sábado, 31 de agosto de 2024

La quesería artesanal Fermier, pionera en elaborar queso reblochon y brie en Argentina En un campo de Suipacha,






La empresa familiar de Suipacha que trajo el queso brie y el reblochon a la Argentina
Daniel Rigabert y Paula Saporiti llevan adelante la quesería artesanal Fermier, pionera en elaborar queso reblochon y brie en Argentina
En un campo de Suipacha, la familia Rigabert recibe a quienes quieran acercarse a conocer la planta de elaboración Fermier y degustar sus quesos premium de tradición francesa.
Silvina Baldino
Nació y se crió en Buenos Aires, en el barrio de Belgrano. Su abuelo fue un exiliado de la guerra civil española y administraba en Suipacha un campo de unos amigos coterráneos. “De niño me llevaba con él a pasar los fines de semana y las vacaciones. Así conocí y descubrí que me gustaba mucho la naturaleza, por eso estudié la carrera de agronomía en la UBA” cuenta Daniel Rigabert, fundador de la quesería artesanal Fermier, pionera en elaborar queso reblochon y brie en Argentina.
Daniel Rigabert fundó la fábrica de quesos Fermier, luego de estudiar la técnica con queseros franceses especializados.
El vínculo con su abuelo influyó en la decisión de echar raíces en Suipacha. Cuando se recibió, se casó con Paula Saporiti (psicopedagoga), a quien conoció en el Liceo Franco Argentino Jean Mermoz (ambos hicieron allí la primaria y secundaria), y se fueron a vivir al campo. Daniel ya venía administrando el tambo de la familia. “Fue un cambio de vida muy grande, nos mudamos a una casa que remodelamos para irnos a vivir en el medio del campo, no teníamos camioneta 4 x 4, ni celulares; andábamos en un escarabajo amarillo y nos comunicábamos por una radio muy ruidosa”, recuerda el ingeniero agrónomo.
Al desafío de adaptarse a la nueva vida de campo se le sumó el de un sueño que perseguía Daniel desde hacía años: elaborar quesos artesanales con leche propia.
En el tambo de Suipacha elaboran quesos artesanales con leche propia. Tienen más de 200 vacas de ordeñe (Holando-argentina y Jersey) que dan unos 4.400 litros de leche por día, destinada sólo a la producción de quesos
Para lograr esto, Daniel viajó a Francia a capacitarse. “Con mi abuelo siempre hablábamos de procesar la leche del tambo para no depender de las fábricas compradoras”, cuenta. “A él le gustaba mucho el queso brie que comía cuando vivía en San Sebastián, muy cerquita de Francia, pero en esa época (año 1987) en la Argentina no se hacía”. La ausencia de quesos especiales en el mercado argentino fue el disparador para innovar y marcar un rumbo en el mundo quesero.
Gracias a su nacionalidad francoargentina, Daniel pudo ir a capacitarse a Francia. Y lo hizo junto a Paula y su primera hija, Ainhoa, de apenas un mes y medio. “Viajamos a aprender en las escuelas nacionales de lechería de Francia la elaboración del queso brie y en paralelo otros quesos que se hacían en la zona: raclette, reblochon, morbier, tomme y camembert”. Al regresar a la Argentina comenzaron las prácticas.
El brie y el reblochon (que elaboran desde 1989) son las dos variedades emblemáticas de Fermier.
“Los comienzos fueron difíciles porque no estaba desarrollado el mercado de quesos especiales en argentina”, dice Daniel, que fue el primero en traer las recetas de los quesos blandos como el reblochon y brie a la Argentina.
“Hoy el público argentino, después de todos estos años, de viajar y por la globalización, tiene conocimiento e interés para aprender acerca de los quesos especiales, porque tiene curiosidad por probar nuevos sabores. El desarrollo de las bodegas y de los buenos vinos que tenemos en nuestro país, también ayudó, porque la gente comenzó a valorar los productos nobles como el vino, el aceite de oliva, los quesos, realizan catas, maridajes, se interesan por hacer cursos, aprender acerca de su elaboración, el origen, el análisis sensorial, apreciarlos en todo sentido”, detalla.
El emprendimiento es visita obligada para quienes llegan a Suipacha a hacer la Ruta del Queso, para que los visitantes conozcan el proceso de elaboración de los quesos.
Quesos únicos
En Francia le dicen fermier a los quesos elaborados artesanalmente y con leche de tambo propio que son muy valorados por su sabor. Y la empresa familiar que llevan adelante los Rigabert hace referencia a ese concepto. Desde 1994, en Fermier se realiza la totalidad de la cadena productiva del queso: siembra de pasturas (silos), la cría de ganado, el ordeñe y la elaboración de los quesos, sin conservantes ni químicos.
Al principio la firma elaboraba queso de la línea común, pero a medida que ampliaron la estructura de producción y logística incorporaron más especialidades, como los quesos blandos.
Elaboran más de 20 variedades de queso, pero la mayor parte son de estilo francés, con el brie como estandarte y el Rebleusson (tipo reblochon, tal su denominación de origen) que sólo Fermier produce en el país.
El tambo tiene más de 200 vacas de ordeñe (Holando-argentina y Jersey) que dan unos 4.400 litros de leche por día, destinada sólo a la producción de quesos. Fermier elabora más de 20 variedades, pero la mayor parte de los quesos son de estilo francés, con el brie como estandarte y el Rebleusson (tipo reblochon, tal su denominación de origen) que sólo Fermier produce en el país.
“El queso tipo reblochon es nuestro primer queso, con él arrancamos en 1989. Es un queso típico de la Alta Saboya, una de las regiones donde estudié en Francia. Es un queso muy diferente, de cáscara lavada y con un tipo de corteza que lo vuelve muy especial, sobre todo por su aroma intenso y untuosidad” describe Daniel, y agrega: “Si bien yo lo adapté al gusto argentino, acá se prefieren los quesos no muy fuertes, por eso le bajé la intensidad al sabor, pero sigue siendo un queso de mucho carácter”.
Paula organiza las visitas a la Reserva (como lo llaman al campo) y las degustaciones de los quesos propios
Daniel es un auténtico turófilo, una persona que disfruta del queso en sus diferentes formas. “Me gusta el camembert, brie, fontina, pepato, morbier. En casa preparamos con frecuencia el plato típico de la raclette: lo fundimos sobre papas y sumamos otros ingredientes como champiñones, panceta, tomates cherry, lo que imagine cada comensal según su gusto y creatividad”, desliza.
Un proyecto familiar
La familia Rigabert: Daniel y Paula, junto a sus cuatro hijos, Ainhoa, Julieta, Sofía, y Felipe, que también están involucrados en el proyecto.
Si bien emprender no es fácil, Daniel pudo cumplir su sueño y llevar adelante un proyecto del que también es parte la familia. Daniel y Paula tuvieron 4 hijos, y varios de ellos están involucrados en la empresa. “Paula siempre me acompañó en este recorrido y hoy se ocupa de establecer un vínculo con el turismo. Organiza las visitas a la Reserva (como lo llaman al campo) y todo tipo de evento en el salón que construimos hace muy poco para tal función”. El único hijo varón se llama Felipe y es ingeniero en alimentos. Desde hace 6 años que está trabajando en la planta de elaboración de quesos; “Juntos ideamos un plan de crecimiento, por lo que ahora estamos duplicando la producción de quesos”, explica Daniel.
“A la gente le importa cada vez más saber de dónde viene lo que come, el origen y cómo se hace; y nosotros, al igual que otros establecimientos, le damos esta oportunidad”, dice Daniel.
Ainhoa es Licenciada en Publicidad y trabaja en la imagen y comunicación de la marca, al igual que Julieta, que es artista visual y colabora con los diseños y presentaciones. Sofía, es la única que no está involucrada en la fábrica de quesos, es farmacéutica y se dedica a la industria cosmética, pero acompaña a la familia en este proyecto. “Siempre la familia estuvo involucrada en este proyecto, y sentimos su apoyo”, desliza Daniel.
La Ruta del Queso
Fermier
Fermier es visita obligada para quienes llegan a Suipacha a hacer la Ruta del Queso. Sobre la RN 5, sobre el camino que conduce a la fábrica, hay una pequeña cabaña donde venden quesos y productos regionales que está abierta todos los días del año. Pero los fines de semana abren las tranqueras de “La Reserva Fermier” para que los visitantes conozcan el proceso de elaboración de los quesos y puedan degustar. “Estamos muy contentos porque es una manera de mostrar nuestros productos y de enseñar a todo el mundo qué hay detrás de cada queso”, dice Daniel. “A la gente le importa cada vez más saber de dónde viene lo que come, el origen y cómo se hace; y nosotros, al igual que otros establecimientos, le damos esta oportunidad”.
Sobre la RN 5, sobre el camino que conduce a la fábrica, hay una pequeña cabaña donde venden quesos y productos regionales que está abierta todos los días del año.
La familia Rigabert está más activa que nunca. Hace unos años crearon una receta especial del queso “Suipacha” y están gestionando la denominación de origen. “Queremos que el queso “Suipacha” represente a futuro el terruño de nuestra querida región, un indicador importante en aromas y sabores. A la gente le gusta mucho, tiene mucha aceptación”.
Los fines de semana abren las tranqueras de “La Reserva Fermier” para que los visitantes conozcan el proceso de elaboración de los quesos y puedan degustar.


