domingo, 22 de septiembre de 2024

VIDA DIGITAL






Sir Clive Sinclair. El caballero inglés que inventó la ZX Spectrum, una emblemática computadora lanzada durante la Guerra de Malvinas
Clive Sinclair con una Z88, su primer laptop, que marcó el principio del fin
Emprendedor serial, fue uno de los primeros nerds de la historia y fundó una compañía que lanzó desde una calculadora de bolsillo hasta un minitelevisor; también incursionó en los vehículos eléctricos
Ariel Torres
Hay dos marcas que la primera generación de nerds de la Argentina no olvida. Una es Commodore. La otra es Sinclair. Si tenías una posición económica más o menos acomodada y alguna aspiración técnica, seguramente te regalaron una Commodore. En casa, las cosas eran diferentes. A principios de la década del ‘80 la economía familiar todavía era frágil, así que con mi hermano recibimos la otra, la Sinclair. Una ZX Spectrum, para más datos; sé que el nombre causa un tsunami de nostalgia en buena parte de los lectores que vivieron aquella era fundacional de la computación personal. Solo que aquí no se llamaba ZX Spectrum.
Sir Clive Sinclair, nuestro pionero inesperado de esta semana, fue un inventor y emprendedor inglés que no solo tuvo ideas notables, sino que también fracasó mucho y muchas veces, antes y después de haber disfrutado de un éxito fenomenal con su serie de computadoras personales ZX. Su vida es interesante no solo porque fue uno de los primeros en fabricar cómputo hogareño, sino también porque echa luz sobre un modelo de emprendedor que no tiene nada que ver con el arquetipo del Silicon Valley. Pero hay algo más, que vincula la historia de Sinclair con la de nuestro país, y que está detrás de la razón por la que la ZX no se llamó aquí ZX.
Hugo Mazer, gerente de Czerweny Electrónica en los 80, junto a dos computadoras CZ Spectrum
La ZX Spectrum, su modelo más vendido y célebre, fue lanzada al mercado el 23 de abril de 1982. Diecinueve días antes, la Argentina había desembarcado en las Islas Malvinas. Es uno de los motivos por los que no guardo muchos recuerdos personales sobre esta máquina; el año de la guerra y los dos siguientes están confusamente guardados en mi memoria.
Sé, sin embargo, que mi hermano se la pasaba con la ZX Spectrum y que dio sus primeros pasos en programación con ella (venía con un BASIC). Recuerdo asimismo que el teclado dejaba mucho que desear (siempre había sido el punto débil de las ZX, junto con su pobre sistema de disipación de calor, al punto de que muchos le ponían un gabinete y un teclado adicionales) y que la máquina era fabricada por una compañía local cuyo nombre difería del original, dado el clima político causado por la Guerra de Malvinas. Se llamaba CZ Spectrum y pueden leer la historia de la variante autóctona en esta excelente nota de Guillermo Tomoyose.
No hay plata
Clive Marles Sinclair nació el 30 de julio de 1940 en Ealing (eso es el oeste de Londres), Inglaterra. Su abuelo había sido un ingeniero naval. Su padre, Bill Sinclair, se había propuesto ser sacerdote, pero su padre, el abuelo de Clive, insistió para que primero se formara como ingeniero. Al parecer, este modo de disuadir a su hijo de que tomara los hábitos funcionó, porque Bill siguió siendo ingeniero toda su vida.
La infancia de Clive estuvo marcada por la Segunda Guerra Mundial. Tanto, que la casa en la que había nacido fue destruida durante los bombardeos nazis que sufrió Londres; por fortuna, la familia se había mudado a lo de una tía que tenían en Devon.
