Fernández pidió que el caso de violencia pase a la Justicia de San Isidro
Su nueva abogada argumentó que los hechos que denunció Yañez se ubicaron en la quinta de Olivos
La abogada del expresidente Alberto Fernández, Silvina Carreira, presentó un escrito para que la causa contra él promovida por la ex primera dama Fabiola Yañez por violencia de género pase a la justicia de San Isidro.
Así lo informaron a la nafuentes con acceso al expediente. cion El argumento que justificaría el cambio es que los hechos denunciados por Yañez habrían sucedido en la quinta de Olivos y, por ende, son los tribunales de esa jurisdicción los que tienen competencia para investigar el caso.
Para Alberto Fernández, sacar la causa de Comodoro Py tendría una ventaja: lograría evitar que la siguiera llevando el juez federal Julián Ercolini, a quien el expresidente recusó sin éxito con el argumento de que tenía un temor fundado de que el juez fuera parcial y buscara perjudicarlo. Fernández argumentó que él lo había cuestionado públicamente mucho antes del inicio de esta causa y que, cuando era presidente, en una cadena nacional, había ordenado incluso que se denunciara a Ercolini por el caso del viaje a Lago Escondido y las presuntas maniobras para esconder esa escapada con funcionarios y empresarios.
Si el caso pasara a los tribunales federales de San Isidro, los dos jueces a los que podría tocarle son Lino Mirabelli, que fue el magistrado que tuvo a su cargo la causa por la fiesta de Olivos, y Sandra Arroyo Salgado, que era la exmujer de Alberto Nisman, el fiscal que fue encontrado muerto en su departamento de Puerto Madero en lo que Ercolini investiga como un presunto homicidio.
El viernes por la noche, la policía realizó un allanamiento en el departamento de Fernández y le incautó el teléfono celular en el marco de esta investigación por violencia de género. El motivo de la medida fue constatar si el expresidente continuó “hostigando” a su expareja luego de ser notificado de que no tenía que tener contacto con ella, según informaron fuentes del caso a la nacion.
Pero un funcionario que trabaja en la causa confirmó que, además del teléfono personal de Fernández, durante el allanamiento fueron secuestrados otro celular, 22 pendrives, una iPad y dos memorias.
El viernes pasado, además, la Justicia dispuso el secreto del sumario en la causa por las supuestas agresiones que sufrió la ex primera dama, con el propósito de evitar que se frustren el allanamiento y otras medidas de carácter reservado.
Los fiscales Ramiro González –quien desde el viernes es el fiscal del caso– y Carlos Rívolo –el fiscal anterior, que hoy colabora con González– indicaron, en el pedido oficial de allanamiento al departamento de Fernández, que necesitaban “comprobar si siguió el hostigamiento luego de ser notificado” el exmandatario de la prohibición de contacto con Yañez. La ex primera dama había denunciado que era sometida a “terrorismo psicológico” por parte del expresidente.
El viernes, también, Ercolini envió a sorteo la causa porque no podía seguir tratándola como una parte del caso de los seguros, porque se trataba de un hecho que nada tenía que ver con aquella investigación. Cuando se sorteó volvió a tocarle a él, pero en otro juzgado que también tiene a su cargo. Lo que se modificó es la fiscalía. El caso pasó entonces de Rívolo a González.
Mientras tanto, Yañez está en Madrid y su abogada, la especialista en derecho civil Mariana Gallego, viajó a España para reunirse con ella. El plan es que en los próximos días Yañez declare en la causa para narrar, por primera vez, los hechos de violencia de los que acusa a Fernández.
Lo que se conoce hasta ahora es lo encontrado en el teléfono de la histórica secretaria del expresidente, María Cantero, a quien Yañez le había enviado fotos en las que se la ve con golpes (las mismas fotos que esta semana se hicieron públicas) y también imágenes de chats con el expresidente en los que ella le reprocha agresiones físicas.
Esta semana, cuando habló con Ercolini para informarle que había decidido denunciar a su expareja, Yañez dijo que no estaba en condiciones de hablar de los golpes, pero le manifestó al juez que estaba siendo hostigada por Fernández, que la estaba sometiendo a un acoso diario.
Yañez reside en España desde diciembre pasado, junto a su madre y su hijo Francisco. Fernández, que pasó algunas temporadas con ellos, después de la ruptura definitiva volvió a vivir al departamento de Puerto Madero de su amigo Enrique Albistur.
