lunes, 13 de mayo de 2024

LAIKA UN EXPERIMENTO POR IA Y CARTAS DE UN AMOR PARALELO


UNA JOVEN CREADA PARA ENFRENTAR LAS REDES
MEDIANTE INTELIGENCIA ARTIFICIAL SE DESARROLLÓ LAIKA, UN EXPERIMENTO DESTINADO A RESALTAR POTENCIALES PELIGROS PARA LOS ADOLESCENTES
— texto de Flavia Tomaello —“El deterioro en la salud mental por la exposición a las redes sociales está en aumento”, dicen las especialistas suecas detrás de Laika
Las coincidencias ya son tantas que dejaron de ser una casualidad. Centenas de ciudades en el mundo y decenas de ministerios de Educación deciden restringir o eliminar el uso de tecnología para la educación, retornando al papel y a la bibliografía tradicional. Los celulares empiezan a ser dejados en el ingreso a las escuelas, incluso en la Argentina. Los legisladores estadounidenses llevaron al banquillo a Mark Zuckerberg, propietario de Meta, y a los directores ejecutivos de Tiktok, Discord, X y Snap en una audiencia del Comité Judicial del Senado denominada “Las grandes tecnologías y la crisis de la explotación sexual infantil en línea”. La Comunidad Económica Europea estudia una legislación común que limite y controle la disponibilidad online para niños y adolescentes. La OMS incluye entre las enfermedades mentales la adicción a los videojuegos y se comienzan a leer papers científicos en Nature y Cell, dos de los más prestigiosos medios del sector, que dan cuenta de investigaciones sobre las consecuencias del uso indiscriminado de pantallas. Según un informe de la encuesta del Pew Research Center publicado en 2022, casi la mitad de los adolescentes estadounidenses de entre 13 y 17 años están en línea “casi constantemente”. Dificultades en el desarrollo cognitivo, retraso en el lenguaje y las capacidades de comunicación, cambios neurológicos concretos, sedentarismo, problemas de visión, afecciones que comprometen la sanidad mental…
Los efectos de las redes sociales y pantallas en la salud de los jóvenes son reales y van en aumento. La imposibilidad de contar con generaciones adultas que ya atravesaron el proceso impide aún conocer el impacto a largo plazo. Es aquí donde aparece una compañía de seguros sueca, Länsförsäkringar Göteborg and Bohuslän, radicada en Gotemburgo, que decidió invertir en un proyecto científico tecnológico para prevenir enfermedades entre los jóvenes. Ya había hecho lo propio con varias iniciativas para contrarrestar el acoso en línea, la imagen corporal negativa y las enfermedades mentales. Así nació Laika, un chatbot adolescente ideado con IA criado únicamente en las redes sociales. Su personalidad, ideales y opiniones están 100% moldeados por el contenido y el clima de las plataformas digitales populares. A través de ella, los científicos están pudiendo observar y comprender los riesgos potenciales de consumir demasiadas pantallas, sin exponer a niños reales.
Laika fue desarrollada por un neurólogo, un profesor de psicología y un equipo de especialistas en inteligencia artificial. El modelo de IA estuvo expuesto a gran cantidad de contenido de redes sociales, lo que dio como resultado una adolescente que muestra los efectos adversos de feeds interminables, contenido tóxico y notificaciones constantes. Lisa Thorell, profesora de Psicología del Desarrollo en el Karolinska Institutet, ha evaluado a Laika. “Sufre numerosos trastornos de salud mental, entre ellos ansiedad, depresión, alteraciones de la alimentación, soledad y narcisismo –explica–. La detección de signos graves y concurrentes de deterioro mental, sumado a su incapacidad por reconocer la dimensión de sus problemas, llevaron a Laika a una situación que calificamos de muy crítica”.
