El equilibrio indispensable que tanto cuesta lograr
Carlos Melconian y Pablo Goldín
Más allá de las “tres etapas” o de las tres canillas “cerradas” a las que han hecho referencia las autoridades (entre idas y venidas no quedó muy claro si al final va o no a salir agua), está claro que la actual coyuntura debe lidiar con consolidar la baja inflacionaria, dejar de vender dólares no propios y pagar deuda con reservas netas negativas. El éxito notable del Gobierno, cultural pero además concreto, del cierre de la canilla 1, la verdadera, la fiscal, no ha sido efectivo hasta aquí para despegar el riesgo país de los 1500 puntos y reducir una brecha cambiaria que “molesta”. Todo esto, antes de la reciente caída de los mercados internacionales.
En este sentido, si bien es cierto que en lo fiscal la sostenibilidad a futuro del amezcla“impuest azo licuadora-moto sierra-bicicleta” será por un tiempo motivo de seguimiento y duda, lo que está fuera de discusión es la voluntad política acerca de su continuidad. Caso contrario, sería barajar y empezar de nuevo.
Las dos preguntas que surgen de nuestro comentario anterior van más allá de lo coyuntural. Una: ¿el superávit fiscal y su réplica monetaria resuelven el problema de estabilidad y reactivación por sí solos tal cual lo expresa lo que podemos denominar la “escuela fiscal”?
Y la segunda: la alternativa de asegurar superávit comercial en dólares, ¿es condición suficiente en términos de lo que habitualmente ha sido la “escuela sector-externista” para evitar un problema cambiario? Por supuesto son preguntas estrictamente concentradas para resolver la economía argentina, sabiendo que distintos actores históricos, apelando a alguna de estas dos “escuelas”, han intentado poner en práctica sus recetas con los frustrantes resultados que están a la vista en tantos años (más allá de algún período excepcional).
El fiscalismo puro ha planteado históricamente que con superávit fiscal el resto de la macroeconomía se “acomoda sola”. Este planteo, con mayor o menor nivel de disrupción, es el que está claramente en las ideas de las actuales autoridades. Por lo menos del Presidente, ya que el ministro Luis Caputo proviene de la “escuela del endeudamiento”.
Los fiscalistas “relativizan” el equilibrio de las cuentas externas los desbalances en dólares. Mejor dicho, automatizan el fenómeno de balanceo. El paso del tiempo lo hará. Dicho exageradamente, es que “van a sacar dólares del colchón para pagar impuestos”. Y al final el faltante se equilibra con eso.
Por su lado, la escuela del sector externismo puro plantea el problema del “faltante de dólares” y que eliminándolo el resto de la macro al final también “entiende” y se “acomoda o balancea”. Muy afianzado como concepto en la historia argentina (los 60, 70 y 80) y más recientemente adoptado como el “core” del problema en la administración saliente (aun apelando al control de cambios como parte del juego).
Esta visión entiende que evitando una crisis cambiaria al final con los desequilibrios en pesos se convive. Hay rentabilidad empresaria, actividad y empleo. Se gana plata, se reinvierte y se evita un estallido con el dólar. Todo esto último se prioriza a tener inflación anual a un dígito. Se sintetiza en: es preferible “algo” de inflación que la paz de los cementerios.
Entre estos dos modelos “exagerados” para que se entienda, aparece también como cuña la discusión de que “anclar” el dólar nominal es parte de la estabilización de la economía siempre referido al actual caso argentino con control de cambios. Está in pectore (y más que eso) en las dos escuelas. Obvio en la fiscalista al valor nominal “que sea” algún día se liberará. Y en el sector externista, al “valor que genere superávit comercial”.
De la mezcolanza anterior con cambio fijo se desprende el enfoque monetario del balance de pagos: “casi” una “tercera escuela”. Allí se expresa que los desequilibrios monetarios o excesos de gasto interno se corrigen automáticamente vía ajustes de la cuenta corriente (ajuste comercial) y/o la cuenta de capital (salida o fuga o formación de activos en el exterior).
