viernes, 31 de enero de 2020

ORDEN DE NACIMIENTOS


Primogénitos: ¿Los hijos mayores son los más inteligentes de la familia?
Si bien no hay estudios que concluyan que es determinante el orden del nacimiento en la personalidad, el trato y las exigencias de los padres pueden marcar diferencias 

"Fue la primera hija, la primera nieta. La que recibió nuestra energía más fresca como padres. Toda la atención de la familia. La más estimulada de las tres hermanas. De chiquita hizo patín, acrobacia, danza, vóley. Quiso aprender guitarra, piano y ukelele -cuenta Carolina, madre de Julieta, Elena y Ana, de 12, 9 y 5 años, respectivamente-. Juli es una nena muy rica intelectualmente, en la escuela es excelente. Pero se exige mucho. La verdad es que a veces me planteo cómo estamos educando a nuestras hijas, y quiero tratar de darles a las tres las mismas posibilidades".
El caso dispara preguntas: ¿cuánto influye el orden de nacimiento en el coeficiente intelectual de una persona? ¿Y cuánto afecta ese lugar a la construcción de la personalidad adulta? ¿Son los primogénitos los más inteligentes de la familia? El interés sobre el tema no es nuevo. La comunidad científica le da vueltas al asunto desde hace más de 100. Hay decenas de estudios sobre la llamada teoría del orden de nacimiento, que difieren en sus conclusiones desde 1874 hasta la actualidad. Pero la verdad empírica que surge de la observación de todos esos trabajos, describe con señas particulares a cada uno de los hermanos según su posición dentro de la familia.

Escapar de los estereotipos no es fácil. A grandes rasgos, en el reparto de bienvenida al mundo el benjamín de la familia se lleva los motes de la libertad, la bohemia y el riesgo. Es un ser divertido y sociable. El hijo sándwich, el que queda atrapado en el medio, en terreno de nadie, siempre está buscando la manera de llamar la atención. Aparece como alguien más sensible, y muchas veces se monta en la figura del mediador. El primogénito, al que muchos padres con tres o más hijos le asignan jocosamente el apodo del "número 1" (luego vienen "número 2", "número 3" y así sucesivamente) es un ser exigido, responsable y más conservador. Es al que se le aduce un coeficiente intelectual levemente superior al resto. El mayor es un líder por naturaleza. El que encarna los valores paternos. El perfeccionista.
"El orden de nacimiento no es determinante, pero sí tiene importancia en la construcción de ciertos patrones culturales y sociales establecidos -dice Guillermo Thomas, jefe de Psicología Clínica del servicio de Salud Mental Pediátrica del Hospital Italiano -. Pensemos en otras épocas de la historia, cuando existía la ley de mayorazgo, por ejemplo, donde el primogénito era el único heredero del patrimonio familiar. Los tiempos cambiaron, pero los padres siguen depositando muchas expectativas en ese primer hijo", dice el experto.

Neuróticos y agobiados
En 1874, el antropólogo inglés Francis Galton -el más joven de nueve hermanos- sospechaba que los hijos mayores, al disfrutar del trato especial de sus padres, tenían más chances de prosperar intelectualmente. Medio siglo después, un discípulo de Freud, Alfred Adler, el segundo de seis hijos, extendió la teoría del orden de nacimiento a los rasgos de personalidad. Desde su punto de vista, los primogénitos eran privilegiados, signados a triunfar, a ser líderes. Pero también estaban agobiados por una excesiva responsabilidad y el miedo a ser destronados. Por eso, pensaba Adler, eran más reuróticos; personas emocionalmente inestables, con sentimientos de culpa y ansiedad. Más tarde, mediando la década de los 90, el lirbo Born to Rebel, del estadounidense Frank J. Sulloway, el benjamín de tres hermanos, estalló como un globo de agua y revolucionó la escena de la psicología. En su relato sobre la familia, explica Mónica Cruppi, miembro didacta de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA), él habla de la identificación del hijo mayor con sus padres, y que con el nacimiento de sus hermanos tiene que trabajar duro para seguir estando en ese lugar. Por otra parte, agrega Cruppi, los nacidos más adelante deben luchar para hacerse un hueco, experimentar con nuevas estrategias para tener un dominio sobre su vida. Como si cada hermano tuviera que encontrar un sitio propio: tras un hermano muy estudioso, el siguiente puede ser muy deportista. "En su estudio, Sulloway halló que la mitad de los triunfadores en el mundo empresarial son primogénitos, pero también descubrió que los pioneros y más revolucionarios suelen ser los hijos menores", añade.

Soledad  es nutricionista, tiene 41 años y tres hijos. Matías, de 11 años, Florencia, de 9 y Sebastián, de 5. También es la mayor de tres hermanas, y confiesa que cada vez se sorprende más cuando hace un paralelismo entre la foto de su infancia y la de sus hijos. "Matías es como yo. Responsable, súper organizado. Y como le gusta mucho el arte yo siempre lo jorobo diciéndole que él es un bohemio estructurado. Mati es prudente, nunca fue de tomar riesgos", caracteriza Soledad, que cuando le toca el turno de hablar de su hija Florencia cambia súbitamente el tono. "La del medio es un terremoto. Desde que nació. Este año fue tremendo, porque las dos puntas [por Matías y Sebastián] fueron egresados. Uno terminó séptimo grado y el otro jardín, y Flor estaba insoportable. No paraba de llamar la atención". Después está el benjamín, que a diferencia de la popular frase "el que se cría solo", Soledad reconoce que su caso fue particular. "Nació prematuro, estuvo internado en neonatología y requirió de muchos cuidados. Además nació el mismo año que mi mamá falleció. Pero más allá de eso, hoy es un nene muy sociable, que ama los deportes. El más relajado de los tres. Tiene un carácter parecido al de mi hermana menor, que es un tiro al aire", confiesa entre risas.
"El momento emocional de los padres"
Más que el orden del nacimiento de los hermanos, Ileana Berman, que es psicóloga y especialista en maternidad y posparto, cree que hay que tener en cuenta el momento emocional de los padres cuando nacen los hijos. "El bebé nace en un contexto determinado. Si bien trae consigo factores biológicos, genéticos y hereditarios también son fundamentales los factores exógenos. Cómo están sus figuras parentales, qué ocurre en la emocionalidad de estos padres. No es lo mismo recibir un bebé con cierto orden emocional proveedor de tranquilidad, que recibirlo en estado de ansiedad elevada por algún inconveniente económico, o una situación caótica o bien por un duelo cercano".

