viernes, 6 de septiembre de 2024

REAPARICIÓN Y CONMOVEDOR ADIÓS


El regreso de Insaurralde en las tinieblas de la política bonaerense
¿Cambió algo en la provincia tras los escándalos del yate y de Chocolate? La respuesta es desmoralizante
Luciano Román Martín Insaurralde y Sofía Clérici
La noticia pasó casi inadvertida en la frondosa crónica política de los últimos días: Insaurralde compartió un almuerzo con intendentes bonaerenses y Máximo Kirchner. Algunos lo leyeron como una “reaparición”, pero otros aseguran que, en realidad, “nunca se fue”. En cualquier caso, su tímido regreso a la escena pública resulta revelador. Muestra que apartarse del camino de la ética pública no es, para el peronismo bonaerense, un motivo de expulsión, ni siquiera de vergüenza. Tal vez sea todo lo contrario: es probable que Insaurralde haya dado “cátedra” en ese encuentro con caciques municipales y con el jefe de La Cámpora. “Hay muchos que lo escuchan; ya no conduce, pero tiene una estructura que le responde”, reconocen en algunos despachos de La Plata.
El regreso de “el bandido”, como algunos lo llaman con sarcasmo en homenaje a aquel yate en el que navegaba por el Mediterráneo, es un síntoma de algo todavía más inquietante: la opacidad crónica que tiñe la vida institucional de la mayor provincia argentina. Insaurralde, que era el jefe de Gabinete de Kicillof cuando quedó expuesto en una excursión de millonario, simboliza el manejo discrecional de las “cajas negras” de la política bonaerense. Su regreso instala, entonces, un interrogante obvio: ¿cambió algo en la provincia tras los escándalos del yate y de las tarjetas fantasma de Chocolate Rigau? Cuando se les hace esta pregunta a actores centrales de la oposición, y también del oficialismo, la respuesta es desmoralizante: “todo sigue igual; en determinadas prácticas pudo haber algún ‘repliegue táctico’, como el de Insaurralde, pero no se ha producido ningún cambio de fondo”. Algunos llegan todavía más lejos: “Los ‘chocolates’ siguen operando a la luz del día; en todo caso, se han perfeccionado para no quedar tan expuestos en la fila del cajero”.
Hay que mirar a la Legislatura para comprobar que esa respuesta es penosamente cierta: el presupuesto no se ha reducido; los mecanismos de contratación y el control del presentismo no se han modificado. ¿Alguien escuchó hablar de un plan de saneamiento institucional para clausurar cualquier posibilidad de designar empleados fantasma? Nadie. ¿Hay noticias de un achicamiento drástico que dé cuenta de alguna “canilla” que se cerró definitivamente? Ninguna. ¿Se ha escuchado al gobernador Kicillof exigir o promover medidas de transparencia en la Legislatura o en “cajas” que manejaba Insaurralde, como la de la Lotería provincial o la de Vialidad? Nunca. El festival de “los módulos” sigue intacto en la Legislatura. Módulos es un eufemismo para hablar de dinero discrecional que manejan los legisladores. Lo mismo pasa con “la bolsa” millonaria de becas y subsidios, que también alimenta un circuito opaco de recursos públicos.
En este denso entramado de sospechas y oscuridad, Kicillof aspira a nombrar 138 jueces y fiscales para cubrir esa enorme cantidad de vacantes en el Poder Judicial. Hay que observar ese proceso con atención, porque la Justicia es la que cierra el círculo de opacidad que se ha consolidado en la provincia. El caso Chocolate también fue muy revelador en ese aspecto: los camaristas Juan Alberto Benavides y Alejandro Villordo buscaron, con argumentos extravagantes, liberar a Rigau y cerrar la causa en tiempo récord. Fue todo tan burdo y escandaloso que la Cámara de Casación se apuró a revocar el fallo, que provocó estupor a nivel nacional. Un año después, todo sigue igual: los jueces Villordo y Benavides tienen un pedido de enjuiciamiento, pero en la Legislatura se ríen cuando se pregunta si puede prosperar. La causa de Chocolate avanza a paso lento y la cadena de responsabilidades políticas parece haberse cortado en niveles muy inferiores, como los que representan los otros dos detenidos: Claudio y Facundo Albini. Nadie ha visto, mientras tanto, a Insaurralde sentado en el banquillo de los acusados ni forzado a prestar una declaración indagatoria.
