miércoles, 10 de julio de 2024

LECTURA...."RAÚL CARREA"...




Pionero de la neurología infantil en la Argentina
El médico Martín Nogués rescata en un libro el legado del gran neurocirujano
Fabiola Czubaj
Raúl Carrea vivió –y formó discípulos– en la misma época que Bernardo Houssay, Alfredo Lanari, Ramón Carrillo, Raúl Matera o ángel Roffo, aunque su nombre quedó más relegado que el de esos colegas que en la primera mitad del siglo pasado revolucionaron la medicina argentina, impulsaron las residencias médicas, promovieron la investigación y crearon unidades hospitalarias o instituciones que aún perduran. Pero un médico salió al rescate de ese neurocirujano pediátrico considerado pionero en su especialidad tanto en el país como en el exterior.
En el Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez, Carrea abrió hace casi siete décadas el tercer Servicio de Neurocirugía Infantil del mundo –luego de los que funcionaban en Boston y París– e impulsó la creación de una dirección de Salud Mental en el Ministerio de Salud, con apoyo de un grupo de psiquiatras, para la “prevención, tratamiento e investigación de las enfermedades mentales de todos los ciudadanos”. Instaló el primer tomógrafo de América Latina y mejoró las técnicas para el tratamiento de enfermedades neurológicas complejas del nacimiento. Creó, hace 65 años, la Fundación de Lucha contra las Enfermedades Neurológicas de la Infancia (Fleni).

DR. RAÚL CARREA

“Ha dejado un legado que no debe ser ignorado”, afirma Martín Nogués en las primeras páginas de Raúl Carrea. Un espíritu inquieto. Un hacedor incansable, libro que reconstruye de la vida y obra de Carrea, con prólogo de Guillermo Jaim Etcheverry. Hace una semana, lo presentó ante un grupo de médicos jóvenes, en su mayoría residentes, en una de las aulas de la sede Hermenegilda Pombo de Rodríguez del Hospital Universitario Cemic. “Lo que me impulsó de entrada fue simplemente un intenso deseo de averiguar quién había sido Carrea”, comenta a la nacion.
Nogués es médico especialista en neurología por la Universidad de Buenos Aires (UBA), donde fue profesor adjunto. Ocupó la jefatura del Servicio de Neurología de Fleni y Cemic. Aún conserva el recuerdo de ver trabajar a Carrea en Fleni cuando, en 1978, ingresó como becario de tomografía computada. Así, también, lo refiere en el recorrido biográfico que indagó desde 2017 y completó el año pasado sobre un pionero de la medicina local que vislumbró la importancia clínica y científica de incorporar la tomografía computada al estudio de las enfermedades neurológicas.
“Mi única experiencia personal con Carrea fue cuando, siendo becario de investigación, lo observaba concentradísimo en la consola del tomógrafo en lo que serían los últimos meses de su vida, entre julio y noviembre de 1978”, rememora Nogués. Ese tomógrafo fue el primero que funcionó en América latina. Carrea lo importó de Inglaterra con ayuda de Guido y Nelly Di Tella, que a propuesta de su amigo incorporaron un Centro de Investigaciones Neurológicas (CIN) al Instituto Di Tella. En 1962, el matrimonio le confió a Carrea la dirección de ese centro, que funcionó en un entrepiso del Servicio de Neurocirugía (Sala 18) del hospital Gutiérrez, con acceso por la calle Gallo 1330.