Pareciera que el esquema macro actual es fiscalismo con “casi” ancla nominal del dólar (obvio con control de cambios cercano al formato de la administración anterior). Por supuesto, hay que tener mucho cuidado porque el ajuste fiscal severo sin recupero de confianza (baja de riesgo país/ingreso de capitales) no es tan automático y puede pagar un altísimo costo adicional en materia de actividad y empleo.
De nuevo, para el caso de la “escuela argentina”, eliminar el déficit fiscal de manera sostenible y creíble en el tiempo sería un paso enorme. Ni que discutir que es un punto de partida ineludible para un progray ma que intente estabilizar y reactivar. Pero probablemente no sea suficiente. Entonces hay que prestarle atención deliberada y simultáneamente sin ninguna displicencia a la cuestión externa.
Desde ya que para el otro caso, convertirse en un eventual “tigre exportador” (camino al cual no vamos en el corto plazo por lo menos), habría que prestarle igual enorme atención a la cuestión fiscal monetaria.
La Argentina ha gozado de enormes superávits comerciales y aun con control de cambios ha habido salida de capitales que se lo han devorado. O sea, el superávit de comercio a secas no asegura ni la constitución de reservas ni el pago de la deuda si convive con desbalances domésticos y sin acceso a los mercados voluntarios de deuda por riesgo país.
La historia ha mostrado que aún con control de cambios y dólar alto empobrecedor de salarios también se choca. La displicencia al ajuste interno so pretexto de superávit de comercio y dólar alto también ha fracasado.
Los antecedentes históricos del país y la falta de confianza juegan un rol preponderante que atenta contra la “automaticidad endógena” de ambas escuelas y modelos y no pueden ser sustituidas y sostenidas por amenazas o recesiones deflacionarias.
Por eso la “salida argentina” requiere “escuela propia”, sin atarse a ningún modelo en particular, o mejor dicho tomando lo que sirva de cada uno de ellos, desideologizando, sin dogmatismos y con integralidad.
En el intríngulis de los pesos, habrá que ir chequeando el gasto público total incluido el provincial, el “aguante” del nivel necesario de gasto público licuado, el monto de los subsidios económicos y sociales. Por supuesto, en la integralidad con el sector externo, la mejora en competitividad que genere una menor carga impositiva. Esta transición al equilibrio o superávit fiscal sostenible “arrastra” per se un tipo de cambio “X” y determinados precios relativos.
En el intríngulis de los dólares, el dato clave son claramente las exportaciones. Clavadas y anestesiadas a merced de los precios internacionales y del clima. Esto condiciona decisivamente el volumen total de comercio y la capacidad de importar y el nivel de actividad. Esto vale aun con equilibrio interno. Desde ya, con desequilibrio interno (y en la bimonetariedad argentina con el dólar como activo de ahorro) no hay ningún cepo posible que evite el choque.
Obvio que los precios externos, el clima, la competitividad y el mismísimo tipo de cambio real juegan un rol decisivo. Por eso, aquí habrá que evitar encapricharse en el camino de ida sin reservas y con necesidad de honrar deudas, evitar a futuro problemas con el valor del dólar y tener absoluta claridad de cómo se definirá la normalización cambiaria distinguiendo entre control de cambios o cepo, régimen cambiario a establecer y el valor del dólar nominal. Son tres conceptos importantes y diferentes para tener en cuenta al momento de la normalización.
En síntesis, el superávit fiscal vale oro. Pero por sí solo no nos saca. El mercado de cambios puede ser superavitario. Pero el combo nivel de reservas, normalización del cepo-régimen cambiario-precio del dólar, pago de la deuda, riesgo país, genera un enorme desafío. Por lo tanto, no prestar atención integral y simultáneamente a los dos problemas puede obstaculizar la pretendida automaticidad del ajuste en ambos sentidos, sus timings y dinámicas, ya sea porque no alcancen los ajustes o porque se logren a costa de la paz de los cementerios.