¿Cuántas causas por corrupción han llegado a buen término en la Justicia bonaerense? La respuesta tal vez explique hasta qué punto se ha consolidado en la provincia de Buenos Aires un mecanismo de ilicitud y opacidad que desde hace décadas ha carcomido las bases de su sistema institucional. Chocolate e Insaurralde, como los exjueces Melazo u Ordoqui, no fueron casos aislados: formaron parte de métodos, mecanismos y sistemas que funcionan desde hace muchos años.
La Justicia –pero también los organismos de control– ha sido una garantía de impunidad. ¿Quién cubrió la última vacante que se produjo, durante la gestión de Kicillof, en el estratégico Tribunal de Cuentas? Correcto: un hombre de Insaurralde que, a la sazón, venía de ser “gerente” de una multinacional del juego.
Aun en medio de peleas internas, el kirchnerismo bonaerense se ha puesto de acuerdo para una nueva avanzada en la “colonización” judicial. Un dato alcanza para mostrar el extremo de politización y componenda en el que está enredado el proceso de designación de nuevos jueces: el envío de los pliegos a la Comisión de Acuerdos del Senado se trabó en los últimos días cuando la vicegobernadora, Verónica Magario, vio que para cubrir las vacantes de La Matanza (su distrito) no se habían incluido en las ternas los nom bres que ella había pedido. Magario es la socia política de Fernando Espinoza, intendente que se mantiene en su cargo a pesar de estar procesado en una causa por abuso sexual. Después de que la titular del Senado puso el grito en el cielo, las ternas de La Matanza “se acomodaron”. ¿Kicillof y Magario le prometieron a Espinoza designarle “jueces amigos” para sortear su calvario en el fuero penal? En la provincia de Buenos Aires, “pensar mal” suele ser equivalente a pensar lo correcto.
Un año después de que estallaron los escándalos de Chocolate y de “el bandido”, Kicillof parece mantener un pacto de hierro con la política bonaerense: mirar para otro lado. La gran “política de Estado” en la provincia es la ausencia de control. No se controla ni el presentismo de los empleados públicos, ni las licencias docentes, ni el presupuesto de la Legislatura, ni los “negocios” de las comisarías. Las “cajas” de la política no se tocan ni se achican. El gasto público no se audita ni se revisa: siempre hay un nuevo “manotazo” para dar sobre el Inmobiliario que paga la clase media.
La cultura de la política bonaerense se asocia a una idea de clandestinidad. Es una provincia que no resistiría una auditoría; que cada vez tiene más empleados estatales y peores servicios públicos; donde lo que más crece es el trabajo en negro y donde entramados mafiosos, como el de La Salada, gozan de protección e impunidad.
Industrias como las del agro o la del conocimiento han logrado desarrollarse en enclaves bonaerenses “a pesar” del Estado. Aun así, hay datos sintomáticos: Accenture, uno de los gigantes tecnológicos del mundo del software, cerró sus oficinas en La Plata, y en el edificio que dejó vacío ahora se monta un centro administrativo de la municipalidad. Tal vez sea una postal arbitraria, pero una postal al fin: en el corazón de la provincia, el Estado se expande mientras la industria retrocede.
Kicillof, que ganó su reelección con la oposición dividida, hoy parece desconectado del espíritu de época. Habla un lenguaje dogmático e ideologizado que no solo aleja las inversiones, sino que no parece interpretar la demanda ciudadana. Lo ayuda ese gran “pacto bonaerense” del que también participa la oposición. ¿Cuántas voces del radicalismo, Pro o La Libertad Avanza se alzan para exigir transparencia en la Legislatura y en el Poder Judicial? La oscuridad también suele ser contagiosa. Y para comprobarlo alcanza con ver el decreto presidencial de esta semana que recorta el acceso a la información pública. O reparar en el abrazo de Milei a Lijo, que es a la Justicia Federal lo que Insaurralde es a la política bonaerense. O detenerse en el rol de un monotributista que maneja, desde las sombras, los hilos de la SIDE, entre otros resortes estratégicos del poder.
