domingo, 18 de agosto de 2024

EL EXILIO, EEUU, OPINIÓN


Refugio durante el exilio, hoy Venezuela es motivo de pena
Muchos argentinos reclaman por la libertad del país que los amparó durante los años de la dictadura
Helena Brillembourg
Jorge Sethson y Osvaldo Losoviz (de pie); Daniel Divinsky, Horacio Losoviz y Miguel Ángel Diez
Tienen grabada en su memoria la fecha en la que aterrizaron en el aeropuerto de Maiquetía. En los años 70, escaparon hacia ese destino que sería fundamental en la vida de cada uno. Ya no viven allí, pero siguen con atención la crisis política de Venezuela, el país que supo ser su refugio cuando más lo necesitaron. Movidos por una gran preocupación ante el fraude del chavismo en las elecciones de fines de julio y ante la persecución del régimen de Nicolás Maduro contra la población que lo denuncia, el grupo sintió el compromiso de dar un testimonio de agradecimiento y, a la vez, de levantar la voz para unirse a quienes alrededor del mundo piden validar la voluntad de cambio expresada por la gran mayoría de los venezolanos en las urnas. Saben que lo hacen también en nombre de los miles de otros argentinos que, al igual que ellos, encontraron en Venezuela un lugar seguro que les dio trabajo y seguridad para sus familias.
Durante la presidencia de Cámpora, Horacio Losoviz asume como director nacional de Industrias para el área internacional, cargo que ejerce hasta fines de 1974, cuando, muy preocupado por el ambiente de desconfianza que sentía en el país, presenta su renuncia. “Así fue como acepté la oferta para abrir una empresa argentina en el exterior y sugerí que fuese en Venezuela. Con el apoyo de Eli, mi esposa, quien estaba embarazada, salimos con nuestros hijos y llegamos a Caracas en mayo de 1975. Me emociona recordar el recibimiento de los amigos venezolanos que había hecho a través del Pacto Andino. Gracias a su ayuda desinteresada pude constituir rápidamente la compañía y comenzar a trabajar. La fortuna quiso que Hans Neumann, uno de los empresarios más importante de Venezuela, se nos acercara interesado en comprarla. De esa manera comenzó una relación de años trabajando a su lado. Aprendí de todo y llegué a formar parte del comité ejecutivo de ese grupo. Mientras, en la Argentina la dictadura era cada vez más férrea y recibí a muchos compañeros de facultad que también huían de ese horror; hasta mi hermano Osvaldo y su esposa, cuyo socio había desaparecido, tuvieron que escapar. También ellos pudieron desarrollarse en ese país lleno de oportunidades. En 1987 recibo una llamada del presidente Alfonsín para proponerme la presidencia del Directorio de Empresas Públicas. No pensaba aceptar, pero al viajar a la Argentina para agradecerle, sentí que era el momento de regresar. Fue muy difícil despedirnos de Venezuela y no dejo de manifestar mi agradecimiento por todo lo que nos dio”.
Generosidad
Junto a Rodolfo Terragno, Miguel Ángel Diez creó Cuestionario, una revista de análisis político y económico que el gobierno militar cerró en 1976. “Fuimos audaces con lo que publicábamos y sabíamos las consecuencias. Después del cierre, viví con mucho temor y terminé aceptando la oferta de Terragno para irme a Venezuela. Llegué un 9 de julio, con una valija y 800 dólares en el bolsillo. La generosidad con la que fui recibido en el momento más difícil de mi vida no la olvidaré jamás. Al día siguiente, me consiguieron una entrevista con Diego Arria, ministro de Turismo, quien me contrató de inmediato; luego formé parte del proyecto que tenía junto a Terragno para hacer un diario, El diario de Caracas. Convocamos a Tomás Eloy Martínez para que fuese jefe de redacción; fue un diario rompedor; la foto de la portada, que era una especie de editorial, revolucionó el periodismo. Después lancé la revista Número, al modo de Businessweek, que fue exitosísima. Dejé Venezuela con profunda tristeza, pero era el turno de apoyar a mi esposa María Teresa, decidida a cursar una maestría en Londres. Con la democracia regresamos a la Argentina y compré Mercado, que terminó convirtiéndose en una revista de consulta. A pesar del tiempo transcurrido, nunca dejé de estar al tanto de lo que sucedía en Venezuela y me obsesiona la pregunta de cómo se hace para salir de la terrible situación en la que se encuentra.”