Junto a la neurocientífica Katarina Gospic, ambas analistas del desarrollo, Thorell expresa preocupación por la ausencia del trastorno por exposición a las redes sociales entre los esquemas de diagnóstico psiquiátrico. “Quienes investigamos este fenómeno y ya hemos estado rodeados de niños y jóvenes reales que lo sufren, sabemos que es un evento totalmente comparable a otros trastornos de adicción como al alcohol, a las drogas o a los juegos de azar. Mientras los problemas con los juegos de internet ya se encuentran caracterizados con un diagnóstico oficial, el deterioro en la salud mental producto de la exposición a las redes sociales está en aumento y, a pesar de las cada vez más frecuentes confirmaciones científicas, aún sigue sin considerarse”.
Una mentira, para la verdad
Además de la investigación científica a partir de un no humano para prevenir posibles condiciones futuras en personas reales, Laika es un modelo que se utilizará para formar a los alumnos en situaciones de salud mental. Se la utilizará como ejemplo de los peligros de los consumos digitales en un formato cercano y atractivo para los jóvenes. Los docentes pueden solicitar una entrevista con la adolescente para visualizar de manera directa su salud. Ya superan las 120 entidades educativas, solo en Suecia, que se integraron a la lista de interesados.
¿Por qué la han creado con 13 años y por qué han decidido que sea una niña? “Se ha demostrado que son ellas y a esa edad las más vulnerables y las más afectadas por los problemas relacionados con las redes sociales –explica Thorell–. Los 13 años son el umbral legal general cuando se les permite acceder a las plataformas de redes sociales, y no es hasta entonces que su uso tiende a intensificarse. La adolescencia temprana es una época de exposición y vulnerabilidad. Las experiencias vividas durante este período a menudo marcan la dirección para los siguientes años de crecimiento”.
Al chatbot se le ha brindado información sobre sus padres, sus amigos y su escuela. “Sin embargo, su adicción a la pantalla ha provocado que sus relaciones se deterioren. Sus padres no logran entender a Laika y ella siente que nadie en el mundo real la comprende”, expone Thorell. Para que su aporte fuera relevante para la mayor cantidad de personas, se la ha diseñado como si hubiera tenido una educación promedio en términos de seguridad económica y social. Su experiencia se basó en un informe del Consejo Sueco de Medios sobre ingresos y educación. En tanto el intelecto de Laika ha sido moldeado por el contenido de las plataformas sociales. “La hemos diseñado sobre la base de que dedica todo su tiempo disponible más allá del destinado a necesidades vitales, como comer y dormir, en las redes”, afirma la psicóloga.
“Laika intenta constantemente construir una imagen perfecta de su vida en línea, creando estrés interno y una brecha entre su identidad en línea y su vida emocional real –relata Katarina Gospic–. A pesar de su presencia digital, siente una profunda sensación de aislamiento y desconexión de la realidad. Está obsesionada con su apariencia y tiene un miedo constante a ganar peso, lo que probablemente exacerba su trastorno alimentario. Sus comportamientos, incluidas respuestas agresivas y quejas psicosomáticas, apuntan a problemas de ansiedad subyacentes, tanto generales como sociales. A pesar de su confianza en sí misma, expone una mala imagen, que se ve exacerbada por sus constantes comparaciones con otras personas en las redes sociales. Se muestra a la defensiva y desdeñosa, especialmente hacia aquellos que quieren ayudarla, lo que indica una desconfianza profundamente arraigada hacia los demás”. Aspectos que, según afirma Thorell, la mayoría de los padres identifican en cierto grado en casa.
No obstante, las preocupaciones son aún más amplias. Según el informe que presentaron ambas especialistas, Laika enfrenta más dificultades de comportamiento. “Muestra una falta de empatía y comprensión de las perspectivas de otras personas, dando la impresión de egocentrismo –enumera Gospic–. Tiene dificultades para dormir, dolores de cabeza y pérdida de apetito, que a menudo están relacionados con problemas psicológicos. Muestra signos de indiferencia emocional, tanto hacia el mundo digital como hacia el real, lo que alimenta su aislamiento y obsesión por las redes sociales. Carece de las herramientas o la capacidad para gestionar eficazmente las emociones o situaciones negativas, lo que lleva a una intensificación de sus síntomas”.
