Elias Canetti El Nobel que desmenuzó el pensamiento totalitario
A 30 años de su muerte, la obra del autor de Masa y poder invita a la relectura
Por Daniel Gigena
“Pocos autores dejan una impresión de genio tan inmediata como Elias Canetti. Apenas el lector se aventura en las primeras páginas de sus libros, se siente iluminado por una sabiduría más antigua que el tiempo”, escribió en 2009 Tomás Eloy Martínez, sobre el Premio de Nobel de Literatura 1981. El escritor nacido en Ruse, Bulgaria, el 25 de julio de 1905, obtuvo el máximo galardón de las letras por su “posición crítica ante ciertas tendencias enfermas de nuestro tiempo, por ejemplo, su estudio de los movimientos de masas y de manera especial en relación con la brutalidad del nacionalsocialismo germano y de las dictaduras en general”. En esto días, cuando se conmemora el 30° aniversario de la muerte del autor de Masa y poder, se levanta el embargo sobre sus archivos preservados en la Biblioteca Central de Zúrich.
Nacido en una familia judío sefardí (su padre era origen español y su madre, de origen italiano), tuvo como primera lengua el judesmo (judeoespañol), que quedaría asociado a los recuerdos de infancia en Bulgaria e Inglaterra. Tras la muerte del padre, se instaló con su madre y sus hermanos menores en Viena, donde aprendió el idioma en que escribiría toda su obra –el alemán–, que incluye una única novela, obras de teatro, ensayos, memorias, crónicas de viaje, apuntes y aforismos. Masa y poder, su proyecto más ambicioso, en el que combina sociología, antropología, historia de las religiones, filosofía y cierto carácter visionario, sondeó las bases en las que se apoyan los sistemas totalitarios.
De 1916 a 1921 pasó sus años más felices en Zurich, según consigna en su autobiografía. Tras una estada en Fráncfort, regresó a Viena, donde ofició de traductor de escritores estadounidenses a la vez que se integraba a la elite cultural y artística vienesa. Entre otros, Canetti se vinculó con Karl Kraus (que tuvo mucha influencia en su ideario y estilo), Bertolt Brecht, Isaak Babel, George Grosz, Robert Musil, Alban Berg y Alma Mahler. Después de la muerte de su madre, en 1937, se trasladó a París y, en 1938, luego de la Noche de los Cristales Rotos (con violentos ataques a ciudadanos judíos en Alemania y Austria), se radicó definitivamente en Londres. En 1952, se convirtió en ciudadano británico.
“Pocas veces, en la historia de esa ya secular distinción, quienes confieren el Premio Nobel de Literatura procedieron con tanta responsabilidad y acierto como cuando, en 1981, se lo otorgaron a Elias Canetti –dice a este diario el escritor y filósofo Santiago Kovadloff–. Él fue la expresión cabal de una Babel triunfante. Lo suyo no redundó en dispersión sino en una síntesis prodigiosa de talento expresivo y profundidad analítica. En su palabra, la diversidad de culturas e idiomas que enhebraron su vida dieron forma a una de las más inspiradas síntesis culturales del siglo XX. Así lo prueban Masa y poder, obra incomparable sobre el pensamiento totalitario compuesta a lo largo de dos décadas, tanto como su única novela, Auto de fe, y sus cautivantes textos autobiográficos. A mi ver, solo dos figuras de la segunda mitad del siglo XX llegaron a ser como Canetti, expresión del más alto y actualizado clasicismo: George Steiner y Claudio Magris”. Para Steiner, la “exigente presencia” de Canetti “honra la literatura”.
A treinta años de su muerte, sus “papeles secretos”, custodiados en la Biblioteca Central de Zurich, comenzarán a ver la luz. “Para quienes admiramos, leemos y releemos la obra del autor centroeuropeo, este es un año muy prometedor, porque se permite ahora la apertura y publicación de gran parte de su archivo: decenas y decenas de cajas con diarios, apuntes y correspondencias, borradores y fragmentos inéditos –dice a el editor la nacion Julio Patricio Rovelli–. Ya habíamos leído en el presente siglo El libro contra la muerte y Fiesta bajo las bombas, volúmenes articulados por sus editores y familiares. Ahora se anuncia una obra de teatro inédita, junto a pasajes, también inéditos, de obras ya publicadas”. Los “papeles secretos” del escritor reúnen la correspondencia y sus diarios desde el 21 de octubre de 1941 al 30 de diciembre de 1986.