Cariñoso, carismático y una persona amable. Disfruta de ser el centro de atención y las sorpresas. Se relaciona fácilmente con extraños. ¿A quién corresponde esta definición? Cuando se le hace la pregunta a Karina mamá de tres varones, no tienen ninguna duda en responder. "Así es Julián. Un calco. Yo no tengo dudas de que el orden de nacimiento influye en la personalidad. Los padres creemos que criamos a los hijos de la misma manera, que los educamos por igual. Pero no aplicamos la misma vara con cada uno. No creo tanto en eso que dice que el primogénito es el más inteligente. Pero del resto coincido en todo. Manuel es el del medio. Suele pasar por una persona antipática y maleducada, pero es un nene muy sensible, y creo que crecer en el lugar que le tocó, entre la figura líder y responsable de su hermano mayor y el desparpajo de su hermanito no es fácil. Ahora estamos haciendo terapia, buscando herramientas que lo ayuden a expresarse más".
No cree que los primogénitos tengan mejor puntuación cuando de medir el coeficiente intelectual se trata. Pero el orden de nacimiento es tenido en cuenta en contextos académicos de alta exigencia y rendimiento. Todos los años, la Universidad de Harvard les hace una encuesta a los nuevos estudiantes, y los resultados se publican luego en The Harvard Crimson, el diario de la universidad. Se les pregunta sobre varios aspectos de su vida personal, como los ingresos familiares, su orientación sexual, el género y si alguno de sus padres fue ex alumno de esa misma casa de estudios. También deben responder sobre el orden de nacimiento. Desde 2017, año tras año la foto es casi igual. Y la promoción que comenzará sus estudios en 2021 en la mejor universidad del mundo no es la excepción: está compuesta por una mayoría de primogénitos, con el 41%. Los del medio, representan apenas el 14,5%; los benjamines trepan al 32% y los hijos únicos, el 12,4%.

Con frecuencia, insiste Cynthia Zaiatz, psicóloga y jefa del servicio de salud mental del Sanatorio Modelo de Caseros, los padres le dan mucha atención al primer hijo. "Es esperable que el primogénito intente alcanzar todo lo que se propone y se esfuerce por obtener el éxito. Está acostumbrado a ser admirado y alabado, sus logros son reconocidos y lo asume con naturalidad. Las expectativas que ponen los padres en el primer hijo no las repitan en los demás, algo que sucede en la mayoría de los casos de manera inconsciente", concluye la especialista.
Unos líderes, otros revolucionarios
El psicólogo estadounidense Frank J. Sulloway, aportó nombres de las principales figuras que fueron primogénitos. También de otros rebeldes que nacieron más tarde, y observó una tendencia similar. Entre los nacidos luego del primogénito, encontró pensadores laterales y revolucionarios, como Charles Darwin, Karl Marx y Mahatma Gandhi. Entre los primogénitos, descubrió líderes como Joseph Stalin o Benito Mussolini. Y según su análisis, más de la mitad de los presidentes norteamericanos son hijos mayores.
 A nivel local, Cristina Fernández de Kirchner y Mauricio Macri son prueba de liderazgo y competitividad como hijos mayores. En cambio, de la biografía del químico argentino César Milstein, ganador del Premio Nobel en Midicina por sus investigaciones sobre los anticuerpos monoclonales, se puede rescatar el comentario de su padre, Lázaro Milstein, que veía a segundo hijo como "un chico travieso y un poquito rebelde; no era demasiado estudioso, pero le iba bien en el colegio".

S. V.

HOMENAJE...INOLVIDABLE


La vigencia de Federico Fellini, a cien años de su nacimiento
Con más de 20 títulos, su irrupción marcó un antes y un después en la forma de hacer películas 




La cámara muestra el interior del legendario Teatro Cinque de Cinecittà, en Roma, pero no es por un film de ficción: es una ceremonia fúnebre. Sobre una tarima custodiada por cuatro carabinieri en uniforme de gala, se alza un féretro; allí descansará, para siempre, Federico Fellini, el realizador que en vida había hecho suyo ese estudio, el número cinco, y que se había ausentado de este mundo el día anterior, el 31 de octubre de 1993.



Concluía así una vida que se había iniciado en Rímini, 73 años antes, el 20 de enero de 1920: hoy se cumplen 100 años de su nacimiento. El film es el tributo que, con el título In morte di Federico Fellini, le dedicó el documentalista Sergio Zavoli. El final muestra la unánime despedida de los habitantes de Rímini, donde sería sepultado, con una Giulietta Masina -su esposa de toda la vida- deshecha en lágrimas. El gran Federico pasaba a integrar, así, el Parnaso de las artes de Italia: con él, el cine alcanzó su máxima expresión. Su legado es su concepción del cine, pero Fellini también impuso su personalidad como dibujante y guionista, con una estética desafiante, que lo enfrentó tanto con la Iglesia como con la izquierda; su vida sentimental, por otra parte, alimentó su caudal ficcional.
Se había iniciado como guionista y ayudante de dirección en plena fiebre del neorrealismo, en hitos como Roma, ciudad abierta (1945) y Paisà (1946), junto con Roberto Rossellini.
Ya como realizador, desarrolló una filmografía de veinticuatro títulos, entre largos y episodios, desde Luces del varieté, de 1950, hasta La voz de la luna, de 1989, esta vez sobre base literaria preexistente, Il poema dei lunatici, de Ermanno Cavazzoni. Su proyección internacional le deparó premios en Cannes y cinco Oscar de la Academia de Hollywood, el último de los cuales le fue otorgado a la trayectoria, seis meses antes de su muerte.