Aunque en su adultez sería pionero de otra disciplina que nada que ver con las computadoras (fue un dedicado runner), de pequeño detestaba los deportes y se interesaba más que nada por la matemática. Era un descastado. O, si quieren verlo con una pizca de sal, fue también pionero en lo que nos pasó a muchos nerds en las décadas siguientes. Es decir, atravesó la experiencia de no encajar en los moldes prefabricados que la sociedad impone a los chicos, independientemente de cuáles sean sus verdaderos intereses o sus destrezas innatas.
Luego asistió al St. George’s College Weybridge, una escuela en la que se graduó en matemática, física y matemática aplicada. Pero para los 18 años ya estaba en lo que realmente lo apasionaba y se había puesto a vender kits de electrónica por correo. El correo, que un día harían grandes a Amazon y a Netflix, fue su alfil en la carrera hacia el éxito.
Así que hay aquí una primera diferencia importante respecto del arquetipo del emprendedor estadounidense. Mientras un Steve Jobs o un Bill Gates se dieron el lujo de abandonar una carrera en la facultad, Clive nunca llegó a plantearse una formación universitaria. En el hogar de los Sinclair las crisis económicas, de la mano de las británicas, golpeaban a menudo. Esto también marcaría su invención más conocida, la que dejó su apellido en la memoria de millones de chicos que hoy, ya adultos, todavía pueden comprar desde teclados de repuesto para las computadoras de Sinclair hasta tacitas o remeras con iconografía de aquellas máquinas únicas. Por lo bueno y por lo malo, pero únicas, las ZX fueron piezas clave de un rito de pasaje que transformó a una generación de chicos y adolescentes en programadores amateur. Eso se perdería, y hoy, absurdo como pueda sonar, retrocedimos 50 años y el cómputo no se usa de una forma diferente de la tele o un lavarropas.
En todo caso, la falta de dinero en la vida de Sinclair le inspiró un lema que se mostraría infalible. Esto es, que podías tener una computadora personal por menos de 100 libras (unos 200 dólares, poco más o menos y en ambos casos sin aplicar la inflación).
Un televisor distópico (pero de bolsillo)
Sinclair fue un inventor serial que veía por todos lados oportunidades. Para 1972, cuando lanzó uno de sus productos más conocidos, la Sinclair Executive, una calculadora de bolsillo notable por su delgadez, ya había diseñado una radio a transistores y escrito dos libros sobre el asunto. También había fundado su primera compañía, llamada Sinclair Radionics (eso fue en 1961, o sea que tenía solo 21 años), que terminó quedándose sin capital. Entonces se refugió como editor de Instrument Practice, una publicación técnica de la United Trade Press.
Clive Sinclair y su Sinclair Executive, una calculadora de bolsillo notable por su delgadez
A principios de la siguiente década, lanzó su calculadora, a la que le fue bien, y tuvo también su primer traspié serio, el Black Watch. Era un reloj de pulsera, electrónico, muy lindo y con display de cuatro diodos emisores de luz característicos de la época. Evito usar las siglas LED porque aunque eran LED, no eran los LED de luz brillante que conocemos hoy (y que todavía no habían nacido). Como con muchos otros productos de Sinclair, lo más innovador era, aparte del diseño, el hecho de que se vendía como producto terminado (por un poco menos de 25 libras), pero también como un kit para armar (por 18 libras).
Por desgracia, porque era un producto atractivo, sufría tres problemas serios. Primero, la batería duraba muy poco (y no, no era recargable). La promesa de que alcanzaría para un año solía terminar prematuramente, a los 10 días. Muchos clientes se sintieron justificadamente estafados. Luego, los circuitos eran sensibles a la temperatura ambiente, por lo que no resultó un reloj muy preciso. Y, tercero, los diodos no brillaban lo bastante para que pudieran leerse a plena luz del día.