La letrada Silvina Carreira es una especialista en derecho de familia; asumió la defensa de Fernández en el caso de los golpes
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El PJ sufre su crisis más profunda y busca un atajo frente a Milei
incomodidad peronista La denuncia contra Fernández y su comportamiento impropio impactan en la principal fuerza de oposición; las reacciones de Cristina, Massa y Kicillof; y el rescate de la polarización con Milei
Mariano Spezzapria
Kicillof, Massa, Fernández y Cristina Kirchner en 2019
El peronismo buscaba desembarazarse de Alberto Fernández. La plana mayor de la principal fuerza de oposición ya lo había marginado del PJ, al que lo forzó a pedir licencia, y lo consideraba un electrón suelto que no tendría lugar en la nueva etapa, con proa a las elecciones legislativas de 2025. Figuras como Cristina Kirchner y Sergio Massa, aun desde el silencio recurrente, o un Axel Kicillof que se presenta como la contracara de Javier Milei, no consideraban su futuro político junto al expresidente. Pero “la pesadilla de Olivos” volvió a irrumpir para frustrar esos planes. La denuncia de violencia de género que Fabiola Yañez presentó finalmente ante la Justicia contra Fernández opera, en los hechos, como manipular una herida que nunca cerró y que cada vez se va haciendo más grande. Porque en términos cronológicos, aparece vinculada a la fiesta de cumpleaños de la ex primera dama en la quinta de Olivos en plena pandemia, en 2020, cuyo impacto social fue tan determinante que le costó una derrota electoral al Frente de Todos –ahora Unión por la Patria– en los comicios de 2021, al conocerse las fotos pocas semanas antes de las PASO.
Ahora, el impacto de las imágenes en las que Yañez aparece golpeada en la cara y el cuerpo preanuncia tormentas para el peronismo a un año de las próximas elecciones primarias, porque vuelve a correr el foco del escenario de polarización que plantearon sus dirigentes en los últimos meses, basándose en un supuesto fracaso económico del gobierno libertario. Pero aun si eso sucediera, el escollo más grande que se le presenta al PJ es político: cómo superar el castigo de una sociedad que vuelve a decepcionarse y enojarse con sus representantes. Las primeras reacciones al escándalo protagonizado por Fernández fueron sintomáticas. Cristina Kirchner mandó a sus fieles Mayra Mendoza y Anabel Fernández Sagasti –desde México, donde la acompañaron en una infrecuente visita– a recordar que su excompañero de fórmula había tenido con ella actitudes machistas porque no aceptó la conducción política de una mujer. La resignificación de la pelea que hizo fracasar al gobierno anterior, surgida de las usinas de La Cámpora, tendió a exculpar a la exvicepresidenta, pese a que fue la gran electora de Fernández. Massa, por su parte, optó por promover un comunicado de las mujeres del Frente Renovador, entre las que se destaca su esposa Malena Galmarini, que repudió la violencia de género y se solidarizó con Yañez, aunque el líder del espacio no hizo todavía un pronunciamiento personal. El exministro de Economía se concibió a sí mismo como el fiel de la balanza entre el albertismo y el kirchnerismo en el gobierno anterior, a tal punto que terminó quedándose con la candidatura presidencial a modo de síntesis, pero ahora le cerró la puerta a Fernández, al tiempo que se la deja abierta a Cristina Kirchner.
El massismo exudó fastidio en los últimos días. Había preparado un encuentro partidario en Sierra de la Ventana, desde donde se haría una autocrítica sobre el momento que atraviesa el peronismo y los referentes podrían escuchar un primer análisis de Massa sobre la marcha del gobierno de Milei, pero el impacto del affaire de Fernández obligó a los renovadores a suspender la reunión. El mismo fastidio se expandió entre los partidarios de Kicillof, que pretendían exhibir esta semana su alianza con el riojano Ricardo Quintela y promoverlo hacia la presidencia del PJ nacional. Pero el acto en el que formalmente se presentó la nueva Constitución de La Rioja, a la que Kicillof equiparó a la carta magna peronista de 1949, quedó opacado por las fotos de Yañez golpeada y las guardias periodísticas en la torre de Puerto Madero donde vive Fernández. El gobernador bonaerense dijo estar “en shock” por las revelaciones en torno a la expareja presidencial, mientras que Andrés Larroque –el ministro que suele hablar un tono más arriba que su actual jefe– buscó encapsular el daño: “Por los errores de las personas no puede pagar el precio la doctrina peronista”, dijo. En el bloque de diputados de UP se registró una discusión interna entre los que mantuvieron una línea jurídica –la presunción de inocencia– y las que plantearon la “convicción feminista” de que hay que creerle a una mujer que denuncia violencia. Con Mónica Macha a la cabeza, emitieron un comunicado de repudio a Fernández en nombre de la bancada, algo que no habían logrado hacer en los casos de Fernando Espinoza y José Alperovich. Ahora, con las pruebas a la vista, salieron a rechazar el comportamiento de un “aliado” que incorporó a su gestión la agenda de género.