“Fue un escritor tan brillante como proteico –remarca Rovelli–. De eso dan prueba su gran novela Auto de fe, parte de un proyecto original de varios tomos que agruparía bajo el título ‘Comedia humana de la locura’, las obras de teatro, su trilogía autobiográfica, y sus aforismos y apuntes, sin olvidar sus estudios y ensayos, como aquel sobre Franz Kafka, pero también sobre la vida y la cultura centroeuropeas a través de los escritores con los que trabó amistad. En síntesis, hablamos de la vida y obra de un escritor de vastos territorios, agudo, potente e imaginativo, obsesionado por un único enemigo, al que detestaba: la muerte”. Su primer editor en lengua española fue un argentino radicado en España: Mario Muchnik.
Desafío a la muerte
Para la escritora e investigadora Julia Kornberg, Canetti es el escritor sefaradí más importante del siglo XX. “Su obra digiere, refracta y deforma las experiencias más avasalladoras del momento histórico que le tocó vivir –destaca la autora de Atomizado Berlín–. En sus memorias, recuerda con una calidez reminiscente a los Chagall, Marc y Bella, las costumbres de una familia letrada previas a la catástrofe de la Segunda Guerra Mundial. En Auto de fe, su virtuosa novela modernista, desmenuza la desgarradora experiencia de la Viena de entreguerras y confunde al lector entre escenas de violencia, experimentación sexual y laberintos intelectuales. Como Paul Celan, como Nelly Sachs, la prosa de Canetti después de la Segunda Guerra Mundial aparece bajo la sombra de la muerte, que marca a toda vida como la vida después de la cámara de gas. Sin embargo, a diferencia de Celan y Sachs (poetas, depresivos, suicidas), Canetti consigue construir más allá del mundo que le tocó vivir, como un desafío a la muerte y un testamento a la labor literaria”.
Esto queda claro en su ensayo La profesión del poeta, dice Kornberg. “Allí rebate la idea de que la poesía y, por extensión, la literatura, se ha vuelto inútil: ‘El poeta no puede enviar a la humanidad hacia la muerte […]. En cambio, debe forcejear contra la muerte sin capitular, incluso si sus esfuerzos parecen en vano’. También señaló que, en ‘un mundo tan empecinado en la especialización y realización profesional, en un mundo que solo reconoce el exitismo’, el poeta debe ‘mantener la capacidad de convertirse en todos: en el más pequeño, más inocente, más impotente de los hombres’”.
La escritora argentina nacida en Rumania Alina Diaconú dice que todos los escritores que cambiaron de lengua son sus hermanos. “Siento que comparto con ellos una complicidad recóndita en lo intelectual y vivencial. Me maravilla que, habiendo nacido en Bulgaria, de padres judíos sefaradíes que hablaban español y búlgaro, Canetti haya adoptado el alemán para escribir.
Era el idioma que sus padres utilizaban cuando no querían ser entendidos por otros. Es decir: había en el idioma alemán un secreto, un misterio, algo vedado para el pequeño Elías. Y es justamente esa lengua la que él elige para su literatura. Siendo un hombre políglota, que hablaba por lo menos cuatro idiomas, se adentra en esa lengua secreta con tanto ahínco y profundidad que llega a olvidarse casi completamente del búlgaro natal y se transforma así en uno de los mayores escritores alemanes de su siglo”.
En defensa propia
Diaconú sostiene que, habiendo vivido la persecución nazi, y nostálgico de Dios, Canetti creía en el poder transformador del hombre y consideraba que la literatura era una forma de defensa propia. “Algunos comentaron que optar por el alemán no solo implicaba conocer a los grandes autores clásicos de ese país, sino también afirmar de modo contundente su judaísmo. Amigo de Brecht y de Berg, devoto de Thomas Mann, de Kafka, de Musil, conocía muy bien la literatura española: veneraba a Quevedo. También la hispanoamericana: admiraba a Juan Rulfo, a Borges y, como boutade, sostenía que Adolfo Bioy Casares era una invención de Jorge Luis. Canetti fue un leonino cabal. Nació en julio de 1905 con esa gran fuerza de voluntad y esa energía fueguina y solar, y murió en el mismo ciclo del León, en agosto de 1994”.
