Analistas advierten que el déficit financiero podría repetirse este año
María Julieta Rumi
Después de que el viernes pasado se conociera que el Gobierno volvió a tener superávit primario en julio, distintos analistas consideraron que esta tendencia puede continuar por lo menos hasta el mes de diciembre, cuando el pago de aguinaldos complicaría la ecuación, dado que desde septiembre también habrá una merma en los ingresos por la reducción de 10 puntos de la alícuota del impuesto PAIS. Sin embargo, también advirtieron que el Gobierno podría compensar la menor recaudación con una reducción del pago de subsidios, la vuelta de la cuarta categoría del impuesto a las ganancias, el blanqueo y el régimen anticipado de Bienes Personales.
Como contracara del resultado primario positivo, la cuenta financiera (que incluye los pagos de la deuda pública) arrojó déficit, después de seis meses de superávit. Los analistas siguen con cautela este número, que podría volver a repetirse.
“Entre julio y junio, el resultado primario en términos reales aumentó. Subieron los ingresos y, en menor medida, el gasto. El aumento estacional por el pago del medio aguinaldo y de los subsidios a la energía fue compensando en parte con una caída en las prestaciones sociales, la obra pública y las transferencias a las provincias. De todas formas, el ajuste en partidas discrecionales no fue suficiente para compensar el salto en el pago de intereses por los títulos en moneda extranjera, Bonares y Globales, y evitar el primer déficit financiero mensual este año”, explicó Claudio Caprarulo, director en Analytica Consultora, y dijo que hacia adelante el principal problema lo ven desde septiembre, cuando comience a regir la baja en el impuesto PAIS, que representa, en promedio, el 6% de la recaudación mensual.
“El Gobierno debe estimar que la reducción del pago de subsidios por el comienzo de la primavera, la recaudación por Ganancias de la cuarta categoría y cierta recuperación del nivel de actividad le permitan compensar. En Analytica proyectamos que el superávit primario por lo menos hasta noviembre se va a sostener, mientras el déficit financiero puede volver a repetirse en los meses previos porque los pagos de intereses también incluyen los pagos de títulos en pesos”, agregó.
Por su parte, Gabriel Caamaño, de Estudio Ledesma, dijo que el último trimestre del año siempre es el más complicado y también alertó por la reducción de 10 puntos de la alícuota del impuesto PAIS a partir de septiembre. “Van a tener que profundizar el ajuste por el lado de los subsidios y apostar a Ganancias y al blanqueo/Bienes Personales. Algo de eso están intentando al acelerar la quita de los subsidios al transporte del AMBA”, juzgó.
En el mismo sentido, el director de EcoGo, Sebastián Menescaldi, dijo que hay que acumular recursos antes de diciembre, cuando hay que pagar aguinaldos, premios, vacaciones, etc. “Los años que tenés déficit ese mes tenés entre 0,6 y 0,7 puntos, con lo cual ahí eventualmente se podría ver el próximo déficit. Igualmente, lo importante es que la suma total del año sea positiva”.
En tanto, el Instituto Argentino de Análisis Fiscal (Iaraf) trazó dos posibles escenarios para lo que resta del año: de equilibrio fiscal o superávit de 0,4% del PBI.
Según un análisis que publicó recientemente, dada la caída interanual real del 32,2% en el primer semestre, en el primer escenario supuesto el gasto primario debería caer un 20,6% en el segundo semestre para que se logre el equilibrio fiscal. Una caída real interanual menor en ese período implicaría incurrir en déficit fiscal. Como resultado, en 2024 el gasto primario caería en términos interanuales un 26,4% real.
En el segundo escenario supuesto, el gasto primario real debería caer un 24,2% interanual en el segundo semestre para que se logre un superávit de 0,4% del PBI. En consecuencia, en términos anuales el gasto primario real caería 28,2% interanual.
“Dado que recientemente el gobierno nacional llegó a un acuerdo con la ciudad de Buenos Aires por un aumento en el coeficiente de coparticipación por un costo de 0,08% del PBI, resulta importante cuantificar la reducción interanual necesaria del gasto primario para cumplir con los dos escenarios planteados. En efecto, en el primero se vería incrementada a 26,6% y en el segundo, a 28,3%. Esto quiere decir que, bajo los dos escenarios, el de equilibrio fiscal y superávit de 0,4% del PBI, el gobierno nacional puede disminuir la intensidad del ajuste del gasto en el segundo semestre”, afirmaron.