Sus dilemas financieros fueron constantes, al menos hasta que lanzó su primera computadora, la ZX80, a la que llegaremos en un minuto. Pero aparte de la calculadora y el reloj de pulsera, Sinclair lanzó un minitelevisor, el Microvision. No parece gran cosa, excepto porque era realmente pequeño (para la época). Ahora bien, todavía dependía de un tubo de rayos catódicos, y ahí parecía no haber forma de achicar las dimensiones de la máquina. Sin embargo, para la segunda versión de su minitelevisor, Clive se las ingenió para desarrollar algo increíble: un tubo de rayos catódicos plano, de menos de 2 centímetros de grosor. El invento, que iba a contramano de todo lo que llegaría con las pantallas planas en breve, se convirtió en una tele de bolsillo.
La TV80, como se llamaba oficialmente, salió en 1983, más o menos en la misma época en la que en Japón desarrollaban las primeras pantallas de LCD. Comercialmente, fue un desastre. Pero ese fue también el año en el que la ZX Spectrum empezaría a venderse en Estados Unidos. Lo que nos lleva directamente al dispositivo que puso a Sir Clive Sinclair en los libros de historia.
El origen
En 1980 el mundo ya estaba al tanto de la existencia de la Apple II. Había sido una revolución. Al revés que todos las demás herramientas que uno podía encontrar en un domicilio particular, esta se podía programar. Al año siguiente, el 12 de agosto de 1981, el peso pesado de la informática global, una compañía que en ese momento tenía medio millón de empleados, lanzaría la PC. La IBM/PC.
Pues bien, en el medio de estos dos movimientos tectónicos que estaban empezando a cambiar el mundo industrializado para siempre, un británico con una compañía que llevaba su nombre y que nunca superó los 130 empleados, decidió que había allí una oportunidad de negocio y diseñó un equipo llamado ZX80. Este nombre encierra algunas pistas.
La ZX Spectrum, un diseño que toda una generación grabó a fuego en su memoria; venía con 16 KB de RAM. Se pueden leer en las teclas los atajos con palabras reservadas de BASIC
Usaba un procesador de 8 bits de la firma Zilog, el Z80. El origen de la X tiene diversas explicaciones, ninguna muy consistente. Sabemos, en todo caso, que la X siempre disfrutó de cierta irresistible en el ambiente de la computación, desde Xerox y Minix hasta, por supuesto, Unix y, de allí, a Linux. Dejémosla como lo que la X representa en matemática, una incógnita. Mucho más interesante es la historia de ese chip en particular.
La firma Zilog había sido fundada por Federico Faggin, el ingeniero italiano que había creado el primer cerebro electrónico de Intel y que Intel había intentado borrar de la historia porque el hombre decidió fundar su propia compañía. Fue uno de nuestros primeros personajes de Pioneros Inesperados.
La ZX80 era, como casi todas las primeras computadoras personales, un equipo que integraba el teclado, la electrónica y los conectores en un solo gabinete. Había que enchufarlo al televisor; por RF, naturalmente. Esto tenía una ventaja, dentro de de sus limitaciones, y es que no había problemas de compatibilidad.
El de Zilog era un buen chip, a la altura de los otros que estaban usándose en estos primeros sistemas domésticos, pero lo que más atrajo de la ZX80 fue su precio. Tan innovador en lo técnico como en lo comercial, Sinclair, que había experimentado las estrecheces económicas en carne propia, apuntó a tentar con el precio. Lo logró. La ZX80 se vendía por menos de 100 libras y se despacharon unas 100.000 unidades antes de que la discontinuaran para sacar el siguiente modelo, la ZX81. La ZX81 era en esencia la misma máquina, pero era fabricada por Timex, costaba incluso menos (70 libras) y despachó un millón y medio de ejemplares.