DR. MARTÍN NOGUÉS

En 1965, Osvaldo Uchitel, con 18 años, fue el primer becario del CIN, que trabajaba con subsidios del Conicet para investigar el funcionamiento del cerebro. Carrea integró la primera comisión ejecutiva del Conicet creado por Houssay en 1956, además de abrir en el país la primera residencia médica en neurocirugía pediátrica. “Hasta ese entonces, no había tenido una fuerte intervención universitaria ni docente. Los 9,90 de promedio de su carrera médica, de los que jamás hizo ostentación, los debe haber utilizado solo para cursar su practicantado en el Hospital de Clínicas”, rememoró Horacio García, uno de sus discípulos, en un texto que Nogués rescata.
“Frente a una vida médica y académica tan prolífica, es difícil decidir cuales fueron sus principales aportes a la ciencia del país y del mundo”, dice el autor a la nacion. Entre las “contribuciones indiscutibles”, Nogués menciona “crear el primer departamento de neurocirugía infantil del país (el terce
Carrea instaló el primer tomógrafo en América Latina, en 1976
Entre sus numerosos aportes, Carrea creó, en 1965, el Fleni
Patricia Carrea, la hija mayor, contó: “Mi viejo nunca cobró el sueldo del Hospital de Niños. Fue siempre para la sala 18”. que se constituyó en una escuela de la especialidad; traer el primer tomógrafo a suelo latinoamericano; crear Fleni como institución pionera en neurología y neurocirugía; realizar la primera cirugía reconstructiva de carótida en el mundo y dejar, como legado, importantes publicaciones sobre el tratamiento de la hidrocefalia y del mielomeningocele en niños, como así también sus estudios básicos en primates sobre las vías nerviosas involucradas en los trastornos del equilibrio y del temblor”.
Estudio y esfuerzo
Carrea era hijo único de un matrimonio que, en el repaso que hace Nogués, le inculcó la importancia del estudio y el esfuerzo para progresar, aun sin necesidades económicas. Sus cuatro abuelos habían migrado de Italia a la Argentina y su padre, Ubaldo Carrea, creció en un orfanato al quedar huérfano y fue lustrabotas. En esos años, un transeúnte que lo veía trabajar a diario le ofreció cubrir los gastos si estudiaba, ayuda con la que pudo ser odontólogo con reconocimiento en el país y el exterior. Mediciones utilizadas en ortodoncia se conocen como “análisis de Carrea”. Un hospital odontológico infantil en el partido de Vicente López, provincia de Buenos Aires, lleva su nombre.
Raúl, nacido el 26 de enero de 1917, se destacó tanto como su padre. Cursó la primaria en una escuela pública y, el secundario, en el Colegio Nacional de Buenos Aires con medalla de oro. Se recibió de médico en la UBA en 1942. Su madre, Emma Ansaldo, guardó registro en un cuaderno de época que en 1936, mientras cursaba primer año de la carrera, aprobó fisiología, dictada nada más ni nada menos que por Houssay, con un “10 sobresaliente”.

BUENA LECTURA...

Tras obtener su título de grado, Carrea trabajó con el español Pío del Río Ortega, discípulo de Santiago Ramón y Cajal, en su Laboratorio de Investigaciones Histológicas e Histopatológicas de Buenos Aires. Se especializó en neurocirugía en la Universidad de Columbia, en Nueva York, becado como investigador asistente de neurología y residente asistente de neurocirugía. En esos dos años (1946 y 1947), inició sus investigaciones sobre la fisiología del cerebelo.