A su regreso de Estados Unidos, donde había reemplazado temporalmente al corresponsal , el periodista Jorge Sethson, quien también había trabajado en la sección de Economía del diario, recibe una oferta de Reuters para abrir una oficina en Caracas. Así es como llega en 1971 a Venezuela. “A pesar de que no salí escapando de la dictadura, el contraste fue inmenso entre esa Argentina gris de los años de Onganía y un país en el que respirabas la paz democrática. Me parecía genial que Rafael Caldera, quien gobernaba en ese momento, diera semanalmente una rueda de prensa en la que podías preguntar lo que fuese. Dejé Reuters para dirigir la sección internacional de El Nacional. Allí viví la nacionalización del petróleo y el boom económico de Venezuela. Tuve llegada directa a Carlos Andrés Pérez, un presidente que, a pesar de sus errores, logró posicionar a su país en el mundo. Se creó el Sistema Económico Latinoamericano (SELA) y me invitaron a manejar las comunicaciones del organismo. Estuve allí hasta 1980, cuando me contrataron para trabajar en el Pacto Andino en Lima. Con la victoria de Alfonsín sentí que tenía que regresar a mi país. Mantuve siempre mi conexión con Venezuela, por eso hoy se me saltan las lágrimas al ver lo que sucede allá”.
El presidente venezolano, Nicolás Maduro, habla con la prensa en el Tribunal Supremo de Justicia, adonde llegó para los procedimientos relacionados con la auditoría de los resultados de las elecciones presidenciales en Caracas, Venezuela, el viernes 9 de agosto de 2024. Detrás hay una imagen del héroe de la independencia, Simón Bolívar. 
Daniel Divinsky estaba al frente de Ediciones de la Flor, la mítica editorial que fundó junto a Ana María Miller, su exmujer, cuando ambos fueron arrestados y llevados a prisión por la publicación de un libro de cuentos infantiles que fue considerado subversivo. A su liberación, luego de pasar 127 días presos, los editores de la obra de Quino y Fontanarrosa decidieron exiliarse. “Gracias a la diligencia de Terragno, conseguimos que la embajada venezolana nos diera una visa de turismo, y así llegamos a Caracas en enero de 1978 acompañados de nuestro hijo de dos años. Ángel Rama, el gran intelectual uruguayo, nos consiguió trabajo. Tuve a mi cargo la distribución de la Biblioteca Ayacucho, editorial patrocinada por el Estado, que se encargaba de publicar los clásicos de la literatura iberoamericana. Fui jefe de las páginas de cultura y espectáculos de El Diario de Caracas, donde nos invitaron a dirigir una colección de libros dominicales y llegamos a sacar más de 150 libros de temáticas diversas. Venezuela era un país con una alegría inmensa, en el cual la democracia era un valor dado, eso no estaba en debate. Parecía que seguiría así durante 1000 años.”