El liderazgo bonaerense de Kicillof hoy parece haber entrado en una fase de agotamiento y declinación, fagocitado por el internismo, por su intrínseca debilidad y por la anemia de una gestión librada a su propia inercia. La pregunta, sin embargo, es cuánto podrá resistir el sistema de corrupción e impunidad que se ha enquistado en la provincia. Los gobernadores pasan, ¿los “chocolates” y “los bandidos” quedan? La reaparición de Insaurralde parece más que un indicio.

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Selva Alemán
Su fallecimiento a causa de un paro cardíaco tomó por sorpresa a todos; ayer tuvo una gran despedida con figuras de la talla de Mirtha Legrand y Ricardo Darín
Arturo Puig despidió a su pareja
En una conmovedora ceremonia, familia y colegas despidieron a la actriz que falleció anteayer.
El espectáculo argentino se tiñó de tristeza: a los 80 años murió anteayer Selva Alemán como consecuencia de un infarto. Además de una prolífica carrera y una gran cantidad de personajes que quedarán en la historia, la célebre actriz estaba casada con Arturo Puig, y juntos formaban una de las parejas más queridas de la industria. Ayer, sus familiares y amigos la despidieron con profundo dolor.
A partir de las 10, distintas personalidades de la escena local comenzaron a llegar hasta la casa velatoria Zuccotti Hnos. Pasadas las 13, los restos de la actriz fueron trasladados al Cementerio de la Chacarita, donde se llevó adelante un breve responso en la capilla; finalmente, el féretro fue trasladado hasta el Panteón de la Asociación Argentina de Actores.
El empresario teatral Carlos Rottemberg fue uno de los primeros en acercarse al lugar. Llegó solo y de inmediato entró a consolar a Arturo Puig. En contacto con los periodistas, Rottemberg resaltó la figura de su amiga. “Esa manera de respetar la profesión, de respetar la audiencia, de elegir sus trabajos, de no cruzar la línea entre lo público y lo privado”, enumeró. Luego, habló de la pareja “indivisible” que lograron construir con Puig y de la necesidad de contener al actor en este momento. “Los amigos venimos a despedir a Selva, pero también a apoyar a Arturo”, confesó. “Justamente, porque para todos nosotros fueron indivisibles. Esa comunión que es digna de destacar. Una pareja de esas que a uno le enorgullece como familia el poder haber estado cerca”.
El productor explicó que el amor del público para con Selva no fue solo producto de su trabajo. “Ese cariño que se ganó en la gente se lo ganó no solamente por la calidad de sus trabajos, sino también por haber tenido una posición que se pudo mantener durante seis décadas”, confió. “Fueron 60 años continuos donde dio demasiadas pruebas de quién fue”.
Por último, Rottemberg reafirmó lo repentino del fatal desenlace. Luego de contar que estuvo en el sanatorio, que ayer al mediodía Selva estaba “todavía haciendo planes para ir a trabajar a Mar del Plata el próximo verano” y que iba a estar en la mesa de Mirtha Legrand, repasó que se descompensó por la mañana, que logró estabilizarse, pero que decidió ir a la clínica Zabala por un nuevo malestar. “Selva ayer a la mañana gozaba de buena salud”, reafirmó. “La sorpresa para el público es la misma que tuvimos todos nosotros, empezando por Arturo”, completó.
Un rato después, dos de sus grandes amigas de la escena porteña, Nora Cárpena y Marta González, se hicieron presentes. Cuando uno de los periodistas le pidió unas palabras a Cárpena, la actriz no dudó en celebrar a Alemán. “Una querida amiga. Una gran amiga”, alcanzó a decir. Nora Lafón, por su parte, contó cómo lo vio a Puig. “Está caído porque esto es de una tristeza imposible”, confió.
“Mucho dolor. Selva era un sol de persona”, dijo Martín Seefeld. A su lado, Jorge Marrale recordó a su amiga. “Fue realmente una compañera increíble. Trabajé muchísimos años con ella”, repasó. “Desde que vino la democracia tuvimos la posibilidad de trabajar juntos en una televisión que ya no existe. Con Selva, con tanta gente, pudimos hacer un proyecto de trabajadores de la cultura, con lo cual despedirla a Selva es despedir un pedacito nuestro”, lamentó. “Selva fue realmente una pionera, una excelente compañera y una bellísima actriz”, cerró.
Fernando Bravo, muy amigo de la pareja, no pudo contener las lágrimas. “Seamos muy tranquilos. Arturo está bien. Empieza una etapa diferente, está muy dolido como todos. Gracias por estar acá, Selva fue una mujer extraordinaria y una artista de aquellas. Es lo único que tengo para decir”, manifestó.
