domingo, 18 de agosto de 2024

LA SÁTIRA Y EDITORIAL


La sátira progresista que Milei necesitaba
Las revelaciones sobre violencia de género que involucran a Alberto Fernández le brindan argumentos al Presidente para librar la “batalla cultural” contra el kirchnerismo 
Francisco Olivera


La denuncia de Fabiola contra Alberto Fernández no solo puso al expresidente en una situación judicial muy complicada sino que, por momentos, y por detalles que empiezan a trascender de la causa, parece estar degradando su gestión con el Frente de Todos a la condición de caricatura. Justo en el tópico con que él se había propuesto quedar en la historia, el “liberal de izquierda” que le pone “fin al patriarcado”. Esos años se ven ahora como el reverso exacto: casi una sátira del progresismo.
Parece un guion escrito por Milei. Un escándalo que, de tan grotesco, termina siendo funcional a su discurso o, más relevante, sustituto de una ventaja que el líder libertario no tuvo al asumir: la ruina de un sistema económico a partir del cual empezar a reconstruir. El Presidente había recibido hasta ahora una herencia explosiva, pero no detonada. Inflación desbocada, pero no híper. Si la crisis de 2001 terminó en tragedia, la actual tiene rasgos de tragicomedia, al menos los necesarios para volver a empezar con relativa tranquilidad.
No se había visto hasta ahora una contradicción tan burda entre el discurso y los actos como la que revelan los chats del teléfono de María Cantero. Otra estafa de la casta, dirían los trolls libertarios. La dirigencia política está a veces tan anestesiada que hacia adentro del entorno de Alberto Fernández la única novedad parecen haber sido los golpes y la filtración. Pero las fotos, los videos, las anécdotas y las conversaciones sobre los contratos sorprenden menos. Es un círculo donde a Fabiola se la respetó poco, entre otras razones porque le atribuían con el jefe del Estado una relación tóxica y hasta la consideraban un estorbo para la construcción política. Integrantes de aquel gabinete recuerdan ahora particularmente un día, el 8 de diciembre de 2019, dos días antes de la asunción, cuando Macri y Alberto Fernández coincidieron en una misa en Luján “por la paz y la unidad”. Al salir, el presidente electo fue a almorzar a una parrilla de la ruta 7 con un grupo de colaboradores, uno de los cuales aprovechó que la nueva primera dama se levantaba para ir al baño y preguntar: “Alberto, ¿qué hacemos con Fabiola?”.
El escándalo le sirve ahora a Milei para librar lo que llama “batalla cultural”. Anteayer, durante el Congreso de Inversiones Inmobiliarias en el Hotel Hilton, el Presidente provocó: “Estoy orgulloso de haber cerrado el Ministerio de las Mujeres”. No hay dudas de que insistirá en el argumento. En la orilla opuesta, lo que parece ser el desguace de consignas abrazadas durante los últimos 20 años le cae al peronismo sin que haya resuelto dos cuestiones medulares: las autoridades del partido, que se terminarán de definir el 17 de noviembre, y las candidaturas para las elecciones legislativas del año próximo. Nadie descarta que el PJ vaya dividido a esa pelea electoral. “Esto se resuelve con una interna en serio; la duda es si va a ser en 2025 o en 2027”, dijeron en la provincia de Buenos Aires.
No son tiempos fáciles para el militante. Un informe de Trespuntozero, la consultora de Shila Vilker y Rául Timerman, hizo el fin de semana pasado entre jóvenes del PJ un relevamiento cualitativo que expone un estado de ánimo casi sin precedente: desencanto, culpa, silencio. Solo hablan del caso Fabiola si se lo menciona: no lo sacan de manera espontánea. “Apoyaron en su momento activamente al gobierno, fueron sujetos parlantes y ahora se sienten incómodos para dar su opinión frente a la sociedad”, detalla el trabajo. La crisis y el Gobierno desarticularon hasta el aparato en el conurbano. Ni los intendentes ni los movimientos sociales manejan ya programas o subsidios. Un jefe comunal de la tercera sección admitía esta semaqué na no estar en condiciones de organizar ni siquiera un acto porque ni él ni sus punteros tenían nada para ofrecerles a los asistentes. “No vendrían ni 50 tipos”, se resignó.