Para los hijos de Julio Broner, Edgardo y Marcela, así como para su yerno, Gabriel Taraciuk, llegar a Venezuela fue respirar la libertad. Recuerdan el día como un nuevo nacimiento: 25 de octubre de 1976. Broner, creador de Wobron, ícono de la industria argentina y presidente de la Confederación General Económica, se había convertido en un perseguido por la Junta Militar de 1976. Tras un intento de asesinato, decide exiliarse en Venezuela. “Desde allí seguía manejando su empresa, pero en 1977 saliendo por Maiquetía, lo detienen por una orden de extradición del gobierno argentino. Había un avión militar dispuesto a traerlo de vuelta. Gracias a la intervención de varios contactos, lograron que se quedara en Venezuela, donde pasó seis meses detenido enfrentando un juicio por extradición. La Corte Suprema venezolana terminó rechazándola y pudo recobrar su libertad. Como le habían quitado la ciudadanía argentina, el gobierno de Carlos Andrés Pérez le otorgó la nacionalidad. Siempre amó Venezuela por haberle salvado la vida y por ser el país donde vio nacer a sus nietas. Sabemos de muchos argentinos a los que, junto con nuestra madre, ayudó a establecerse en Venezuela. Con la vuelta de la democracia y el cierre de todos los procesos judiciales iniciados en su contra volvieron a la Argentina, pero no se establecieron hasta 1987, cuando por problemas de salud se queda definitivamente en Buenos Aires, donde fallece en 1990″.
Apoyo desde lejos
Hoy todos siguen conmocionados las noticias y se preguntan dónde quedó ese país que era ejemplo de democracia. ¿Cómo es posible que el organismo oficial haya declarado vencedor a Maduro, cuando las actas electorales en manos de la oposición demuestran que Edmundo González obtuvo el 67% de los votos? Están al tanto del pronunciamiento del Centro Carter y del panel de la ONU, únicos observadores internacionales que permitió el gobierno, avalando el triunfo de González. Por eso, piden a la comunidad internacional que no abandone el reclamo de una población que exige se respeten los resultados. No conciben que exista represión, secuestros y tortura en el lugar al que llegaron huyendo de esos mismos males y afirman que siguen cantando el “Gloria al bravo pueblo”, el himno venezolano, en apoyo a una ciudadanía que lucha por recuperar ese país que en un momento también fue suyo.

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Trump, en problemas para lidiar con su nueva contrincante
ESTADOS UNIDOS El republicano parece olvidarse de que ya no compite con Biden, sino con Kamala Harris
Shawn McCreesh
El expresidente Donald Trump llamó al programa Fox & Friends hace más de una semana para su primera entrevista desde que la vicepresidenta Kamala Harris eligió a Tim Walz, gobernador de Minnesota, como compañero de fórmula demócrata.
“Cómo va a manejar esto en la campaña electoral”, le preguntó Ainsley Earhardt, la simpática presentadora de Fox, al expresidente. “¿Se va a centrar simplemente en cómo votaron en el pasado?” En realidad, era más un ruego que una pregunta. “Bueno, lo voy a hacer”, le aseguró Trump. “Eso es lo que voy a hacer”.
Tal y como lo ven los republicanos, no debería ser difícil para Trump pasar de Joe Biden a esta nueva candidatura demócrata. Todo lo que tiene que hacer es atacar a Harris y Walz por las cosas que han dicho y hecho, mostrarlos como personas alejadas de la mayoría de los estadounidenses, en todo, incluyendo el orden público, la inmigración y las políticas transgénero.
Pero, en los últimos días, Trump sigue enredándose en sus propias distracciones. Se fue por la tangente sobre la identidad birracial de Harris. Se peleó con otros republicanos. Ha fantaseado también con la posibilidad de que Biden de alguna manera recupere la candidatura.
En el partido republicano, muchos sienten que todo eso es, por decir lo menos, contraproducente. “La candidatura Harris-Walz es la más izquierdista de la historia de Estados Unidos. Tiene un entorno con muchos flancos para atacar”, dijo Ben Shapiro, el estratega mediático de la derecha. “Lo único que tiene que hacer Trump es centrar el ataque en esa candidatura extremista, y atenerse a un argumento simple: se estaba mejor en 2019 que en 2024”.
Trump comenzó a desviarse de ese mensaje hace una semana, cuando cuestionó la identidad de Harris como mujer negra ante una sala llena de periodistas negros en una conferencia celebrada en Chicago. “Se siente más cómodo con los ataques basados en la personalidad, en vez de los ataques basados en temas”, afirmó Neil Newhouse, un encuestador republicano. “Pero como Kamala es una relativa desconocida, los ataques relacionados con políticas y temas tendrían más tracción en este momento”.
