domingo, 12 de mayo de 2024

LA HISTORIA DETRÁS DE LA HISTORIA Y EL MEDIO ES EL MENSAJE


La angustia alrededor de un tren descarrilado
María Nöllmann
“¿ Podés irte de un pique a Dorrego y Figueroa Alcorta? Parece que se descarriló un tren. No se sabe nada más”. Son pocos los minutos que tarda en llegar el remise, pero se hacen largos. En la Redacción sobrevuela un halo de angustia. Nadie lo dice, pero todos lo pensamos: la imagen de un “tren descarrilado” nos transporta inmediatamente a aquel fatídico 22 de febrero de 2012, que marcó para siempre a muchos cronistas, y que también empezó, como esta vez, con un simple: “Parece que se descarriló un tren”.
Subo al auto sin saber si me espera un panorama similar o solo un desperfecto técnico. Ya en la radio se escuchan las primeras versiones: todo indica que, en verdad, fue un choque frontal; que hay muchos heridos, que hay pasajeros a los que está costando sacar.
A la incertidumbre inicial se suma, ya en Palermo, la dificultad de conseguir la información: las trabas físicas –cintas de peligro, cordones de policías que impiden el paso–, el silencio de los voceros –“Todavía no te puedo decir nada”–, y también el de los ocupados bomberos y paramédicos, que acarrean en camillas a decenas y decenas heridos.
En medio del caos, llegan los primeros mensajes de la redacción, pedidos lógicos en este tipo de coberturas: un “Contame lo que ves” del editor; pocos minutos más tarde, un “Apenas tengas algo, pasame”.
Pero lo que veo es mucho y, al mismo tiempo, es muy poco: sobre el puente de hierro verde que cruza la avenida, la trompa destrozada de un tren y la cola de un furgón ferroviario; abajo, una lluvia de combustible que cae desde la estructura flotante y forma un charco en el asfalto; una avenida cortada con una treintena de ambulancias, y un helicóptero del SAME.
La información visual abunda, pero la posibilidad de interpretar los hechos, todo lo contrario. ¿Qué tan heridas están estas personas? ¿Cómo fue el choque? ¿Cómo es posible que un accidente de esta magnitud haya sucedido?
“Estoy bien, ma, solo un poco dolorido”, escucho a mis espaldas. Es un joven que habla por celular, en medio del parque. Es, y eso es lo más importante, un pasajero del tren accidentado. Todavía le tiemblan las manos. Es el estrés postraumático, dice. Siente un dolor intenso en las rodillas. Viajaba en la primera fila del tercer vagón cuando se produjo la colisión, y la inercia lo empujó contra la barra de metal ubicada frente a su asiento.
Antes de volver a atender a su madre, que llama sin cesar, me señala a otra pasajera, una mujer mayor que se mueve errática por la avenida junto a una niña de cinco años. “Mi nieta quería levantarse del asiento, menos mal que no la dejé. En cuanto sentí la frenada la abracé fuerte”, cuenta la mujer con los ojos llorosos y su mano acariciando la frente de la menor de flequillo castaño y mochila de unicornios.
Desde mi celular, envío al diario los dos primeros párrafos, y enseguida la cobertura periodística se complica. La policía busca a los pasajeros desperdigados por la zona y los lleva a un corralito. Luego crea un segundo corralito, esta vez para nosotros. Es una cinta de peligro que extienden entre los árboles y que nos deja a por lo menos 40 metros del puente, lejos de toda fuente de información.
Los únicos que se acercan son algunos funcionarios del gobierno de la ciudad y del SAME, pero previo a su llegada, sus encargados de prensa aclaran: “no van a responder preguntas, solo van a dar un parte oficial”. El problema es que nosotros estamos llenos de preguntas, y muchas quedan sin respuesta.
Después del mediodía intento buscar otras aristas. Doy la vuelta al predio e ingreso por un camino interno del puente, cuyo paso está abierto y desemboca en el tren extraviado. Personas de mameluco blanco y otras de chaleco amarillo hacen el rastrillaje del lugar con una naturalidad llamativa, como si no estuvieran buscando cadáveres junto a perros entrenados para eso, o como si esa tarea fuera –lo cual efectivamente es– parte de su rutina laboral.
Rodeando la escena, junto a un colega del diario, accedemos a algunos paramédicos. Cuentan que, tras el choque, el estado general de los pasajeros era de crisis de pánico y que, apenas sucedió, ante la desesperación, muchos se tiraron del tren y se lastimaron las piernas contra el suelo de piedras. “Si hubiese pasado una hora antes estaríamos hablando de otra cosa”, dice uno. “Podría haber sido una tragedia”, suma otro. No hace falta que sean más explícitos.
Vuelvo a mi casa con imágenes mentales imborrables: los perros recorriendo el tren, la pasajera mayor abrazando a su nieta al momento del impacto; la estructura del primer vagón apelmazado sobre el segundo; las sirenas; las camillas; las ambulancias. Y entonces repaso la pregunta contrafáctica que la mayoría de los periodistas ahí presentes nos hicimos durante todo el día: ¿qué hubiese pasado si esto sucedía durante la hora pico? Si la mayoría de la gente, en lugar de viajar cómoda y sentada, lo hubiera hecho parada, apretada, como sucede todos los días en la Argentina, como sucedió, también, aquel 22 de febrero de 2012, en Once. En ese caso, posiblemente, estaríamos contando otra historia.
¿Qué hubiera pasado si sucedía en hora pico? Posiblemente, estaríamos contando otra historia