Pero fue La dolce vita (séptimo título de su filmografía, después de aciertos como El Sheik, Los inútiles o La strada) la que produjo un verdadero revuelo, al principio bastante hostil: el espectador italiano no estaba habituado a malabarismos de cámara ni a enfrentarse con provocativas situaciones eróticas.
La inesperada consagración fue cuando La dolce vita se alzó con la Palma de Oro de Cannes; no figuraba entre los favoritos, y la sanción del jurado desconcertó. Fellini continuó filmando durante 30 años, pero ese film quedó como la irrupción de una arrasadora modernidad en el cine por su manejo compartimentado de la continuidad narrativa y, además, por el estallido de un imaginario inédito: la religiosidad de Roma mezclada con una vida disipada.



Sucedió que el presidente del jurado de Cannes no era un hombre de cine, sino un prócer de la literatura francófona, el belga Georges Simenon, profundo admirador del aún joven Federico, a quien le llevaba 17 años. A Simenon le tocó decidir una elección que venía muy peleada.
Un punto candente de la controvertida figura del cineasta involucra al complejo universo femenino, algo que en el momento actual adquiere una consideración preponderante por los movimientos de reivindicación de la mujer. Esto apunta tanto al currículum personal-biográfico de Fellini como a la galería de sus seres de ficción, ítems que en este caso están intrínsecamente vinculados. Sus múltiples relaciones se instalan en sus films y en sus dibujos en metamorfosis hiperbólicas.



El opus que apuntaba a reunir algunos de sus mitos femeninos fue La ciudad de las mujeres (1980). Su alter ego sería, otra vez, Mastroianni; ahora era Marcello Snàporaz, y resultó una suerte de sátira antimachista a sí mismo, pero también al wooman power a ultranza, cuando un ejército de mujeres que asisten a un simposio se precipitan sobre el protagonista para "condenarlo", a él y al tal Katzone.

En la realidad, los reiterados vínculos extramaritales de Fellini eran, para él, verdaderos amores; con Sandra Milo (la voluptuosa y anticuada femme fatale de 8½) se vio durante 17 años, mientras que con Anna Giovannini, la farmacéutica que lo ayudó a superar una profunda depresión, el vínculo duró más de treinta años, en los que la mujer devino en una suerte de "esposa paralela".
Afiche de La dolce vita
En cuanto a fantasías de lo femenino, su obra más paradigmática -y seguramente la mejor- fue 8 ½ (1963, Oscar al mejor film extranjero), en la que desborda su maestría para orquestar un relato atravesado por cruces temporales y, de nuevo, una cámara de alucinante vertiginosidad. Allí, Mastroianni es Guido Anselmi, un realizador de ficción en crisis, ante un film cuyo rodaje no logra arrancar. En la espera, evocaciones de su niñez alternan con la llegada de su amante y de su esposa, y hasta la de "la mujer ideal" (una etérea Claudia Cardinale).

Si en la ficción convivían la esposa de Guido Anselmi (Anouk Aimée) y su amante (Sandra Milo), en el plano real la Milo y Giulietta mantenían diálogos cordiales, según declaró varias veces la sensual Sandra. Ambas convivirían en el siguiente largometraje de Fellini, Giulietta degli spiriti (1965), un estallido de visiones demoníacas que emergían del inconsciente de la heroína. Pero, yendo más atrás, el motor inicial fue la fascinación del Federico adolescente por una figura femenina asociada a Juno, la divinidad de grandes senos que, en la mitología romana, encarna a la diosa de la maternidad.



Amarcord era un producto neto de "la estética del artificio", pero Federico cometió el error de mantener, para el personaje, su nombre de pila. Todo lo demás, en Amarcord, era ficticio. El nombre de la ciudad no se menciona, pero todos sabían que se trataba del solar natal del realizador. Se supo también que Fellini no había filmado "ni un solo metro de celuloide" en Rímini. Todo, en efecto, lo recreó en Cinecittà: hasta el transatlántico Rex es un enorme cartón pintado que se desplaza sobre olas de plástico.
Esa estética, tan cara a Fellini, es explicitada por el propio realizador en Sono un gran bugiardo (Soy un gran mentiroso, 2002), el sagaz documental de Damian Pettigrew. "Las imágenes de Rímini que guardo en mi memoria -confiesa- las considero más verdaderas que la Rímini real, geográficamente comprobable".

En julio de 1993, Federico, de regreso de Hollywood con su quinto Oscar, escapa secretamente a Zúrich, donde se somete a una cirugía del corazón, y luego se recluye en Rímini (¡en el Grand Hotel, el mismo donde resplandecía la Gradisca!). Al mes, sufre un ictus cerebral: resurgen sus viejas supersticiones y el miedo a la muerte, pero ahora con una amenaza concreta.

Sin embargo, se repone, y el 17 de octubre vuelve a Roma. En tanto, Giulietta también se indispone y es internada en terapia intensiva. Débil y sacudido por la afección de su compañera de toda la vida, el 19 de octubre Federico sufre otro ictus, que esta vez lo precipita en un coma del que ya no saldrá. Moriría después de trece días de agonía, el 31 de ese mes.