El espíritu es seguir creciendo con una premisa: no abandonar la calidad de sus quesos que es lo que los distingue. Además, están construyendo un tambo nuevo, más grande que el actual y mejor para el trabajo de ordeñe. “Cuando esté terminado, podremos ampliar la quesería y en ese sector destinaremos un espacio para el desarrollo de nuevos quesos”, dice y puntualiza: “Será un maravilloso desafío ya que el mundo de los quesos es infinito y apasionante”.

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Las dos apps de mensajería preferidas por los argentinos; los detalles de cómo funcionan y por qué algunos eligen una sobre otra


Cuál es la diferencia entre Telegram y WhatsApp
Estas son las distinciones y similitudes entre las dos apps de mensajería preferidas por los argentinos; los detalles de cómo funcionan y por qué algunos eligen una sobre otra
Las principales diferencias entre Telegram y WhatsApp
Si bien en la Argentina WhatsApp es la aplicación de mensajería instantánea más utilizada, día a día, Telegram gana cada vez más adeptos. Esta última tiene algunas diferencias clave por las cuales muchas personas deciden empezar a utilizarla. Los detalles a continuación.
Las diferencias más importantes entre Telegram y WhatsApp
¿Es mejor WhatsApp o Telegram?
WhatsApp es usada por la mayoría de la población del país. Telegram, en cambio, gana popularidad poco a poco en el tiempo. Hoy en día, representa un verdadero competidor del sistema de Meta. En particular, entre los jóvenes es muy elegida para comunicarse con compañeros y profesores en facultades de todo el país, por ejemplo, pero no son los únicos. Muchos usuarios tienen ambas plataformas abiertas en el celular. Esto se debe a algunas diferencias que mantienen las dos.
Las particularidades que las distinguen son:Telegram permite crear grupos de hasta 200.000 personas, mientras que WhatsApp solamente deja sumar a 1024 miembros.
Ambas apps tienen cifrado extremo a extremo para la protección de los datos. Lo cierto es que ninguno de los dos es intachable en temas de seguridad y, contrario a lo que muchas personas creen, Telegram no es el favorito de los expertos en el tema.
WhatsApp cuenta con Meta IA, una inteligencia artificial dentro de la aplicación que permite resolver dudas y crear imágenes de forma muy sencilla. Telegram permitió la integración de Microsoft Copilot a los chats.
Ambas plataformas permiten subir y guardar archivos de todo tipo de hasta 2 GB.
Telegram tiene un código abierto que cualquier persona puede leer. Aunque este no es un punto relevante para muchos usuarios, WhatsApp es una app de código cerrado.
WhatsApp cuenta con copias de seguridad en la nube que se pueden realizar periódicamente, de acuerdo a la configuración del usuario. Telegram, en cambio, trabaja sobre la nube directamente (como Instagram, donde las conversaciones y otros datos no están almacenados en el dispositivo).
Para muchos usuarios, hay una cuestión que excede a las funcionalidades para decidir usar WhatsApp o Telegram
Ambos tiene funciones similares y su utilidad es extremadamente similar. Vale recalcar que socialmente WhatsApp es un medio que concentra la mayor cantidad de usuarios en la Argentina y que permite a las personas, por ejemplo, generar o consultar trámites con el Estado y otras entidades públicas o privadas (y esto no ocurre con Telegram).

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Jack, el Destripador. ¿Vivió en la Argentina? La investigación que sugiere que murió “en un hotel de la calle Leandro N. Alem”






Jack, el Destripador. ¿Vivió en la Argentina? La investigación que sugiere que murió “en un hotel de la calle Leandro N. Alem”
Una ilustración de uno de los crímenes de Jack, el Destripador en Whitechapel. Sus víctimas presentaban cortes en la garganta, mutilaciones en el área genital y abdominal, extirpación de órganos y desfiguración del rostro​ de mujeres que se dedicaban a la prostitución.
El asesino serial más famoso de la historia, de quien nunca se comprobó su identidad,
Antonio Las Heras