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Qué importa y qué no de los modos de Milei
Pablo Sirvén

Para unos, resulta simpático y valiente; para otros, irritante y desubicado. Los modos del presidente Javier Milei dividen aguas.
Quienes lo votaron convencidos desde un principio están felices con su iracundia. Aquellos que nunca lo eligieron lo aborrecen. Y en los que terminaron poniendo su boleta en la urna en el balotaje por descarte, tapándose la nariz, campea una sensación de incomodidad, aunque se esperanzan en que pueda arreglar algo del tremendo zafarrancho que dejó el albertkirchnermassismo.
Las estridencias groseras no son una novedad, lamentablemente, en la Casa Rosada.
Milei, específicamente, se graduó en asperezas y tosquedades en la pelea en el barro que proponen los programas de paneles de la TV y el mundo ambivalente y ubicuo de las redes sociales. En ambas ligas supo mostrarse ganador. Su presencia en la TV siempre fue garantía de rating seguro y en las redes sociales se consagró como influencer notable, con millones de seguidores. Tiene, pues, dos expertises: afilado desempeño mediático y estimables conocimiende tos en materia económica. Y, de a poco, van despuntando otras habilidades más escondidas. Por de pronto, nos asombró a todos al dar vuelta una campaña electoral en la que venía corriendo muy de atrás.
¿Por qué no habría ahora de usar a fondo su visceralidad extrema si no cuenta con otro poder en el que respaldarse que sus propias agallas?
Aun con mayor respaldo en el Congreso y contando con gobernadores propios, las maneras más civilizadas de Mauricio Macri cuando fue presidente no le alcanzaron para salir airoso de su gestión. Cierto es que fue ungido presidente en segunda vuelta por un estrecho margen sobre su contendiente, Daniel Scioli, situación diametralmente opuesta a la de Milei, que se impuso en el balotaje por más de 11 puntos. Y ese sí que no es un dato menor. Por ahora es su principal fortaleza, aunque no dejan de ser cimientos insuficientes para garantizar por sí sola su gobernabilidad en los cuatro años de gestión.
Las excentricidades y rispideces de Milei, o de cualquier otro mandatario del planeta, son apenas anécdotas de color para el mundo los negocios. En ese ámbito pesan más cuestiones de otra índole para decidir sus inversiones: las perspectivas saludables de las principales variables económicas, la seguridad jurídica, la institucionalidad y que el sistema funcione con armonía entre los tres poderes del Estado. Por eso es tan importante que el Presidente pueda contar pronto con herramientas avaladas legislativamente. No es, como decía hasta no hace mucho, que le da igual si el Congreso no le sanciona la Ley Bases porque seguirá, de todos modos, adelante a puro decreto. No es lo que esperan el Fondo Monetario Internacional ni los grandes inversores del mundo para tomarlo en serio.
No alcanzaba con que Macri se mostrara atildado como presidente y rodeado por los principales líderes mundiales durante la gala del G-20 en el Teatro Colón palmeándole la espalda. Las inversiones nunca llegaron en la cantidad esperada.
Reconocimientos meramente retóricos puede haber muchos (de hecho, ya Milei comienza a cosecharlos y no hay día en que él no los reproduzca en sus redes sociales). Pero eso no detona automáticamente la “lluvia de inversiones”.
A nadie en el mundo, entonces, le importa si Milei grita o dice disparates, sino si funcionan y son sustentable la macro y la microeconomía que está forjando. Solo necesitan saber si las reglas del juego de la economía local no cambiarán cada diez minutos y si serán verdaderamente amistosas para las inversiones nacionales y extranjeras.
Milei encaja en esta época de líderes confrontativos. Décadas atrás, los gobernantes estaban más protegidos en sus cajitas de cristal y solo salían de ellas en ocasiones muy especiales y esporádicas.
Carlos Menem, entre 1989 y 1999, rompió ese escudo de protección y farandulizó la institución presidencial. Y ya no hubo vuelta atrás porque, además, el avance de la tecnología acentuó ese cambio de paradigma.
En los 90 empezaron a aparecer las señales de noticias televisivas y en los 2000, las redes sociales. Las primeras fueron dejando por el camino la variedad temática para concentrarse obsesivamente en la actualidad y en la política. Las segundas contribuyeron a que todo tipo de grieta se retroalimente al infinito. Son malas noticias para los presidentes porque están en foco de manera constante, pero no tan malas para Milei, que se mueve como pez en el agua en ese fango.
Eso sí, no debe perder de vista que cuando habla (por ejemplo, de Margaret Thatcher, el Reino Unido y las Malvinas o de cualquier otro tema delicado) nunca nada de lo que diga será a título personal. Es la principal voz del Estado argentino y así será tomado.ß
Las estridencias del Presidente y el problema de hablar a título personal cuando es la principal voz del Estado

http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA

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