En La lengua absuelta, que dedicó a su padre –quien le había legado el amor por los libros–, Canetti narra su fascinación por Ulises, el héroe homérico. “Se convirtió en un modelo singular, el primero que concebía de manera pura, el personaje de quien aprendí más que de nadie, un modelo perfecto y sustancial que se revelaba bajo muchas apariencias, cada una con su sentido y su razón –revela el escritor–. Asimilé todas sus particularidades y con el paso del tiempo todo lo suyo tenía significado para mí”.
A Canetti le tocó la suerte de ser un exiliado al que trataron con hospitalidad la mayoría de las veces. “Solo en el exilio nos percatamos de hasta qué punto una parte importante del mundo ha sido siempre un mundo de exiliados”, escribió.
“La centralidad del pensamiento de Canetti está puesta en la muerte o, en el otro sentido, en su elogio a la amistad –conjetura el investigador en pensamiento judío Facundo Millman–. Definía a un amigo como una persona a la que le contamos noticias fabulosas sobre nosotros sin que importe si son ciertas. Entonces, en homenaje a la vida de Canetti: recorrer el mundo, errar por la tierra y encontrar amigos para declararle la guerra a la muerte”
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Cruzada libertaria. Gobernar al ritmo de las redes daña la calidad democrática
La polarización que fogonea el equipo de comunicación virtual de Milei a través de posteos agresivos erosiona la convivencia y las instituciones, señalan analistas
Gabriela Origlia
CÓRDOBA
El estilo de comunicación del presidente Javier Milei con eje en las redes sociales, donde hay un ejército oficialista, se ajusta como un guante a la descripción que hace Giuliano da Empoli en Los ingenieros del caos: más vinculación con la emoción que con el concepto, alto impacto para provocar identificación y generar conflicto. Este recurso de sobreexcitar los extremos, por supuesto, afecta al diálogo político, base de la institucionalidad.
El modelo no es original ni exclusivo: hoy lo aplican líderes de buena parte del mundo, tanto de izquierda como de derecha. Mientras, los analistas todavía intentan definir si estamos frente al nacimiento de un “nuevo tipo de democracia”. No dudan, en cambio, de que la tradicional está alterada y degradada.
Que los dirigentes exploten el enojo no es una novedad en la comunicación política. Lo que cambió es la velocidad y profundidad que le dan al fenómeno las plataformas virtuales, que estructuran la realidad de muchos. Santiago Caputo, asesor estrella y amigo de Milei, es el encargado de organizar a los tuiteros, youtubers y trolls que sostienen el discurso oficial y el relato libertario, en lo que entienden es una “batalla cultural”. Hay quienes tienen rostro e incluso se los ve con el Presidente, mientras que otros trabajan desde el anonimato que proveen las redes.
Milei, y también sus funcionarios, replican sus posteos sin detenerse a analizar la veracidad de lo que dicen o el modo en que lo hacen. La cuestión es generar reacciones. Así, al ritmo de las redes, el Gobierno libertario hace anuncios, echa miembros del gabinete u hostiga a periodistas y opositores.
Una de las figuras más conocidas de ese ejército virtual es Daniel Parisini, alias “el Gordo Dan”, un exenfermero del Hospital Garrahan de 31 años. Lleva una década militando en las redes y acompaña a Milei desde su época de diputado, aunque (negocios son negocios) es socio de Blender, uno de los principales canales de comunicación kirchnerista. En las últimas semanas se hizo más conocido entre quienes no surfean las plataformas porque, en su estilo agresivo, “anticipó” las salidas de Fernando Villela, de Agricultura, y Julio Garro, de Deportes, después de “apuntarlos” por algunas conductas. Es uno más entre los cruzados del ejército virtual libertario, cuya base de operaciones funciona en el Salón de los Próceres de la Casa Rosada.
Frágil y banal
“Hay una crisis de la democracia representativa; nadie lee programas ni se ganan elecciones con discursos o aparatos. Hay una nueva forma de democracia y la antigua se acabó”, dice el consultor Jaime Durán Barba, quien asesoró a Mauricio Macri en su campaña y presidencia. Entiende que este estilo de comunicación lleva a una democracia “frágil y banal”, que se monta en mensajes breves, en memes y en imágenes. “Se busca algo que sea gracioso, que llame la atención. Son las nuevas normas que se están estudiando y que afectan a la política y a la vida en general”.
Esta “nueva” democracia no está pensada sobre la base de los consensos, a la búsqueda de puntos medios, sino de los extremos: “Para la democracia son indispensables el Congreso y una Justicia independiente, pero para la gente son instituciones desprestigiadas. Por eso el éxito de figuras como Milei”.