N. T.

REFLEXIONES TECNOLÓGICAS


A veinte años de un pico de fiebre que condujo al desastre
Fue hace veinte años. Buena parte de lo que hacemos hoy en Internet no existía, y en esta industria dos décadas son una eternidad. Pero estuve ahí y fui testigo del peor desastre económico de la historia de la Red: el colapso de la burbuja puntocom.

Recuerdo que hasta me llamaron del canal Bloomberg para que explicara qué estaba pasando. Fue raro, porque para quienes estábamos en el tema, lo que estaba ocurriendo era obvio. Es decir, los capitalistas de riesgo tenían mucho dinero, pero cero conocimiento técnico. Una serie de factores (pensamiento mágico, en la mayoría de los casos) les hizo pensar en que fundar un sitio web era garantía de retornos copiosos.

No tomaron en cuenta, entre muchas otras cosas, que un sitio se volvía interesante si los usuarios encontraban en él algo de valor. Vi cosas increíbles. Por ejemplo, un sitio que te pedía tus datos personales antes siquiera de dejarte entrar. También intentaron convencerme de que cierto sitio era importante solo porque lo había creado el pariente de una celebridad. Me contaron historias insólitas, aunque de primera mano, como que en las oficinas de una puntocom estadounidense, aquí en Buenos Aires, habían gastado fortunas en mobiliario, pero que en realidad no hacían nada en todo el día.

Esta especulación ciega y desenfrenada tocó su techo cuando el 14 de enero de 2000 el Promedio Industrial Dow Jones llegó a un pico de 11.722 puntos. En marzo, todo se vendría abajo, arrastrando en la debacle a cientos de sitios que eran solo una cáscara, pero también a muchas compañías valiosas. Una de las víctimas más célebres fue Sun Microsystems, que había crecido al ritmo de la burbuja, y de pronto, de la noche a la mañana, ya nadie necesitaba sus servidores. Ni siquiera usados. Sun fue luego adquirida por Oracle, y algunos de sus productos más conocidos sobrevivieron, como es el caso del lenguaje de programación Java y el software de virtualización VirtualBox (VirtualBox fue creado, hay que aclararlo, por Innotek, una compañía alemana que luego adquirió Sun).

Amazon, eBay y Google, entre otros, prevalecieron y empezaron a darle forma a la siguiente web, en la que el contenido y los servicios serían los reyes, y seguirían siéndolo más tarde, aunque con una vuelta de tuerca. Un dato elocuente: un año y un día después del pico máximo de esa inflación espuria de la burbuja, el 15 de enero de 2001, nacía Wikipedia. La vuelta de tuerca llegaría con los routers wifi, el iPhone (en 2007) y la banda ancha en los celulares. Los reyes (contenido, servicios) se volvieron móviles, ubicuos y de bolsillo.
Poder e ignorancia

Se han hecho numerosos y agudos análisis de la burbuja puntocom. Pero me gustaría echar luz sobre un mecanismo muy profundo que le dio cuerda al desastre y que podría seguir emboscado en muchos otros procesos de la sociedad todavía hoy. Mi impresión es que las pérdidas siderales que causó el colapso de la burbuja -repentino y, para la mayoría de los inversores, inesperado- se originaron en la ignorancia.
Fue una imagen especular del cambio que empezaba a experimentar la economía y que hoy denominamos "industria del conocimiento". Miles de millones de dólares se arrojaron en un negocio del que los inversionistas no sabían nada. Nada del todo. No solo no podían leer código. Ni siquiera podían leer HTML. En comparación, la fiebre del oro fue menos ingenua, porque al menos era de conocimiento público que en ciertas zonas era posible encontrar pepitas de ese metal precioso.
El cataclismo, que se extendió desde marzo de 2000 hasta octubre de 2002, fue un castigo a la ignorancia, a la arrogancia blasfema que pueden causar el dinero y el poder. Los inversores, embriagados con una promesa cuya relojería les resultaba opaca y también aburrida, creyeron que todavía estaban en el mundo de la Revolución Industrial; ese mundo en el que no hacía falta saber cómo funcionaban el telar o el Ciclo Otto para ganar dinero. En realidad, como los últimos amanuenses, estaban asistiendo al final de una era y al nacimiento de otra. Si la primera se basó en la máquina de vapor, el acero y la línea de producción, la nueva se asentaría en el intelecto. Hubo, hay y posiblemente siga habiendo un desprecio manifiesto por "todas esas cosas técnicas, esas cosas de nerds, de hackers". Pero cuando el agua se retiró, pudimos ponerle un precio a la ignorancia: 1,7 billones de dólares (un número de doce ceros) fue el monto aproximado de las pérdidas que causó el colapso de la burbuja puntocom; eso, considerando solamente las compañías que cotizaban en bolsa. Hoy serían más de 2,4 billones.
Ecuación cambiante