Este 31 de agosto, se cumplirá un nuevo aniversario del día en el que apareció la primera víctima –en el año 1888– de ese desconocido al que se ha dado en llamar “Jack, el Destripador”. Mucho se ha escrito e investigado sobre el mismo, buscando descubrir quién fue realmente y cómo pudo escapar a las búsquedas realizadas por los detectives de Scotland Yard.
Pero lo que no se difunde demasiado es que fue un destacado criminólogo argentino –me refiero al Dr. Juan Jacobo Bajarlía– quien acumuló una serie de evidencias para sostener que este asesino serial vivió y murió en la Argentina. Es más, para Bajarlía inclusive se trataba de un argentino.
Ilustración de Jack el destripador
“Al regresar a Buenos Aires, revisando mi archivo de crímenes – escribe Bajarlía – tuve una evidencia sobre la cual no me atrevo a escribir todavía. Jack el Destripador, desaparecido de Londres, había muerto en Buenos Aires, a los 75 años, en un hotel de la calle Leandro N. Alem, frente a la plaza Mazzini, hoy Roma, una mañana lluviosa de octubre de 1929.”
Mi larga amistad con este criminólogo me permitió dialogar numerosas veces al respecto. Los encuentros fueron en ese café de la calle Cerrito – frente al Obelisco – donde solía reunirse con quienes compartían otra de sus actividades en las que también se destacó: la poesía, la novela, el cuento y el ensayo. Allí conocí a Héctor Lastra, Enrique Medina y Jorge Asís; por sólo nombrar algunos.
En febrero de 1976, en el número 3 de la Ellery Queen’s Mystery Magazine, el ripperólogo y escritor argentino Juan-Jacobo Bajarlía desarrolla la tesis de que Jack el Destripador habría muerto en Argentina. Su sospechoso es un tal Alonzo Maduro, financista que estuvo en Londres, en la época de los crímenes de Whitechapel, tratando de colocar acciones de una compañía argentina. Con ese fin se presentó en Greesham House, brokers de Old Broad Street, trabando contacto con un joven secretario, un tal Griffith Salway, con quien compartió una serie de almuerzos comerciales. Salway se cruzó con Maduro en Whitechapel, la noche de la muerte de Emma Smith. Pocos días después, lo escuchó decir que todas las prostitutas debían morir.
Hasta ahí no pasaría de una sospecha, si no fuera por el descubrimiento que Salway hiciera poco antes del retorno de Maduro a Buenos Aires, tras frustrarse sus intenciones comerciales: hallazgo que Salway sólo confesaría en 1952, a su propia esposa, en el lecho de muerte.
Tras la muerte de Mary Kelly, Maduro preparó el regreso a Argentina, oportunidad en la que Salway lo ayudó a preparar las valijas. En esa tarea, descubrió que uno de los baúles de Maduro tenía un doble fondo, en el que halló un sobretodo gris, un sombrero flexible, un delantal manchado de sangre y un juego de bisturís. Salway se convenció que Alonzo Maduro era Jack el Destripador. La pista de Maduro se pierde ahí. Regresa a Buenos Aires y nada más se sabe. Bajarlía, conocedor de estos hechos, decidió ponerse a investigar.
Este fue el equipo policial que se usó en la década de 1880. La fotografía fue tomada en una exposición sobre Jack el Destripador en el Museo de Docklands, en Londres
En 1979, en otro artículo en la revista Magazine, detalla que la valija tenía una etiqueta con una dirección “Paseo de Julio (ilegible) Buenos Aires”. Bajarlía encontró testimonios de que un pintoresco personaje se paseaba entre los árboles de Paseo de Julio (hoy Leandro N. Alem), entre 1890 y 1910, vestido con las prendas descriptas por Salway.
Su nombre era Alfonso (y no Alonzo) y su apellido, tal vez, Maroni. En un artículo posterior publicado en el diario Clarín, de Buenos Aires, durante el año 1988, Bajarlía asegura que el asesino murió a los 75 años, en octubre de 1929, en una casa frente a la actual Plaza Roma.
Hay un dato adicional: en el libro “Jack, the Ripper” Daniel Farson cita una carta de un tal Barca, de Streatham, que asegura que, entre 1910 y 1920, había un pub en Buenos Aires, propiedad de Jack, el Destripador. El bar se llamaba “Sally’s Bar” y el historiador Enrique Mayochi le aseguró a Juan José Delaney que existía un bar con ese nombre, en la calle 25 de Mayo, muy frecuentado por miembros de la comunidad británica en Buenos Aires y por marineros de paso por la ciudad.
Si la pista de Alonzo Maduro se pierde en estos datos, más fructífera es la historia del húngaro Alois Szemeredy. Alois había estudiado cirugía en su juventud. Luego trabajó como médico militar, primero en Europa y luego en Argentina, a donde emigró en 1874. Dos años después vivía en el Hotel Provenza, ubicado en la Calle Cangallo (actual Perón) 33, hotel del que se fue, aduciendo que había sido víctima de un robo. Pasó a vivir a unas pocas cuadras de allí, en el Hotel Roma, en Cangallo 323.
En Londres, hay una gran variedad de tours dedicados a Jack, el Destripador
A las 9 de la noche del 25 de julio de 1876, Szmeredy se cruzó en la calle Corrientes con Karoline Metz, una joven de 20 años, a quien había conocido en el barco que lo trajo a Buenos Aires. Conversó con ella, en su alemán natal, y se fueron juntos, al cuarto de ella.
Poco después de las 10 de la noche, el novio de Karoline, Baptiste Castagnet corrió por la calle Corrientes, gritando “¡Asesino!”. La policía acudió al cuarto de la chica, en la misma calle Corrientes, y encontró su cadáver, sobre la cama, con la garganta cortada en el lado derecho.
También se halló un saco gris, un cuchillo en su funda, un sombrero de fieltro negro y, en el bolsillo del abrigo, un reloj de oro. El reloj sirvió para identificar al asesino: Alois Szmeredy. La noticia del crimen se publicó al día siguiente en The Standard, el diario en inglés de la comunidad británica.
La noticia agregaba que el asesino había sido atrapado por la policía argentina, al regresar semidesnudo a su hotel. Pero era una versión infundada. Szmeredy escapó y durante dos años no se supo nada más de él, hasta que fue extraditado de Brasil, al ser descubierto en una fiesta en Río de Janeiro. Llevado a juicio, en abril de 1879 se lo sentenció a muerte, por robo y asesinato. Todavía estaba vivo en septiembre de 1881, cuando solicitó un nuevo juicio, del que fue absuelto de todos los cargos, menos del robo del reloj. El tiempo que estuvo procesado le sirvió como compensación y fue liberado. Pese a que recibió ofertas laborales, Alois volvió a Budapest en marzo de 1882, donde fue detenido por desertor. Alegó locura y internaron en un asilo, del que salió para estar al cuidado de su familia. En 1886, el Dr. Gotthelf Meyer tuvo una entrevista con Alois, para obtener información sobre las condiciones legales en Sudamérica. Lo describió como un hombre de 45 años, alto y delgado, cabello castaño, grandes manos, ojos penetrantes y un poblado y “bello” mostacho.
Elizabeth Stride fue una de las víctimas de Jack el Destripador. Su tumba se encuentra en el cementerio de East London, en Plaistow, en el este de Londres
Conocemos el final de Alois Szmeredy. Fue detenido en Viena, el 1° de octubre de 1892, sospechoso de asesinato y robo. Varios testigos lo reconocieron por su mostacho y Alois confesó sus crímenes, antes de suicidarse, cuando su proceso judicial aún no había terminado. Que Alois Szmeredy era un asesino, no quedan dudas. Pero no hay ninguna prueba de que haya estado en Londres (o en Europa, siquiera) durante el otoño de 1888.
Una voltereta más. Eduardo Zinna propuso que Alois Szmeredy y Alonzo Maduro son, en realidad, una sola persona. Su argumento: ambos nombres suenan similares, sobre todo para un inglés con pobre conocimiento del castellano. Por lo que Salway pudo “traducir” el apellido Szmeredy como Maduro. Adam Wood pone en duda esta posibilidad, porque las descripciones físicas de ambos no coinciden, según los testimonios de aquellos testigos que los conocieron.

