La voz de Fabiola, una bomba neutrónica sobre el pseudoprogresismo K
Laura Di Marco
Fabiola Yáñez..Alfredo SábatLa voz de Fabiola ha terminado de dinamitar lo que quedaba del pseudoprogresismo K. Si cuando estaba peleado con Cristina Kirchner Alberto prometió acabar con el kirchnerismo, su promesa parece haberse materializado con creces en los últimos días. Tal vez deberíamos haberlo captado de un modo literal. El testimonio de Fabiola sobre la violencia de género que padeció mientras fue primera dama –violencia que su exmarido jamás desmiente en los chats que se filtraron– tuvo el efecto de una bomba neutrónica sobre la bandera feminista, que, aunque tiene más de cien años de historia en la Argentina, en los últimos años había sido apropiada por Cristina y sus seguidores.
¿Alguna fuerza política recogerá esa bandera, en lugar de aguijonearla como hacen los libertarios? ¿Los radicales, el centro político? Parece un buen momento para poner las cosas en su lugar y reapropiarse de la defensa de los derechos de las mujeres –una defensa poco creíble hoy en manos del peronismo– y en sintonía con el clima de época del mundo occidental.
La voz de Fabiola –que nadie conocía hasta el momento– dejó mudos y confundidos a los protagonistas de la constelación K. Los dejó mareados, peleados, contradictorios, shockeados. Dijeron barbaridades, luego se desdijeron. Los operadores más avezados, viejos lobos de mar, aprovecharon el affaire para armar dudosas teorías conspirativas que no llegan a tapar el sol con la mano. Fabiola habría llegado a declarar que Fernández le pegaba cachetazos a diario delante de su hijo de dos años y que le habría dado una patada en la panza, mientras estaba embarazada. Ayer, ante el juez Ercolini, explicó que había empezado a consumir alcohol después de un aborto que el propio Fernández le había obligado a practicar.
No solo el peronismo quedó mudo. También las exparejas de Alberto Fernández. Ni Marcela Luchetti, madre de su hijo Tani, ni Vilma Ibarra salieron a defenderlo públicamente frente a acusaciones tan graves. Al menos, no hasta ahora.
La socióloga Dora Barrancos, de 83 años, leyenda viviente del feminismo en la Argentina y exdirectora del Conicet, quedó envuelta en una guerra de guerrilla en las redes. Según el portal de Horacio Verbitsky, El Cohete a la Luna, en un chat con científicos, Barrancos –una vaca sagrada de la academia– habría escrito: “Estoy en condiciones de asegurar fehacientemente que nunca A.F. agredió físicamente a Fabiola. Ella arrastra una compleja situación psíquica, a lo que se unió su adicción alcohólica”.
Le consultó a Barrancos si esas afirmaciones eran reales, pero ella no respondió. La autora de numerosos libros sobre feminismo y, referente indiscutida (hasta ahora) en el área no solo le dio cursos sobre políticas de género y diversidad al propio presidente Fernández sino que también dictó clases de feminismo para la policía y las Fuerzas Armadas. Barrancos ha sido una suerte de emblema que el kirchnerismo exhibió en viajes y eventos como un símbolo intelectual de las nuevas generaciones de derechos.
Atendiendo a este rol, Fernández se comunicó con su antigua maestra para explicarle “su” verdad, tal como lo había hecho con los más íntimos. Por ejemplo, con Luis D’Elía. En ese diálogo, Barrancos le habría dicho:
“No tenés que explicarme nada. Mi esposo atendió a Fabiola y yo conozco toda la verdad”.
D’Elía no estuvo tan empático: le aconsejó a Fernández que se pegara un tiro en la cabeza (y luego fue denunciado por instigación al suicidio). El esposo de Barrancos es el médico acupuntor Eduardo Moon, quien sería testigo en la batalla legal contra Fabiola. The Crown es La Cenicienta al lado de la novela del peronismo.
Las preguntas que se abren para Barrancos y algunos voceros kirchneristas que le echan la culpa a la víctima son muy concretas.
Siguiendo el razonamiento de la socióloga: ¿la supuesta “compleja situación psíquica” de Fabiola la hace merecedora de golpes o, más bien, de un tratamiento? ¿Y qué hay del resto de las mujeres que Fernández grababa, como trofeos, en su despacho? ¿También ellas padecían de una “compleja situación psíquica”?
Yañez aseguró, en la entrevista con Infobae, que las mujeres con las que su marido habría tenido affaires –y fotografiaba desnudas, según su testimonio– le enviaban a su propio teléfono imágenes de esos encuentros, tal vez en un amago de sororidad. ¿O de perversidad?
Otra que no tuvo ni una pizca de sororidad fue la periodista militante Julia Mengolini, cuando no titubeó en ningunear la voz de Fabiola –dijo que “vale poco”–, a contrapelo del mantra feminista “yo te creo”. Mengolini y el inefable grouchomarxismo K.
¿Para qué grababa Fernández a las mujeres con las que supuestamente estaba? ¿Qué pasa por la cabeza de un hombre que le da a su mujer –y a su pequeño hijo para que juegue– un celular con videos eróticos o en obvias situaciones de coqueteo?