Pero el costo de la ignorancia podría resultar mucho mayor. En el reportaje que se publica a Marcela Riccillo, la especialista en robótica deja una serie de conceptos tan fundamentales como poco conocidos. El más importante es el de que la inteligencia artificial no es generalista, como la nuestra. Se enfoca en una tarea o una familia de tareas. Y carece de ganas, de intención y de conciencia.
Si esta sola regla calara de una vez por todas en la dirigencia, sería mucho más probable que se legislara y reglamentara de la forma correcta. Por si no es lo bastante evidente a estas alturas, el legislar de la forma incorrecta en medio de cambios disruptivos podría traer consecuencias cuyo costo sería incalculable, no solo en dinero, sino en sufrimiento de los que confían en que sus dirigentes harán las cosas de forma responsable. Pues bien, hoy ser responsable significa saber, informarse, capacitarse, entender qué ocurre en estos nuevos engranajes microscópicos y programables que hacen 65.000 años de cálculo humano a cada segundo.
El mundo es muy diferente del de 1960. Pero los lemas, las pancartas y las consignas que se proclaman para la tribuna siguen siendo los mismos. Lo preocupante (y lo que causa confusión) es que nuestros derechos civiles y sociales sí son los mismos. Son los mismos porque nuestra naturaleza y nuestras necesidades no han cambiado. Lo que ha cambiado es el contexto.
Una parte de la ecuación se alteró, pero el resultado debe ser igual (o mejor). Es decir, no debemos despeñarnos a etapas primitivas de la civilización (o de la especie), cuando el derecho a la libertad de expresión, a la educación o a vivir sin miedo no estaban garantizados, o eran una ensoñación cercana al delirio. O peor, recrear el ecosistema darwiniano de la ley de la selva.
El progreso no son pantallas más grandes. El progreso es apartarnos de la ley de la selva. No tengo la pretensión, tan vociferada, de la igualdad. Si todos fuéramos iguales, la ley de la selva quedaría descartada por definición; o seríamos un gran hormiguero. Las legislación es necesaria precisamente porque no somos todos iguales (excepto, se supone, ante la ley). Y, a mi juicio, debe contemplar tanto al vulnerable (vulnerable por el motivo que sea; hay miles de causas) como al que vendió todo lo que tenía, lo apostó por una pyme, y le fue bien. La ley de la selva habría aniquilado a ambos. Al primero, por sus desventajas. Al segundo, por sacar los pies del plato.

De modo que es urgente entender el ecosistema para saber cuál sería la expresión de la ley de la selva en la actualidad, y suprimirla a tiempo.
El otro concepto clave que comunica Riccillo va en contra de lo que casi todos los gurúes vienen sosteniendo desde hace 20 años. Aconseja estudiar aquello que te apasiona. No se trata de STEM (Science, Technology, Engineering and Mathematics); no se trata de empatía, intuición o la capacidad de trabajar en equipo; no se trata de liderazgo en el siglo XXI, o de cualquier otra receta por el estilo. Se trata, simplemente, de ser lo que no son los robots: humanos. Tu pasión será complementaria a la fuerza aritmética bruta de la máquina. La especialización del algoritmo complementará tus ganas y tu subjetividad. Una computadora le ganó a Garry Kasparov en 1997, es verdad. ¿Pero qué podrían hacer la máquina y Kasparov, si trabajaran juntos?

A. T.

MANUSCRITO,


La pausa de un mes

Enero es un buen momento para estar en la ciudad. Hay algo. Tiene algo. Puede que sean los vestidos de lino largos, las flores, el pasto seco, los anteojos oscuros, las camisas amplias, el viento que arde, los paseos entre murmullos, los encuentros perdidos. O puede ser el olor del sol. Áspero. Bravo. Inmenso. No sé cuán cierto es aquello de que enero es lindo porque hay menos gente porque si bien es cierto que hay menos gente también es cierto que los chicos que suelen estar en las escuelas de marzo a diciembre ahora están las calles. Por lo que la ecuación no varía tanto. No. Es un buen momento para estar en la ciudad por otra cosa.

Y es que enero no tiene apuro. Los taxistas manejan tranquilos en las avenidas. Los jóvenes esperan en las esquinas y cruzan cuando deben. En enero mi novio se olvidó del turno que había sacado con un médico y no se disgustó. Era viernes temprano, me miró y me dijo: "A la tarde llamo". En enero la gente muestra la piel. Se broncea. Se maquilla poco. Se suelta el pelo y se lo deja largo. Toma más helados. Camina en ojotas. Come sandía. En enero los padres tienen más paciencia y quien trabaja no se toma vacaciones y sin embargo se contagia de aquel que sí. Para mí es un gran momento para mirar vidrieras. Para quedarme dormida por las mañanas. También es el mes en que, cada cuatro años, hay gobierno nuevo. En que los pájaros se oyen cantar hasta tarde, las veredas se llenan de gotas, los colectivos de abuelos y las tardes de cervezas bien frías. Enero es un buen momento porque arranca un año.

Qué insólito. ¿Cuál será la diferencia entre el 31 de diciembre y el primero del mes siguiente? La pienso y no la encuentro pero la siento. Enero es un principio. Es ese principio que ocurrió miles de veces. ¿Por qué nos gustan tanto las repeticiones? A mí hacer lo mismo una y mil veces me da seguridad. Me gusta tomar café en taza grande solo los viernes. Lo repito y me siento cómoda al hacerlo. ¿Por qué queremos volver a vivir lo que ya vivimos? Yo si estoy haciendo zapping en el sillón de casa y encuentro por casualidad la película Notting Hill la dejo. Me quedo mirando y me la sé de memoria. ¿Será que nos provoca ilusión? Enero es la posibilidad de volver a empezar. Creemos tener una nueva oportunidad para conseguir eso que no pudimos la vez anterior. Para el amor, para el dinero, para viajar a ese país que queda tan lejos, para conseguir un empleo que nos guste más, para tener hijos, novios, amantes, para por favor cambiar, para llegar a ser eso que queremos y no conseguimos.

Hay otra cuestión oculta en la repetición y es extraña pero es la idea de que el tiempo no avanza, como esa bailarina de piernas amables, brazos lánguidos, cabello recogido en red, capas de tul y zapatillas en punta que gira y gira y gira tan veloz sobre el escenario, con la música de guía, que se queda quieta. Nunca nada desaparece en el pasado porque todo regresa. De cualquier forma. De una idéntica. Lo que ocurrió va a ser parte del futuro. Los días de la semana. Un beso. Esa lágrima. De nuevo enero, de nuevo marzo, de nuevo junio, de nuevo noviembre.

