martes, 13 de agosto de 2024

PREMIO DIRAC. Y PRUEBA




Medalla internacional en ciencias para un matrimonio argentino
PREMIO DIRAC. Se trata de Marina Huerta y Horacio Casini, docentes del Instituto Balseiro e investigadores del Conicet; los reconocieron por su aporte en el campo del entrelazamiento cuántico
Martín De AmbrosioMarina Huerta y Horacio Casini, galardonados Marion Prieto/Prensa instituto balseiro
Marina Huerta y Horacio Casini, del Instituto Balseiro, recibieron el prestigioso premio Dirac por su aporte en el campo de la física cuántica.
Marina Huerta todavía no lo puede creer. Desde el viernes es una de las científicas consagradas con la Medalla Dirac, la más importante distinción a la que puede aspirar un físico teórico más allá del Nobel. Y la obtuvo junto a Horacio Casini, que, además de otro brillante investigador, es su marido. Trabajaron vinculados desde que se conocieron en el Instituto Balseiro, de Bariloche –hace casi 25 años–, en el campo del entrelazamiento cuántico, un terreno de la física de partículas resbaladizo y abstracto, pero en el cual abrieron un camino que otros grandes de la disciplina siguieron desde su primer trabajo, en 2004.
Ni Huerta ni Casini, que además de docentes del Instituto Balseiro son investigadores del Conicet en el Centro Atómico Bariloche de la Comisión Nacional de Energía Atómica, tenían idea de que lo ganarían hasta que llegó el mail que los transformó. “Es una especie de reconocimiento a la carrera, un poco, y a un resultado en particular, pero no se entrega inmediatamente al resultado. Hace falta tiempo para ver la trascendencia, y eso lo marca la inspiración para otras personas, porque la ciencia en definitiva es un trabajo colectivo”, dice Huerta en diálogo desde Bariloche.
El premio consta de un monto de dinero más bien simbólico (US$5000) si se compara con el millón de dólares del Nobel, además de la medalla física en la sede de la institución que la entrega, el Centro Internacional de Física Teórica o ICTP en Trieste, en abril del año próximo. El galardón lo comparten los argentinos con una dupla de japoneses que siguieron el trabajo seminal de la dupla nacional: Shinsei Ryu (Universidad de Princeton, Estados Unidos) y Tadashi Takayanagi (Universidad de Kyoto, Japón).
Los cuatro “han hecho contribuciones pioneras a la comprensión de la entropía cuántica en la gravedad y la teoría de los campos cuánticos”, según informó el ICTP. El comité de selección de la Medalla Dirac –que recuerda a Paul Dirac, inglés que fue uno de los pioneros de la cuántica– estuvo conformado por dos premios Nobel, entre otros científicos de prestigio, todos medallistas anteriores.
“Este premio es mérito de Casini y Huerta, y los pone en la cima de la física”, afirma Pablo Mininni, exdirector del Departamento de Física de la Universidad de Buenos Aires (UBA). “Muchos ganadores de la Medalla Dirac luego ganaron el Nobel. Para el país, habla de la excelencia de la ciencia argentina. La ciencia se hace en un contexto, y no hay éxitos aislados. El desafío es mantener la excelencia y generar vocaciones en un contexto difícil. Es muy bueno que Casini y Huerta estén en una institución como el Balseiro, que enseña y forma físicos, porque eso permite multiplicar el conocimiento”, agrega el director del Instituto de Física Interdisciplinaria y Aplicada (Infina, UBA/Conicet).
Las investigaciones de Huerta y Casini son enteramente teóricas, y lo que hicieron, según cuenta la propia científica, fue unir conceptos de dos áreas potentes dentro de la física de partículas (que estudia las propiedades de la materia a nivel subatómico): la teoría de la información cuántica, por un lado, y la de la física de altas energías, por el otro. “Lo novedoso fue unir ambas. Al tratar de buscar propiedades, pudimos demostrar ciertos resultados que se sospechaban, pero no se habían podido demostrar: la entropía de entrelazamiento”, sostiene. Era algo que se conocía en otros escenarios, no en la teoría cuántica relativista. Ese fue el aporte que abrió un campo entero.