Para Damián Fernández Pedemonte, director de la Escuela de Posgrados en Comunicación de la Universidad Austral e investigador del Conicet, este fenómeno global en el que encaja Milei es el resultado de la evolución de la tecnocultura, que facilita la polarización y que emplea la adhesión o rechazo como una afirmación de la propia identidad. “Milei operó así durante la campaña y sigue; mantiene su carácter de outsider y de estar contra la política, aunque es Presidente. Y entonces le está permitido ir contra el Congreso, contra la Justicia. Corre los límites de lo que se puede decir y erosiona lo institucional. Milei no se piensa a sí mismo como un Presidente que emana de la política, sino como alguien que tiene la misión de comunicar los principios de la libertad en el mundo”.
"Milei profundizó la tendencia entre los políticos de definir sus posturas por tuit. La dinámica de las redes requiere de “gritos” para destacarse en medio del ruido general"
La analista política Sofía D’Aquino, de la consultora Taquion, añade que la aceleración de la comunicación profundiza el fenómeno. “Hace que la ciudadanía esté permanentemente en un lugar de escucha, espera que siempre haya alguien diciendo algo”, y eso también impacta en la institucionalidad. Mientras la comunicación institucional se planifica, se piensa y se aborda, hoy en cambio la comunicación política está “constantemente en modo electoral”. Milei busca el contacto directo con sus seguidores en las redes.
“Tener mediadores hace a la gestión, a la división de poderes, a la credibilidad institucional –precisa–. Acá se eliminan los actores intermedios; comunica el que fue elegido y sus seguidores quieren escucharlo a él. La comunicación en gestión requiere de sostenibilidad. En el actual esquema, a causa de la velocidad, se empiezan a anular los mismos actores. Tiene que existir un espacio de coordinación”.

Fernández Pedemonte señala que para la mirada libertaria, el “mundo oficial” de los debates en el Congreso o la diplomacia en el sentido clásico son parte de la casta. “Son como una cáscara; el mundo ‘real’ con el que le interesa conectar a Milei corre por las redes sociales; tiene un pacto con sus seguidores contra la casta. No llega a través de las instituciones”.
Milei profundizó la tendencia entre los políticos de definir sus posturas por tuit. La dinámica de las redes requiere de “gritos” para destacarse en medio del ruido general, y esto produce más fragmentación y reduce las posibilidades de alcanzar consensos para llevar adelante la administración del país.
“Hay un impacto en la institucionalidad tradicional, pero la nueva institucionalidad es así: informal, flexible, instantánea, directa. Así gobernaron Trump y Bolsonaro, así gobiernan Milei y Bukele. Y así Cristina Kirchner designó candidato presidencial en 2019. Hay que aprender a usar las mismas herramientas para el bien”, reflexiona Andrés Malamud.
Baja intensidad
La socióloga Graciela Römer, cofundadora de Saving Democracy América, se pregunta si el objetivo del Presidente es mantener un diálogo. “Milei, individualista, es la expresión de una nueva generación no por su edad, sino por su perfil discursivo”, señala. “La designación de Guillermo Francos responde a su necesidad de tener un apoyo dialoguista en un tercero”. La analista dice que la Argentina “no vive una democracia profunda” desde hace tiempo.
“El impulso del juez Ariel Lijo para integrar la Corte Suprema es impensable en una democracia de alta intensidad –dice Römer–. Se necesita crear confianza en las instituciones. No se puede convivir en democracia sin aceptar un contrato cuyo resguardo es la Corte”.
Römer destaca que mientras el líder libertario creció a partir del “rechazo a la corrección política”, la democracia es, “precisamente, corrección política, en la utilización de las palabras, en los gestos, en el Estado de derecho”.
"D’Alessandro está persuadido de que los líderes que desconocen las limitaciones que imponen la Constitución, las leyes y los fallos judiciales al poder bajo el argumento de que sus políticas son las “únicas posibles, necesarias y urgentes”, terminan irradiando un clima tóxico"
Reitera que estos emergentes se explican por una insatisfacción “fuerte” de la ciudadanía, por el “desencanto” con lo que la democracia prometió y no cumplió.