Más allá de esto, el presidente del Iaraf, Nadin Argañaraz, dijo que, en julio, el gasto cayó un 23,7%, poco menos que el 24,2% que se necesita para consolidar ese superávit fiscal del 0,4% del PBI. “Es muy difícil estimar porque todo está en función de las decisiones políticas que tome el Gobierno, qué termine pasando en el Congreso con el tema de los gastos universitarios y los gastos en jubilaciones. Todo eso es clave en función de cuánto y cuándo impactan para poder prevenir. Pero nuestra idea era crear un marco claro dentro del cual se sostiene uno u otro escenario”, concluyó
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Menos celular y más interacción en las escuelas
Experiencia. Varias instituciones porteñas aplican la prohibición en las aulas y destacan que, si bien fue complejo, mejoraron el clima de aprendizaje y la conexión entre los alumnos
Camila Súnico Ainchill
Los chicos dejan los teléfonos en organizadores en el Colegio Tarbut
La medida de la Ciudad que prohíbe el uso de celulares en el aula llegó días atrás para convalidar acciones que varias instituciones ya aplicaban y fomentar que otras se sumen; algunas de las pioneras, como el Tarbut (foto), registran los primeros resultados: mencionan un mejor clima para el aprendizaje y una mayor interacción entre los alumnos, incluso en espacios dispuestos especialmente con juegos y comodidades.
El Ministerio de Educación porteño, bajo la dirección de Mercedes Miguel, emitió hace diez días una resolución que prohíbe el uso de teléfonos celulares en las aulas del distrito. Ya son varias las escuelas que instrumentaron la medida –incluso venían haciéndolo desde antes del respaldo oficial– y empezaron a relevar su impacto, según constató durante una visita a distintas instituciones.
En la Escuela de Educación Media 6 del distrito escolar 19, en Villa Soldati, su director, Martín Ortiz, relató cómo la creciente distracción causada por los celulares en clase había llevado a la comunidad educativa a implementar un proyecto para limitar su uso. “Desde el año pasado habíamos notado un deterioro en la atención y la concentración de los estudiantes, relacionado directamente con el uso excesivo del celular”, explicó Ortiz. También destacó que, a pesar de la resistencia inicial de los alumnos, el proyecto fue aceptado con el tiempo y mejoró el ambiente dentro del aula.
Ortiz compartió detalles sobre las estrategias implementadas. “El día a día era muy complejo. Pasábamos más tiempo pidiendo que guardaran los celulares y prestaran atención que enseñando los contenidos”, ejemplificó. Según el director, la falta de atención, los conflictos en redes sociales y la baja en las calificaciones eran síntomas evidentes del impacto negativo del uso descontrolado de los dispositivos móviles en el aula. Frente a esta situación, el equipo directivo y docente decidió actuar.
Durante las vacaciones de verano, Ortiz comenzó a trabajar en una propuesta que presentó a toda la comunidad educativa al inicio del actual ciclo lectivo. “Nos reunimos con los docentes, los padres y los estudiantes. Les explicamos que esto no era un capricho, sino una necesidad para recuperar la atención y la concentración en el aula”, afirmó. El proyecto, que implicaba la prohibición del uso de celulares durante las horas de clases, fue recibido con cierta resistencia inicial de los alumnos, pero con el tiempo comenzó a mostrar resultados positivos.
“Los estudiantes empezaron a entender la importancia de la concentración en clase. De a poco, la comunidad educativa fue comprendiendo que no se trataba de una prohibición arbitraria, sino de un esfuerzo por mejorar el clima de aprendizaje”, explicó Ortiz. La implementación también implicó la capacitación de los docentes para manejar situaciones relacionadas con el uso de la tecnología en el aula. “Los profesores fueron capacitados para integrar las herramientas tecnológicas de manera planificada y con un propósito pedagógico claro, evitando el uso indiscriminado de los celulares”, agregó.
En la Escuela Argentina Modelo, de Recoleta, la rectora, Daniela Moren de Allois, recordó que el uso del celular ya estaba restringido antes de la resolución ministerial, permitiendo su utilización solo en actividades pedagógicas previamente autorizadas. “Los padres también colaboraron en la regulación, entendiendo la importancia de mantener a los alumnos enfocados durante las horas de clases”, dijo Moren de Allois. También mencionó que la implementación de plataformas educativas permitió a la escuela incorporar la tecnología de manera controlada y efectiva, sin depender del uso de celulares.