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El C5, su primer vehículo eléctrico: Fue un precursor de algo que hoy es cotidiano, pero le faltó un plan previo y le faltó también la tecnologíaPA Images - PA Images

Estas primeras computadoras personales, que les llevaron a los ingleses la experiencia de la informática personal a un precio muy accesible, tenían sin embargo dos defectos serios. El primero era el teclado, que era de tipo membrana y ni era cómodo para escribir (lo sé por experiencia) ni era muy duradero. Además, venía con solo 1 KB de RAM. Sí, leíste bien (tu celular tiene 8 millones de veces más RAM, para poner el número en perspectiva). Aunque podía expandirse hasta 16 KB (como la Apple II Plus, pero incluso así bien por debajo de los proverbiales 640 KB que según Gates debían alcanzarnos para todo), las ZX salían con solo 1 KB de RAM. Más 4 KB de ROM, donde tenían el sistema operativo, un editor de texto y un BASIC. Había algunos rasgos únicos en la implementación de la ZX80, como que los comandos de BASIC se ingresaban por medio de atajos de teclado (que se ven en una de las fotos que ilustran esta nota).
¿Vehículos eléctricos también, Sir Clive?

Como cada vez que aparece una tecnología tan disruptiva, las derivaciones serían imprevisibles. La ZX80, y sobre todo sus herederas, la 81 y la Spectrum (que ya tenía 16 KB de RAM y era capaz de producir imágenes a color), fueron particularmente populares entre los chicos. Así como a mediados de la década del ‘70 unos pocos habíamos empezado a disfrutar del poder que otorgaba el código con las calculadoras programables de HP y Texas Instruments, la siguiente camada, en los ‘80, empezó a escribir programas y sobre todo, en Inglaterra, jueguitos sencillos, con las computadoras de Sinclair.

La Spectrum en particular fue muy significativa. Vendió 5 millones de equipos (la IBM/PC salió con al proyecto de despachar 250.000 unidades, aunque también superó por mucho ese techo) y hubo unos 24.000 productos de software creados por terceros para esa máquina.

Un rasgo que no es único (también Heathkit, en Estados Unidos hacía esto), pero que Sinclair explotó sistemáticamente, fue el de vender sus productos no solo ya ensamblados, sino también como kits para armar, a un costo menor. El otro rasgo que caracterizó a Clive fue el uso del correo postal. Según creía, y la historia demostró que tenía razón, lanzar un producto muy innovador por los canales minoristas tradicionales era costoso y poco eficiente. En cambio, los avisos en revistas más el confiable correo inglés le dieron una plataforma accesible que llegaba a todas partes; el resultado fue estupendo. Hoy, cuando recibís algo de MercadoLibre en tu casa, estás experimentando algo que los clientes de Sinclair ya conocían cuarenta años atrás.

Los colosos estadounidenses, japoneses y luego los del sudeste asiático terminaron quedándose con el negocio de la computación, pero, a pesar de lo que suele creerse, el declive de Sinclair provino de su incansable ímpetu innovador. En 1983 (el mismo año en que la Spectrum sale en Estados Unidos), se puso con el tema de los vehículos eléctricos. Precursor, claro que sí, pero no solo la tecnología no estaba todavía madura para esas ideas, sino que su primer vehículo, el C5, tenía casi todos los defectos que uno esperaría de algo diseñado sin un buen plan previo. La tele de bolsillo salió en estos años también, y fue otro desastre. Para 1990, Sinclair Research, como había rebautizado la compañía en 1975, tenía solo tres empleados; uno de ellos era Clive mismo. Habían sido unos 130 en el apogeo de sus operaciones.

Todos, desde sus competidores hasta la revista Time, cuando la computadora personal fue persona del año en diciembre de 1982, reconocieron el papel protagónico que Sinclair había jugado en la incipiente historia del cómputo personal. Se lo nombró caballero del Reino en 1983 y falleció a los 81 años, en 2021, en medio de la pandemia, víctima de un cáncer con el que luchó durante una década.

Cuarenta años atrás, al otro lado del mar y con una guerra de por medio, la querible ZX Spectrum había llegado a miles de hogares en los que futuros ingenieros e informáticos aprendían el significado de la palabra código. Una palabra que la clase dirigente en la Argentina todavía no sabe ni siquiera pronunciar correctamente. Dicen códigos.

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