En medio de una crisis profunda, alimentada por las desventuras de Fernández, que lo persiguen desde 2020, el peronismo cuenta sin embargo con un aliado impensado: el presidente Javier Milei. La intención de la mesa chica libertaria de regenerar la polarización política y electoral con el kirchnerismo de cara a las elecciones legislativas de 2025 volvió a evidenciarse en los últimos días cuando el mandatario y sus seguidores hablaron de la “hipocresía progresista” que guió al país hasta el año pasado. Para ellos, se trata de confrontar el nuevo modelo libertario con el clásico corporativismo justicialista.
De los tercios a los polos
El escenario de tercios que se rompió con el colapso de Juntos por el Cambio, lo que abrió un proceso de cooptación de dirigentes de ese espacio por parte de La Libertad Avanza, tiene paradójicamente como interesados en que no resurja tanto a Milei y su asesor principal Santiago Caputo, como así también a Cristina Kirchner, Massa y Kicillof. Más allá de las especulaciones electorales, ese entendimiento tácito se refleja en la candidatura del juez Ariel Lijo a la Corte Suprema. Y en los contactos subterráneos que siguen fluyendo entre la Casa Rosada y las terminales peronistas. Fernández les dice por estas horas a sus allegados, los pocos que le quedan: “No me merezco lo que me está pasando”. Pero no para de sufrir contratiempos ingratos para él, como un pronunciamiento del club de sus amores, Argentinos Juniors, del cual es “socio honorario”; el pedido de la UBA para que no dicte clases el próximo cuatrimestre –algo que hace desde 1985– y un comunicado del bloque de legisladores porteños de UP que pide “determinar las responsabilidades pertinentes”. En el PJ no pueden imaginar nada más parecido a un camino al destierro.
El peronismo buscaba desembarazarse de Alberto Fernández. La plana mayor de la principal fuerza de oposición ya lo había marginado del PJ, al que lo forzó a pedir licencia, y lo consideraba un electrón suelto que no tendría lugar en la nueva etapa, con proa a las elecciones legislativas de 2025. Figuras como Cristina Kirchner y Sergio Massa, aun desde el silencio recurrente, o un Axel Kicillof que se presenta como la contracara de Javier Milei, no consideraban su futuro político junto al expresidente. Pero “la pesadilla de Olivos” volvió a irrumpir para frustrar esos planes. La denuncia de violencia de género que Fabiola Yañez presentó finalmente ante la Justicia contra Fernández opera, en los hechos, como manipular una herida que nunca cerró y que cada vez se va haciendo más grande. Porque en términos cronológicos, aparece vinculada a la fiesta de cumpleaños de la ex primera dama en la quinta de Olivos en plena pandemia, en 2020, cuyo impacto social fue tan determinante que le costó una derrota electoral al Frente de Todos –ahora Unión por la Patria– en los comicios de 2021, al conocerse las fotos pocas semanas antes de las PASO.
