La historia detrás de la historia: el libro, pasión de multitudes
En un mundo donde todo lo analógico parece resultar obsoleto, hay un objeto que resiste los embates de la tecnología, la crisis económica, las modas; el libro impreso

Natalia Blanc
La fila para ingresar a la Feria de Editores el domingo pasadoDomingo, tres de la tarde. Un viento inusual en Buenos Aires enfría aún más el húmedo aire porteño. El cielo está poblado de nubes grises, de esas que anuncian que los días previos, casi primaverales, han terminado y que pronto llegará un fuerte descenso de la temperatura. En medio de esa escena (que podría titularse “Tarde de pleno invierno ideal para quedarse en casa”) se recorta otra que transcurre en el barrio de Chacarita. Sobre avenida Corrientes al 6200, a cincuenta metros de Dorrego, se ve una muchedumbre. Abrigada, claro. Cargan camperas, bufandas, gorros, guantes y… libros. ¿Qué hace esa gente reunida ahí?, podría preguntarse algún peatón sorprendido. Y algo más misterioso aun: ¿Por qué irradian alegría? ¿Pertenecen, acaso, a alguna cofradía secreta que les concede algo parecido a la felicidad? Algo de eso hay.
En un mundo donde todo lo analógico parece resultar obsoleto, hay un objeto que resiste los embates de la tecnología, la crisis económica, las modas. Es un antiguo y fiel artefacto que no desaparece, aunque haga un tiempo largo ya que agoreros de distintos ámbitos han decretado su muerte. Impreso, de formato y géneros variados, el libro (palabra en singular que, en este caso, representa “todos los libros”) es la pieza que une a la cofradía que esperó a la intemperie el fin de semana pasado para ingresar a una feria de libros de las tantas que hay en el país. Pero esa feria, la de Editores (cuyo nombre en clave es FED), es distinta. No hay stands enormes con miles de ejemplares apilados y carteles con las caras de bestsellers. Tampoco, ejemplares usados ni ediciones antiguas. En la FED se ofrecen libros de edición más o menos reciente que integran los catálogos de más de trescientos sellos independientes de la Argentina y algunos países de América latina. “Si lees, hay un libro para vos”, dice el slogan y esa consigna es la que guía año tras año a los fieles integrantes de la cofradía de lectores ya no secreta que la visita desde la última década.
"Si lees, hay un libro para vos", invita la Feria de Editores, que lleva su tercera edición en el Complejo Art Media de ChacaritaCerca de 25 mil personas (24.600 para ser exactos) asistieron en cuatro días a la edición 2024. Ya en 2023, los organizadores (Víctor Malumián y Hernán López Winne, fundadores del sello argentino Ediciones Godot) tomaron la decisión de agregar una jornada (el jueves) debido al incremento de público. A medida que la FED sumaba visitantes, los anfitriones sumaban servicios gratuitos que ninguna otra feria local ofrece. Café caliente para los que deben esperar su turno para entrar al predio, actos de magia al paso que sorprenden a los desprevenidos y un libro de regalo para cada uno. Este año, el tema de los relatos y ensayos fue la violencia. Siempre con entrada gratuita, los “mimos” de la FED a su público se agradecen con recomendaciones “boca en boca” y con compras. Casi no hay gente que salga de esta feria con las manos vacías. A pesar de la crisis, los expositores aseguraron a este medio en el balance final que las ventas superaron las expectativas. Antes de la apertura, Malumián había declarado que, si lograban “empatar” con las cifras de 2023, para ellos sería un “golazo”. Y lo fue.
Café caliente de gentileza por parte de la FED para los que esperan ingresar al predio de ChacaritaAdemás del atractivo “gancho” de que los stands estén atendidos por sus dueños (detrás de cada puesto, todos iguales, con mesas y sillas de madera están los propios editores, que responden dudas y recomiendan lecturas según las preferencias), otra clave de la FED es que ofrece la oportunidad de encontrar ejemplares únicos o de sellos muy pequeños que no llegan a las grandes librerías. Además, un incentivo importante de las compras son los precios accesibles y las promociones.