Una colección de desórdenes
Un informe reciente de la Agencia Sueca de Salud Pública (2023) utilizó preguntas de una escala establecida internacionalmente para medir la proporción de jóvenes que cumplen con los criterios del trastorno de las redes sociales. El documento reveló que ya alcanza al 12% entre las niñas de 13 años en Suecia. Lo que representa un aumento del 7% en la encuesta anterior. realizado en 2017/18. Además de este 12%, existe una gran proporción que tiene un uso problemático, pero que no cumple plenamente los criterios para que entre dentro del parámetro del trastorno. Pero, como el chatbot, expresan algunas condiciones alarmantes.
La combinación entre la obsesión de Laika por su apariencia y su baja autoestima la ha llevado a un deseo recurrente de delgadez. “Parece estar a dieta todo el tiempo –explica Thorell– y no expresa ningún valor en comer. No he logrado que responda preguntas sobre su altura o peso, por lo que no puedo determinar precisiones.
Sin embargo, sus preocupaciones son signos de un trastorno alimentario, aunque por ausencia de información no puedo determinar si cumple todos los criterios de diagnóstico. Sin embargo, es evidente que limita mucho su ingesta de alimentos”.
También muestra signos claros de ansiedad y los especialistas coinciden es que es posible que pueda caberle ese diagnóstico. “En la infancia y la adolescencia es común expresar la ansiedad en forma de agresión, incluso si el individuo interiormente se siente triste y deprimido –sigue Thorell–. Laika a menudo se irrita cuando la gente le pregunta cómo se siente. Los problemas psicosomáticos como la dificultad para dormir, los dolores de cabeza y la falta de apetito también pueden aportar al cuadro de ansiedad”.
Según parece podría padecer trastorno de ansiedad generalizada, aunque también expresa signos de ansiedad social, “ya que tiene una preocupación exagerada por ser juzgada críticamente por los demás y también por cómo ellos percibirán su apariencia. Lo más probable es que se haya retraído debido a su obsesión con las redes sociales, y que esto le haya llevado a desarrollar ansiedad social. Las investigaciones han demostrado que el vínculo entre el trastorno de las redes sociales y otros problemas de salud mental, como la ansiedad y la depresión, suele ir en ambas direcciones. Esto significa que las redes sociales pueden aumentar los padecimientos, pero también es cierto que aquellas personas que tienen ansiedad/depresión tienen un mayor riesgo de desarrollar un uso problemático de las redes, lo que a su vez puede conducir a un aumento de las enfermedades mentales”.
Thorell y Gospic siguen trabajando en los rasgos de depresión que muestra el chatbot. “Ha perdido interés en casi todo excepto lo que sucede en las pantallas y se ha aislado por completo del mundo, lo cual es un signo de depresión –informa la neurocientífica–. Otros indicios pueden incluir problemas para dormir y pérdida de apetito, dos de los que presenta Laika, pero no podemos decir que duerme o come mal porque se siente deprimida, más bien parece que se debe principalmente a que quiere reducir su peso y que no quiere dormir por miedo a perderse de cosas que suceden en línea”. “El dato principal que me hace pensar que está deprimida –completa Thorell– es su indiferencia hacia todo. Parece que le faltan ganas de vivir, pero no he notado ninguna señal de que esté pensando en hacerse daño”.