“Desde 2017, el uso del celular está restringido en nuestras aulas. Fue un proceso gradual en el que fuimos observando cómo los dispositivos afectaban la atención y el rendimiento de los estudiantes. Nos dimos cuenta de que era necesario establecer límites claros para que la tecnología no se convirtiera en una distracción”, sostuvo.
La rectora recordó que la pandemia de Covid-19 y el consiguiente aumento en el uso de dispositivos tecnológicos profundizaron el desafío. “Cuando volvimos a las aulas en 2021, nos encontramos con alumnos hiperconectados que dependían del celular para todo. Fue entonces cuando reforzamos las normas para asegurarnos de que el regreso a la presencialidad no se viera afectado por el uso desmedido de los dispositivos”, señaló. En respuesta a esta situación, la escuela implementó talleres para padres y tutorías para los alumnos, con el objetivo de fomentar un uso responsable de la tecnología.
Moren de Allois subrayó la importancia de involucrar a las familias en el proceso de regulación del uso de celulares. “Los padres jugaron un rol fundamental. En muchos casos, nos contaron que el problema del uso excesivo de la tecnología es incluso más grave en la casa que en la escuela. Por eso, trabajamos en conjunto para brindarles herramientas que les permitan controlar el uso del celular también fuera del ámbito escolar”, añadió.
En el Colegio Tarbut, en Núñez, la rectora, Elisa Leon, compartió con que, si bien la normativa la nacion oficial formaliza prácticas que la institución ya había comenzado a implementar el año pasado, fue un desafío constante lograr que los estudiantes internalizaran la autorregulación. “Nos dimos cuenta de que la autorregulación no funcionaba y, a partir de allí, tomamos medidas más estrictas para prohibir el uso de celulares en el aula”, admitió. A pesar de la resistencia inicial, los alumnos fueron adaptándose al nuevo sistema, que busca promover una convivencia más saludable y menos dependiente de la tecnología.
Leon explicó que en el Colegio Tarbut la implementación de la normativa fue un proceso comunitario en el que también participaron padres, docentes y alumnos. Luego de que el protocolo de autorregulación no diera los resultados esperados, la institución decidió prohibir el uso de celulares dentro del aula: en cada una, hay un organizador con casillas donde los estudiantes deben dejar su teléfono. Están permitidos solo en recreos y almuerzos, siempre y cuando no interfieran con la convivencia escolar.
La rectora destacó que, aunque la decisión fue inicialmente recibida con escepticismo por algunos estudiantes, con el tiempo la comunidad educativa comprendió la importancia de la medida. “Lo que hicimos fue construir un consenso. Hablamos con los padres, con los estudiantes, y todos entendieron que se trataba de una medida necesaria para mejorar la convivencia y el aprendizaje”, afirmó Leon. Además, la escuela trabajó en la creación de alternativas que fomentaran la interacción social sin depender del uso de dispositivos móviles.
En ese establecimiento, como en muchas otras escuelas, la transición hacia un uso regulado de la tecnología no fue fácil. Leon destacó que uno de los principales desafíos ha sido cambiar los hábitos arraigados de los estudiantes, especialmente en los niveles superiores. “Los alumnos de tercero, cuarto y quinto año fueron los más difíciles de convencer. Son generaciones que crecieron con el celular como una extensión de su mano y pedirles que lo guarden durante las horas de clases constituyó un reto”, reconoció la rectora.
Para abordar este desafío, el colegio implementó una serie de estrategias pedagógicas y de convivencia que buscan fomentar la autorregulación y el uso responsable de la tecnología. “No estamos en contra de la tecnología. Al contrario, creemos que es una herramienta poderosa si se usa de manera adecuada. Lo que buscamos es que los estudiantes aprendan a utilizarla con responsabilidad, y que entiendan que hay momentos en los que es necesario desconectarse para poder concentrarse y aprender”, explicó Leon.
Las estrategias apuntan a favorecer la concentración y la socialización
Socialización
En las tres instituciones visitadas, la principal conclusión compartida es la importancia de fomentar la socialización entre los estudiantes, algo que se ve amenazado por el uso excesivo de los celulares. En la Escuela de Educación Media 6 del distrito escolar 19, Martín Ortiz subrayó cómo, al reducir el uso de celulares en clase, los estudiantes comenzaron a interactuar más entre ellos: “Queremos que los estudiantes puedan encontrarse con sus compañeros y profesores sin la barrera del celular, recuperando la atención y la comunicación directa”.