Básicamente, el entrelazamiento es un fenómeno que asustó a Einstein, porque implica que dos partículas tienen conocimiento instantáneo de lo que le pasa a la otra, es decir, están entrelazadas, no importa cuán alejadas estén una de otra. El genio de Ulm no lo creía posible, sino un error, porque nada es instantáneo debido al límite de la velocidad de la luz (que es altísima, pero no infinita). Lo que hizo que Einstein pensara que la cuántica estaba mal, o, como mínimo, incompleta.
“El que nosotros estudiamos – sigue Huerta– es el entrelazamiento del estado de vacío para regiones. Medimos el entrelazamiento entre el interior de una región y el exterior a través de la entropía. Sorprendentemente, en el caso cuántico, la entropía del vacío para una región es distinta de cero y eso nos indica la presencia de entrelazamiento entre el interior y el exterior”. Este concepto permite hallar nuevos resultados y reinterpretar otros conocidos.
El primer trabajo en este sentido lo hicieron Huerta y Casini en una estadía de posdoctorado en Trieste, el mismo lugar donde recibirán la medalla dentro de nueve meses. Entre los físicos que siguieron este camino está Juan Martín Maldacena, otro argentino, que trabaja desde hace años en Princeton, Estados Unidos, y obtuvo la Dirac en 2008; el otro argentino galardonado, en 2020, fue Miguel Virasoro.
¿Alguna consecuencia práctica, alguna tecnología que se pueda derivar de tanta teoría? “No, ninguna”, responde rápidamente Huerta. “Lo nuestro es física fundamental. Es forjar un conocimiento básico, como la cosmología o los agujeros negros. Así que no, pero nunca es un no rotundo. A veces hay descubrimientos que tienen que ver con una búsqueda de una aplicación y a veces el conocimiento lo precede y tarda muchos años en encontrarse una aplicación”, añade.

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Ensayarán en humanos un nuevo tratamiento para controlar el VIH
Les inocularán partículas genéticamente modificadas que “se roban” las proteínas del virus de inmunodeficiencia, antes testeadas en monos
Carl Zimmer Traducción de Jaime Arrambide
NUEVA YORK.– Los científicos acaban de desarrollar una nueva arma contra el VIH: un mimetismo molecular que invade una célula y “se roba” las proteínas esenciales del virus de inmunodeficiencia humana. Un estudio publicado el jueves en la revista científica Science revela que ese “ladrón viral” impidió la multiplicación del VIH en monos de laboratorio.
Este nuevo abordaje terapéutico muy pronto será puesto a prueba en humanos: cuatro o cinco voluntarios con VIH recibirán una sola inyección del virus genéticamente modificado, señalan los responsables del estudio. “Es inminente”, dice Leor Weinberger, virólogo de la Universidad de California en San Francisco, quien dirigió el flamante estudio.
En una infección común de VIH, el virus se cuela dentro de una célula inmunitaria y toma de rehén el ADN de su anfitrión para hacer copias de sí mismo, que luego eclosionan fuera de la célula que los alojaba. Cuando la cantidad de células infectadas se multiplica, el sistema inmunitario colapsa y el paciente desarrolla sida.
Durante décadas, los científicos se ocuparon de desarrollar drogas contra el VIH que atacan el virus en sí mismo. Algunas de esas drogas impiden que una proteína llamada proteasa active el VIH y otras, como el lenacapavir, son inhibidores de la cápside –la capa de proteína que protege el material genético del VIH– y de las enzimas necesarias para su multiplicación.
Hace veinte años, Weinberger se propuso intentar un camino totalmente diferente: desarrollar un “virus impostor” que interfiriera en el ciclo normal de vida del VIH. “Me preocupaba un poco que la gente me tomara por un loco, y no sin motivo”, recuerda.
