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Mary Beard: Historia del desnudo. Por Film & Arts. Episodio 1: domingo 14, a las 19; Episodio 2: lunes 15 y domingo 21, a las 19.
El problema de los desnudos: una cuestión histórica, artística y muy provocativa
Mary Beard en "Historia del desnudo", miniserie documental que estrena esta semana Film & ArtsFilm&Arts
La experta británica Mary Beard conduce en Film & Arts una serie documental que se pregunta por qué a través de los siglos los artistas estuvieron siempre tan interesados en la desnudez
Constanza Bertolini
Clásica e informal, con su melena canosa suelta y esa clara verborragia al servicio de la historia, Mary Beard ingresa con máximo cuidado en La Tribuna de la Galería Uffizi, en Florencia, con un permiso especial: habitualmente esa sala no está abierta al público. Y lo hace... ¡en medias! Llegó hasta allí para ver de cerca a la Venus de Medici (100 AC), una estatua que “provocó los elogios más extravagantes”; el máximo, prácticamente una leyenda, cuenta que un hombre “le hizo el amor a su forma de mármol, luego se volvió loco y se arrojó desde un acantilado”. No hay que creer en todo lo que se dice, pero si la experta en Antigüedad retoma la anécdota, por algo será.
En un largo camino que va desde griegos hasta los pintores y escultores de hoy -tabúes mediante-, la prestigiosa historiadora británica hace en la nueva miniserie documental que estrena esta semana Film & Arts un recorrido por las significaciones de los cuerpos desnudos en el arte occidental, que “incluso ahora causan problemas”. ¿No? Basta ver cómo en Roma debieron tapar varias figuras durante la visita del presidente de Irán o que en Manchester descolgaron una pintura de adolescentes entre nenúfares, por no hablar de los alcances de la performance de protesta o restricciones pacatas, como las que llevaron a la expulsión a una maestra de Florida por mostrar en sus clases imágenes del David de Miguel Ángel. Todo esto made in siglo XXI.
Elogiada y admirada como una rockstar que firma autógrafos y se saca selfies, Mary Beard (Inglaterra, 1955) representa lo clásico de un modo seriamente informal, una genial combinación para acceder con la historia del arte a todos los públicos. En este proyecto, investiga -claro está- el desnudo a través de los siglos, pero también habla de género, sexo y transgresión moral. Y se hace dos preguntas muy interesantes de responder. ¿Por qué los artistas se obsesionaron con la desnudez? ¿Qué puede revelar el arte sobre nuestras propias actitudes hacia el cuerpo? Finalmente, desafía las afirmaciones elevadas sobre el desnudo respaldadas en la idea de belleza, que minimizan la naturaleza erótica, a veces pornográfica, de algunas grandes obras de arte. Y sí, también esta vez la cuestión lleva a pararse en el parisino Museo de Orsay de frente a El origen del mundo (1866) de Gustav Courbet, un cuadro que llegó hasta la casa del propio Lacan, fue censurado por Facebook y, que aludiendo al pope del psicoanálisis, algunos llaman con algún rubor La Mona Lisa de las vaginas.
El origen del mundo, de Courbet, se exhibe en el Museo de OrsayEn el primero de los dos episodios de Historia del desnudo, “El cuerpo hermoso”, Beard piensa coloquialmente “cómo durante tiempo los hombres se salieron con la suya” -o cuán poderosa es una mujer desnuda- para luego pasar al desnudo masculino. Mientras hace su racconto, sobre una cortina musical con remixes de Tchaikovsky y Bizet, despunta una progresión de Afroditas, “a quien solemos llamar la ‘diosa del Amor’ pero sería mejor decirle ‘la diosa del Sexo”. Desde la escultura de Praxíteles (Venus de Cnido), hace 2500 años, señala cómo gracias a la incorporación de ciertos elementos (como en este caso puede ser la vasija y la toalla) “se excusaban” para contemplar un desnudo: “el espectador pareciera sorprender a la mujer tomándose un baño”, apunta la guía. Entre los escultores y sus pretextos, el largo derrotero de diosas conduce a un tema central, la influencia de los antiguos en el Renacimiento, y el giro rotundo que significó en este sentido la Venus de Urbino (1534), de Tiziano. “A diferencia de las diosas anteriores, pareciera que esta dama nos estaba esperando”, sugiere Beard frente al cuadro, uno de los primeros desnudos reclinados del arte occidental, que ella analiza con agudeza y sentido del humor. Yendo al grano: para la historiadora es difícil olvidar que se trata de una mujer desnuda pintada por un artista (hombre) para un comprador (hombre), es decir, objeto de una mirada masculina erótica.