Ahora, el impacto de las imágenes en las que Yañez aparece golpeada en la cara y el cuerpo preanuncia tormentas para el peronismo a un año de las próximas elecciones primarias, porque vuelve a correr el foco del escenario de polarización que plantearon sus dirigentes en los últimos meses, basándose en un supuesto fracaso económico del gobierno libertario. Pero aun si eso sucediera, el escollo más grande que se le presenta al PJ es político: cómo superar el castigo de una sociedad que vuelve a decepcionarse y enojarse con sus representantes. Las primeras reacciones al escándalo protagonizado por Fernández fueron sintomáticas. Cristina Kirchner mandó a sus fieles Mayra Mendoza y Anabel Fernández Sagasti –desde México, donde la acompañaron en una infrecuente visita– a recordar que su excompañero de fórmula había tenido con ella actitudes machistas porque no aceptó la conducción política de una mujer. La resignificación de la pelea que hizo fracasar al gobierno anterior, surgida de las usinas de La Cámpora, tendió a exculpar a la exvicepresidenta, pese a que fue la gran electora de Fernández. Massa, por su parte, optó por promover un comunicado de las mujeres del Frente Renovador, entre las que se destaca su esposa Malena Galmarini, que repudió la violencia de género y se solidarizó con Yañez, aunque el líder del espacio no hizo todavía un pronunciamiento personal. El exministro de Economía se concibió a sí mismo como el fiel de la balanza entre el albertismo y el kirchnerismo en el gobierno anterior, a tal punto que terminó quedándose con la candidatura presidencial a modo de síntesis, pero ahora le cerró la puerta a Fernández, al tiempo que se la deja abierta a Cristina Kirchner.
El massismo exudó fastidio en los últimos días. Había preparado un encuentro partidario en Sierra de la Ventana, desde donde se haría una autocrítica sobre el momento que atraviesa el peronismo y los referentes podrían escuchar un primer análisis de Massa sobre la marcha del gobierno de Milei, pero el impacto del affaire de Fernández obligó a los renovadores a suspender la reunión. El mismo fastidio se expandió entre los partidarios de Kicillof, que pretendían exhibir esta semana su alianza con el riojano Ricardo Quintela y promoverlo hacia la presidencia del PJ nacional. Pero el acto en el que formalmente se presentó la nueva Constitución de La Rioja, a la que Kicillof equiparó a la carta magna peronista de 1949, quedó opacado por las fotos de Yañez golpeada y las guardias periodísticas en la torre de Puerto Madero donde vive Fernández. El gobernador bonaerense dijo estar “en shock” por las revelaciones en torno a la expareja presidencial, mientras que Andrés Larroque –el ministro que suele hablar un tono más arriba que su actual jefe– buscó encapsular el daño: “Por los errores de las personas no puede pagar el precio la doctrina peronista”, dijo. En el bloque de diputados de UP se registró una discusión interna entre los que mantuvieron una línea jurídica –la presunción de inocencia– y las que plantearon la “convicción feminista” de que hay que creerle a una mujer que denuncia violencia. Con Mónica Macha a la cabeza, emitieron un comunicado de repudio a Fernández en nombre de la bancada, algo que no habían logrado hacer en los casos de Fernando Espinoza y José Alperovich. Ahora, con las pruebas a la vista, salieron a rechazar el comportamiento de un “aliado” que incorporó a su gestión la agenda de género.
En medio de una crisis profunda, alimentada por las desventuras de Fernández, que lo persiguen desde 2020, el peronismo cuenta sin embargo con un aliado impensado: el presidente Javier Milei. La intención de la mesa chica libertaria de regenerar la polarización política y electoral con el kirchnerismo de cara a las elecciones legislativas de 2025 volvió a evidenciarse en los últimos días cuando el mandatario y sus seguidores hablaron de la “hipocresía progresista” que guió al país hasta el año pasado. Para ellos, se trata de confrontar el nuevo modelo libertario con el clásico corporativismo justicialista.
De los tercios a los polos
El escenario de tercios que se rompió con el colapso de Juntos por el Cambio, lo que abrió un proceso de cooptación de dirigentes de ese espacio por parte de La Libertad Avanza, tiene paradójicamente como interesados en que no resurja tanto a Milei y su asesor principal Santiago Caputo, como así también a Cristina Kirchner, Massa y Kicillof. Más allá de las especulaciones electorales, ese entendimiento tácito se refleja en la candidatura del juez Ariel Lijo a la Corte Suprema. Y en los contactos subterráneos que siguen fluyendo entre la Casa Rosada y las terminales peronistas. Fernández les dice por estas horas a sus allegados, los pocos que le quedan: “No me merezco lo que me está pasando”. Pero no para de sufrir contratiempos ingratos para él, como un pronunciamiento del club de sus amores, Argentinos Juniors, del cual es “socio honorario”; el pedido de la UBA para que no dicte clases el próximo cuatrimestre –algo que hace desde 1985– y un comunicado del bloque de legisladores porteños de UP que pide “determinar las responsabilidades pertinentes”. En el PJ no pueden imaginar nada más parecido a un camino al destierro.
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