La última pista de Jack, el Destripador en Buenos Aires, viene de la declaración de un sacerdote irlandés, el Padre Alfred Mac Conastair, que ingresó a la congregación pasionista, tras exiliarse en Argentina a los 17 años. El padre Mac Conastair le contó al profesor universitario y escritor Juan José Delaney, en 1989, que guardaba el secreto de otro sacerdote de la congregación que, en los años 20, había sido capellán en el Hospital Británico.
Cumpliendo su sacerdocio, este capellán acudió junto al lecho de un enfermo terminal que, pese a ser de otra religión (¿protestante, tal vez?), pidió confesarse. El moribundo le reveló que él era Jack, el Destripador y era el autor de los asesinatos de las prostitutas que habían enfermado fatalmente a su hijo. Pocos días después, el Dr. Stanley falleció y fue enterrado en el Cementerio del Oeste, la actual Chacarita.
Esta historia trae reminiscencias de otra similar, contada por el periodista del Buenos Aires Herald, Leonard Matters, incluida en su libro “El misterio de Jack, el Destripador”, editado en 1929. Matters cuenta que un ex discípulo de un tal Dr. Stanley, fue convocado de urgencia al hospital, a la cama 58, donde se encontraba éste gravemente enfermo. El médico llegó a tiempo para que el Dr. Stanley confesara que él era Jack, el Destripador. Matters alude a otra fuente, Mr. North quien aseguró que cierto médico, cuya esposa e hijo habían muerto, era el asesino de Whitechapel.
Bajarlía estaba convencido que Jack había muerto en la Ciudad de Buenos Aires, a los 75 años, en un hotel de la calle Leandro N. Alem, frente a la plaza Mazzini, hoy Roma, una mañana lluviosa de octubre de 1929.
No podemos terminar este trabajo sin recordar que, en 1910, varios detectives de Scotland Yard – con autorización del gobierno argentino – llegaron a Buenos Aires con la finalidad de hallar rastros que les permitieran dar con el famoso asesino serial. Se fueron con las manos vacías.
El doctor Juan Jacobo Bajarlía junto a Antonio Las Heras, doctor en Psicología Social, historiador, escritor y autor de este artículo