Respecto de lo que da en llamar la “fantasía del espectador”, Beard se mete también con The tribune of the Uffizi, de Johan Zoffany, divertida representación de una multitud de británicos in fraganti en la acción de mirar arte. También incomoda con buen tino al introducir el dilema que enfrentó la italiana Artemisia Gentileschi, que en el siglo XVII plasmó en Susana y los viejos (1610) una escena del baño para nada inocente, sino lasciva y siniestra, pintada por una mujer que fue violada a los 17 años. Y entre otras formas de tapar los genitales (con la famosa hoja de higuera a la cabeza) experimenta la conductora con cincel y martillo una “cirugía reconstructiva de partes muy privadas” en el taller de un restaurador repleto de copias en yeso.
En 2021, en una entrevista en Madrid, la catedrática de la Universidad de Cambridge y presentadora de la BBC se refirió al surgimiento de el pudor y la relación con la cristiandad. “En mi universidad tenemos un museo de esculturas, copias de la Antigüedad. Cuando vienen niños lo que más les llama la atención es la cantidad de figuras masculinas desnudas. Curiosamente les molestan menos las figuras femeninas desnudas. Siempre ha sido muy fácil echarle la culpa al cristianismo, cuyas reglas y convenciones eran claras, pero hay otros elementos que deben estudiarse. Hay muchas dudas sobre el origen del pudor, pero hasta el siglo IV a.C. no existían estatuas de cuerpo entero desnudas. Algo ocurrió entonces y no se entiende hasta hoy por qué se dio este cambio. Eso fue una revolución y los artistas que lo hicieron por primera vez eran considerados artistas radicales”.
Lo primero que salta a la vista en el segundo episodio del documental, “Bajo la piel”, es el cambio de época. Mary Beard visita Body worlds, en Londres, una exposición con figuras de huesos y músculos a la vista, como metáfora para referirse a lo que tratará en la siguiente hora: va a despellejar algunas verdades incómodas sobre el cuerpo humano. Ahora el desnudo abandona el estereotipo de la belleza y el virtuosismo tradicional y se enfrenta, por ejemplo, a la vejez y la muerte, al cuerpo trans, negro o discapacitado. Rompe el hielo con el caso de la escultura en mármol de una mujer embarazada sin brazos y de piernas cortas (Alison Lapper), emplazada en 2005 en Trafalgar Square; es la obra del artista Marc Quinn, que después de maravillarse con lo que vio en el Louvre y el Museo Británico decidió apostar a otra clase de figuras fragmentadas que no son exactamente la Venus de Milo. Se produce así “un diálogo tenso con las obras clásicas” protagonizado por cuerpos reales no idealizados.
Este capítulo se ocupa también de las representaciones de los cuerpo sufrientes, con Jesucristo a la cabeza, y revisa en la reserva del Museo Británico bocetos y grabados que pueden suscitar variadas emociones, entre ellos, dos de los dibujos más valiosos del mundo, de Miguel Ángel. No es precisamente por su trench rojo de detective del arte, pero a la conductora algunas escenas le parecen dignas de un crimen horripilante. En cuanto a cadáveres, como los famosos de la Medusa de Gericault -una pieza que transgrede los límites del desnudo- aprovecha para analizar la incorporación de un hombre negro como héroe de ese tremendo naufragio.
Podría decirse finalmente que, para la especialista, el desafío será encontrar una relación entre la forma externa y la estructura interna del cuerpo. Ella, que ya pasó la barrera de los 60 años, no se reconoce en el espejo de las estatuas que encuentra cuando sale a caminar por París o Londres (un tema que lleva a preguntarse por la ausencia de la mujer madura en la obra de arte, no como cuerpo decrépito). La resolución es genial: tira por la borda cualquier especulación, va y posa como modelo vivo en tres sesiones para que una especialista de la National Portrait Gallery la dibuje. Así la propia Mary Beard termina desnudándose y planteando una conclusión que invita a ver la serie con la mejor premisa: que un buen desnudo debería dejarnos ver el ser interior.
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Mary Beard: Historia del desnudo. Por Film & Arts. Episodio 1: domingo 14, a las 19; Episodio 2: lunes 15 y domingo 21, a las 19.
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