miércoles, 14 de agosto de 2024

Cary Grant fue uno de los más destacados actores de la era de oro de Hollywood




El legendario galán que dejó atrás el desamparo de la infancia, acumuló fracasos matrimoniales y ocultó su vida secreta
Detrás de la elegancia y la sofisticación de Cary Grant se escondía el dolor de una infancia de pobreza y desamparo
Cary Grant fue uno de los más destacados actores de la era de oro de Hollywood cuya historia real estaba repleta de traumas causados por el supuesto abandono y muerte de su madre
Natalia Trzenko
En los últimos años de su vida, cuando le preguntaban qué le gustaría que dijera su epitafio, Archibald Alexander Leach tenía una respuesta siempre lista: “Era un tipo con suerte, y él lo sabía”. Una frase perfecta para describir una vida que comenzó en la pobreza, en un hogar de clase trabajadora en Bristol, Inglaterra a comienzos del siglo XX, y terminó en el pináculo de la fama y la riqueza en la soleada California. Fue un ídolo del cine que supo ponerle elegancia y humor a cada uno de los personajes que representó; sobre todo al más reconocido de todos, un tal Cary Grant.
La adorable revoltosa, la maravillosa comedia romántica encabezada por Cary Grant y Katharine Hepburn
A 120 años del nacimiento del actor que brilló en la era dorada de la comedia romántica y fue el perfecto protagonista de las intrigas más sofisticadas de Alfred Hitchcock, su historia sigue siendo uno de los mejores relatos de transformación y éxito que Hollywood haya creado.
Solo la “fábrica de sueños” podía convertir al desamparado Archie en el despampanante Cary. Especialmente dados sus primeros años en Inglaterra como el hijo de Elias y Elsie Leach, una pareja de obreros textiles que, al tiempo de su nacimiento, en 1904, estaban en pleno duelo por la muerte de su primer hijo. Y tal vez por eso no estaban especialmente atentos al pequeño Archie, librado a su suerte desde la primera infancia, un estado de situación que empeoró notablemente cuando a los nueve años su padre le informó que su madre se había ido lejos a pasar unas largas vacaciones y luego que había muerto. Pero no estaba muerta: Elsie había sido internada en una institución mental en la que pasaría las siguientes dos décadas de su vida, hasta que a los 31 años Archie, para ese momento ya rebautizado Cary Grant, se enteró de la mentira de su padre y logró reencontrarse con ella.
Durante su infancia el actor creía que su madre había muerto y recién cuando tenía 31 años, se enteró que en realidad llevaba más de dos décadas internada en un sanatorio psiquiátrico
Semejante trauma, azuzado por la falta de afecto que recibió de su abuela paterna, encargada de criarlo, hizo que el chico buscara un escape. Y lo encontró en el circo. Primero aprendió algunos trucos de acrobacia y a caminar con zancos, una habilidad que a los 14 años le ganó un lugar en una troupe de artistas itinerantes con los que recorría Inglaterra luego de haber sido expulsado del colegio. Alto, atlético y apuesto, luego de una gira que lo llevó a los Estados Unidos, Grant logró que lo contrataran en el teatro Hippodrome de Nueva York. Convencido de que su lugar estaba en el vodevil, Grant se pasó casi una década actuando y aceptando empleos diversos para poder comer: fue un integrante del público en las presentaciones de “mentalistas” que prometían leer su mente, atendió un puesto en el parque de diversiones de Coney Island (allí aprovechaba su habilidad con los zancos para entretener a los visitantes) y hasta se ofrecía como invitado pago en distinguidas cenas neoyorquinas.
Algunos de los cuentos sobre sus actividades en aquellos años también insinuaban que el galán podría haber trabajado como gigoló, un rumor nunca comprobado. Lo que sí está documentado es que con el tiempo, pasó del vodevil a los musicales y que su persistencia dio sus frutos cuando lo contrataron para protagonizar uno en Broadway. Su papel como el joven enamorado en la obra Nikki llamó la atención de los estudios de Hollywood, siempre en busca de de nuevos rostros.
Lejos de impresionar a los ejecutivos que más tarde se rendirían a sus pies, su primera prueba de cámara para los productores de Fox fue un fracaso: luego de ver su imagen sentenciaron que su cuello era demasiado grueso y sus piernas demasiado chuecas para aparecer en pantalla. Curtido por los rechazos, el actor decidió insistir hasta que logró que los estudios Paramount le ofrecieran un contrato de cinco años y un cambio de nombre: Archie Leach, le dijeron, no sonaba a protagonista, algo con lo que él estuvo inmediatamente de acuerdo. Y así nació Cary Grant quien, con el tiempo, sería sinónimo de galán, un modelo por seguir por los intérpretes que vendrían después y hasta nuestros días.
Instalado en Los Ángeles, luego de algunas participaciones secundarias en películas del montón, la legendaria Mae West lo eligió para que la acompañara en la comedia Lady Lou (1933), y su carrera empezó a avanzar. Recién con el film La pícara puritana (1937), que encontró su lugar en la industria gracias a una seguidilla de comedias románticas excepcionales: La adorable revoltosa (1938), Ayuno de amor (1939) y Pecadora equivocada (1940).
Cary Grant y Audrey Hepburn en Charada, uno de sus últimos films
