miércoles, 4 de septiembre de 2024

OPINIÓN Y REGIÓN


Entre la utopía de mercado y el realismo de las restricciones
Luciana Vázquez
Entre las guerras que libra Javier Milei, las más claras se dan en el terreno de la matriz macroeconómica y productiva de la Argentina. En el mercado de las ideas y de los debates en torno a lo simbólico, sigue mucho más flojo de papeles. Prueba de lo primero es la historización de los mitos argentinos en torno a la industria que Milei hizo ayer en la Unión Industrial Argentina (UIA). Una desmitificación, por supuesto, de las supuestas bondades del proteccionismo industrial planteado a viva voz en los oídos de algunos de los hombres más poderosos de la alta burguesía nacional. Algunos de ellos, representantes de una industria argentina que fue parte del paroxismo de ese proteccionismo y se convirtió en el ejemplo de los efectos más oscuros de ese modelo de, en palabras de Milei, “tutela viciosa” del Estado, la corrupción y el Estado como botín.
En los primeros años del regreso de la democracia, la opinión pública le puso el nombre a una de las versiones de ese modelo: “la patria contratista”. Ahora la etiqueta preferida es “capitalismo de amigos”.
“Tanta miseria les terminó imponiendo un modelo de negocio distinto a muchos sectores. Ya no se trataba de pensar cómo producir más, mejor y más barato, sino de ver cómo acceder a la mayor cantidad de ventajas y prebendas posibles de parte del Estado para poder sobrevivir”, explicó Milei en la UIA. Fue un cuestionamiento cuádruple: a la estigmatización de la libertad de mercado como enemiga de la industria, a la política de sustitución de importaciones, al apoyo selectivo a ciertos sectores y, finalmente, a la polarización entre industria y progreso, de un lado, versus agro y desigualdad, del otro.
“El período de mayor expansión industrial de la historia argentina fue, precisamente, durante el modelo agroexportador y no, como dicen algunos, con el modelo fracasado de sustitución de importaciones con patrocinio estatal. Fue el desarrollo económico generado por el sector privado el origen de nuestra primera industrialización”, afirmó el Presidente.
Milei buscó hacer un señalamiento potente del impacto negativo de esa visión económica y productiva en el equilibrio general de la economía, que podrían aceptar, incluso, voces de la política y de la academia que reconocen la potencia constructiva del peronismo.
Esa política sectorial de privilegios, en realidad, condicionó a la Argentina más allá del peronismo y marcó las décadas posteriores.
Como cuando fue a la Milken Institute Global Conference, en mayo, donde dio uno de sus discursos más disruptivos y cohesionados sobre su visión del caso argentino, el líder libertario hiló en la UIA una concepción articulada del problema de la industria argentina. Y planteó una palabra política con pretensión entre inspiradora y desafiante. Llegó a la Unión Industrial cargado de munición retórica provocadora para sacudir el confort del empresariado local: “Si pueden perseverar en condiciones de adversidad con impuestos leoninos, regulaciones absurdas y costos altísimos, imagínense lo que pueden hacer sin la bota del Estado en el cuello. Les digo: anímense a innovar y a competir, porque no hay fuerza de la naturaleza más grande que un argentino queriendo hacer plata”, les propuso.
Milei encontró otra versión más polémica para su ideario: “Vinimos a achicar el Estado para agrandar el bolsillo de ustedes”. El rol del Estado y la función social del empresario, es decir, la creación de riqueza genuina, sobrevolaron su exposición. Aunque parezca paradójico para un presidente libertario, Milei le reserva al “Leviatán empoderado” del Estado un rol central: el de guardián de una macroeconomía saludable. Y de ahí deriva su rol en el desarrollo industrial nacional. “La mejor política industrial es tener una buena política fiscal y monetaria”, sostuvo. El Estado como el artífice de las condiciones de la cancha en la que los privados tienen que jugar.
El discurso de la UIA sorteó con una invitación inspiradora a producir más y más barato los riesgos que corre el equilibrio macro recién inaugurado. Pero ahí, precisamente, están las dudas del mercado: no sobre la visión de Milei, que pueden compartir, sino en torno a las chances de dar vuelta el rumbo y conseguir implementar semejante cambio. Cepo o no cepo, devaluar o no, terminar con las retenciones lo antes posible o esperar. Esas son las respuestas que las palabras de Milei no encararon. En cambio, les habló a los empresarios con el corazón emprendedor y la cabeza de un historiador económico.
