La Dama y el León (y la lechuga)
Rafael Di Tella*
¿ P uede funcionar el plan de Milei? Los economistas parecen aprobar del programa de reformas para el crecimiento, pero se muestran cada vez más escépticos sobre el plan de estabilización. Se preguntan si la sociedad aguantará tanto ajuste. O si se atrasa el tipo de cambio. También de si cuando desactiven el cepo (y otras bombas heredadas) no va a también descarrilar la desinflación. Lo raro del momento es el silencio de los propios. Los economistas afines salen a defender, un poco, las reformas. Pero sobre de plan de estabilización parecen hacer silenzio stampa.
No se trata de explicar que el kirchnerismo bastardeó las formas más baratas de frenar la inercia inflacionaria (como un acuerdo de precios y salarios). Ni siquiera se trata de recalcar el inédito compromiso de Milei con el orden fiscal. Lo que necesitamos es que nos cuenten un cuento donde esto sale bien.
Hay dos buenos ejemplos históricos donde el pesimismo de los economistas fue excesivo. El primero es Latvia desde la crisis de 2008 hasta entrar al euro, período en el cual hizo uno de los ajustes más grandes de la historia sin tocar el tipo de cambio y con los principales economistas del mundo “explicando” (equivocadamente) que tarde o temprano iba a devaluar.
El segundo es el de Margaret Thatcher, a quien Milei dice admirar. Curiosamente, su plan económico, lanzado apenas asumió en 1979, también provocó el rechazo mayoritario de los economistas. Ya retirada, disfrutaba explicando que “si bien 364 economistas le escribieron al Times diciendo ‘esto es escandaloso’, ‘de una recesión nos va a meter en una gran depresión’, 364 economistas estaban equivocados y la media docena que nos apoyó tenía razón.”
El caso de Thatcher tiene otros paralelos con el plan de Milei. Una de las primeras medidas de la “Dama de Hierro” fue subir los impuestos (IVA) y esto tuvo un impacto inicial en precios. Como su plataforma electoral había girado alrededor de la necesidad de bajar impuestos, esa decisión reveló algo que sería la característica central de su gobierno: las reformas, incluida la reducción del tamaño del Estado, solo se harían desde una posición de fuerza (y de equilibrio fiscal). Muchas de sus decisiones obedecen a este principio, como su rechazo a la independencia al Banco Central o su resistencia a “someterse” a Europa.
Pero la más importante fue su rechazo a la “debilidad de los propios”. En efecto, el gobierno conservador anterior a Thatcher, liderado por Ted Heath, había asumido en 1970 con la decisión hacer un ajuste clásico para bajar la inflación. Pero cuando el número de desempleados llego a un millón, cedió a las presiones haciendo un “giro en U”. No solo aflojó el torniquete monetario y fiscal, sino que también implementó un congelamiento de precios y salarios. La humillación dejó marcas profundas entre los conservadores y la idea del “U-turn” pasó a ser sinónimo de debilidad en la política británica.
Quizás por ese antecedente, en 1980 había mucho escepticismo sobre si Thatcher iba a aguantar las presiones para revertir el rumbo frente a la suba del desempleo. Los problemas que habían afligido al gobierno de Heath estaban aún sin resolver y se habían sumado las presiones de los sindicatos (el gobierno laborista que sucedió a Heath había fracasado en contener los “espirales de precios y salarios”). La anécdota es que, por una razón completamente accidental, los economistas de Thatcher terminaron haciendo una política monetaria bastante más restrictiva de lo que querían (en esa época estaba de moda usar como objetivo un agregado monetario muy volátil). La resistencia a Thatcher se daba incluso entre los conservadores, quizás porque los asustaba el costo social (o quizás porque no estaban cómodos con una mujer, hija de un pequeño comerciante sin pretensiones aristocráticas). Es ya parte del mito su discurso en la convención del partido conservador ese año cuando señaló: “Los que nos instan a relajar el ajuste, a gastar indiscriminadamente aún más dinero, con la idea que así van a ayudar a los desempleados y a los pequeños comerciantes, no están siendo buenos. O compasivos. O generosos. Tengo solo una cosa para decirles: ustedes giren si quieren”. Para rematar, luego de una larga pausa y bajo su mirada desafiante, dijo: “La dama no está para giros”.
Más conocido es el desenlace: la lentitud de la desinflación y el costo social de casi 3 millones de desempleados llevaron la popularidad de Thatcher a mínimos históricos en 1982. Solo el patriotismo desatado por ganar la guerra de Malvinas le permitió salvar su gobierno. Y un dato clave: solo una vez reelecta, Thatcher encaró las reformas que le cambiarían la cara al Reino Unido, como la pelea con los mineros (que ordenó el mercado laboral y terminó de liberar la política monetaria). La excepción fue la revolución de propietarios (con la participación de pequeños ahorristas en las privatizaciones y la venta subsidiada de millones de casas municipales a sus ocupantes), pero solo porque era parte de una estrategia política: hacer el capitalismo popular.