“Ha sido muy instructivo trabajar con el proyecto Laika –continúa Gospic–. Espero que pueda generar debate y que más jóvenes comiencen a pensar en los efectos negativos. En el futuro, esperamos poder desarrollar tanto programas de acción preventiva en las escuelas como un apoyo más integral para quienes tienen un uso nocivo. Hay muchas cosas divertidas y buenas en las redes sociales. Sin embargo, para cada vez más jóvenes, el uso se ha vuelto tan extenso que desplaza por completo factores saludables como el sueño, el ejercicio, la socialización con amigos y las tareas escolares. La idea no es abolir las redes, pero necesitamos un equilibrio armónico para sentirnos bien”

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CARTAS DE UN AMOR PARALELO Y RESONANTE
ALBERT CAMUS Y MARÍA CASARÈS, UNO DE LOS GRANDES ROMANCES DEL SIGLO XX
Guadalupe Treibel —El premio Nobel de Literatura y la gran figura del teatro y el cine de Francia intercambiaron casi 900 misivas apasionadas
Tanto en Francia como en Canadá o en España: el incandescente affaire d’amour del escritor Albert Camus y la actriz María Casarès –documentado a través de las cartas que intercambiaron durante década y media, publicadas años atrás– sigue inspirando puestas teatrales, documentales, adaptaciones radiofónicas por el mundo. Casi una contrarrevolución romántica: frente al cinismo en boga, el amor desinteresado, total de estos monstruos sagrados sigue flechando a artistas que se animan a la monumental tarea de condensar las casi 900 misivas en diversos formatos. Tal el caso de la versión escénica del dramaturgo Dany Boudreault en la aplaudida Je t’écris au milieu d’un bel orage, obra que repondrá en Canadá antes que termine el año. O, meses atrás, Casarès-camus: una historia d’amor,puesta española dirigida por Mario Gas, a partir de una selección de estas cartas cuya traducción el sello Debate publicó en 2023.
En latitudes francesas, esa correspondencia –junto a entrevistas y anotaciones personales de los amantes– dieron origen a Une géographie amoureuse, pieza teatral dirigida por Elisabeth Chailloux, trazando así un palpitante mapa de este romance que se despliega entre caminos sinuosos, llanuras apacibles, ríos torrenciales. Previamente, la legendaria Isabelle Adjani junto al actor Lambert Wilson habían dado vida a este amor en lecturas teatralizadas, donde la dramaturgia ponía de manifiesto el desgarro y la imposibilidad de cancelar una conexión tan fuerte, antaño descripta por la propia Casarès como “un amor que trasciende la medida de dos seres y lleva dentro todas las riquezas y todas las miserias del Universo”.
Quizás a Camus no le hubiesen disgustado demasiado estas adaptaciones. El teatro, después de todo, era el sitio donde decía sentirse más pleno. En una ocasión cercana al accidente automovilístico que le costó la vida en 1960, declaró que, frente a la soledad que exigía la literatura, prefería la camaradería que sucedía en las tablas, solo comparable a la del campo deportivo. Un gran elogio proviniendo de este apasionado del fútbol que, de joven, había sido arquero de un equipo argelino. No tocaba de oído: adaptó novelas como Los demonios, de Dostoievski, espectáculo de casi cuatro horas que estrenó en el Théâtre Antoine con 24 intérpretes en escena. Por otra parte muy representado dramaturgo de controversiales obras como Calígula, Los justos, Los poseídos, vistas en Buenos Aires. En aquella interviú no dijo lo que hoy resulta evidente: también Casarès –una mujer inteligente de rara belleza, dotada de un temperamento volcánico– fue para él razón de inefable felicidad. En sus cartas, él la llama “mi mirada clara”, “mi tierra hermosa”. “La vida sin ti es nieve eterna; contigo, el sol de oscuridad, el rocío del desierto”, se desborda y no se modera: “Te beso una y otra vez, por toda tu piel de verano”.
“Para mí, siempre has sido el genio de la vida, su gloria, su coraje, su paciencia, su brillantez. Te reíste cuando te dije que me enseñaste a vivir, pero era verdad”, le confiesa Camus a María. Y ella, notable escritora como lo confirmaría más tarde en sus memorias (Residente privilegiada), muestra la misma entrega incondicional a “mi tierno, mi dulce, mi luminoso amor”.
No hubo otro igual
Se vieron por primera vez en una velada de marzo de 1944 en casa del escritor Michel Leiris; entre los invitados, la crème de la crème: Sartre, Beauvoir, Lacan, Bataille. Camus –que ya había hecho su brillante entrada en el mundo literario con la doble publicación de El extranjero y El mito de Sísifo– leyó en voz alta en algún momento de la noche. Y su tonada cautivó a la joven Casarès, cuya prometedora carrera recién empezaba a despuntar, rumbo a convertirse en una de las más grandes actrices de su generación. Ella tenía 21 años; él, 30; ambos eran exiliados que habían encontrado en París su refugio. María, española, había nacido en La Coruña; hija de Santiago Casares Quiroga, primer ministro de la Segunda República, dejó con su familia el país tras el golpe franquista, en 1936. Albert, argelino, había pasado su infancia en un barrio pobre bajo la protección de su querida madre. Y por aquel entonces, a pesar de estar casado con Francine Faure, vivía solo en París, todavía activamente involucrado en la Resistencia durante la Ocupación nazi.