En la Escuela Argentina Modelo, Moren de Allois describió que, para promover un mayor intercambio entre los alumnos, instalaron espacios con puffs y mesas de juegos como metegol, donde los chicos pueden conversar y compartir durante los recreos. “Queremos que vuelvan a mirarse, a saludarse, a preguntar cómo están, sin la mediación de una pantalla”, destacó.
En el Colegio Tarbut, Leon mencionó que instrumentaron actividades alternativas, como el fortalecimiento de la convivencia en campamentos y la participación en ligas de debate, además de espacios con juegos como pingpong y Jenga. “Lo que buscamos es que los estudiantes no pierdan la oportunidad de socializar y conectarse entre sí de manera significativa, más allá de las pantallas”, concluyó
El Ministerio de Educación porteño, bajo la dirección de Mercedes Miguel, emitió hace diez días una resolución que prohíbe el uso de teléfonos celulares en las aulas del distrito. Ya son varias las escuelas que instrumentaron la medida –incluso venían haciéndolo desde antes del respaldo oficial– y empezaron a relevar su impacto, según constató durante una visita a distintas instituciones.
En la Escuela de Educación Media 6 del distrito escolar 19, en Villa Soldati, su director, Martín Ortiz, relató cómo la creciente distracción causada por los celulares en clase había llevado a la comunidad educativa a implementar un proyecto para limitar su uso. “Desde el año pasado habíamos notado un deterioro en la atención y la concentración de los estudiantes, relacionado directamente con el uso excesivo del celular”, explicó Ortiz. También destacó que, a pesar de la resistencia inicial de los alumnos, el proyecto fue aceptado con el tiempo y mejoró el ambiente dentro del aula.
Ortiz compartió detalles sobre las estrategias implementadas. “El día a día era muy complejo. Pasábamos más tiempo pidiendo que guardaran los celulares y prestaran atención que enseñando los contenidos”, ejemplificó. Según el director, la falta de atención, los conflictos en redes sociales y la baja en las calificaciones eran síntomas evidentes del impacto negativo del uso descontrolado de los dispositivos móviles en el aula. Frente a esta situación, el equipo directivo y docente decidió actuar.
Durante las vacaciones de verano, Ortiz comenzó a trabajar en una propuesta que presentó a toda la comunidad educativa al inicio del actual ciclo lectivo. “Nos reunimos con los docentes, los padres y los estudiantes. Les explicamos que esto no era un capricho, sino una necesidad para recuperar la atención y la concentración en el aula”, afirmó. El proyecto, que implicaba la prohibición del uso de celulares durante las horas de clases, fue recibido con cierta resistencia inicial de los alumnos, pero con el tiempo comenzó a mostrar resultados positivos.
“Los estudiantes empezaron a entender la importancia de la concentración en clase. De a poco, la comunidad educativa fue comprendiendo que no se trataba de una prohibición arbitraria, sino de un esfuerzo por mejorar el clima de aprendizaje”, explicó Ortiz. La implementación también implicó la capacitación de los docentes para manejar situaciones relacionadas con el uso de la tecnología en el aula. “Los profesores fueron capacitados para integrar las herramientas tecnológicas de manera planificada y con un propósito pedagógico claro, evitando el uso indiscriminado de los celulares”, agregó.
En la Escuela Argentina Modelo, de Recoleta, la rectora, Daniela Moren de Allois, recordó que el uso del celular ya estaba restringido antes de la resolución ministerial, permitiendo su utilización solo en actividades pedagógicas previamente autorizadas. “Los padres también colaboraron en la regulación, entendiendo la importancia de mantener a los alumnos enfocados durante las horas de clases”, dijo Moren de Allois. También mencionó que la implementación de plataformas educativas permitió a la escuela incorporar la tecnología de manera controlada y efectiva, sin depender del uso de celulares.
“Desde 2017, el uso del celular está restringido en nuestras aulas. Fue un proceso gradual en el que fuimos observando cómo los dispositivos afectaban la atención y el rendimiento de los estudiantes. Nos dimos cuenta de que era necesario establecer límites claros para que la tecnología no se convirtiera en una distracción”, sostuvo.
La rectora recordó que la pandemia de Covid-19 y el consiguiente aumento en el uso de dispositivos tecnológicos profundizaron el desafío. “Cuando volvimos a las aulas en 2021, nos encontramos con alumnos hiperconectados que dependían del celular para todo. Fue entonces cuando reforzamos las normas para asegurarnos de que el regreso a la presencialidad no se viera afectado por el uso desmedido de los dispositivos”, señaló. En respuesta a esta situación, la escuela implementó talleres para padres y tutorías para los alumnos, con el objetivo de fomentar un uso responsable de la tecnología.