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La panadería y pastelería de San Telmo, más barrial y menos turística, que los vecinos ayudaron a abrir: “Para quedarse traían sus sillas y mesas”
"En Obrador no se usa el abrelatas", dice su fundadora
Agustina Canaparo
Aprincipios del 2015 Carolina Serradilla, de 40 años, desempolvó varias recetas que tenía atesoradas en sus cuadernos y papeles con anotaciones (de puño y letra) y comenzó a elaborarlas en su hogar.  Algunos sabores le recordaron a su niñez en Río Negro y otros a distintos viajes. Cada vez que probaba un bocado de sus manjares, en su rostro se le dibujaba una sonrisa y la magia sucedía. Cuando jugaba con la harina, los huevos, la leche y el azúcar se sentía niña otra vez. Como sus creaciones la entusiasmaron, durante todo ese año recorrió provincias del país contactando tambos, huertas, granjas, molinos y chacras de frutales. Enseguida construyó lazos con productores orgánicos y descubrió un mundo nuevo repleto de aromas y texturas. “Esta experiencia puertas adentro fueron los cimientos de Obrador. Sabía que quería rescatar sabores y materias primas simples y nobles. Quería una cocina simple, honesta, que muestre lo que es y que respete los ingredientes”, cuenta Serradilla detrás del mostrador, repleto de todas las delicias que acaban de salir del horno, en su emprendimiento ubicado en el pintoresco barrio de San Telmo.
La fotografía de la abuela Lia, y el piso damero de Obrador
Un pueblo chacarero y una niñez entre la naturaleza
Caro nació y se crio en Río Colorado, un pueblito chacarero y ganadero del Valle de Río Negro, rodeada de naturaleza. Su hogar estaba repleto de frutales y un huerto, que junto a sus seres queridos se encargaban de cuidar como si fuera un tesoro. Su  familia era numerosa y siempre demostraron su cariño a través de la cocina. “Desde muy niña reconozco lo grandioso del sabor de la fruta madura recién cortada de un árbol. Recuerdo con felicidad la búsqueda de nueces en el piso después de un viento fuerte, y la larga espera para que sequen y luego poder comerlas. Me genera alegría recordar el olor en mis manos del tomate recién pelado para hacer salsa o el del dulce casero en la pequeñez de nuestra cocina familiar. O cuando cosechábamos espárragos a la orilla de las acequias. Junto a mi abuela disfrutaba mucho de la huerta, del nogal, la higuera, los frutales. Con ella tengo muchas tardes de té compartidas con budín de chocolate, nueces y ciruelas pasas”, recuerda risueña.
Un ambiente relajado, rodeado de calles de adoquines y casas bajas
En este hogar la comida casera era cosa seria
Todas las estaciones del año se juntaban tíos, abuelos, madre, primos y hermanos a realizar duraznos en almíbar, salsas de tomates, escabeches y dulces para aprovechar al máximo los productos de temporada. Para la jovencita era una verdadera fiesta.
El local se presenta encantador y sin prisas
“En mi familia la comida siempre fue una celebración”, confiesa ¿Y cómo surgió tu pasión por la cocina? “Esta pregunta me la hice muchas veces y me llevó tiempo responderla. No sabía bien cómo, ni cuándo ni dónde había surgido este amor. Recién cuando abrí Obrador lo entendí. Toda la vida estuvo conmigo. Cuando pienso en comida, en cocinar y en cosechar, mi día se transforma”, remarca, quien previo a abrir su negocio estudió fotografía, pastelería y la carrera de Artes Musicales en la UBA. Incluso montó su propio laboratorio de fotografía. En paralelo cocinaba a puertas cerradas en su hogar y trabajaba en diversas ferias gastronómicas (una de ellas se realizaba en San Telmo). “En el año 2015, en el pasaje Giuffra, puse mi primer puesto: con un mantel blanco, una torre de cannoli, unos bomboloni con natilla y  una torta de chocolate amargo. La gente se interesaba por mis platos, preguntaba cómo estaban hechos y de dónde venía. Ahí supe que San Telmo sería el lugar para mi pastelería/panadería. El barrio con sus adoquines, sus caserones antiguos, sus calles bajando como ríos hacia paseo Colón, su candombe dominguero y su gente me habían enamorado”, confiesa.
Los famosos cannoli que realizan en el campi
Su primera pastelería
Rápidamente comenzó a hacerse conocida en la zona: varios parroquianos se acercaban al puesto a compartirle recetas, intercambiar ideas y contarle sus preferencias. Años más tarde, motivada y convencida por los vecinos comenzó a materializar el sueño de abrir su propio espacio. En 2018 alquiló un local, con piso damero, en la calle Chile 524 y el 5 de abril de ese año finalmente abrió su primera pastelería. La llamó “Obrador de panes & galletas” y el nombre tiene un significado especial. “Buscaba una palabra fuerte, que marque la identidad del lugar. Que nos remitiera a aquello que quería crear en mi cocina. Quería también que tuviera una linda sonoridad. Que sea fácil de recordar y potente. El Obrador es el lugar/taller donde las cosas se hacen de manera artesanal. Puede tener lugar en el arte, en la construcción y en la panadería. Además puede referirse también al hacer, al obrar. Es ese lugar donde se crea”, relata. Un día se las presentó en sociedad a sus amigos. Sonaba bella y fuerte. Encajaba perfecto con la filosofía de la casa.
“Mas barrial y menos turístico”
La vidriera Obrador