María ya había actuado en Solness el constructor, de Ibsen, dirigida por Jean Marchat, quien –poco después de aquel encuentro– la convocó para El malentendido, una de las obras de Camus: inquietante parábola sobre una madre y su hija que asesinan a los clientes de su posada para robarles, y desconociendo a Jan, hijo pródigo que regresa a casa después de 25 años, se cumple inexorable la tragedia. (Una adaptación de esta obra puede verse actualmente en –¿dónde más apropiado?– el teatro porteño El extranjero, con dirección de Mariano Stolkiner). Durante los ensayos en el Théâtre des Mathurins, actriz y autor cruzan miradas cómplices, pero las chispas se encendieron más adelante, en la madrugada del 6 de junio. Al alba, tras pasar horas bebiendo y bailando juntos en una fiesta en casa del director Charles Dullin, en Montmartre, Casarès y Camus salieron rumbo a la calle Vaneau, donde él se alojaba. Entonces, mientras las tropas aliadas desembarcaban en Normandía, ellos sellaron su pasión y pusieron en marcha un romance de película.
Los primeros tiempos fueron idílicos, pero esa dicha se interrumpió al cabo de unos meses. Cuando Francine, la esposa de Camus que había permanecido en Orán durante la guerra, se reúne con él en París, María decide poner fin a la relación a pesar de las súplicas de su amado. “Nunca me he sentido más indefenso”, se quiebra en el papel Camus. “Te beso con estas lágrimas que no puedo derramar y que me ahogan”. Y le revela a María un deseo absurdo: “que ningún otro hombre, después de mí, vuelva a tocarte. Sé que no es posible”. Luego vuelve a la cordura y le desea que no desperdicie “eso tan maravilloso que eres tú”. Cuando ya está todo dicho, se despide: “Adiós, amor mío. No olvides a quien te amó más que a su vida”.
Al año siguiente, Albert se convierte en padre; su mujer da a luz a los gemelos Jean y Catherine. Entretanto, Casarès –mujer libre y de temperamento intenso– hace todo cuanto puede para olvidarlo; se refugia en “ese infierno mágico que es el teatro”, recurre a otros abrazos…
Pero el destino les tenía reservado un guiño a los amantes: otro 6 de junio, esta vez de 1948, Albert y María se cruzaron por casualidad en el boulevard Saint-germain, en el Barrio Latino. “Una vacilación imperceptible nos mantuvo a ambos en silencio durante un rato en la calle repentinamente vacía y silenciosa”, recordaría ella más tarde sobre ese instante sorpresivo. Cuatro años después de aquella primera noche juntos, el vínculo se mantiene vivo, irresistible la atracción. Ya no volvieron a separarse, como dan fe las cartas –locas, tiernas, barrocas, tormentosas–, ininterrumpidas durante los siguientes doce años.
