Un estudio de la Fundación Mediterránea indica que el resultado fiscal positivo fue más difícil de lograr porque, a diferencia de lo que ocurrió en otros procesos históricos, se hizo mientras también caía la recaudación
Francisco Olivera
Ni el Plan Austral, ni la devaluación de Eduardo Duhalde y ni siquiera la de Krieger Vasena durante la presidencia de Juan Carlos Onganía: el ajuste que lleva adelante Javier Milei es hasta ahora el más grande en por lo menos 65 años. Así lo indica un trabajo del Ieral, instituto de la Fundación Mediterránea, elaborado por su vicepresidente, el economista Marcelo Capello, que especifica además que, de los nueve años con mejores resultados fiscales que tuvo la Argentina desde entonces, este resultó el del esfuerzo más arduo: tuvo la reducción del gasto más pronunciada y, al mismo tiempo, fue el único que lo hizo mientras caían los ingresos como porcentaje del PBI. Dicho en otras palabras, Milei ajustó incluso en medio de la crisis.
El ajuste de Milei fue el más drástico: se hizo con la mayor reducción del gasto y mientras los ingresos también caían.Capello hace una recorrida por la historia y se detiene en los años de números fiscales positivos. No fueron muchos: la Argentina es gastadora. En 1967, por ejemplo, Krieger Vasena logró una mejora de 1,5 puntos porcentuales del PBI a pesar de haber expandido el gasto en 0,8 puntos. Lo consiguió gracias a que los ingresos totales subían al mismo tiempo 2,3 puntos. La clave de ese logro, el primero de la serie analizada, estuvo en el principio del proceso: no bien asumió, el 2 de enero de ese año, el ministro devaluó 40% la moneda, aplicó retenciones a las exportaciones y, así, le permitió al Estado quedarse con la renta extraordinaria de la depreciación. Algo parecido, pero con distinto método, le pasó a Juan Sourrouille en 1985 con el plan Austral. El programa alfonsinista, que se lanzó el 14 de junio de ese año e incluía desde un ajuste de las cuentas fiscales, la renegociación de la deuda, una reforma monetaria y el congelamiento de precios, salarios y tarifas, terminó con 4,6 puntos porcentuales de mejora a pesar de que el gasto había subido 1,6 puntos. Una vez más, la clave estuvo en la recaudación, que subió 6,2 puntos sobre el PBI. Lo de Milei, en cambio, fue mucho más complicado: ahorró nada menos que 5,6 puntos porcentuales mientras los ingresos caían 0,8. Todo cuesta arriba.
La Argentina tuvo el pico de gasto público sobre el PBI en 2016 y 2020 y lo bajó este año a niveles de 2007.“Ajuste fiscal: o mais grande do mundo”, tituló Capello el slide que contenía la descripción de esos años, durante una presentación que hizo la semana pasada en Mendoza con el economista Ricardo Arriazu. La historia no ayuda. De los 54 años del período 1970-2023, exactamente 43 terminaron con déficit fiscal. Es decir, el 83% de ese tiempo en rojo. Hubo, por lo tanto, 9 años de superávit: uno vino con el Plan Austral, dos con la reforma del Estado y las privatizaciones de la Convertibilidad de Carlos Menem y Domingo Cavallo, y otros seis, por la licuación y el no pago de intereses de la deuda durante los mandatos de Duhalde y Kirchner. El trabajo hace incluso un corte más amplio, y agrega que, desde 1961 hasta hoy, sólo seis años muestran superávit fiscal y de cuenta corriente al mismo tiempo: los comprendidos entre 2003 y 2008. Es decir, apenas un 10% en casi seis décadas y media.
El país cubrió siempre este desfase con las típicas herramientas del indisciplinado fiscal, endeudamiento o emisión monetaria. Hasta el año pasado, la deuda argentina era del 88% del PBI. Ni hablar la inflación, que se instaló en los tres dígitos y, según los últimos registros del Indec, tenía en julio pasado un ritmo del 263,4% anual. Entre 1970 y 2023, dice el Ieral, el déficit del sector público nacional fue del 104%, y la inflación promedio anual, del 192% (o 235% si se excluyeran los 11 años del plan de Convertibilidad). La resultante de todo fue una mejora casi nula en las condiciones de vida de la población. En todo ese período, que incluyó tres defaults, la tasa de crecimiento anual del PBI per cápita de la Argentina fue de apenas 0,7 por ciento.
Son las consecuencias de gastar muy por arriba de lo que se produce, un hábito que no se corrigió con las crisis. Al contrario: en los últimos 20 años, después de la caída de la convertibilidad, se agravó. Según el informe del Ieral, si se incluye también a las provincias, el 76% del gasto entre 2003 y 2023 se fue en personal del Estado, que se llevó 3,4 puntos porcentuales del PBI; jubilaciones, 2,9 puntos, y subsidios económicos, 2,1 puntos.