“Obrador” está ubicado en una callecita poco transitada de San Telmo. Según Caro esto le da aún un “espíritu más barrial y menos turístico” que le fascina. “Es una calle hermosa de adoquines que aún conserva los rieles del tranvía. Me gusta ir a Plaza de Mayo, bajar caminando por Bolívar y llegar hasta Obrador. Es un paseo hermoso”, cuenta.  Desde el primer día los vecinos la ayudaron con la apertura del sitio: desde decorar el salón con jarrones con flores, limpiar hasta a recibir a los nuevos comensales. “Cuando abrí tenía muy pocos recursos económicos. Entonces puse un mostrador (que era un banco de trabajo de carpintero), una pizarra, un par de mesas y sillas. La idea era cocinar, poner en el mostrador y que la gente comprara lo que se había horneado en el día. Como los clientes tenían ganas de quedarse porque les parecía hermoso el lugar, la música y se sentían a gusto. Empezaron a traer sus propias mesas y sillas. Algunas aún están en el local”, relata. La vajilla la consiguió en remates y mercados de Pulgas. También algunos vecinos le alcanzaron platos, copas y cubiertos antiguos de su familia. “Me encanta resignificar y darle sentido nuevamente a todo aquello que alguna vez fue parte de la vida cotidiana de una época. Creo que de manera inconsciente está inspirada en la casa de mi abuela, en el campo. Fui armando los espacios casi dejándome llevar por mis sentimientos de hogar. Imaginé una burbuja dentro de la ciudad. La vidriera principal que no se abre me generaba esa sensación de burbuja. Me aislaba de ruidos y del trajín diario. La gente siente que el tiempo se detuvo y puedo pasar largas horas leyendo o escribiendo en el interior del local”, agrega.
El gran protagonista: el mostrador con lo horneado del día
Desde la apertura el gran protagonista de la casa es el mostrador repleto de productos artesanales que se hornearon en el día. Aquí no hay una carta fija, reina la creatividad de los pasteleros que a diario sorprenden con nuevas tentaciones. “Quería esa libertad para crear. Vemos qué ingredientes tenemos, qué frutas están más ricas y cocinamos. Hay clásicos que están siempre porque la gente los pide cada día y otros que vamos variando. Como explica Caro en Obrador no existe un abrelatas. Todo se elabora casero. Para esto es fundamental la buena materia prima. “Un buen chocolate, una manteca natural y huevos de campo hacen la gran diferencia. Con lo que pudimos encontrar, cosechar, con lo que está lindo de temporada. Siempre pensamos todo con frutas, debe ser por mi origen rionegrino. Nos gusta la fruta en su estado más puro. Sentimos que cocinamos para amigos cada día”, dice, quien selecciona meticulosamente a cada uno de sus productores. Utilizan una manteca de Lobos, provincia de Buenos Aires, quesos de cabra de una granja de Mercedes, harina de un molino  de Carlos Keen, huevos de campo, chocolate amargo y vinos biodinámicos. A diario elaboran dulces, ricotas, embutidos, encurtidos, fermentos, panes, hojaldres y pastelería.
La vajilla antigua para servir las confituras
Carolina ama los clásicos recién horneados
En Obrador aseguran que los realizan “más reales y menos artificiales”. La pasta frola, una de las vedettes del mostrador, la elaboran con una receta tradicional de Doña Petrona, pero en lugar de abrir un frasco de dulce, preparan un dulce con ciruelas ácidas que traen del campo o con membrillos que se dejan ver en trozos.
Los panes de Obrador
Otro ícono es el Rogel con compota de frambuesas y dulce de leche con Gin o la famosa torta de ricota, inspirada en la abuela Lía (de ahí su nombre). “Tiene el sabor de su cocina. Para hacer la masa usamos harina de centeno (que es más amable con el cuerpo); hacemos la ricota casera para el relleno y arriba le ponemos mandarinas y quinotos en almíbar”, detalla. De su madre Nidia replica varias de las conservas y la famosa torta Cumpleaños 1984. Un clásico bizcochuelo que preparaba para los cumples  con dulce de leche, duraznos en almíbar (de esos que habían hecho en el verano), crema y merengues caseros.
Tortas caseras con mucha fruta detrás de los clásicos panes del lugar
En la lista de imperdibles están  la torta de queso y jengibre (con base de galletas y cítricos);la torta de chocolate amargo sin harina con peras en almíbar y la pavlova con frutas de estación. También hay gran variedad de galletas como las de nuez sin harina y panes de masa madre. En cuanto a la propuesta salada, hay sándwiches según el día. Desde uno con focaccia y mortadela casera; otro de bondiola madurada; pollo de campo y pastrón con kimchi. Además, de huevos revueltos con hongos y tomates y hasta una galleta mantecada de queso. De vez en cuando sorprende con algunos especiales de campo. Cocina algunos productos en un campito de Zapiola, partido de Lobos y luego lleva la producción al local para que todos puedan disfrutarlos. Un clásico con un sabor inigualable son los cannoli rellenos de crema de ricota, chocolate picado y naranjas, cocidos al fuego.
La pasta frola de la casa y Malevo, el perrito del local
A Caro le genera mucha felicidad cuando algún cliente se emocionan con un solo bocado al recordar a su madre, tía o abuela. “Esas cosas son las más gratificantes. Confirman que tiene sentido Obrador tal como lo pensé”. Para ella cada día en la cocina es un nuevo desafío, lo define como una función de teatro. “En cada jornada se abre el telón y tienen que pasar ciertas cosas: desde la música, los platos, el ritmo de trabajo, los actores tienen que estar presentes dando lo mejor. Si una pata falla la obra no es la misma”, admite, quien sueña con abrir otro local en algún barrio porteño.
El sol se filtra por la ventana e ilumina los productos artesanales
El sol invernal se cuela por el ventanal, ilumina el escaparate repleto de delicias: croissants, pasta frola, masas hojaldradas y la torta de ricota de la abuela. En un rinconcito del salón, hay una bella fotografía (en blanco y negro) de Lía, cuando apenas tenía 26 años. “La tomó mi abuelo”, remata Carolina, quien hoy en día custodia muchas de sus recetas