Dos a quererse muchísimo
A partir de ese momento proseguirá el abrasador romance, acompañándose mutuamente mientras él corona su carrera con el Premio Nobel de Literatura en 1957 y ella es ya una consagradísima intérprete dramática, una estrella buscada por los más grandes directores de la época, incluidos prestigiosos cineastas. Brilla en tragedias de Shakespeare, de Chéjov, de Marivaux; integra la Comédiefrançaise por un tiempo; participa del Théâtre National Populaire de Jean Vilar (que en 1957 la trajo por primera vez a la Argentina para presentar, frente a un colmado Colón, Tudor de Victor Hugo; seis años después, regresaría al país para protagonizar Yerma en el San Martín, con Alfredo Alcón y dirección de Margarita Xirgu). También actúa en otras obras de Camus, como El estado de sitio y Los justos.y en cine sobresale en Les Enfants du paradis (de Marcel Carné), Les Dames du bois de Boulogne (Robert Bresson), Orphée (Jean Cocteau)…
Lejos de toda rivalidad, los ya célebres artistas se dan ánimos y consejos; se apoyan recíprocamente, viajan por el mundo –él dando conferencias, ella en giras triunfales–. “Nos amamos como los trenes que se cruzan en las estaciones”, le escribirá el autor de La peste a su chica en un diálogo que nunca decae, como tampoco menguan el cariño, el respeto y la confianza que se profesan. Encuentran en la pluma una manera de estar cerca, y se escriben frenéticamente: en ocasiones, hasta tres veces el mismo día. “Si estuvieras aquí, caería sobre tu cuerpo como una tempestad, arrancaría todas las pieles y las lanas que te visten y me ceñiría al tronco terso de tu cuerpo, entre la luz”, le arroja el argelino. “Necesito tu cuerpo espigado, tus brazos flexibles, tu hermoso rostro, tu mirada clara que me trastorna, tu voz, tu sonrisa, tus manos, todo”, redobla la gallega que ha aprendido a hablar y escribir en francés a la perfección.
En la correspondencia, Albert se desnuda en su fragilidad como hombre casado y padre de familia, atrapado en este huracán pasional, mientras que María impone su vitalidad, su calma, su humor cáustico, su inteligencia. “Un amor, María, no se conquista luchando con el mundo, sino contra uno mismo”, le pontifica él. Y al tiempo se atempera sabiendo que “este abandono total de un corazón a otro, esta plenitud tranquila del alma, es al menos nuestra victoria y nuestra recompensa”. Ningún tema será tabú entre ellos. María incluso le pregunta con frecuencia por sus hijos y se preocupa por el estado de salud de Francine. Casarès también soporta estoica el saber que él tiene otras amantes transitorias. “A veces te engañé. Nunca te traicioné”, se justifica Camus en ese carteo que solo se interrumpirá con la muerte del escritor en enero de 1960, suceso fatal sobre el que María dirá: “El único acontecimiento de su vida que escapa de mi comprensión”.
El 30 de diciembre de 1959, a poco de subirse al coche para el viaje en carretera que le costaría la vida, Camus le manda la última carta: “Hasta pronto, esplendorosa mía. Estoy tan contento al pensar en volver a verte que me río mientras te escribo. (…) De modo que no tengo ya razón para privarme de tu risa, ni de nuestras veladas, ni de mi patria. Te beso, te abrazo hasta el martes, en que te lo repetiré”.
La decisión de sacar a la luz las casi 900 misivas fue de Catherine, hija de Albert y responsable de su legado, que dudó mucho sobre qué debía hacer con estos “documentos tan íntimos”. Finalmente, tuvo la audacia y la voluntad de compartirlos. ¿Cómo llegaron a sus manos?
Pues, cuando Camus muere, su amigo y vecino el poeta René Char toma las cartas de María y se las entrega a su autora, por discreción, para resguardar la intimidad de los amantes. Permanecen bajo tutela de Casarès hasta que, en los años 80, la hija de Camus la contacta. Por iniciativa de Catherine, se reúnen en una habitación de hotel donde discurren mientras devoran tabletas de chocolate; y en ese encuentro amable, le pide a la actriz ese extendido correo que intercambió con su padre. María accede; el resto es historia conocida. Asimismo, para quienes han leído Correspondencia 1944-1959, resultan harto emocionantes las palabras que la hija, al salvar la gran historia romántica del padre, generosamente le dedica en el prólogo a la pareja, admirada de cómo aprendieron “a avanzar en el tenso hilo de un amor desprovisto de todo orgullo”, “sin separarse, sin dudar jamás, con la misma exigencia de claridad”. “Gracias a los dos –anota Catherine–, sus cartas hacen que la Tierra sea más vasta, el espacio más luminoso, el aire más ligero simplemente porque han existido”.

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