Kicillof les ha transmitido a varios de ellos cierto malestar. Cree que lo dejaron solo en algunas discusiones. Entre ellas, la del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), asumida para no afectar la identidad del espacio mediante pactos con proyectos extractivistas. Un intendente de la zona sur decía en estos días haber recibido del gobernador un pedido que tampoco está en condiciones de cumplir: militancia territorial. “Estamos en la era de las redes sociales y me pide que pinte paredes”, sonrió.
Para el Gobierno es un alivio. La recuperación se demora y es mejor esperarla sin el peronismo al acecho. Las encuestas muestran todavía una porción importante de la sociedad dispuesta a aguantar. El pochoclo de Albistur cambió de vereda. Como si la sociedad hubiera entendido que a la Argentina le queda solo esta oportunidad. Es también la postura de muchos empresarios. El miércoles, en el Hotel Alvear, durante el Consejo de las Américas, nadie quiso ponerle plazo a la salida de la crisis. En privado, cuando lo consultan, Luis Caputo acepta que la Argentina está cara, pero agrega que en el mejor de los casos se podrá ganar competitividad bajando impuestos una vez que se salga del cepo. Confía en que lleguen algunos fondos. De organismos multilaterales; del blanqueo, para el que habrá publicidad oficial, o del adelanto de Bienes Personales, el instrumento que probablemente tenga más éxito entre los empresarios.
El Gobierno debe todavía definir la estrategia electoral para el año próximo. Macri y Milei volvieron a encontrarse el lunes y volvió a salir un tema de conflicto: el armado de equipos y la gravitación de Massa en rincones relevantes de la administración. “¿Cómo puede ser que en la AFIP y en la Aduana siga la gente de Echegaray y Guillermo Michel?”, insistió el expresidente. Le dice lo mismo al ministro de Economía.
Milei no emite señales al respecto. Tampoco parece tenerlo resuelto. ¿Le conviene una alianza con Pro o, en cambio, reforzar la identidad libertaria con candidaturas propias y aceptarle a Macri solo una de sus obsesiones, el proyecto de sociedades anónimas del fútbol? Operadores de La Libertad Avanza no están todavía convencidos. “Estamos a mitad de camino: en un punto equidistante entre quedarnos con todo porque confiamos en que nos va a ir muy bien y, en cambio, ceder espacios porque vamos a necesitar ayuda”, dijo uno de los armadores bonaerenses. Dependerá seguramente del éxito económico y del sentido de pertenencia del electorado. ¿De identidad partidaria se siente más cercano?, pregunta otro trabajo de Trespuntozero, y el resultado muestra que desde noviembre hasta junio mejoraron solo dos: el que más creció, que fue el segmento de los “independientes” (de 13,1 a 30%), y el de los libertarios/liberales, que subió menos, de 21,3 a 26,3%. Todo el resto cae: el peronismo, de 26,9 a 20,9%; el kirchnerismo, de 10,3 a 9,2%; el Pro, de 10 a 4,8%, y los radicales, de 2,4 a 1,1 por ciento.
He ahí el dilema. ¿De qué serviría acordar con Macri si gran parte del electorado del Pro ya se siente, como Patricia Bullrich, cerca de Milei? Los desencuentros entre ambas fuerzas vienen en realidad desde hace más tiempo. En concreto, desde el momento en que Macri decidió darle respaldo público a Milei. Pocos días antes de la elección presidencial, con el argumento de que tenía la experiencia de haber competido contra el kirchnerismo en 12 oportunidades, les ofreció a Nicolás Posse, a Guillermo Ferraro y a Sebastián Parejas, principales armadores de La Libertad Avanza, fiscales de Juntos por el Cambio para todas las mesas del país. “A ustedes los fiscalizó el PJ contra nosotros, pero ahora va a ser distinto”, resumió Macri, pero tampoco los convenció. A Milei le bastó entonces con los propios. ¿Estaba imaginando ya un escenario distinto y de divisiones más profundas? Fabiola acaba de darle otro impulso