Recuerdo que hace unos años, cuando estudiaba en la facultad, leí un ensayo de Jorge Luis Borges que me inquietó. Todo lo que escribió me perturba bastante pero este en particular, más. En "La doctrina de los ciclos", Borges asegura algo así como que el número de átomos en el mundo no es infinito y entonces explica que bajo esa condición sus variaciones no pueden ser eternas y que esa es la razón por lo cual tanto el universo como las personas estamos condenados a repetirnos. "De nuevo nacerás de un vientre, de nuevo crecerá tu esqueleto, de nuevo arribará esta misma página a tus manos iguales, de nuevo cursarás todas las horas hasta las de tu muerte increíble", dice y a mí me parece brutal por lo cierto. El tiempo es circular pero avanza hacia una única dirección. Siempre. Sin límites. Y nunca más será 25 de abril de 1983.

Por eso enero es bello y es bienvenido. Porque es una pausa. El paréntesis necesario. Es el comienzo de lo que sigue hasta el fin. Por eso nos sentimos más livianos. Porque recién arrancamos. Por eso pensamos que no hay tantas urgencias. ¿Y si nombráramos todos los meses de la misma manera? Enero es terapéutico. No se entiende. Es un espacio que se encuentra en medio de quién sabe qué cosa. O de aquello que bien sabemos pero mejor ni pensar. Enero es una fantasía. Una mentira. Y eso lo hace un buen momento. Enero no parece un mes. Parece un estado de ánimo.

D. C.

LECTURA RECOMENDADA,


Sigo aquí, de Maggie O'Farrell
Celebración de la vida, aun en su fragilidad

"Cuando eres pequeña, nadie te dice que vas a morir. Tienes que averiguarlo por ti misma", dice Maggie O'Farrell en Sigo aquí, al referirse a los padecimientos que soportó a causa de la encefalitis aguda que contrajo a los ocho años y que le dejó severas secuelas motrices.

Este libro autobiográfico reúne diecisiete experiencias cercanas a la muerte. O'Farrell (Coleraine, Irlanda del Norte, 1972) habla de las dos ocasiones en las que estuvo a punto de ahogarse en el mar y de la vez que casi la atropella un auto. Recuerda el día en que un ladrón le puso un machete en la garganta, su encuentro con un violador en la cima de una montaña, su viaje en un avión que pudo haberse estrellado y el peligro que corrió al aceptar ser la asistente de un lanzador de cuchillos. Cuenta también que por culpa de una negligencia médica debió ser sometida a una cesárea de urgencia en un parto que por poco le cuesta la vida y cómo en una comarca remota una ameba parásita se le metió en los intestinos y le provocó una infección mortal que fue tratada con un antibiótico para caballos.

La escritora irlandesa considera que estas situaciones extremas -enmarcadas dentro de distintos momentos de su vida- no son nada único ni excepcional. En su manera de relatar -precisa y minuciosa- hay un austero apasionamiento que desafía, intriga y conmueve como si trasluciera una fortaleza espiritual construida a lo largo de la paciente superación de muchos quebrantos.
A pesar de las circunstancias adversas que ha enfrentado, O'Farrell elude la tentación de compadecerse a sí misma y no incurre en sentimentalismos banales, aun cuando habla de un hijo no nacido o de una hija que sufre de anafilaxia y debe resistir unas trece reacciones alérgicas al año.

Muchos de estos "roces con la muerte" sorprendieron a la autora mientras se hallaba de viaje. Ella explica esta profunda necesidad de viajar como una forma de calmar el anhelo de escapar "de los días normales" y sentir "el impacto físico y mental de estar en un sitio nuevo".
En una oportunidad tuvo una experiencia extracorporal en la que supo con certeza que su trayecto existencial dentro del tiempo cósmico sería insignificante y percibió su muerte como una persona que siempre se hallaba a su lado. Esta misma conciencia de la fragilidad de la vida es la que la impulsa a celebrarla en este libro

SIGO AQUÍ
Maggie O'Farrell
Libros del Asteroide
Trad.: Concha Cardeñoso Sáenz de Miera
268 páginas, $ 1600

F. F. 

jueves, 30 de enero de 2020

MALOS EJEMPLOS


Lamentables conceptos de quienes deben dar el ejemplo
Hacen mucho daño al conjunto de la ciudadanía y a las instituciones de la República los que pretenden imponer falsas declamaciones teñidas de ideología
La reciente reunión de representantes de 13 organizaciones de derechos humanos con el presidente Alberto Fernández en la Casa Rosada tuvo dos aspectos por destacar, más allá del gesto del jefe del Estado de recibir a esas entidades como, en su momento, también lo hizo el entonces presidente Mauricio Macri, en la quinta de Olivos.

El primer aspecto fue el manifiesto disenso de Fernández para con quienes se quejaron por la supuesta existencia en el país de "presos políticos". El Presidente negó que los hubiera, aunque lo que pudo ser simplemente una definición técnica de un hombre de derecho trocó hacia el final del mensaje en una postura ideológica sin ningún fundamento técnico-jurídico.
Empezó diciendo Fernández: "Un preso político es una persona que fue detenida sin un proceso. En la Argentina, lo que hay son detenidos arbitrarios, que es otra cosa. Es gente que podría soportar sus procesos en libertad, pero las detienen porque son opositores".
Diversas razones han esgrimido los jueces para mantener detenidas a las personas por cuya libertad reclaman sectores del oficialismo. Algunas vinculadas con el poder que aún conservan respecto de sectores influyentes a los que podrían acudir para beneficiarse y entorpecer los procesos, y otras ligadas a la posibilidad de que se fuguen. En casos como los del exvicepresidente de la Nación Amado Boudou y del exministro de Obras Públicas Julio De Vido, además, se suma la existencia de condenas judiciales.
Sin embargo, no puede desconocerse que en nuestro país existen presos políticos en cuyos procesos se han violado reiteradamente las garantías constitucionales del debido proceso y que se heredan de gobierno a gobierno sin que ningún mandatario ni magistrado obre de acuerdo con los preceptos constitucionales y los tratados de derechos humanos que nuestro país ha ratificado. Nos referimos a los miembros de fuerzas de seguridad, militares y civiles detenidos por la supuesta comisión de delitos de lesa humanidad. Muchos, a la espera de condena, padecen prisiones preventivas eternas, sufren la denegación de la prisión domiciliaria y son víctimas de la instrumentación recurrente de nuevos juicios con acusaciones similares, lo cual los mantiene en prolongado estado de prisión preventiva sin límite temporal, lo que sumado al escarnio público al que se los somete, ahonda aún más su indiscutible condición de presos políticos en gobiernos democráticos.
El segundo aspecto lo constituye la inconcebible frase pronunciada por una de las representantes de Madres Línea Fundadora, Taty Almeida, participante de aquel encuentro con el presidente. Antes de abandonar la Casa de Gobierno y frente a la requisitoria de la prensa sobre cuál había sido el balance de la reunión, expresó: "Ha sido una charla tan amena que a muchos nos parece mentira, después de cuatro años donde tuvimos la casa tomada; ahora nuevamente se han abierto las puertas". Claramente, sus cuando menos falsas afirmaciones merecían que el Presidente, al menos, hiciera alguna mención tomando distancia de ellas apenas fueron conocidas en forma pública.