Con sus colegas, se dedicaron durante años a desarrollar lo que ahora llaman “partículas de interferencia terapéuticas” (TIP, por su sigla en inglés), que contienen aproximadamente la mitad del material genético del VIH normal. Descubrieron que en un contexto de laboratorio, concretamente en una placa de Petri, los TIP que habían desarrollado podían infectar células inmunes humanas e insertar sus genes en el ADN de esas células. Pero no lograban que las células produjeran nuevos virus.
Sin embargo, si se añadían partículas de VIH a una célula infectada con TIP, estas lograban replicarse. La célula también creaba su cápside o envoltura de proteínas, algunas llenas de genes de VIH y otras llenas de genes TIP.
Weinberger y sus colegas diseñaron las TIP para que penetraran mejor esa envoltura proteica. Cuando las células infectadas hacían eclosión, liberaban tres veces más TIP que VIH. Los investigadores entonces predijeron que esa ventaja debería permitir que las TIP redujeran rápidamente el VIH a niveles muy bajos. Para probar su hipótesis, realizaron un experimento con monos.
Así que infectaron a los monos con una versión primate del VIH –llamada VIS– que por lo general termina con la vida del animal en cuestión de semanas. A continuación, inocularon a los monos una sola inyección de TIP. Y, tal como habían previsto, el tratamiento redujo el nivel del virus en un 10.000%. Casi todos los monos que recibieron las TIP sobrevivieron y no mostraron signos ni síntomas de sida. “Estaban sanos según todos los parámetros que pudimos verificar”, apunta Weinberger.
Sobre la base de esos prometedores resultados, ahora avanzan hacia un ensayo de este tratamiento experimental en humanos. Ya han reclutado a voluntarios infectados con VIH que también son enfermos terminales de cáncer u otras enfermedades. Su intención es inocularles una única dosis de TIP. Si la evolución de los pacientes es buena, el equipo de Weinberger ampliará el ensayo a voluntarios infectados con VIH que no sean enfermos en fase terminal; predicen que las TIP reducirán la carga viral de esos pacientes.
Si las TIP superan los ensayos clínicos en humanos, Weinberger espera que puedan utilizarse para ofrecer más protección contra el sida en los países pobres. Los inhibidores de la proteasa que existen actualmente requieren dosis diarias que son demasiado costosas para que la mayoría de las personas con VIH puedan acceder a ellos. Y aunque el lenacapavir puede ser más eficaz, tampoco es fácil garantizar que las personas se la apliquen dos veces al año.
El nuevo estudio de Weinberger sugiere que una sola inyección de TIP puede mantener el VIH en niveles bajos de forma permanente. Este tratamiento no solo retrasaría el desarrollo del sida, sino que también reduciría el riesgo de transmisión del VIH a otras personas.
Asher Leeks, un virólogo de la Universidad de Yale que no participó de la investigación, opina que el hallazgo representa un gran paso adelante en el estudio de los llamados virus tramposos. Los investigadores los vienen estudiando desde hace décadas, pero solo en los últimos años científicos como Weinberger intentaron convertirlos en tratamientos médicos.
Leeks dice que hay otros virus que también podrían ser atacados con la misma estrategia. “En principio, es un enfoque universal que puede servir para el desarrollo de otros antivirales”, anticipa.
Pero los tratamientos basados en virus tramposos también plantearían nuevos cuestionamientos éticos, apunta Benjamin tenOever, virólogo de la Universidad de Nueva York. Los TIP de Weinberger se insertan en el ADN de las células inmunes de un paciente y, como resultado, se convierten en una parte permanente de su cuerpo: si resultan tener efectos secundarios inesperados, tal vez ya no sea posible eliminarlos. Y también podría pasar que las personas inoculadas con TIP se las transmitan a otros, sin su consentimiento.

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