Moren de Allois subrayó la importancia de involucrar a las familias en el proceso de regulación del uso de celulares. “Los padres jugaron un rol fundamental. En muchos casos, nos contaron que el problema del uso excesivo de la tecnología es incluso más grave en la casa que en la escuela. Por eso, trabajamos en conjunto para brindarles herramientas que les permitan controlar el uso del celular también fuera del ámbito escolar”, añadió.
En el Colegio Tarbut, en Núñez, la rectora, Elisa Leon, compartió con que, si bien la normativa la nacion oficial formaliza prácticas que la institución ya había comenzado a implementar el año pasado, fue un desafío constante lograr que los estudiantes internalizaran la autorregulación. “Nos dimos cuenta de que la autorregulación no funcionaba y, a partir de allí, tomamos medidas más estrictas para prohibir el uso de celulares en el aula”, admitió. A pesar de la resistencia inicial, los alumnos fueron adaptándose al nuevo sistema, que busca promover una convivencia más saludable y menos dependiente de la tecnología.
Leon explicó que en el Colegio Tarbut la implementación de la normativa fue un proceso comunitario en el que también participaron padres, docentes y alumnos. Luego de que el protocolo de autorregulación no diera los resultados esperados, la institución decidió prohibir el uso de celulares dentro del aula: en cada una, hay un organizador con casillas donde los estudiantes deben dejar su teléfono. Están permitidos solo en recreos y almuerzos, siempre y cuando no interfieran con la convivencia escolar.
La rectora destacó que, aunque la decisión fue inicialmente recibida con escepticismo por algunos estudiantes, con el tiempo la comunidad educativa comprendió la importancia de la medida. “Lo que hicimos fue construir un consenso. Hablamos con los padres, con los estudiantes, y todos entendieron que se trataba de una medida necesaria para mejorar la convivencia y el aprendizaje”, afirmó Leon. Además, la escuela trabajó en la creación de alternativas que fomentaran la interacción social sin depender del uso de dispositivos móviles.
En ese establecimiento, como en muchas otras escuelas, la transición hacia un uso regulado de la tecnología no fue fácil. Leon destacó que uno de los principales desafíos ha sido cambiar los hábitos arraigados de los estudiantes, especialmente en los niveles superiores. “Los alumnos de tercero, cuarto y quinto año fueron los más difíciles de convencer. Son generaciones que crecieron con el celular como una extensión de su mano y pedirles que lo guarden durante las horas de clases constituyó un reto”, reconoció la rectora.
Para abordar este desafío, el colegio implementó una serie de estrategias pedagógicas y de convivencia que buscan fomentar la autorregulación y el uso responsable de la tecnología. “No estamos en contra de la tecnología. Al contrario, creemos que es una herramienta poderosa si se usa de manera adecuada. Lo que buscamos es que los estudiantes aprendan a utilizarla con responsabilidad, y que entiendan que hay momentos en los que es necesario desconectarse para poder concentrarse y aprender”, explicó Leon.
Las estrategias apuntan a favorecer la concentración y la socialización
Socialización
En las tres instituciones visitadas, la principal conclusión compartida es la importancia de fomentar la socialización entre los estudiantes, algo que se ve amenazado por el uso excesivo de los celulares. En la Escuela de Educación Media 6 del distrito escolar 19, Martín Ortiz subrayó cómo, al reducir el uso de celulares en clase, los estudiantes comenzaron a interactuar más entre ellos: “Queremos que los estudiantes puedan encontrarse con sus compañeros y profesores sin la barrera del celular, recuperando la atención y la comunicación directa”.
En la Escuela Argentina Modelo, Moren de Allois describió que, para promover un mayor intercambio entre los alumnos, instalaron espacios con puffs y mesas de juegos como metegol, donde los chicos pueden conversar y compartir durante los recreos. “Queremos que vuelvan a mirarse, a saludarse, a preguntar cómo están, sin la mediación de una pantalla”, destacó.
En el Colegio Tarbut, Leon mencionó que instrumentaron actividades alternativas, como el fortalecimiento de la convivencia en campamentos y la participación en ligas de debate, además de espacios con juegos como pingpong y Jenga. “Lo que buscamos es que los estudiantes no pierdan la oportunidad de socializar y conectarse entre sí de manera significativa, más allá de las pantallas”, concluyó
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