Gustavo Yankelevich repasó lo gran persona que fue Selva. “Tenemos una amistad de cincuenta y pico de años así que imaginate. Vivimos muchísimas cosas, muchas de trabajo y también viajes juntos”, recordó. “Muy sorpresivo lo de Selva, porque se la veía muy bien”, lamentó luego. Fueron muchos los colegas, periodistas y directores, personajes del mundo del espectáculo que Selva Alemán transitó con tanto amor, que decidieron dejar un mensaje de despedida para la gran actriz en sus redes sociales. “Adiós, querida Selva Alemán. Gran actriz, no digo nada nuevo. Además una persona maravillosa. Abrazo enorme para el amor de su vida, Arturo Puig. Vamos a extrañar su trabajo y su dulzura”, escribió Silvina Chediek en su cuenta de X. “Mi muy querida y admirada Selvi... Así te llamaba con respetuoso amor y así te seguiré recordando... Hasta pronto amorosa amiga!”, expresó por su parte Antonio Grimau.
Ricardo Darín resaltó en sus palabras de despedida la risa de Selva y su “don de gente”, mientras que Gonzalo Heredia lamentó su repentino adiós. “Qué pena, Selva”, escribió el actor junto a un corazón rojo. También compartió un mensaje en X el diseñador Laurencio Adot, quien la vistió en varias oportunidades. “QEPD, Selva Alemán. Amé vestirte”, escribió.
No hubo, para el gran público, ninguna señal que anticipara el fin: siempre impecable, siempre sonriente, la última aparición de Alemán fue hace diez días.ß
“Esa manera de respetar la profesión, de respetar la audiencia, de elegir sus trabajos, de no cruzar la línea entre lo público y lo privado”, dijo Rottemberg
“La sorpresa para el público es la misma que tuvimos todos nosotros”, expresó Mirha Legrand
Arturo y Selva, una historia de amor de telenovela
Puig y Alemán se conocieron en 1974 y nunca más se separaron
Cuando se conoció la triste noticia del fallecimiento de Selva Alemán, actriz destacada desde la década de los 50 que construyó una trayectoria en cine, televisión y teatro, muchos pensaron también en Arturo Puig. A lo largo de su carrera tuvo diferentes hitos y hechos que la marcaron, como la historia de amor con él. Cuando habían pasado 20 años juntos y edificado una relación entrañable, el 30 de abril de 2001 decidieron dar un paso más y se casaron. Tras su muerte, las fotos de ese matrimonio lleno de amor y pasión se volvieron virales y rememoraron uno de los momentos más tiernos de su intimidad.
La intérprete murió el martes a los 80 años a raíz de un infarto. Los actores se conocieron en el marco de los preparativos para la grabación de la telenovela Fernanda, Martín y nadie más, de la mano de Alejandro Romay. Según contó Puig, cuando sucedió esto, los dos estaban casados y tenían familia, pero en la primera reunión del elenco sintieron que se conocían de toda la vida, lo que removió sus sentimientos.
“[Fue] flechazo, pero mal. Selva dijo que sintió que yo era de la familia, como que ya me conocía. Pero teníamos un problema, los dos estábamos casados. Los dos teníamos familia. Entonces, empezó el teleteatro y pasó bastante tiempo antes de que nos decidiéramos”, recordó el actor en Almorzando con Juana Viale (eltrece). En 1974, los dos empezaron a vivir un romance apasionado que siguió por más de 50 años. Se constituyeron como una de las parejas más longevas y queridas del espectáculo nacional y en su entorno siempre primó el amor y cariño. “Los dos tuvimos un matrimonio anterior, y cuando empezamos a salir y luego a convivir, no había divorcio”, admitía Selva cuando le preguntaban por su historia. “Por eso nos casamos el día del cumpleaños de Selva, un 30 de abril. Y no nos acordamos ni de qué año. Tuvimos nuestras idas y vueltas, pero siempre hubo amor y humor. Nos divertimos mucho juntos”, resumió el actor en una entrevista para la nacion años atrás.
Lo cierto es que, luego del fallecimiento de Selva, en las redes circularon los instantes más memorables de la artista, desde sus trabajos hasta su relación idílica con Puig, quien de momento no emitió palabra alguna.

http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA

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