Los protagonistas
En la coyuntura que le toca navegar a Milei, esa guerra por el sentido común macroeconómico y productivo tiene protagonistas claves: de Milei a Axel Kicillof, pasando por Marcos Galperin y Mercado Libre.
Mientras Milei crea un ministerio paradójico, el Ministerio de Desregulación, un verdadero oxímoron para un Estado con capacidades máximas para regular que se propone lo contrario, la provincia de Buenos Aires se convierte en la república blue de Kicillof, un espejo invertido de la experiencia mileísta a nivel nacional.
Kicillof busca consolidarse con la intervención estatal. Así pretende hacer política, resguardar cajas y llegar a la gente con la insistencia en el desgastado “Estado presente”.
Hay cuatro ejemplos. La Cuenta DNI, la billetera digital que lanzó el gobernador hace cuatro años, descuentos del 20 al 40 por ciento en ferias, supermercados y negocios de todo tipo, desde garrafas hasta gastronomía, con promociones especiales para jubilados y jóvenes universitarios. Tiene más de 9 millones de usuarios y desde hace meses supera a Mercado Libre y Modo en cantidad de operaciones con QR interoperables.
El kirchnerismo bonaerense está convencido de que la mejor manera de hacer política con ojos en 2025, y eventualmente en 2027, es competirle de cerca al mercado en la provisión de bienes y servicios. Dejar a un lado la retórica de género o de derechos humanos y los clásicos controles de precios. En cambio, lanzar medidas concretas que den soluciones de consumo.
El Estado presente de Kicillof se adapta al mileísmo. Desde la derogación del régimen de sociedades del Estado en diciembre, el gobernador avanza con dos proyectos en salud, pero con el formato de sociedades anónimas con participación mayoritaria del Estado. El Estado bonaerense en sociedad con privados, bajo el control de Kicillof.
Uno es el proyecto de ley de emergencias en salud, para crear un SAME interjurisdiccional. Tiene media sanción de Diputados, aunque le cuesta avanzar en el Senado. Kicillof obtuvo esa aprobación con el apoyo de los “libertarios dialoguistas”, que sus críticos llaman “libertarios blue” o “libermassistas”. Pro y los libertarios más puristas lo rechazaron.
Kicillof también busca llevar al recinto de Diputados el proyecto de creación de una empresa de producción pública de medicamentos. Y mientras Milei ajusta a la ciencia, el gobernador busca crear un polo de científicos en la provincia, con base en la Comisión de Investigaciones Científicas (CIC), presidida por Roberto Salvarezza, exministro de Ciencia y Tecnología del kirchnerismo y expresidente del Conicet. Algo así como un exilio interno de investigadores que pueden instalarse en territorio bonaerense, que resiste el sentido común mileísta con más becas y proyectos de investigación.
La cuarta batalla kirchnerista contra los nuevos tiempos mileístas se juega en el Consejo Federal de Inversiones, una caja de $100.000 millones anuales destinados a créditos a la industria federal, que estuvo en manos peronistas por 30 años y desde 2020 es caja de La Cámpora. Los gobernadores no peronistas la tienen en la mira.
Fue creada en 1959 como parte de esa visión económica sectorial que Milei critica: el crédito como herramienta estatal para dirigir la economía, que termina condicionándola, además de subsidios y exenciones tributarias.
De la república blue de Kicillof a la Argentina de Milei, una puja entre la saga económica histórica y la ruptura que busca el presidente libertario.
Hasta ahí el plano de lo real económico. El terreno de lo intangible y los valores es mucho más arduo para Milei y eso ya es mucho decir. De Mariano Cúneo Libarona y su mirada rudimentaria sobre la diversidad a las declaraciones de Nahuel Sotelo, el nuevo secretario de Culto y Civilización, con una visión casi teocrática de la Nación, pasando por la restricción al acceso a la información pública y los ataques del Presidente a la prensa, un gobierno expuesto a su peor versión.
La política sectorial de privilegios condicionó al país más allá de las etapas del peronismo
Kicillof busca consolidarse con la intervención estatal, resguardar cajas y llegar a los votantes con el “Estado presente”