Si hay algo de lo que se quejan los habitués es que cada año resulta más difícil caminar por los pasillos colmados de la FED. “Permiso”, “perdón, no puedo pasar” y “te choqué sin querer” son los hits que se escuchan entre quienes recorren las calles que, por supuesto, llevan nombres de escritores. Con todo, los visitantes vuelven. Y son muchos los que concurren más de un día. Es que la FED ofrece, también, charlas con autores y editores y talleres gratuitos a lo largo de los cuatro días.
“Has recorrido un largo camino, muchacha” se le podría decir a la FED, que se hizo por primera vez en 2013, en un espacio reducido de FM La Tribu, en Villa Crespo. Participaron solo quince editoriales, que fueron convencidos por Malumián y López Winne, los impulsores de esta movida literaria. Del modesto salón de La Tribu, en 2016 la feria pasó a uno más grande (Central Newbery) y se desarrolló en dos jornadas. Participaron 87 editoriales y fueron seis mil personas. En 2017, fueron tres días en un espacio de 900 metros cuadrados (Santos 4040): hubo 140 editoriales, entre sellos del interior y de Brasil, Ecuador, Venezuela, Chile y Uruguay. En 2018, con la necesidad de sumar expositores, se mudó a Ciudad Cultural Konex, en el Abasto. Alojó a 250 editoriales de toda América latina y recibió 11.000 lectores en tres días. Allí, el calor humano en los pasillos se disolvía rápidamente al pasar al sector del patio. Aquellos días de agosto fueron helados y, sin embargo, se llenó de gente. En 2019, volvió a batir su propio récord de concurrencia con 14.000 visitantes.
En 2020, en plena pandemia, la decisión fue organizar una versión digital que incluyó librerías “amigas” que se ocuparon de entregar los libros a domicilio. Con barbijos y cupo controlado, en 2021 el lugar elegido fue el Parque de la Estación. Se cortaron dos cuadras al tránsito y los puestos se ubicaron al aire libre. Fue un éxito: concurrieron más de 16.000 personas. La fila para acceder daba vuelta por esa manzana del Abasto.
Un mago sorprende a los visitantes que hacen fila para ingresar a la FEDLa sede de las tres últimas ediciones fue el C Complejo Art Media, en Chacarita, sobre avenida Corrientes al 6200. Ahí, abrigados pero contentos, cientos de personas esperaron para entrar a la feria preferida de los lectores, con café, magia y libros.
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Milei botánico: sale Florez; entra Yuyito
Es muy difícil que un presidente de la Nación pueda hacer bien su trabajo si no cuida su equilibrio emocional

Pablo Sirvén
Quien tiene altísimas responsabilidades públicas y está totalmente absorbido por los complicados desafíos que implica manejar el Estado necesita, para mantenerse en eje mental y anímico, tomarse periódicos respiros. Dar espacio al esparcimiento y a poner la atención en temas más leves sirve para recargar pilas y así poder retomar el arduo trabajo más oxigenado y descansado e, incluso, hasta con mejores ideas.
Javier Milei llegó a la cumbre del poder careciendo de una vida social plena. Tampoco se le conoce afición actual por deporte o hobby alguno.
No es un asunto fácil de resolver: dada la relevancia pública que tiene un jefe del Estado, todo lo que suceda a su alrededor será objeto de una observación persistente e inmisericordiosa por parte de la opinión pública. Agrava la cuestión que transitamos tiempos alocados y ásperos de redes sociales, donde cualquiera puede decir cualquier cosa (empezando por el propio Milei).
El Presidente contó más de una vez que atravesó una infancia compleja y que su único gran soporte desde entonces ha sido su hermana Karina, hoy figura clave de su gobierno como secretaria general de la Presidencia. Durante muchos años hasta cortó su relación con sus padres. En cambio, toda su capacidad de afecto la volcó en sus “amigos de cuatro patas”, de lo que hace alarde cada vez que puede (ahora, incluso, ofreció adoptar a Dylan, el perro de Alberto Fernández).