Los gobiernos que siguieron no hicieron más que inflar su legado. El líder laborista, Tony Blair, le dio tanta continuidad a sus políticas que originó un nuevo término: “blatcherismo.” Quizás el momento más simbólico fue cuando Blair, en la reunión anual de los sindicatos británicos, declaró: “Ustedes manejan los sindicatos, nosotros el gobierno. Nunca más vamos a confundir las dos cosas”. Ella señalaba que su principal legado era haber cambiado al partido laborista.
Las condiciones iniciales de Milei son obviamente peores que las que recibió Thatcher. Es difícil imaginar que se pueda estabilizar con un ajuste clásico empezando en niveles tan altos de inflación (por eso es para destacar el enfoque no ideológico del ministro Caputo “controlando” el tipo de cambio y con “guías” de precios a los distintos sectores). Si bien lo más probable es que vengan varios golpes en el futuro, no es imposible que termine bien. Por ahora Milei parece estar respetando el plan de ruta de la “Dama de Hierro”: restablecer la credibilidad del Estado. Vaya paradoja para un libertario.
Liz Truss puede dar fe de que no es tan fácil. Elegida primera ministra conservadora en Gran Bretaña en 2022, decidió adherir a su propia versión de lo que hizo Thatcher, y debutó con una brutal baja de impuestos para generar crecimiento. Esto llevó a una corrida sobre la deuda y un colapso de la libra. Su abrazo involuntario a la dominancia fiscal que Thatcher tanto detestaba llevó a The Economist a pronosticar que su gobierno iba a durar menos que una lechuga. Duró 50 días, el gobierno más corto en la historia de Gran Bretaña. Los que celebran de Milei aquello que dificulta el ajuste –incluidos los insultos, el “cambio cultural” en el Congreso y las reformas más polémicas– harían bien en recordarlo.
Es para destacar el enfoque no ideológico del ministro caputo “controlando” el tipo de cambio y con “guías” de precios a los distintos sectores
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¿Del “efecto guau” al “efecto todos a los botes”? Se acelera el debate por la IA ante la cercanía de GPT5
Sebastián Campanario
Fue tres semanas atrás. Varios empresarios argentinos lo escucharon y lo postearon en redes de inmediato. En una convención de firmas de tecnología, Dan Schulman (el EXCEO de Paypal) afirmó que si con GPT4 (la actual versión de inteligencia artificial que motoriza CHATGPT y otras aplicaciones) vivimos un “momento guau”, hay que prepararse para el siguiente nivel: GPT5, que muy probablemente se lance en breve, en nuestro invierno, y que promoverá un “momento de pánico” (“freak out momment”) por la caja de Pandora de posibilidades que abrirá. Schulman tuvo acceso a versiones de prueba de la nueva tecnología. En el mismo evento tuvo un vaticinio inquietante para el mercado de trabajo: “Un 80% de los trabajos que hoy existen se reducirán un 80% en alcance (humano)”.
No es el único pronóstico radical sobre esta temática que se escucha de personajes poderosos y referentes en esta industria. Elon Musk sostuvo en diciembre que la IA superará a la humana en la mayor parte de los rubros para 2025, en tanto que Dario Amodei (que junto con su hermana Daniela se fueron de Openai y fundaron Anthropic, con un millonario financiamiento de Amazon) predijo que para el año que viene “los sistemas de IA serán capaces de replicarse y de sobrevivir a la intemperie”.
Entre quienes sostienen esta visión más extrema sobre el poderío de la nueva tecnología es muy citado un ensayo largo de Tomás Pueyo, publicado en noviembre del año pasado, que habla de la “mayor amenaza de la historia de la humanidad”. Pueyo lo escribió luego de la “novela” de la salida y regreso de San Altman a Openai a fin de 2023, que provocó tal preocupación en el ambiente tecnológico que las aplicaciones de monitoreo de sueño registraron esa semana la peor calidad de descanso en la costa este de Estados Unidos desde que esto se mide a nivel masivo.
¿Qué se sabe de GPT5? Por ahora hay muchas especulaciones. Altman se refirió poco a su nuevo producto, aunque afirmó que “sorprenderá” y que será “significativamente mejor” que su predecesor. En una entrevista con el muy exitoso podcaster Lex Fridman, Altman dijo que igualmente estos avances aún no están “en la curva”. Con esto se refirió a que lo que vimos hasta ahora son los primeros pasos en una curva exponencial, que todavía no entró en un punto de quiebre hacia una subida más vertical.