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Nuevas medidas para el sector agropecuario
Resulta tan beneficiosa como esperada la resolución de muchas de las inequidades y trabas contra uno de los sectores productivos claves del país

Desde el 10 de diciembre ha cambiado perceptiblemente el humor de los hombres de campo en relación con el Gobierno. No olvidan, por cierto, que están sin resolverse algunas de las principales inequidades que han sufrido en gran parte de lo que va del siglo XXI.
Siguen vigentes demasiados abusos, como el impuesto confiscatorio de las retenciones del 33% a la soja y del 12% al maíz y el trigo, sobre cuya gravitación negativa no hay equivalentes en otras actividades. Alguna vez –no lejana, precisamente– la nueva administración deberá resolver esta seria cuestión. Tampoco la situación económica general ha quedado desprovista de los nubarrones que afectan todavía los ingresos en la vida cotidiana de los argentinos. Pero algo ha cambiado para el campo y es, en primer lugar, la sensación de que se ha ido restaurando el respeto al que es acreedor por cualquier administración nacional en función de lo que contribuye al interés social como sector con los índices de mayor productividad en la economía argentina.
Se ha pasado de la agresión constante de los gobiernos kirchneristas al reconocimiento de lo que el campo contribuye para el sostenimiento del país. Se ha pasado, por igual, de las palabras de halago a los hechos concretos, de mayor o menor importancia, pero que señalan una dirección política correcta. Todo comenzó con la simplificación de trámites burocráticos que entorpecían a diario la actividad de los productores. La puesta en escena reciente de El Cónsul, en el Colón, fue una representación lírica paradigmática del estado de locura al que los Estados totalitarios, tomados como modelos para emular por no pocos políticos en los últimos veinte años, pueden sumir al ciudadano ordinario con procedimientos que no encuentran mejor calificación que la de kafkianos.
Aquella voluntad de simplificar trámites ha avanzado en las últimas semanas con nuevas decisiones. Establecimientos ganaderos, tamberos, avícolas, porcinos podrán comercializar sin necesidad de inscribirse en el Registro Único de la Cadena Agroalimentaria (RUCA), y bastará con que se hallen debidamente registrados en el empadronamiento sanitario. Un trámite, ¿por qué dos?, sin otro objeto que el de abultar la burocracia que abruma al ciudadano común en todos los órdenes.
Se ha resuelto, ya en el terreno de las cuestiones de fondo, poner fin a las retenciones sobre la exportación de lácteos y reducir en un 25% las que pesan sobre todo tipo de exportaciones cárnicas, salvo para las vacas de las categorías A, B, C, D y E, beneficiadas con la eliminación total del impuesto. De modo que para el resto de las carnes ese gravamen, que era del 9 por ciento, bajará al 6,75% respecto de los bovinos, y del 5% al 3,75% en el caso de los porcinos y otras especies.
Es otro mundo, pues, respecto del que rigió por años a partir de 2006, cuando se cerraron las exportaciones vacunas con el pretexto de que había que atender la mesa de los argentinos –que no estuvo mejor servida entonces, como se sabe– y se dañó a extremos inconcebibles el stock ganadero nacional. Cualquier baja en las retenciones devuelve algo de competitividad a las actividades agropecuarias y disminuye la merma productiva que infieren gabelas inexplicables como aquella, salvo para tapar agujeros presupuestarios de un Estado despilfarrador del dinero indebidamente obtenido.
Al quitar retenciones sobre las vacas de exportación se ha potenciado el escalón más débil de la cadena productiva, que es el criador, según se ha comentado con buen criterio. Al 30 de julio, los precios de la vaca conserva habían aumentado un 33 por ciento sobre los de un mes atrás. Es esa una referencia elocuente sobre los logros habidos a renglón seguido de los últimos aumentos.
Desde el punto de vista general de los intereses agropecuarios, lo más importante de todo esto es que se ha avanzado en competitividad y previsibilidad para las actividades del sector. No es poco, sobre todo en tiempos en los que algunas variables, como la soja, han mostrado una caída tal en los mercados mundiales que sus precios se hallan hoy en el nivel más bajo de los últimos cuatro años.

http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA

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