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Intentan avanzar con el acuerdo del Mercosur y la Unión Europea
Región. Aseguran que está más cerca el entendimiento con el mercado europeo; negociaciones en Montevideo
Jaime RosembergMondino, ayer, con los cancilleres del bloque CanCillería
Sin demasiados anuncios públicos, la canciller Diana Mondino viajó ayer a Montevideo para reunirse con sus pares del Mercosur. Con el escandaloso conteo de las elecciones del 28 de julio en Venezuela como principal motivo de discordia (Brasil sostuvo una posición dialoguista mientras el resto desconoció los resultados que dieron el triunfo y la reelección al chavista Nicolás Maduro), los responsables de la diplomacia de los cuatro países miembros buscaron avanzar en un logro largamente esperado: el acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea, demorado por décadas y hoy con chances concretas de avanzar.
“Esta puede ser una semana clave”, afirmaron a altas fuentes la nacion de la diplomacia en referencia a un eventual acuerdo.
En el encuentro de ayer –del que participaron, además de Mondino, Mauro Vieira (Brasil), Omar Paganini (Uruguay), Rubén Ramírez Lezcano (Paraguay) y Celina Sosa (Bolivia), esta última con voz pero sin voto–, el acuerdo con la Unión Europea ocupó un lugar central en la agenda. Desde la Cancillería dejaron trascender que, hoy por hoy, las mayores trabas están puestas ya no en el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva, sino en la postura de Paraguay. Esperan que la buena sintonía entre el presidente Javier Milei y su par paraguayo, Santiago Peña, pueda limar asperezas y reconducir el diálogo.
La cuestión de las disidencias respecto de Maduro, cuyo triunfo fue confirmado por el Comando Nacional Electoral de Venezuela, pero resistido por la oposición, no se habría tocado en este cónclave, según fuentes oficiales. “Vamos a tratar de avanzar en lo concreto”, sostienen desde la diplomacia argentina. No se emitió comunicado posterior a la reunión, en un contexto de diferencias claras entre la Argentina, Uruguay y Paraguay, por un lado, y Brasil y Bolivia, por el otro, en torno a lo ocurrido en las elecciones venezolanas y las vías para alcanzar un acuerdo.
Sí se habló, según la Cancillería, de la propuesta argentina –compartida por Uruguay– de flexibilizar el Mercosur y los acuerdos extra zona de algunos de sus miembros. “Debatieron sobre las nuevas modalidades de negociación propuestas por Argentina para avanzar en acuerdos con otros países y bloques, dialogaron sobre el acceso a nuevos mercados y analizaron los aspectos centrales de la actualidad regional en términos políticos, sociales y económicos”, sostuvo el Palacio San Martín en un comunicado.
“El Mercosur no ha logrado en estos años convertirse en un instrumento de acceso a los grandes mercados externos, sumado a un arancel externo común alto para los estándares internacionales. La Argentina propone entonces que a aquellos miembros del bloque dispuestos a abrir nuevos mercados se les permita iniciar negociaciones de forma individual o plurilateral. Elaboramos una propuesta para la aplicación secuencial de distintas modalidades de negociación, más flexibles, con terceros países o grupos de países”, sostuvo la canciller.
A partir de hoy, y por espacio de cuatro días, una misión técnica de los cuatro países (la delegación argentina estará comandada por el secretario de Relaciones Económicas Internacionales, Marcelo Cima) discutirá en Brasilia los términos del acuerdo, empantanado desde hace meses, entre otras razones por las nuevas exigencias de la UE, sobre todo con relación a la cuestión ambiental, introducidas en los últimos años como condición para la firma del pacto entre los bloques.
El acuerdo comercial con la Unión Europea fue uno de los objetivos planteados por el gobierno de Milei desde su llegada a la Casa Rosada, aunque el presidente argentino no ha tenido reuniones bilaterales con Lula da Silva y debieron pasar más de siete meses de gestión para verse con su par uruguayo, Luis Lacalle Pou, quien transita el tramo final de su mandato como presidente.
Milei fue, además, el gran ausente de la última reunión de presidentes del Mercosur, en la que Uruguay asumió la presidencia pro tempore del bloque regional


http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA

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