La exfábrica que nació como panadería y se consagró con una receta simple que conquistó a los argentinos
La ex Fábrica Canale
El genovés José Canale supo destacarse por las exquisitas elaboraciones de su panadería, pero su hijo Amadeo lo superó con los famosos bizcochos Canale. El éxito rotundo del producto que elaboró llevó a la familia a levantar una gran planta frente al Parque Lezama.
Silvina Vitale
Ubicado en la esquina de Defensa y Cochabamba, el local que había instalado José Canale hacia 1875 pasaba desapercibido en la pujante ciudad que ya era Buenos Aires. Sin embargo, la panadería de este inmigrante genovés empezaría a tomar notoriedad por sus deliciosas preparaciones y se haría famosa más de dos décadas después por una receta inolvidable para el paladar porteño y luego de los argentinos.
Canale tuvo cinco hijos con Blanca Vaccaro, que continuaron con el negocio familiar junto a su madre cuando el fundador del negocio falleció a los 40 años, en 1886. Uno de ellos, Amadeo, sería quien crearía un bizcocho elaborado con harina, azúcar, manteca, huevos y semolín que lanzó en 1901 y se convirtió en el sello de la marca. Los “bizcochos Canale” tuvieron tanta demanda que enseguida la panadería les quedó chica y entonces decidieron instalar una fábrica en la actual calle Dr. Finochietto 625, que tampoco les fue funcional. Fue entonces que para atender la gran demanda que tenían sus productos pensaron en construir la gran fábrica que necesitaban frente al Parque Lezama.
El encargado de diseñar la edificación de tres plantas –que para esos tiempos se consideró muy moderna– fue Humberto, otro de los hijos de José Canale, quien se había recibido de ingeniero civil. La obra comenzó en 1906 y estuvo terminada para los festejos del Centenario de la Revolución de Mayo en 1910.
La construcción, que se ubicó en la avenida Martín García al 300, tuvo en cuenta las exigencias de higiene de la época e incluyó pisos de baldosas, mesadas de mármol, paredes revestidas en mayólicas y hornos con azulejos policromados. Además, contaba con elementos innovadores como un montacargas eléctrico de gran porte y modernas cintas transportadoras.
Sobre su arquitectura, explica Fernando Luis Martínez Nespral, director del Instituto de Arte Americano e Investigaciones Estéticas Mario Buschiazzo, perteneciente a la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Buenos Aires (FADU-UBA), que el edificio de la fábrica fue construido en un estilo ecléctico-academicista, popularmente conocido como “estilo francés” porque sus pautas se establecían en la Academia de Bellas Artes de París.
El edificio donde funcionó la fábrica se empezó a construir en 1906Según detalla, este tiene como principales características la simetría en las fachadas que se enfatiza con accesos ubicados en el centro de la misma y destacando ese sector central con un volumen de mayor altura, ornamentaciones o volúmenes diferenciados. En algunos edificios se ejemplifica con cúpulas o torres, pero, en este caso, se trata de un volumen más elevado con el nombre de la empresa. Otra particularidad de este estilo es que se trata de una composición tripartita, es decir, se destaca el centro, pero también los extremos como sucede con el Congreso Nacional. En tanto que en la planta Canale se manifiesta con dos torres con cupulines en los extremos que cumplen la función de resaltar esos laterales y componer una fachada con tres puntos sobresalientes.
Otro elemento típico del estilo son los ventanales ovales, que también coinciden con los puntos destacados de la fachada. Por último, en esta construcción se ven insertos, dentro del esquema ecléctico, ciertos elementos del art nouveau como la tipografía de los carteles de Canale y ornamentaciones, por ejemplo, un rombo con tres líneas que descienden, que aparecen en varios puntos. “Hay que tener en cuenta que el art nouveau era lo más moderno para 1910 y no es casual que una fábrica eligiera incluir una forma moderna para su tiempo, como una manera de mostrar que se trata de una empresa de avanzada, que trae lo nuevo”, señala Fernández Nespral.
Auge industrial
Según explica Lucas Yáñez, profesor de Historia y miembro de la Junta de Estudios Históricos de Barracas, el territorio conocido como Barracas debe su nombre a la instalación de depósitos a la vera del Riachuelo que eran utilizados para el almacenamiento de las materias primas que se exportaban hacia los centros industriales europeos para su elaboración y transformación en manufacturas. “Esas mismas manufacturas, junto con otras, también se almacenaban en esos depósitos, llamados barracas, antes de ser distribuidas en la ciudad de Buenos Aires y en el resto de las provincias. La ubicación de este territorio era, de alguna manera, estratégica ya que ese era el puerto natural de la ciudad, puerta de entrada y salida a buena parte de nuestro país”, asegura.
Sin embargo, cuando esas barracas cayeron en desuso por el traslado del puerto o por la disminución en el tráfico comercial, sus terrenos fueron aprovechados para construir allí mismo talleres y fábricas que determinaron el origen de la primera etapa de industrialización nacional por sustitución de importaciones.