La administración deberá en consecuencia iniciar el proceso de recuperación de credibilidad y confianza que hasta aquí evidentemente le cuesta lograr.
En síntesis, el superávit fiscal vale oro. Pero por sí solo no nos saca
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Hay menos despidos y se estabiliza el empleo
En mayo hubo menos trabajadores, pero mejoran las expectativas
Francisco Jueguen
El sector de la construcción, el más golpeado en el mercado laboral junto con la industria, ya salió del pozo
Gracias a la mejora principalmente en el sector de la construcción, la baja de trabajadores privados registrados se desaceleró fuertemente en mayo. A contramano, las expectativas de contratación para julio, agosto y septiembre ya comenzaban a mostrar un resultado neto positivo, con más contrataciones que reducción de personal. Si bien los salarios recuperaron casi 10% en el año, todavía seguían levemente por debajo de los niveles de noviembre pasado.
El último informe del Indec sobre la construcción publicado la semana pasada reveló una sorpresa esperanzadora para el Gobierno, pero también para los argentinos, que ya comenzaban a hacer notar su preocupación en las encuestas de opinión pública. Esta noticia parece haber sido ratificada ayer por otros datos, también oficiales.
La del jueves pasado no fue información sobre la actividad, sino particularmente del mercado laboral anudado a ese sector, el más golpeado –junto con la industria– desde que arrancó el ajuste de Milei. Según registró la Dirección de Cuentas Nacionales del instituto en el indicador de coyuntura de la actividad de la construcción (ISAC), esta mostró el primer crecimiento mensual de puestos de trabajo en los últimos ocho meses. El dato estuvo bien presente entre los funcionarios del Ministerio de Economía el viernes, atentos a cualquier indicio de rebote de la actividad. Los puestos pasaron de los 377.252 en abril a 382.686 de mayo pasado. No se trató de un salto significativo, sobre todo porque todavía implica un número 18,1% inferior al del mismo mes de 2023. Sin embargo, sería un indicio de cambio de tendencia.
Los datos del organismo que conduce Marco Lavagna van en sintonía con números oficiales que se conocieron ayer. La caída del empleo privado registrado se siguió desacelerando –pese a que cayó– en casi todos los sectores y provincias en mayo, según los números de los registros del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) procesados por la Secretaría de Trabajo, Empleo y Seguridad Social.
Además, la Encuesta de Indicadores Laborales (EIL), que sintetiza esa misma cartera, afirmó que las expectativas de contratación para julio, agosto y septiembre muestran ya una estabilización o incluso un leve crecimiento. ¿Qué significa? Los empresarios creen que la tasa de contratación y de salida de las empresas será prácticamente la misma, como mostró el anteúltimo dato, o levemente positiva, como demuestra el último. La sangría de empleados en el sector privado podría haber finalmente concluido.
Los salarios, si bien recuperan de manera oscilante lo perdido tras la devaluación y el fogonazo de los precios, todavía están por debajo de lo que se pagaba en noviembre. Sin embargo, la diferencia es cada vez menor, según destacan los analistas de la cartera oficial.
Es importante destacar que la caída del empleo privado registrado no comenzó con Milei. Data de septiembre de 2023, con el cierre del gobierno de Alberto Fernández y Cristina Kirchner. Así, según esos datos oficiales, la cantidad de meses con bajas entre trabajadores privados ya suman nueve consecutivos.
La actual fase de caída del nivel de empleo formal privado ya supera en duración (medida en cantidad de meses) a los períodos contractivos verificados por la crisis financiera internacional desatada en 2008, la devaluación de la moneda nacional de principios de 2014 y la pandemia del Covid-19.