De regreso en Buenos Aires, no cesó en la simplificación de técnicas quirúrgicas, promovió políticas públicas de acuerdo con el avance del conocimiento médico en los principales centros de Europa y Estados Unidos e incentivó la formación de posgrado y la investigación entre sus colaboradores más jóvenes. En 1956, fue designado secretario de Salud Mental.
A lo largo del libro, el personaje principal se va revelando a través de cartas, imágenes y el testimonio de los entrevistados, entre ellos tres de los cinco hijos de sus dos matrimonios, amigos, discípulos, su secretaria, el anestesiólogo que trabajó con él en la Sala 18 del hospital Gutiérrez y la instrumentadora quirúrgica, que fue testigo de la instalación del equipo EMI-CT1000 para tomografías de cabeza a cargo de técnicos ingleses en un petit hotel alquilado en la calle Sánchez de Bustamante 2414, frente al Hospital Rivadavia.
Para la apertura del Centro de Tomografía Computada, que se inauguró el 1° de septiembre de 1976, Carrea mudó a Fleni del hospital. Entre sus colaboradores más estrechos allí estaban los jóvenes médicos Ramón Leiguarda y Pedro Lylyk. Más adelante llegará el tomógrafo de cuerpo entero.
“Hacer una tomografía de cerebro tomaba entre 45 minutos y una hora. Inicialmente, Carrea [que había viajado a Inglaterra a entrenarse en su uso] interpretaba los estudios. El tomógrafo llegó a trabajar 24 horas seguidas –repasó Luci Calvo, instrumentadora y técnica radióloga en una entrevista con Nogués–. Se hacían las tomografías gratis en la Sala 18 del Hospital de Niños. Venían pacientes de Bolivia, Uruguay y Paraguay porque era el único tomógrafo en toda América latina”.
De los relatos surgen anécdotas de lo cotidiano. Se movía en moto de un centro a otro para llegar a tiempo para las cirugías o atender en el consultorio. Dividía su jornada entre los pacientes del Hospital de Niños y los que atendía de manera privada en el Instituto San Martín de Tours, del Sanatorio Pequeña Compañía de María, que es el actual Matter Dei.
Graciela Zuccaro fue la primera residente mujer de la Sala 18 y, con Lylyk, que ingresó en 1975, fueron los últimos residentes de Carrea en el Hospital de Niños. En 2015, Zuccaro fue la primera presidenta mujer de la Sociedad Internacional de Neurocirugía Pediátrica (ISPN, por su sigla en inglés) al recibir el Poncho de Carrea, sobre el que desde 1975 se bordan los nombres de los sucesivos presidentes de esa entidad de acuerdo con la tradición propuesta por Carrea al cofundar la ISPN. El nombre del neurocirujano argentino nunca llegó a bordarse: falleció de manera inesperada en 1978, a los 16 días de que le comunicaran que había sido nombrado presidente.
En el Gutiérrez, diseñó la organización y adecuación edilicia el área de neurocirugía, laboratorio, quirófanos y biblioteca, tal como aparece en el libro reproducida en una hoja cuadriculada por Azucena Martelli, la instrumentadora de Carrea. En una entrevista con Nogués, Patricia Carrea, la hija mayor, contó: “Mi viejo nunca cobró el sueldo del Hospital de Niños. Fue siempre para la Sala [18]”.
Pasos de baile
Con la medicina, su padre supo combinar también su gusto por la arquitectura, la música y la pintura, además de disfrutar de la cocina y de visitar librerías a deshoras, sobre todo después de salir a cenar. “Le gustaba mucho la estética, el ballet y salíamos del palco [de un teatro] y se ponía a hacer pasos de baile clásico –siguió su hija, que compartió esas salidas–. Y yo pensaba ‘Si ahora pasa un bailarín…’ y me moría de risa.”
En 1976, de acuerdo con el testimonio de Mariana Bracht, su secretaria en el Centro de Tomografía Computada, a Carrea “lo declararon prescindible” del Gutiérrez “con la excusa de tener un residente de izquierda en la Sala 18”. Eso, según recordó, “en cierta forma lo destruyó”. Aun así, Nogués destaca que “igual todas las mañanas las dedicaba a los chicos del Hospital de Niños” y operaba gratuitamente a los chicos más graves del Gutiérrez en el sanatorio donde atendía de manera privada.
El 25 de noviembre de 1978, Carrea falleció en su consultorio. Tenía 61 años. Era sábado. Después de trabajar durante la mañana en Fleni, se fue al consultorio a dormir la siesta porque a la noche tenía un compromiso. “Recientemente se había hecho su chequeo anual y todo había salido bien”, detalló Bracht en un relato que envió a Nogués por correo electrónico desde Puerto Madryn.
Con la muerte de su maestro, Leiguarda asumió la dirección del centro y de la fundación, que se trasladó a una casa ubicada sobre la calle Ayacucho, cerca de la avenida del Libertador. “Si Carrea no hubiese existido, quizás Fleni no hubiese existido –dice Nogués–. Este libro es para conocerlo. Y para que no se pierda su memoria”.

http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Nota: sólo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.