A medida que su vida profesional florecía, los viejos fantasmas de la infancia perseguían a Archie, por más que todos lo llamaran Cary y hasta él mismo empezara a olvidar su complicado pasado. El final de su conflictivo primer matrimonio con la actriz Virginia Cherrill, según él mismo admitió décadas después, tenía origen en el supuesto abandono de su madre. El mismo motivo que, alegaba, había precipitado la implosión de sus siguientes tres pasadas por el Registro Civil.
Más allá de sus problemas emocionales, esos que años más tarde trataría con novedosas sesiones terapéuticas infusionadas con ácido lisérgico recetado por su doctor, la vida privada del actor fue especialmente turbulenta. En el pico de su popularidad decidió volver a pasar por el altar de la manera más pública posible: en 1942 se casó con Barbara Hutton, considerada entonces como una de las mujeres más ricas del mundo. La heredera del imperio de tiendas Woolworth le llevaba un matrimonio y tantos millones de ventaja que Grant decidió firmar un contrato prematrimonial que lo dejó fuera de cualquier compensación o posible herencia de su nueva mujer. Todo para que nadie pensara que se casaba con ella por interés. Lo que muchos no sabían era que más allá de su relación amorosa, el actor sí tenía un motivo secreto para acercarse a Hutton.
Agente al servicio de su majestad
La famosa escena de persecución de Intriga internacional, una de las imágenes más recordadas de la carrera de Grant
Durante sus años en Hollywood, los rumores sobre la vida íntima de Grant eran constantes y persistentes: a su supuesto pasado como caballero de compañía, se le sumaba el de su aparente romance con el actor Randolph Scott. Lo que nadie mencionaba, el secreto que se llevó a la tumba, fue que durante la Segunda Guerra Mundial, el protagonista de Intriga internacional de Alfred Hitchcock había sido espía para el servicio secreto británico en Hollywood. Según una biografía del actor publicada en 1996, su accionar durante el conflicto bélico quedó registrado en los archivos de sir William Stephenson, jefe de la unidad de cooperación de seguridad del Reino Unido en los Estados.
Allí figura que Grant estaba en constante contacto con el funcionario, que había solicitado su ayuda para obtener información sobre posibles actividades nazis en la meca del cine. Debía prestar especial atención a estrellas como Gary Cooper y Errol Flynn, sospechosos de simpatizar con el Tercer Reich. Otro de sus objetivos era Hutton, quien al principio de la guerra estaba casada con el príncipe alemán Kurt von Haugwitz-Reventlow.
Aunque terminó casándose él con Hutton luego del divorcio, las diligencias del actor resultaron lo suficiente valiosas para los esfuerzos de guerra como para que en 1947 le otorgaran la medalla a la libertad (había donado además los salarios que cobró por sus dos de sus películas más exitosas: Pecadora equivocada y Ayuno de amor).
Curiosamente, su vínculo con el servicio secreto británico estuvo cerca de reflejarse en la pantalla grande: Albert R. Broccoli, el histórico productor responsable de llevar las novelas de Ian Fleming al cine, era amigo de Grant y fue a quien primero le ofreció el papel de James Bond. En principio el actor aceptó la propuesta aunque con una condición: pidió que debido a su edad, 58 años, su contrato fuera solo por una película. Seguros -con mucha razón-, que la saga del espía británico se extendería mucho más allá de su film debut, los productores decidieron cambiar de protagonista y contratar a Sean Connery.
Sophia Loren y Cary Grant en los ensayos del film El orgullo y la pasión (1957)
Lo cierto es que Grant no lamentó demasiado la pérdida de ese trabajo. Para aquel entonces su interés por el cine ya menguaba. Famoso en la industria por su buen ojo para los negocios -fue la primera estrella en negociar sus propios contratos con un porcentaje en las ganancias de sus películas-, y sus modos frugales, el actor estaba más preocupado por resolver sus viejos traumas y sus enredos amorosos que en pararse frente a las cámaras.
Tras su romance apasionado pero trunco con Sophia Loren y el final de su matrimonio número tres, Grant declaró que se retiraba de la actuación para dedicarse a ser empresario, y a cuidar de su eterno bronceado. Una promesa que cumplió a partir de 1966, tras el nacimiento de Jennifer, su única hija, fruto de su relación con la actriz Dyan Cannon, con la que se casó en 1965 cuando él tenía 61 años y ella 28.
Cary Grant junto a Dyan Cannon, su cuarta esposa, y Jennifer, su única hijaThe Grosby Group
La pareja no duró demasiado tiempo pero el compromiso con la paternidad cambió completamente la vida de Grant. Llamaba a su hija “su mejor producción”. “Mi vida cambió el día que nació Jennifer. Me hizo pensar que la razón por la que estamos en este mundo es para procrear, para dejar algo cuando nos hayamos ido. En mi caso, algo que no sea los films que hice, porque no creo que mis películas vayan a recordarse una vez que me haya ido. Pero otro ser humano, eso es lo importante”, decía el actor en 1977 en un reportaje con The New York Times, nueve años antes de morir, en los minutos previos a su salida a escena en el unipersonal Una noche con Cary Grant, el papel que Archibald Alexander Leach mejor interpretó.

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