El tema de no centrarse en el mensaje se agravó hace una semana, en un mitin en Atlanta en el que Trump atacó al popular gobernador republicano del estado, Brian Kemp, por no secundar las mentiras de que las elecciones de 2020 fueron robadas. “Me entristeció ver discutir a dos hermanos de la misma familia”, dijo Jack Kingston, antiguo republicano por Georgia en la Cámara de Representantes y aliado de Trump.
A veces, parece que Trump ni siquiera aceptó su nueva realidad política: que ya no compite contra Biden. Días atrás, se preguntó en voz alta en una publicación en Truth Social si había alguna posibilidad de que Biden “IRRUMPIERA en la Convención Nacional Demócrata y tratara de recuperar la nominación”.
“Pasó cuatro años preparándose para una campaña contra Biden”, dijo Newhouse, “y es difícil recuperar el equilibrio”. Dijo que Trump estaba ahora tratando de hacerlo “sobre la marcha, con menos de cien días por delante, y eso es un esfuerzo extraordinariamente difícil”.
La campaña de Trump dijo que “hemos definido a Kamala Harris como fracasada, débil y peligrosamente de izquierda”, según el vocero de Trump, Steven Cheung. “En numerosas entrevistas y discursos, Trump expuso el claro contraste de su desastrosa plataforma frente a su exitosa agenda America First. Mientras tanto, Kamala elude las entrevistas con los medios y se niega a comprometerse con la prensa desde que Biden se retiró”.
Aumentando la sensación de que Trump no tiene un mensaje claro a transmitir, la semana pasada el expresidente ha estado probando un nuevo apodo burlón para su oponente, refiriéndose a Harris como “Kamabla”. Es un cambio respecto al otro apodo que había elegido (“Risitas Kamala”). Nadie parece muy seguro de cómo descifrarlo.
Cuando se le preguntó si entendía lo que Trump quería decir con “Kamabla”, Kingston respondió: “No”. ¿Y en cuanto a los ataques a su identidad racial? “Yo me centraría en el precio de los comestibles”, dijo.
“Lo único que Trump tiene que hacer es hablar de sus posturas, como lo hizo en 2016”, dijo Ann Coulter, la comentarista conservadora que rompió con Trump hace unos años, en gran parte debido a su incapacidad para centrarse en los temas que a ella le importaban. “Pero no, se va a pasar los primeros 20 minutos de cada mitin atacando al popular gobernador republicano de Georgia o probando apodos estúpidos para Kamala”.
Coulter añadió que “los republicanos que esperaban que Trump hiciera una campaña inteligente y disciplinada se van a sentir muy decepcionados”.

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El mensaje cifrado en el éxito de las democracias no liberales
La elecciones al Parlamento europeo confirman una tendencia que debería llamar a la reflexión
Víctor A. Beker Exdirector de Estadísticas Económicas del Indec; profesor en la Universidad de Belgrano y la Universidad de Buenos Aires
Las recientes elecciones al Parlamento europeo han ratificado una tendencia que se había expresado anteriormente en los Países Bajos, Hungría, Croacia, Eslovaquia, Italia, Suecia, Turquía y Finlandia: el triunfo o el avance electoral de partidos que comparten lo que el primer ministro de Hungría, Viktor Orbán, definiera como democracia no liberal. Un eventual triunfo de Donald Trump en Estados Unidos (hoy menos probable con Kamala Harris como candidata demócrata, según las encuestas) reforzaría dicha trayectoria.
Para poder entender este fenómemo conviene repasar la relación entre liberalismo y democracia.
Contrariamente a la creencia más generalizada, el liberalismo y la democracia no son necesariamente una pareja feliz. Por el contrario, desde su aparición en el Siglo de las Luces, el liberalismo ha mantenido una relación compleja y plagada de tensiones con la democracia. Su matrimonio es posible, pero no inevitable.