Chile 524,Cdad. Autónoma de Buenos Aires
Teléfono: 011 5942-0755

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Moto G85 5G: así es el smartphone de gama media con alma premium de Motorola


Moto G85 5G: así es el smartphone de gama media con alma premium de Motorola
El nuevo celular compite con Samsung y Xiaomi en la gama media, pero con prestaciones de teléfonos más avanzados
Así es el nuevo smartphone Moto G85 5G
Motorola anunció para la Argentina un nuevo integrante de su longeva familia Moto G: el Moto G85 5G, sucesor del Moto G84 que presentaron a fin del año pasado, y que trae como característica principal una nueva pantalla sin bordes de 6,7 pulgadas, y parlantes estéreo compatibles con Dolby Atmos.
Tiene un precio de 699.999 pesos, está disponible hasta en seis cuotas sin interés y viene a competir con los Galaxy A35 de Samsung y los Redmi Note 13 de Xiaomi que llegaron hace poco al mercado argentino.

Así es el nuevo smartphone Moto G85 5G
El equipo, además, tiene una cámara principal de 50 megapixeles con estabilización óptica de imágenes, pixel binning (usa cuatro pixeles del sensor, fabricado por Sony, por cada pixel de la imagen resultante para mejorar la calidad) y está acompañada por un gran angular de 8 megapixeles, que también sirve de lente macro. La cámara frontal para selfies es de 32 megapixeles.
El equipo tiene un chip Snapdragon 6s Gen 3 y 8 GB de RAM, que se pueden duplicar con RAM Boost, una función que toma hasta 8 GB de los 256 GB de almacenamiento para usarlos como memoria intermedia y acelerar el sistema. También tiene, como indica su nombre, compatibilidad con redes 5G, además de Wi-Fi, GPS, Bluetooth y NFC.
Así es el nuevo smartphone Moto G85 5G
La pantalla pOLED de 6,7 pulgadas llega a 120 Hz de tasa de refresco para mejorar la fluidez de los movimientos en juegos, videos y animaciones.
El Moto G85 5G tiene, además, una batería de 5000 mAh con carga rápida de 30 watts; el cargador de 33 watts viene en la caja junto a la funda protectora. Está disponible en tres colores (verde, azul y gris).