El psiquiatra Enrique de Rosa Alabaster, director de la Asociación Argentina de Victimología, asocia las filmaciones con episodios fetichistas, donde las mujeres ocupan el lugar de trofeos de guerra. “Muy típico y común del macho alfa”. Una satisfacción autoerótica, cuya narrativa es: “yo pude estar con Fulana y la hice hacer esto”. Son relaciones de sometimiento, aunque las grabaciones hayan sido voluntarias. Al menos en la filmación que se viralizó con una periodista en la Casa Rosada, él parece estar tomándole examen.
¿Por qué Alberto Fernández dice “no recordar” el diálogo por chat con Fabiola de agosto de 2021 –el período en el que se conoció la foto de Olivos– cuando ella le reprocha por los golpes recibidos durante tres días seguidos? Es más, ¿por qué desaparecieron esos chats del celular incautado al expresidente?
Muchas preguntas para los intelectuales del kirchnerismo, que dejan en claro que una gran formación intelectual no necesariamente otorga sentido común ni discernimiento. Que Barrancos sea defensora del feminismo es una suerte. No podemos ni imaginar qué habría dicho si abonara en las filas del machismo.
¿Estuvo extorsionando Fabiola a Alberto Fernández? Eso no se puede descartar. Ser víctima en cualquier situación, incluso en asuntos de violencia de género, no vuelve heroína a nadie. Creer en un mundo de buenos y malos es entrar en la lógica infantil de los cuentos de hadas.
Quizá sin saberlo, Alberto Fernández eligió la misma estrategia que los defensores de Carlos Monzón hace 36 años, cuando aún ni se hablaba de violencia de género. La serie de Netflix sobre la vida del boxeador muestra cómo su equipo de abogados elige deliberadamente a una mujer como defensora de un femicidio con la idea de generar empatía frente a la platea femenina. Fernández designó a Silvina Carreira guiado por esa idea. “Si puede dar una nota televisiva, no la revictimiza tanto la situación”, arrancó Carreira. La empatía te la debo.
La que no tuvo piedad con su fallida criatura fue Cristina Kirchner. Ella sí que le creyó a Fabiola. Aunque le es imposible despegarse del presidente que ella misma inventó, nunca dudó de los golpes ni de la veracidad de las fotos que “delatan los aspectos más sórdidos y oscuros de la condición humana”. Cristina siempre lo supo.
¿Y qué puede pasar ahora con el peronismo, luego de la implosión de la encarnación K? Para el historiador Loris Zanatta, una vuelta al conservadorismo y a la raíz nacional católica del peronismo clásico.
Cristina lo diría de un modo más coloquial: más perdidos que turco en la neblina. Aunque ahora la frase, dirigida inicialmente hacia los Milei boys, aplica perfectamente a ella y los suyos. Nunca escupas hacia el cielo.
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El escándalo de los seguros: una olla con mil tapas
El vasto listado de nombres que surge de los chats de la exsecretaria de Alberto Fernández da cuenta del grado de impunidad con que se manejó su gobierno
El escándalo por el delito de tráfico de influencias que la Justicia le imputa a Alberto Fernández, quien habría digitado seguros en favor de dependencias oficiales a través de su histórica secretaria, María Cantero, y de la pareja de esta, el broker Héctor Martínez Sosa, inscribe nuevos y descarados párrafos en la ya larga enciclopedia de abusos de poder ejercidos por un sector de la política que se creía impune.
El viernes último, el juez que entiende en la causa, Julián Ercolini, envió órdenes de presentación a compañías de seguros que tenían las pólizas investigadas para seguir reuniendo pruebas antes de citar a Fernández a declaración indagatoria como sospechoso del delito de fraude y negociaciones incompatibles con la función pública. También está previsto que cite a Cantero y a Martínez Sosa. En total, hay una treintena de imputados en una causa de la que se conocieron muchísimos datos a partir del momento en que la Justicia ordenó secuestrar el teléfono celular de la exsecretaria presidencial.
Como en catarata, fueron apareciendo allí centenares de chats que involucran en la maniobra al expresidente y a numerosos funcionarios de su gestión al frente del Gobierno. La Justicia deberá determinar si hubo participación directa de cada uno y, en ese caso, qué grado de responsabilidad le cabe. De momento, una cosa resulta segura: la secretaria del entonces presidente y su pareja manejaban los contactos oficiales con un nivel de insolencia, oportunismo e impunidad que causan repulsión.
Sin embargo, atender solamente el contenido de los chats es mirar con un solo ojo esta sórdida historia. La Justicia investiga si esas presuntas maniobras beneficiosas para los amigos del poder fueron pergeñadas desde la génesis misma de la redacción del texto del decreto presidencial. Se analiza el hecho de que mientras un borrador de Fernández obligaba a los entes estatales a contratar pólizas con Nación Seguros sin tener que acudir a un broker, esa limitación desapareció en el decreto finalmente oficializado.