Cuenta Yáñez que la fábrica Canale, construida entre 1906 y 1910, se enmarcó en esa dinámica, favorecida, a su vez, por ser una industria de las llamadas livianas, como la alimenticia. “Tenía la ventaja de que nuestro país es productor de las materias primas como cereales, azúcar, frutas, que esa industria requiere para la elaboración de sus productos. De ahí que Barracas contaría con tantos exponentes del rubro como Canale, Bagley, Aguila Saint, Noel, entre otras más pequeñas”, señala.
Y reconoce que la cercanía con el puerto también favorecía otro aspecto que era el de la mano de obra. “Los inmigrantes que llegaban al mismo puerto, se instalaban en los conventillos de La Boca y Barracas y se insertaban en el mercado laboral en esas fábricas, lo que hacía de nuestro territorio un barrio obrero, popular, con características propias”, sostiene.
Respecto al contexto económico, el profesor de historia asegura que en 1910 el modelo agroexportador estaba en su apogeo. “Las exportaciones de cereales y lana aumentaban, así como también lo hacía la carne congelada. Las industrias también crecían sobre todo la de la carne, con la instalación de nuevos frigoríficos en la orilla sur del Riachuelo, de capitales británicos y norteamericanos. Con los frigoríficos en punta, la industria de la alimentación disputaba palmo a palmo el primer lugar del podio industrializador en Argentina a la industria textil. Con la salvedad de que la carne congelada y la lana eran productos destinados mayormente al mercado externo”, dice.
La panadería fundacional, en la esquina de Cochabamba y DefensaEn ese contexto, Canale se orientaba a abastecer al mercado interno incrementando y diversificando la producción con nuevos productos para los cuales era necesario contar con un establecimiento de envergadura. A su vez, la expansión de la red de ferrocarriles permitía que la fábrica recibiera insumos de regiones hasta entonces alejadas como Cuyo y la Patagonia.
“La contracara de la expansión de la macroeconomía fue la escasa distribución de la renta entre los sectores asalariados. La expansión del mercado laboral por la afluencia de inmigrantes hizo que las condiciones laborales fueran malas y los jornales escasos. No es de extrañar que el período sea pletórico de conflictos por demandas del mundo del trabajo, principalmente la reducción de la jornada laboral a ocho horas, la prohibición del trabajo infantil, la supresión de la modalidad del trabajo a destajo y el aumento del salario”, explica.
A su vez sostiene que tampoco resulta extraño que fuera en este territorio donde se instalaban las industrias y confluían miles de trabajadoras y trabajadores, el contexto en el que surgiera el primer diputado socialista de nuestro país y de América, Alfredo L. Palacios, quien se dio a la tarea de presentar gran cantidad de proyectos de ley para el mejoramiento de las condiciones laborales.
Más éxitos y un agónico final
Además de los bizcochos que se vendían en las famosas latas, otro producto que marcó el éxito de la fábrica fue el pan dulce elaborado también por Amadeo, bajo una receta bien genovesa con una masa húmeda que fue la delicia de los festejos navideños y de Fin de Año. La oferta de productos bajo la marca Viuda de Canale e Hijos SA se amplió y a partir de la Segunda Guerra Mundial alcanzó otras categorías de producto como fideos, galletitas, mermeladas y enlatados. La fábrica tenía turnos de producción y más de 3500 empleados. Más adelante en el tiempo, otro de los productos Canale que se ganó a los consumidores fueron las Cerealitas que la marca lanzó al mercado en 1970, también con una propuesta innovadora que incorporaba cereales a las galletitas.
Cabe destacar que, en 1985, la planta sufrió un incendio que repercutió en su producción. Rodolfo Canale, bisnieto del fundador, fue el último presidente de la compañía que fue vendida en 1995 a Socma (empresa de la familia Macri), que unos años más tarde la vendió al grupo multinacional norteamericano Nabisco. Más tarde pasó a Kraft, hoy Mondelez. Sin embargo, con el correr de los años muchos de sus productos estrella dejaron de producirse como los bizcochos, el gran invento que casi alcanzó los 100 años. Asimismo, otros fueron vendidos a distintas empresas; la gran marca sufrió una importante subdivisión que hizo que su esencia no se mantuviera. Bajó las persianas de Barracas en el 2000.
Tal como señala Yáñez, el cierre se vivió como una larga agonía. “Se perdieron los aromas dulces que flotaban en el aire cuando los hornos estaban encendidos”, añade.
“Pero también se perdió una boca de comercialización directa para vecinas y vecinos que podían acercarse a uno de los ingresos de la avenida Martín García y adquirir productos Canale a un precio casi directo de fábrica. También era posible adquirir galletitas partidas o productos con fallas de empaque a un precio más barato”, cuenta.
Respecto de esa zona pujante de fábricas y trabajadores que supo ser Barracas asegura: “Cuando caminamos el barrio nos encontramos con las huellas de un pasado industrial que generaba trabajo para miles de obreras y obreros y hoy son cáscaras vacías”.
En 2012, comenzó el plan para reconvertir la antigua fábrica y alojar allí distintas dependencias del Gobierno porteño. La planta, que pasó a llamarse Palacio Lezama con una superficie de 30.000 metros cuadrados, fue remodelada completamente entre 2012 y 2014 y se sumaron dos pisos para usos de oficina, respetando su fachada original. Poco después se instalaron los ministerios de Modernización e Innovación Tecnológica, Espacio y Ambiente Público, Desarrollo Urbano y Transporte.
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