“De este modo, si bien en mayo se produce la novena caída intermensual del empleo asalariado registrado privado (entre septiembre de 2023 y mayo de 2024, se desvincularon 156.000 trabajadores del empleo asalariado registrado privado), la contracción mensual observada resultó ser la menor de los primeros cinco meses del año. Además, cabe destacar que esta dinámica laboral es el resultado de un proceso de desaceleración de la reducción del número de trabajadores registrados que se verifica en prácticamente todos los meses disponibles desde febrero (con la única excepción de marzo)”, indicó el informe.
En mayo, de acuerdo con la información que surge del SIPA, el empleo asalariado registrado del sector privado se contrajo apenas 0,1% con respecto al mes anterior (considerando la serie desestacionalizada). En este último mes, se desvincularon del empleo asalariado registrado privado (en términos netos) alrededor de 9000 trabajadores. Vale aclarar que la desocupación no se disparó pese al fortísimo ajuste que realizó el equipo del ministro de Economía, Luis Caputo. En el primer trimestre del año, pasó de 6,9% (dato de los primeros tres meses de 2023) a 7,7%.
La caída del empleo formal equivale a un cuarto de la mitad de la reducción verificada en febrero y marzo (-0,4%) y menos de una sexta parte de la reducción observada en enero (-0,6%).
“Uno de los factores más relevantes que explican la mínima caída del nivel de empleo formal privado en mayo es la sensible desaceleración de la caída del empleo observada en la construcción. En efecto, entre enero y abril de 2024, la variación mensual del empleo formal en ese sector osciló entre -3% y -4%. En cambio, la reducción del número de trabajadores en mayo se limitó al 0,3%. Uno de los resultados de este fenómeno es que la construcción pasó de ser el principal determinante de la desvinculación de trabajadores entre los meses de enero a abril (cerca de la mitad de la caída entre enero y abril) a representar solamente el 12% del total de la caída del empleo en mayo”, estimó Trabajo.
En mayo, como a lo largo de toda la fase contractiva, el sector primario es el único actor económico que expande el empleo asalariado registrado privado. “En el último mes disponible, el empleo creció en las tres actividades que conforman el sector (agricultura, ganadería y silvicultura; explotación de minas y canteras; y pesca): en total se incorporaron alrededor de 2500 trabajadores”, se precisó.
La baja en la industria
“Entre los sectores que en mayo empeoraron su dinámica laboral, se destaca en particular la industria manufacturera”, se alertó.
“En enero y febrero, la reducción del empleo registrado privado alcanzaba al 0,2%, mientras que en marzo, abril y junio la contracción llegó al 0,4%. El comportamiento del empleo en la industria –sumado a la comentada desaceleración de la caída del empleo en la Construcción– produjo que, en mayo, uno de cada dos trabajadores desvinculados (en términos netos) proviene de la Industria”, agregaron.
En junio, según la EIL, la fase contractiva del empleo asalariado registrado privado se extiende un mes más y marcaría un -0,2%. “Con esta variación, se consolida la tendencia de desaceleración de la caída que se observa en los últimos meses, ya que en marzo fue de -0,5%; en abril, de -0,4%, y en mayo, de -0,3%.”, precisaron en Trabajo.
Con relación a las expectativas netas de las empresas en lo referente a la contratación de personal para los próximos tres meses, se observa un repunte significativo en relación con el mes pasado. “En esta ocasión, del 3,6% de las empresas que esperan tener cambios en su dotación de personal, el 2,3% espera aumentarla y el 1,3 espera disminuirla, resultando unas expectativas netas positivas que ascienden a casi el 1%”, estimaron los especialistas sobre la encuesta a las empresas privadas.
Sobre los salarios de los argentinos, en tanto, en Trabajo indicaron: “La capacidad de compra del salario medio del empleo asalariado registrado privado creció 9,8% entre enero y junio de 2024 (de acuerdo con la información procesada a partir del SIPA). Esta mejora salarial permitió recuperar una parte relevante de la pérdida de poder adquisitivo ocasionada por la importante devaluación de la moneda nacional en diciembre de 2023”.