La Casa de Gobierno no ha estado tomada de diciembre de 2015 a igual mes del año último. Muy por el contrario, ha sido sede de un gobierno democráticamente elegido en las urnas. Desconocer la legitimidad de la gestión de Cambiemos es una afrenta a la democracia en particular y a todos los argentinos en general.
Los gobiernos nos representan a todos por igual, los hayamos votado o no. Pretender que solo merecen llegar a lo más alto del poder quienes comulgan con una idea política exclusivamente es desconocer el valor de la alternancia en un sistema republicano.
Lamentablemente, abundan sectores en nuestro país empeñados en politizar los derechos humanos con fines no solo ideológicos, sino también económicos como en reiteradas ocasiones denunciamos desde estas columnas. Cuanto más se preocupan esos grupos por forzar una identificación o asociación partidaria, más valor pierden esos derechos en la consideración de quienes están legítimamente preocupados por ellos.
Hace ya una década, reconocidos especialistas en política internacional preanunciaban en Europa que los derechos humanos se estaban politizando tanto que el concepto iba perdiendo credibilidad. Decían, con acierto, que los derechos humanos surgen y derivan de la dignidad humana y que no son ni dados ni quitados por los Estados. Tampoco, cambiados ni jerarquizados a gusto de los gobernantes de turno.
Esta parcialidad tan manifiesta en el tratamiento y otorgamiento de los derechos humanos se ve con claridad en la situación humanitaria que enfrentan los presos militares, así como en el olvido que sufren las víctimas del terrorismo agredidas en la década del 70, principalmente por Montoneros y el ERP. Estas son discriminadas reiteradamente en el acceso a sus derechos a la verdad, la justicia y la reparación en lo que parece ser una estrategia para sostener la impunidad de quienes cometieron gravísimos crímenes durante su pertenencia a las organizaciones armadas, además de un rentable instrumento para el beneficio económico de muchos.
Por ello, que una representante destacada de una entidad que defiende los derechos humanos se los niegue a un dirigente y a una coalición de gobierno que no coincide con su mirada político-partidaria es cuando menos, y solo en la superficie, una falla discursiva que no puede ser pasada por alto.
Tiene la señora Almeida, ciertamente, el derecho de pensar y decir lo que piensa, pero dada la jerarquía del lugar que ocupa, debería poner especial atención en sopesar sus palabras cuando en defensa de un sector se ataca a otro cuyos derechos son igualmente valederos y respetables.
Los organismos de derechos humanos deben bregar por los derechos de todos. Ya bastante hemos padecido en nuestro país -y padecemos aún- con viejas antinomias que pugnan por hacer prevalecer los derechos de algunos sectores por sobre los de otros. Las características distintivas de los derechos humanos, por el contrario, son la integridad y la universalidad.
Como ya hemos dicho en otras oportunidades, ampararlos y protegerlos implica una defensa irrestricta de cualquier ataque a la dignidad del hombre, sin distinción alguna respecto del sujeto que lo ejecuta, su motivación y las circunstancias, como del signo político, la posición ideológica o cualquier otra condición.

Las puertas de la Casa Rosada permanecieron y habrán de permanecer abiertas para todo ciudadano argentino que, habiendo cumplido los requisitos legales, quiera y pueda llegar a conducir los destinos del país: el país de todos.
Hace mucho daño al conjunto de la ciudadanía y a las instituciones de la República que haya quienes pretendan deslegitimizar lo legítimo, imbuidos en un espíritu sectario e ideologizado y en un reiterado intento de adulterar la realidad

LA PÁGINA DEL PROF. EDUARDO LAZZARI,

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Este domingo, NUEVA VISITA en el Cementerio de la Recoleta, “MITOS Y LEYENDAS en la Recoleta”, con Eduardo Lazzari, desde las 16:00. Valor: $ 500. SIN reserva previa.  // Y visitas guiadas al PALACIO BAROLO, el domingo, de 10 a 20 (a cada hora una visita). $ 600. SIN reserva previa. // Más información en www.eduardolazzari.com.ar
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Visita guiada al antiguo Congreso Nacional, el sábado 1º de febrero a las 17 hs. Con reserva.
Ya está abierta la inscripción para una nueva visita al histórico edificio del antiguo Congreso Nacional, el lugar donde se sancionaron las leyes fundacionales de la Argentina, como la Ley 1420. Estar ahí es sentir la historia y el pasado de nuestro país. Una experiencia intransferible.
 