El empleo público explica gran parte del déficit fiscal de los últimos años.Hay que repasar la serie y nómina de empleados públicos para entenderlo. En 2005, los trabajadores de los niveles nacional, provincial y municipal eran 2.582.665 y eso representaba un gasto de 8,4% del PBI. El año pasado ya llegaban a 3.874.509, un 11,6% del PBI. Es decir, durante casi dos décadas, mientras la población crecía apenas un 20%, los estatales se expandieron un 50%. La Argentina gasta en personal apenas por debajo de Brasil (12%), pero mucho más que Chile, Uruguay y Perú, donde se destina entre el 6 y el 7% del PBI a esos efectos.
Milei está obligado a corregir esos desequilibrios. Un informe del economista Nadin Argañaraz acaba de especificar que, desde que asumió, el Gobierno se desprendió de 30.936 empleos públicos, el equivalente al 9,1% de la dotación que el Estado tenía en diciembre del año pasado. Encabezan los despidos la administración central, el Correo, la Anses, el Conicet y AYSA. En porcentaje, las mayores caídas de plantilla se centran en el Consejo Nacional de Coordinación de Políticas Sociales (-58,5%), el Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social (-30,3%), el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (-29,7%), la Agencia Nacional de Discapacidad (-28,2%), el Enacom (-26,6%) y el Correo (-24,2%).
Salarios públicos, jubilaciones y subsidios: el nudo gordiano del gasto argentino.Motosierra y licuadora. ¿Pudo haberse ajustado sin alguna de las dos herramientas?, le preguntó a Capello. “El ajuste necesario es tan grande, y tan importante era el desequilibrio el año pasado, que ninguna medida única podía solucionarlo, sino una conjunción de medidas y decisiones -contestó-. A partir de ahora se debería plantear mejorar la calidad del ajuste, pero sin perder el equilibrio fiscal. Lo deben entender también las fuerzas de la oposición”.
Los datos indican que el apretón fue drástico. El gasto público en los tres niveles -nacional, provincial y municipal- cayó en el primer semestre del año al 32% del PBI, un nivel idéntico al de 2007, muy por debajo de los picos de 2016 y 2020, cuando llegó al 47%. En 2004, no hace tanto, estaba en 27%. Fueron veinte puntos de aumento en 15 años. Una fiesta cara.
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El jefe de Gabinete se encuentra internado desde este domingo en una clínica porteña; ingresó por un cuadro “gastrointestinal agudo”
El jefe de Gabinete de la Nación, Guillermo Francos, cursa su segundo día de internación en la Clínica La Sagrada Familia del barrio porteño de Belgrano luego de haber sido internado de urgencia este domingo por un cuadro “gastrointestinal agudo” que derivó en una lipotimia. Según el último parte médico que brindó la institución, el funcionario se encuentra “estable” y dentro de los criterios que se consideran para la “pre-alta”.
“Post descompensación por cuadro sincopal y pérdida de conocimiento está recuperado, lúcido, afebril, estable; con parámetros clínicos, hemodinámicos, fisiológicos normales”, amplió el documento.
Según pudo sabe una vez que sea dado de alta (que se prevé para las próximas horas), el funcionario de 74 años no asistirá a la reunión de Gabinete programada para este lunes.
Francos sufrió lo que también se conoce como síncope o desmayo, lo que implica una pérdida momentánea del conocimiento debido a diversas variables, como pueden ser baja presión o un dolor intenso. Según Cleveland Clinic, se trata de “una pérdida temporal de la conciencia con una recuperación rápida” que, por lo general, no implica un motivo mayor de preocupación.
Esta afección se produce cuando hay una disminución repentina y temporal de la cantidad de sangre que fluye al cerebro, por motivos que pueden ir desde una caída repentina de la presión arterial o de la frecuencia cardíaca, hasta cambios en la cantidad de sangre en áreas del cuerpo. Sin embargo, la lipotimia o síncope también puede ser un signo de una patología más grave, por lo que es importante recibir tratamiento de inmediato después de sufrir un episodio, sobre todo en pacientes que presentan problemas cardíacos u otras patologías previas.
El informe de gestión en la Cámara baja
Además de lidiar con la polémica que se desató tras las declaraciones del senador y presidente provisional de la Cámara de Senadores, Bartolomé Abdala, quien admitió que tenía muchos de sus asesores en San Luis para apuntalar su carrera a la gobernación, Francos venía de presentar su informe de gestión frente a la Cámara de Diputados.
En medio de conflictos y enfrentamientos entre manifestantes y la policía en los alrededores de la plaza, el jefe de Gabinete formó parte de una sesión que duró varias horas y en la cual respondió 1700 preguntas de los legisladores. Asimismo, el día anterior ya les había enviado las respuestas por escrito a sus despachos en un documento de 1738 páginas.
Finalmente, tuvo que finalizar abruptamente su exposición en la Cámara baja luego de que integrantes de Unión por la Patria y de la izquierda se retiraran del recinto en reclamo para que cesen los enfrentamientos afuera del Congreso, que comenzaron cuando una multitud se acercó a protestar por el veto del presidente Javier Milei sobre el aumento en las asignaciones a los jubilados y pensionados.
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