“De hecho, en diciembre de 2023 el salario real se contrajo un 11,2% en relación con noviembre del mismo año, mientras que en junio de 2024 el salario real se encontraba solamente un 2,5% por debajo del valor de noviembre del año pasado”, cerraron.
Gracias a la mejora principalmente en el sector de la construcción, la baja de trabajadores privados registrados se desaceleró fuertemente en mayo. A contramano, las expectativas de contratación para julio, agosto y septiembre ya comenzaban a mostrar un resultado neto positivo, con más contrataciones que reducción de personal. Si bien los salarios recuperaron casi 10% en el año, todavía seguían levemente por debajo de los niveles de noviembre pasado.
El último informe del Indec sobre la construcción publicado la semana pasada reveló una sorpresa esperanzadora para el Gobierno, pero también para los argentinos, que ya comenzaban a hacer notar su preocupación en las encuestas de opinión pública. Esta noticia parece haber sido ratificada ayer por otros datos, también oficiales.
La del jueves pasado no fue información sobre la actividad, sino particularmente del mercado laboral anudado a ese sector, el más golpeado –junto con la industria– desde que arrancó el ajuste de Milei. Según registró la Dirección de Cuentas Nacionales del instituto en el indicador de coyuntura de la actividad de la construcción (ISAC), esta mostró el primer crecimiento mensual de puestos de trabajo en los últimos ocho meses. El dato estuvo bien presente entre los funcionarios del Ministerio de Economía el viernes, atentos a cualquier indicio de rebote de la actividad. Los puestos pasaron de los 377.252 en abril a 382.686 de mayo pasado. No se trató de un salto significativo, sobre todo porque todavía implica un número 18,1% inferior al del mismo mes de 2023. Sin embargo, sería un indicio de cambio de tendencia.
Los datos del organismo que conduce Marco Lavagna van en sintonía con números oficiales que se conocieron ayer. La caída del empleo privado registrado se siguió desacelerando –pese a que cayó– en casi todos los sectores y provincias en mayo, según los números de los registros del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) procesados por la Secretaría de Trabajo, Empleo y Seguridad Social.
Además, la Encuesta de Indicadores Laborales (EIL), que sintetiza esa misma cartera, afirmó que las expectativas de contratación para julio, agosto y septiembre muestran ya una estabilización o incluso un leve crecimiento. ¿Qué significa? Los empresarios creen que la tasa de contratación y de salida de las empresas será prácticamente la misma, como mostró el anteúltimo dato, o levemente positiva, como demuestra el último. La sangría de empleados en el sector privado podría haber finalmente concluido.
Los salarios, si bien recuperan de manera oscilante lo perdido tras la devaluación y el fogonazo de los precios, todavía están por debajo de lo que se pagaba en noviembre. Sin embargo, la diferencia es cada vez menor, según destacan los analistas de la cartera oficial.
Es importante destacar que la caída del empleo privado registrado no comenzó con Milei. Data de septiembre de 2023, con el cierre del gobierno de Alberto Fernández y Cristina Kirchner. Así, según esos datos oficiales, la cantidad de meses con bajas entre trabajadores privados ya suman nueve consecutivos.
La actual fase de caída del nivel de empleo formal privado ya supera en duración (medida en cantidad de meses) a los períodos contractivos verificados por la crisis financiera internacional desatada en 2008, la devaluación de la moneda nacional de principios de 2014 y la pandemia del Covid-19.
“De este modo, si bien en mayo se produce la novena caída intermensual del empleo asalariado registrado privado (entre septiembre de 2023 y mayo de 2024, se desvincularon 156.000 trabajadores del empleo asalariado registrado privado), la contracción mensual observada resultó ser la menor de los primeros cinco meses del año. Además, cabe destacar que esta dinámica laboral es el resultado de un proceso de desaceleración de la reducción del número de trabajadores registrados que se verifica en prácticamente todos los meses disponibles desde febrero (con la única excepción de marzo)”, indicó el informe.