La visita, con guías especialmente capacitadas por Eduardo Lazzari, se realizará el sábado 1 de febrero, a las 17:00. Valor: $ 500 y es CON reserva previa. Dirección: Balcarce 139, enfrente de la Casa Rosada.
 
El edificio del antiguo Congreso, a metros de la Plaza de Mayo, es uno de los tesoros ocultos de Buenos Aires. Construido en 1864, fue la antigua sede del Congreso Nacional. Está ubicado en Balcarce 139, enfrente de la Casa Rosada.
 
Para informes e inscripción, llamar al (011) 4382-9989, de lunes a viernes de 9 a 18, o por mail a visitasguiadas@eduardolazzari.com.ar
Más información →
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Visita al Centro Naval, el jueves 6 a las 17 hs. Con reserva previa.
El increíble edificio del Centro Naval de la Ciudad de Buenos Aires, ubicado en Florida 801 (Esq. Córdoba), abre sus puertas el jueves 6 de febrero a las 17:00. Valor: $ 500 y es CON reserva previa.
 
Las visitas son realizadas por los guías de la Fundación Arq. Ing. Francisco Salamone, bajo la coordinación general de Eduardo Lazzari.
 
Para informes e inscribirse, llamar al (11) 4382-9989, de lunes a viernes de 9 a 18, o por mail a visitasguiadas@eduardolazzari.com.ar
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Visitas a los barrios porteños, todos los viernes de febrero.
Todos los VIERNES de febrero, a las 17:00, habrá visitas guiadas por los barrios porteños: Avenida Corrientes (el 7), Recoleta (14), San Telmo (21), el Parque Tres de Febrero (28) y el sábado 29 también por la Av. Alvear - Palacios del Centenario. 
 
Los recorridos son realizados por una guía especialmente capacitada por Eduardo Lazzari. Valor: $ 500, son CON reserva previa y tienen una duración de 2hs. aproximadamente.
 
Para informes e inscripción, llamar al (11) 4382-9989, de lunes a viernes de 9 a 18, o por mail a visitasguiadas@eduardolazzari.com.ar
 
Todos los detalles de los recorridos están en www.eduardolazzari.com.ar
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Actividades de febrero
Agenda de febrero: todas las visitas y actividades en un solo lugar.
Aquí podrás consultar el listado completo de las actividades que se realizarán durante el mes de febrero.
Más información →
Cursos de Historia 2020: Ya se encuentra abierta la inscripción.
Ya se encuentra abierta la inscripción para los cursos de historia que comenzarán en marzo de 2020.
Más información →
El Palacio Barolo, abierto todos los domingos. Ahora de 10 a 20 hs.
Un encuentro fascinante con el edificio más emblemático de Buenos Aires. Sus historias, sus espacios y sus curiosidades.
Más información →
Recoleta: “Mitos y leyendas en la Recoleta”. Domingo 2 de febrero a las 16 hs.
En Junín 1760, te esperamos para la mejor visita guiada en el Cementerio. Encuentro a las 15:30 hs.
Más información →
Nueva visita guiada por Av. Corrientes. Viernes 7 de febrero, 17 hs. Con reserva.
Punto de encuentro: LUNA PARK (esquina de Av. Corrientes y Bouchard). Viernes 7 de febrero, 17 hs.
Más información →
Recoleta: “Amores de los presidentes argentinos”. Domingo 9 de febrero, 16 hs.
En Junín 1760, te esperamos para la mejor visita guiada en el Cementerio. Encuentro a las 15:30 hs.
Más información →
Nueva visita por el barrio de Recoleta. Viernes 14 de febrero, 17 hs. Con reserva.
Conocé el casco histórico del barrio, su historia, monumentos y esculturas. Punto de encuentro: en LA BIELA.
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Visita al antiguo Congreso Nacional. Sábado 15 de febrero, 17 hs. Con reserva.
Un recorrido por el antiguo Congreso Nacional, uno de los tesoros ocultos de Buenos Aires, ubicado en Balcarce 139.
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“Historias, mitos y leyendas tenebrosas”. Domingo 16 de febrero a las 16 hs.
En Junín 1760, te esperamos para la mejor visita guiada en el Cementerio. Encuentro a las 15:30 hs.
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Visita al Centro Naval. Jueves 20 de febrero a las 17 hs. Con reserva.
El Centro Naval abre sus puertas ubicado en Florida 801 (Esq. Córdoba). Todas las visitas son con reserva previa.
Más información →
Nueva visita por el barrio de San Telmo. Viernes 21 de febrero, 17 hs. Con reserva.
Punto de encuentro: en la Pirámide de Mayo, el viernes 21 de febrero a las 17 hs. Actividad con reserva.
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Recoleta: "Grandes mujeres argentinas". Domingo 23 de febrero a las 16 hs.
En Junín 1760, te esperamos para la mejor visita guiada en el Cementerio. Encuentro a las 15:30 hs.
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Nueva visita al Parque Tres de Febrero. Viernes 28 de febrero, 17 hs. Con reserva.
Punto de encuentro: Avenida Sarmiento y Avenida Libertador. Frente al Monumento a Sarmiento.
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Av. Alvear: “Los palacios del Centenario”. Sábado 29 de febrero, 15 hs. Con reserva.
En este recorrido a pie, descubra los palacios del periodo de la Belle Epoque porteña.
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"Sí, juro. Historias de presidentes argentinos" ya puede ser tuya.
"Sí, juro. Historias de Presidentes Argentinos". Clases magistrales de colección por Eduardo Lazzari.
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Próximos viajes
Disfrutá de recorridos históricos por Argentina y El Mundo.
"Raíces argentinas en Europa". Salida 15 de marzo de 2020.
Ya está abierta la inscripción para un nuevo viaje a Europa (España, Italia y Francia) junto a Eduardo Lazzari.
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Eduardo Lazzari - El Historiador de Buenos Aires
011-4382-9989
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