También Martín D’Alessandro, politólogo, profesor universitario y presidente de Poder Ciudadano, señala que la democracia es, en esencia, la posibilidad de administrar las diferencias sin violencia, con ciertos acuerdos, con negociaciones. “Para que el sistema funcione son indispensables ciertos modales de respeto al otro –dice–. Lo contrario, la intolerancia, la degradación del adversario y los insultos a las voces críticas lastiman la democracia. Los gobiernos populistas y la comunicación agresiva que los acompañan no contribuyen a mejorar el debate público que la democracia necesita. El Gobierno quiere un Estado mínimo o inexistente y pretende una sociedad civil vigorosa en lo económico, pero zombie en términos políticos y de defensa de derechos ciudadanos. Eso explica la poca transparencia en la comunicación de los actos de gobierno, los ataques de trolls o el hostigamiento a periodistas. Es otra confusión conceptual del Gobierno respecto del tipo de organización social que imagina”.
D’Alessandro está persuadido de que los líderes que desconocen las limitaciones que imponen la Constitución, las leyes y los fallos judiciales al poder bajo el argumento de que sus políticas son las “únicas posibles, necesarias y urgentes”, terminan irradiando un clima tóxico. “Contagian esa radicalización a sus adversarios, que empiezan a pensar que para poner freno a los abusos del Gobierno ellos también tienen que recurrir a la polarización en lugar de a la moderación, y a las agresiones en lugar de a la inteligencia. La Argentina ya probó ese veneno y sería deseable que no aumentara la dosis, porque eso llevará inevitablemente a una mayor degradación de la política y de las instituciones”.
Antecedente K
A casi nueve meses de la asunción de Milei, muchos de los actores provenientes de la política “tradicional” está entre adoptar la misma línea o esperar a que la ola pase. Muchos creen que estos perfiles de líderes se autodestruyen y se termina restaurando lo viejo. Sin embargo, Milei es una suerte de continuador de la política de la polarización y el ataque a la prensa independiente que impulsó el kirchnerismo durante los últimos veinte años. La vieja política quedó muy atrás.
En su análisis, D’Aquino indica que los libertarios no parten de la institucionalidad para generar los hitos de su gestión, sino del mensaje que quieren instalar. Un ejemplo, dice, es el Pacto de Mayo, que podría haber sido un diálogo entre partes. Sin embargo, se gestó para “marcar un cambio refundacional”. Sostiene que este tipo de comunicación vino para predominar y quedarse. “Hay un riesgo –advierte–, porque la falta de credibilidad en las instituciones alimenta un hiperpresidencialismo que desconoce sus límites”.
Fernández Pedemonte reconoce la eficacia comunicacional de Milei. “Presenta un discurso con la impronta de un académico al que le interesa la discusión, para concluir siempre con una consigna, con un slogan fácil de replicar. Sus argumentos no están probados, tienen la apariencia de estar basados en teorías, pero la contundencia retórica es lo que a los fans les permite aceptarlos. Es muy bueno para las redes, pero no para la resguardar la institucionalidad”.
También Römer señala ese punto: “Habla de una sociedad sin Estado, pero ningún liberal del mundo plantea eso. Esa sociedad existe solo en su imaginación. Necesita mantenerse como un outsider y por eso rechaza la corrección política. Pero sin gente idónea, capaz y honesta, las instituciones no funcionan. Y Milei tiene un tiempo acotado, porque la opinión pública empieza a cuestionar la metodología”.
D’Alessandro advierte que la erosión de la democracia y el deslizamiento hacia el autoritarismo está determinado por tres elementos fundamentales: la “captura” de las instituciones del Estado (por ejemplo de la Corte Suprema u organismos de control y auditoría); los embates para desarticular a la oposición y la restricción de las críticas en los espacios de discusión pública. Sostiene que es lo que hacen quienes, aunque hayan sido elegidos democráticamente, tienen “débiles convicciones democráticas a la hora de gobernar”.
¿Qué implica el “usar para el bien” las mismas herramientas que plantea Malamud? D’Aquino sostiene que se debe discutir el lugar que las instituciones deben ocupar en las plataformas, y la forma en que se deben a manejar, porque allí se abren al vínculo directo con el público. “Ese dinamismo implica el derecho a réplica inmediato, pero quienes corren por querer comunicar todo todo el tiempo pierden calidad en los mensajes”.
“Antes había que entender la lógica de los medios, y ahora, la de las plataformas –suma Fernández Pedemonte–. Tener conciencia de que implican una aceleración que impide profundizar. Y son un terreno apto para la posverdad, porque no hay allí una autoridad reconocida”.
http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA
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