Amigo del entonces presidente, Martínez Sosa mantiene en los citados chats largas charlas con su pareja conminándola a ejercer presión sobre determinados funcionarios. La mujer conocía como nadie la agenda del jefe del Estado y tenía acceso directo no solo a los contactos dentro del Gobierno, sino que hasta le facilitaba a su pareja el acceso a la rampa de la Casa Rosada cuando, eventualmente, debía cruzarse a otra dependencia oficial para hacer alguna gestión. Tomaron la Casa Rosada como su centro de operaciones, que es como tomar el Estado en sus manos para hacer negocios personales con el dinero de los contribuyentes. Si Martínez Sosa era un gestor todoterreno, su mujer no le iba en zaga: usaba la antesala del despacho presidencial para digitar los negociados, según pruebas que constan en el expediente judicial.
Entre muchos de los nombres que salieron a la luz de esos chats figuran los del exministro y excandidato presidencial kirchnerista Sergio Massa; del exministro de Obra Pública Gabriel Katopodis; del exvicejefe de Gabinete Juan Manuel Olmos; del exjefe de Gabinete y excanciller Santiago Cafiero; de los exministros de
Defensa, Agustín Rossi y Jorge Taiana; de los ex ministros de Desarrollo Productivo y de Seguridad, Matías Kulfas y Aníbal Fernández, respectivamente, y de Julio Vitobello, exsecretario general de la Presidencia.
En una reciente investigación publicada por allegados a Massa dijeron que las pólizas fueron contratadas antes de que él fuera funcionario nacional. Sin embargo, Massa aparece mencionado en los chats como presunto nexo y referencia habitual en las negociaciones de la secretaria de Alberto Fernández y de su pareja. Olmos dijo que todos sus contactos con Cantero fueron circunstanciales “de un funcionario que se quiere comunicar con el Presidente”, mientras que fuentes allegadas a Rossi intentaron justificar su inocencia al asegurar que el decreto de Fernández fue posterior a su salida de Defensa.
El entramado es tan grande y tan sospechoso que la Justicia tendrá una ardua tarea de entrecruzamiento de datos y de fechas, entre otras diligencias tendientes a dilucidar el grado de lo que ya se presume una enorme estafa y un vil aprovechamiento del poder para sacar provecho privado.
De ese mismo celular surgieron las fotos que probarían la denuncia de la ex primera dama, Fabiola Yañez, contra Alberto Fernández. Yañez declaró ayer por primera vez ante la Justicia sobre los graves hechos de violencia a los que la habría sometido el expresidente. Pero esa es otra historia que corre por cuerda separada, aunque el vehículo que destapó todo haya sido el celular de una secretaria sin ética ni escrúpulos.
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El deporte argentino, ante un cambio necesario
En el deporte, como en la vida, los milagros no abundan, por lo que sin una planificación concreta y un apoyo sostenible del Estado y del sector privado, es muy difícil lograr grandes resultados a pesar del talento y el esfuerzo de nuestros deportistas.
El logro de tres medallas –una de cada color– y seis diplomas en los recientes Juegos Olímpicos realizados en París estuvo dentro de los cálculos previos, con alguna sorpresa, como el oro de José “Maligno” Torres en BMX Freestyle, además de la confirmación del habitual desempeño de Las Leonas en el hockey femenino y la tradición en el deporte de vela, con el segundo puesto logrado en la categoría Nacra 17 por Mateo Majdalani y Eugenia Bosco.
Si se observa el vaso medio lleno se puede argumentar que hubo una leve mejoría con respecto a Tokio 2021, donde no hubo medallas de oro; se avanzó en la posición en el medallero general, y el desempeño de la delegación argentina no contrastó con los magros logros del resto de las naciones sudamericanas, con la excepción de Brasil.
De cualquier manera, ese balance sería por demás conformista, teniendo en cuenta el potencial que tendrían los deportistas argentinos si contaran con el apoyo y la infraestructura necesarios para competir en igualdad de condiciones en el contexto internacional.
De poco sirve la estadística que dice que la Argentina quedó en el puesto 52º entre 206 delegaciones y que, gracias a la presea de oro, ascendió 20 lugares en el medallero respecto de los Juegos Olímpicos de Tokio.
Un dato histórico, que el ambiente deportivo destaca, es que aparecieron nuevos problemas en 2017, cuando se le retiró autarquía al Ente Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (Enard) y se licuó el fondo del 1% que aportaba la telefonía celular para solventar becas y presupuesto para los deportistas de elite.
Más allá de esto, se requiere una urgente revisión de la actuación de las distintas federaciones, una planificación estratégica que conjugue esfuerzos de clubes, escuelas, universidades, gobiernos y empresas, para que los esporádicos logros no sean solo fruto de arrestos individuales o aislados esfuerzos privados.
Pasaron 40 años desde los Juegos Olímpicos de Los Ángeles, donde la Argentina no obtuvo medallas. A partir de ahora comienza el camino hacia la misma sede en 2028. No es mucho tiempo, pero sí el suficiente para cambiar el rumbo y apuntar a un desarrollo sustentable y exitoso de nuestro deporte.
http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA
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