La soledad autoimpuesta, o que el destino le deparó, le sirvió para concentrarse más en sus estudios económicos y para ser muy asertivo, según cuentan en el grupo América, en donde trabajaba en proyectos ambiciosos y de largo aliento.
Toda persona sometida a alto estrés permanente necesita válvulas de escape y de distensión para que la tapa de la olla a presión en la que está metido no salte por los aires.
En Milei, mucha de esa irritación acumulada –no soporta que le lleven la contra– se sale de cauce en una verborragia inflamada y hasta escatológica que descarga en sus enemigos reales e imaginarios. También usa las redes sociales y el reposteo continuo de mensajes agresivos como cable a tierra.
A veces la chinga mal, como cuando acusa ridículamente a Joaquín Morales Solá, Alfredo Leuco o Jorge Fernández Díaz de haberle hecho el juego al kirchnerismo, siendo que sus crónicas escritas y audiovisuales, que cualquiera puede consultar, demuestran que fueron y son críticos implacables de aquella ideología. Más absurdo todavía resulta que haya calificado de “cómplice” a Diego Leuco por no haber denunciado públicamente los aprietes telefónicos que sufría su padre de parte de Alberto Fernández. Diego era un niño cuando eso sucedía.
Milei pasa muchas horas sin salir de la quinta de Olivos, concurre de manera acotada a la Casa Rosada y, salvo en los viajes o en algún acto, no interactúa presencialmente demasiado con el mundo exterior.
Todo ser humano necesita relacionarse. Somos seres sociables que nos enriquecemos en el intercambio con otras personas, lo que a su vez nos tonifica el humor y nos hace más tolerantes. Algo de eso persiguen las reuniones dominicales con amigos recientes del periodismo y de más tiempo atrás, como Juan Carlos de Pablo, con la excusa de ver y escuchar alguna ópera y hablar de bueyes perdidos, en Olivos.
Tampoco debería llamar la atención que Milei pueda desear una compañía femenina. Pero aquí el cómo también se complejiza. Hay un patrón que se viene repitiendo (rubias reales o teñidas, bonitas y provenientes del mundo del espectáculo que aparecen abruptamente en su vida). Cumplieron con esos requisitos la cantante Daniela, la imitadora Fátima Florez y la ahora conductora de TV Amalia “Yuyito” González.
¿Qué sentido tiene sugerir siempre que se trata de un romance o un noviazgo, máxime cuando es evidente que el fervor sexual no empuja en Milei con la intensidad que lo hacía en Carlos Menem, un mujeriego empedernido o, de manera malsana y rayana en el delito, en Alberto Fernández? ¿Por qué no manejarlo con menos presión?: alcanza con que se trate de gratas compañías con quien pasar momentos de distracción (ir al teatro, compartir una comida, un paseo y hasta una amistad “con derecho a roce”). No hace falta presentar esa situación como una relación formal de pareja, sí o sí, que termina siendo ficticia, causa hilaridad y nadie toma muy en serio.
¿Cómo se entiende que, según lo explicó el propio Milei, terminó su relación con Florez por falta de tiempo, ahora sí lo tenga con González?
La búsqueda de partenaires conocidas y populares alimenta, y mucho, la conversación mediática y quita espacio para desarrollar temas más importantes.
Es también una manera de mostrarse ganador en esas lides, atractivo e irresistible para mujeres bellas e inalcanzables para el ciudadano de a pie. Créase o no, también desde ese plano frívolo la política intenta apuntalar el poder de sus máximos dirigentes.
Hay un afán exhibicionista, ahora más atemperado con Yuyito, que los efusivos ósculos que en el verano Milei se propinaba con Florez sobre un escenario marplatense.
Pero el sentido de la oportunidad falló: no es el mejor momento blanquear el “romance” con su nueva amigovia justo cuando trascienden las escabrosas revelaciones de la violencia de género de su antecesor con su primera dama. Faltó timing.
http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA
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