra el Congreso como hizo Bukele, o por lo menos intentarlo”, se preocupa. ¿Una exageración?
Por eso en este primer semestre de gobierno mileísta hay cosas para analizar de uno y otro lado de esa línea que divide al oficialismo y a los distintos tipo de opositores.
Del lado de la oposición, el tablero político que se viene consolidando desde diciembre dio lugar a cuatro especímenes dentro de la fauna que quedó fuera de juego con el cimbronazo electoral de 2023. Por un lado, el kirchnerismo duro se instaló sin vueltas en una identidad obstruccionista. El rechazo en bloque a todos y cada uno de los incisos de la ley ómnibus y luego de la Ley Bases y el paquete fiscal o la propuesta de una movilidad jubilatoria propia, más cara fiscalmente que la que salió de Diputados, son el dato más evidente. Es el modelo Máximo Kirchner que nació durante su propio gobierno, el de Alberto Fernández y su madre, Cristina Kirchner: fue uno de los 28 diputados del kirchnerismo que votaron en contra del acuerdo con el FMI en marzo de 2022. El obstruccionismo anti-Milei es una deriva natural de aquel obstruccionismo a su propio oficialismo, ahora más extendido a toda la bancada kirchnerista en esta realidad de opositores. Muy lejos del papel de oposición colaborativa de 2016, en el primer año de gobierno de Mauricio Macri, cuando Miguel Pichetto y parte del kirchnerismo en el Congreso funcionaron como legisladores escandinavos. El kirchnerismo había sido derrotado, y pensó que para siempre: las derrotas históricas disciplinan.
El posicionamiento duro de hoy está amparado en la idea de que volver no está tan lejos, ya lo hicieron una vez en 2019, y en una pretensión político-moral: a los ojos del kirchnerismo y su base de votantes más fiel, la gestión de Milei se sintetiza en la categoría de “crueldad”. Para el kirchnerismo, el shock a la Milei es una seguidilla de actos de gobierno sostenidos por la crueldad intrínseca de Milei y su visión del mundo. La crisis del reparto de alimentos de las últimas semanas es el punto culminante de esa interpretación producida dentro de ese marco moralizador. A la política de la crueldad de Milei se le opondría una política humanista de parte del kirchnerismo. La añoranza por un Sergio Massa presidente que circuló en redes sociales en el pico de la crisis del Ministerio de Capital Humano es parte de esa autopercepción: Massa habría hecho algo de lo mismo, pero con más amor, es decir, distribución de emisión. La oposición kirchnecarista cree que volvió 2023 y vuelve a tener otra oportunidad. El riesgo es que esté pasando demasiado rápido de la etapa de autocrítica y revisión de sus postulados y dirigentes luego de la derrota.
Como en las semanas previas al balotaje de 2023, el kirchnerismo y el filokirchnerismo se mueven con la certeza de que militar para exponer los pasos en falso del Gobierno es el camino hacia el reencuentro con sus representados. No funcionó en 2023. No está claro que funcione hoy. El kirchnerismo cree así crear futuro, el propio, que se basa en borronear el peso de su pasado.
El relato y el pasado
Desde el oficialismo, el relato vuelve insistentemente al pasado kirchnerista como fábrica de pobres, de pobreza y de una Argentina sin salida y a las reformas que pretende Milei como una respuesta de calidad moral superior. La Argentina modelo 2024 sigue bloqueada ante la misma encrucijada que en 2023. Una puja por la opinión pública entre dos modelos de la política de la crueldad: el que ve un gradualismo de la crueldad en las décadas kirchneristas y el que ve el shock de la crueldad en el semestre de Milei. La puja es por la relación causa-efecto. Por ahora, pierde el kirchnerismo.
Por el lado de la otra oposición, la que al principio del gobierno de Milei quedó resumida en la categoría “oposición dialoguista”, seis meses después también ofrece nuevos especímenes. Está la oposición “dialoguista pero cada vez menos” de parte de lo que se empieza a identificar cada vez más como “los radicales de Lousteau”. El acercamiento entre Lousteau y los Kirchner es un dato político que resuena insistentemente. De una mirada comprensiva de la pesada herencia, Lousteau pasó a presentar proyecto propio de ley y liderar la alianza con el kirchnerismo en el tema jubilatorio. La “oposición dialoguista pero no tanto” de Miguel Pichetto y Hacemos Coalición Federal también tensó su relación con el Gobierno y acompañó el tema jubilatorio. En su hipercomprensión del juego del poder, Pichetto fue más fiel a las jubilaciones de privilegio para presidentes que al rechazo de la gente a esos privilegios. La Coalición CíviLA (CC) y Pro son los que menos se movieron de sus posiciones iniciales respecto de Milei: en el caso de la CC, manteniendo su distancia. En el caso tanto del Pro de Macri como el de Bullrich, en su rol de “dialoguista hasta la fusión”, cada uno a su manera.
Uno de los datos más relevantes del escenario opositor es la extinción de Juntos por el Cambio (JxC). Es el mayor dilema que enfrenta el gobierno de Milei: necesitó que JxC se vaciara de contenido en 2023 para quedarse con su electorado y tenerlo como aliado contra el kirchnerismo. Y ahora que lo necesita como aliado legislativo, las filas adelgazadas Pro, el único remanente de JxC que lo acompaña, no le son suficientes para aprobar leyes.
A los opositores duros y menos dialoguistas de todos los pelajes les pesa el pasado. En ese escenario, hay una pregunta con respuesta pendiente: ¿cuándo el legado kirchnerista empieza a quedar atrás y se reinicia la cercanía con la gente? ¿Cuándo Milei empieza a crear su legado y empieza su distanciamiento de la opinión pública? Milei ya acumula un pasado propio de decisiones cuestionables. Los encuestadores dejaron de ser unánimes en la detección de un porcentaje de apoyo clavado en el 55 por ciento del balotaje. Algunos lo dan a la baja.
No es tan evidente, en cambio, que el kirchnerismo vaya alivianando su mochila de responsabilidades: lo complican, además, el peso de su carga, la cantidad de años de gestión, casi dos décadas, y una última de oportunidad, el gobierno de los Fernández, que condujeron a la Argentina al callejón sin salida. Pichetto y Lousteau, con roles centrales en las distintas etapas kirchneristas, corren el riesgo de sumar el peso de sus pasados más que el aire fresco de una alianza de centro.
A Milei lo salva, por ahora, un pasado más liviano: seis meses de errores entre algunos aciertos claves como la contención de la inflación y el dólar, los dos termómetros de la incertidumbre argentina. ¿Para cuánto le alcanza? El momento exacto en que la ciudadanía toma distancia y mira hacia otro lado en busca de representación es cada vez más imprevisible. La crisis actual del Gobierno no lo ayuda.

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