El liberalismo es tributario de la libertad, mientras que la democracia lo es de la igualdad; son dos de los tres componentes del lema que inspiró la Revolución Francesa.
Sin embargo, muchos de los padres fundadores del liberalismo no eran necesariamente demócratas. Lucharon por la libertad de los individuos, pero no pidieron el gobierno del pueblo. Se oponían al sufragio universal y temían el gobierno tiránico de las masas.
A menudo se considera a John Locke como el “padre” del liberalismo, cuyas ideas inspiraron a los pensadores de las revoluciones estadounidense y francesa. Locke era liberal pero no demócrata: incluyó solo a los propietarios como miembros de la sociedad con derecho a voto. Consideraba que la masa de personas sin propiedades no era apta para votar o servir en el gobierno.
Otro fundador del liberalismo como John Stuart Mill defendió la idea de que el valor del voto de cada persona debía ser proporcional a su nivel de educación.
A los ojos de muchos liberales, la democracia era vista como el gobierno de la plebe. El liberalismo estaba llamado justamente a evitar que el poder de la mayoría pudiera pisotear a cualquier minoría. Era concebido como una suerte de burbuja protectora alrededor de cada individuo: debería proteger a los ricos de los pobres, que podrían querer apoderarse de su riqueza, así como a los pobres de los ricos, evitando que éstos abusaran de su poder económico, y a todos respecto al poder del Estado.
Se ha señalado que la democracia liberal es el régimen ideal porque la democracia sin el control del liberalismo puede derivar en una tiranía de las mayorías, de la misma manera que el liberalismo sin el control de la democracia puede convertirse en una oligarquía elitista.
Cabe entonces preguntarse: ¿existe una democracia no liberal? Algunos autores rechazan de plano tal posibilidad alegando que se trata de un oxímoron. Por ejemplo, para el reconocido economista húngaro János Kornai, la democracia es liberal o no es democracia. Según él, hablar de democracia no liberal es como hablar de un Papa ateo.
Sin embargo, si así fuere, cabe preguntarse por qué se habla de “democracia liberal” y no de “democracia” a secas. Si existe la democracia liberal es porque existe la democracia no liberal.
Las democracias no liberales, tan en boga hoy en el mundo, se presentan como la respuesta a las elites, acusadas de estar desconectadas de la nación “real”. Los regímenes democráticos no liberales se caracterizan por no respetar la libertad de prensa, hostigar a la oposición y violar la independencia del Poder Judicial. Sin embargo, celebran elecciones periódicas, respetan el sufragio universal, diferentes partidos compiten por los votos –con más o menos restricciones– y, por lo tanto, formalmente califican como democracias.
Muchas veces incluso actúan en nombre de la libertad. Empero, sus críticos recuerdan las palabras póstumas de Carlota Corday camino a la guillotina: “¡Libertad, cuántos crímenes se cometen en tu nombre!”
Los demócratas no liberales afirman que son verdaderamente democráticos en la medida en que defienden a la gente común. Se diferencian de los liberales porque quieren acabar con una élite política corrupta, quieren poner a las minorías étnicas y religiosas –que supuestamente están siendo favorecidas en nombre de la corrección política– en el lugar (subordinado) que les corresponde; quieren evitar que una preocupación “políticamente correcta” por los derechos de las minorías interfiera con la justicia y la igualdad. Y si fuera necesario, están dispuestos a acabar con las instituciones políticas liberales, como un Poder Judicial independiente o una prensa libre e independiente, si es que se interponen en el camino de la voluntad del pueblo.
El gran desafío para la democracia hoy es poder reducir la desigualdad y eliminar la pobreza, la inseguridad y la corrupción. Y la democracia está perdiendo esta batalla en muchos lugares del planeta.
El éxito de la democracia no liberal está enviando un poderoso mensaje sobre cuestiones que la democracia liberal no ha sabido, no ha podido o no ha querido resolver, pero que afectan a grandes masas que se sienten dejadas de lado por el establishment político.

http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA

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