En mayo, de acuerdo con la información que surge del SIPA, el empleo asalariado registrado del sector privado se contrajo apenas 0,1% con respecto al mes anterior (considerando la serie desestacionalizada). En este último mes, se desvincularon del empleo asalariado registrado privado (en términos netos) alrededor de 9000 trabajadores. Vale aclarar que la desocupación no se disparó pese al fortísimo ajuste que realizó el equipo del ministro de Economía, Luis Caputo. En el primer trimestre del año, pasó de 6,9% (dato de los primeros tres meses de 2023) a 7,7%.
La caída del empleo formal equivale a un cuarto de la mitad de la reducción verificada en febrero y marzo (-0,4%) y menos de una sexta parte de la reducción observada en enero (-0,6%).
“Uno de los factores más relevantes que explican la mínima caída del nivel de empleo formal privado en mayo es la sensible desaceleración de la caída del empleo observada en la construcción. En efecto, entre enero y abril de 2024, la variación mensual del empleo formal en ese sector osciló entre -3% y -4%. En cambio, la reducción del número de trabajadores en mayo se limitó al 0,3%. Uno de los resultados de este fenómeno es que la construcción pasó de ser el principal determinante de la desvinculación de trabajadores entre los meses de enero a abril (cerca de la mitad de la caída entre enero y abril) a representar solamente el 12% del total de la caída del empleo en mayo”, estimó Trabajo.
En mayo, como a lo largo de toda la fase contractiva, el sector primario es el único actor económico que expande el empleo asalariado registrado privado. “En el último mes disponible, el empleo creció en las tres actividades que conforman el sector (agricultura, ganadería y silvicultura; explotación de minas y canteras; y pesca): en total se incorporaron alrededor de 2500 trabajadores”, se precisó.
La baja en la industria
“Entre los sectores que en mayo empeoraron su dinámica laboral, se destaca en particular la industria manufacturera”, se alertó.
“En enero y febrero, la reducción del empleo registrado privado alcanzaba al 0,2%, mientras que en marzo, abril y junio la contracción llegó al 0,4%. El comportamiento del empleo en la industria –sumado a la comentada desaceleración de la caída del empleo en la Construcción– produjo que, en mayo, uno de cada dos trabajadores desvinculados (en términos netos) proviene de la Industria”, agregaron.
En junio, según la EIL, la fase contractiva del empleo asalariado registrado privado se extiende un mes más y marcaría un -0,2%. “Con esta variación, se consolida la tendencia de desaceleración de la caída que se observa en los últimos meses, ya que en marzo fue de -0,5%; en abril, de -0,4%, y en mayo, de -0,3%.”, precisaron en Trabajo.
Con relación a las expectativas netas de las empresas en lo referente a la contratación de personal para los próximos tres meses, se observa un repunte significativo en relación con el mes pasado. “En esta ocasión, del 3,6% de las empresas que esperan tener cambios en su dotación de personal, el 2,3% espera aumentarla y el 1,3 espera disminuirla, resultando unas expectativas netas positivas que ascienden a casi el 1%”, estimaron los especialistas sobre la encuesta a las empresas privadas.
Sobre los salarios de los argentinos, en tanto, en Trabajo indicaron: “La capacidad de compra del salario medio del empleo asalariado registrado privado creció 9,8% entre enero y junio de 2024 (de acuerdo con la información procesada a partir del SIPA). Esta mejora salarial permitió recuperar una parte relevante de la pérdida de poder adquisitivo ocasionada por la importante devaluación de la moneda nacional en diciembre de 2023”.
“De hecho, en diciembre de 2023 el salario real se contrajo un 11,2% en relación con noviembre del mismo año, mientras que en junio de 2024 el salario real se encontraba solamente un 2,5% por debajo del valor de noviembre del año pasado”, cerraron.
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