Openia tiene mucha presión para lanzar pronto su GPT5 (hay quienes dicen que, tal vez, se difunda antes una versión intermedia, GPT4.5) porque otras empresas le están pisando los talones. En la misma semana en la que Schulman dijo el pronóstico que contamos en el primer párrafo, Meta lanzó su Llama 3 con muy buena repercusión. Y también corren a la par Gemini (de Google) y Claude (de Anthropic). Hoy las apuestas se centran en una versión multimodal, bastante mejor que la anterior, a ser lanzada en el verano de Estados Unidos (invierno del cono sur). Los sitios especializados hacen alusión a la canción de Daft Punk: “Harder, better, faster, stronger” (más duro, mejor, más rápido y más fuerte).
“Hay que tener en cuenta que el actual boom económico de aplicaciones con IA se basa en descubrimientos de hace diez o doce años”
La otra cara
A lo largo de los casi 70 años de historia de la inteligencia artificial (el término surgió en 1956, en un ensayo de John Mccarthy) hubo varios ciclos de auges seguidos de “inviernos”, pero tal vez ningún boom haya sido tan intenso como el experimentado en 2023 y que parece no detenerse en 2024. Hay, sin embargo, algunas voces que llaman a la cautela. En lo que va del año, las menciones al término “IA” en los reportes de empresas a inversores cayeron un 28%, lo cual lleva a algunos analistas a sostener que ya se pasó el punto máximo de furor.
Para el sociólogo e investigador de la Universidad de San Andrés (Udesa) y de la Universidad de Buenos Aires (UBA), Alejandro Artopoulos, hay mucha exageración en los pronósticos más tremendistas con GPT5. Todavía el uso real de CHATGPT y de otras herramientas de IA generativa es relativamente bajo en la escuela y en el trabajo, aun para los Estados Unidos, remarca a la nacion.
Y menciona dos encuestas recientes de Pew Research, que muestran que solo un 13% de los adolescentes de los Estados Unidos lo usan para sus tareas. Otro reporte del mismo centro titula que mientras “la mayoría de los adultos en los Estados Unidos escuchó hablar de CHATGPT, pocos los probaron por su cuenta”, y todavía es una proporción baja la de quienes lo usa regularmente. CHATGPT se lanzó en noviembre de 2022 y se convirtió en breve en la aplicación más exitosa de toda la historia, con 100 millones de bajadas en solo dos meses.
Aun para algunas leyendas de Silicon Valley, la polémica está corriendo por carriles de demasiada exageración. Una declaración famosa en este sentido fue la de la testificación ante el Senado de Estados Unidos de Yann Lecun, el jefe de IA de Meta, en septiembre de 2023, quien dijo que hoy la mejor IA no supera a la inteligencia de un gato hogareño: “El cerebro de un gato de hogar tiene 80 millones de neuronas, que deben ser multiplicadas por 2000 para obtener el número de sinapsis, y eso es el equivalente a la cantidad de parámetros de los LLM más avanzados”, precisó. Lecun cree que la IAG (inteligencia artificial general) se alcanzará algún día, pero que ese momento está más lejos de lo que muchos vaticinan.
Uno de los problemas con este debate es que las definiciones de “IA general” son muchas, al igual que las de inteligencia humana, con lo cual los parámetros varían ampliamente de acuerdo con cada consideración.
Y además, ¿por qué esta tecnología debería ser distinta de las anteriores, en el sentido de no respetar el “hype cycle” (ciclo de exageración y desencanto), que predice que tras una burbuja o boom hay una caída, y luego un período de crecimiento más robusto, pero menos empinado?
Fernando Zerboni, experto en complejidad y management de la Udesa, cree que en este caso los límites vendrán por el lado de la disponibilidad de datos, el costo de procesarlos y el problema de los sesgos.
Pero aun con un “invierno” o un escenario de desaceleración profunda en la tecnología en sí, el margen para “llenar el espacio” de negocios con los avances del último año es enorme.
Es un concepto que siempre repiten dos tecnólogos muy citados en esta sección, Andrei Vazhnov y Marcelo Rinesi: hay que tener en cuenta que el actual boom económico de aplicaciones con inteligencia artificial se basa en descubrimientos de hace diez o doce años. Tal vez los algoritmos no se “escapen, se reproduzcan y sobrevivan a la intemperie” pronto, como en una película distópica, pero lo que ya está disponible puede alcanzar por sí solo para generar cambios cámbricos en la economía y en los negocios.
http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA
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