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EL TANGO TE ESPERA, LOS JUEVES EN SAN TELMO


Miguel Angel Veron


Milongas, Clases y prácticas de Tango en Buenos Aires ·
Unirte
Jueves cocha
El tango es ir
Los jueves de Ana Postigo.
Cochabamba 444, corazón de San Telmo.
Club  Social  y Deportivo. Gral. Belgrano.


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“Esto no es un viaje, sino una filosofía de vida”...Como Mancha y Gato: un joven busca cumplir su sueño de unir Buenos Aires con Nueva York a caballo


Como Mancha y Gato: un joven busca cumplir su sueño de unir Buenos Aires con Nueva York a caballo
Con tres criollos, el Metemiedo, el Carozo y el Moro, Álvaro Biderman partió del partido bonaerense de Pilar rumbo a esa ciudad norteamericana
Mariana Reinke
El joven, de 24 años, partió el 4 de agosto del partido bonaerense de Pilar rumbo a Nueva York
Con el mismo sueño del suizo Aimé Félix Tschiffely, cuando en 1925 salió de la Sociedad Rural Argentina (SRA) con Mancha y Gato, casi un siglo después, el 4 de agosto pasado, Álvaro Biderman partió del partido bonaerense de Pilar rumbo a Nueva York, con tres caballos criollos, el Metemiedo, el Carozo y el Moro, y así cumplir el anhelo de su vida.
Con una historia familiar totalmente ajena a la vida de campo, en Pilar, desde corta edad el espíritu del pequeño Álvaro daba fogonazos de amor hacia los caballos. Podía ser que algo de una vida pasada y desconocida volvía a él hecho jinete.
“Me recuerdo jugando arriba del apoyabrazos del sillón del living de la casa de mis padres, al que le ponía una matra y, con el palo de hockey de mi hermana como escopeta, me imaginaba que andaba por el mundo cabalgando y salvando gente. Era tan apasionado que me pasaba todo el día viendo videos de caballos”, cuenta 
Tan grande era su entusiasmo que su padre en los tiempos libres lo llevaba a equitación y a escuelas de polo de la zona para que despunte el vicio. Cuando llegó el momento de ir a la universidad, su única certeza era que amaba profundamente los caballos. Fue entonces que le comunicó a sus padres que no iba a estudiar, pero buscaría trabajo en algún campo para aprender sobre los quehaceres equinos. Llamó a muchos, ofreciéndose como peón rural, pero todos le manifestaban que estaba loco, hasta que un criador de caballos criollos le dijo que lo esperaba en su cabaña en Chascomús y hacía allí fue.
“En esos 11 meses en la cabaña aprendí una pila de cosas, pero lo más importante es que reafirmé mi pasión por los caballos", dice Álvaro Biderman
“En esos 11 meses en la cabaña aprendí una pila de cosas, pero lo más importante es que reafirmé mi pasión por los caballos. Fue la primera vez en mi corta vida que, trabajando entre caballos, empecé a sentir sensaciones de plenitud. Laburaba hasta el cansancio pero al terminar la jornada me iba a dormir con una sonrisa, creyendo que todo tenía sentido”, describe.
Después de esa experiencia en el campo, para Biderman, inconscientemente, lo único que quería para su vida era volver a encontrar esa felicidad: “Esa era mi motivación, quería descubrir y hallar las mismas sensaciones que tuve en la cabaña San Arsenio de los Ballester”.
Sin embargo, con el estigma social de que si uno no tiene título universitario no hay futuro, tuvo un paso fugaz por la Facultad de Agronomía de Luján y por la Universidad de Belgrano. También pasó un tiempo en una inmobiliaria en Capital Federal. En ese época, la lectura de libros de autoayuda lo llevaron a reflexionar sobre la búsqueda de su camino.
Un criador de Pedro Luro, otro de Tapalqué y el último de Azul fueron los que gentilmente le prestaron los caballos, con el compromiso de que sean devueltos a su regreso
“Entendí que lo importante en la vida era adquirir conocimientos y que la universidad era un camino, pero había un montón de otros que me podían acercar a esa integridad que como persona buscaba”, detalla.
A los 22 y pese a ganar mucho dinero vendiendo propiedades, en ese explorar hacia adentro y afuera, un día dejó todo y se fue a la playa a vivir: “Con mi corta edad, me di cuenta que la plata no hace la felicidad y me fui a Chapadmalal”.
Con el correr de los días, allí entendió que se quería al lado de los caballos y que en todo ese tiempo los mantuvo bloqueados por el deber de ser. Sintió que era hora de cumplir ese sueño que tuvo desde chico: hacer un viaje por el mundo a caballo. Y se puso firme para concretarlo. “Una noche vino a mí esa imagen de cuando era chico y jugaba que cabalgaba por el mundo, ayudando a la gente, conociendo los misterios de los países y de las personas y fue un clic para mí”, relata.
Con el mismo recorrido que Tschiffely, el joven realiza en promedio 30 kilómetros por día y va parando donde ve una tranquera abierta y gente de campo bien predispuesta a alojarlo
De ahí en más, no pasó un día que no se acostara imaginando ese momento: “Era el llamado de mi vida y empecé a programar para hacerlo realidad: el mismo viaje a Nueva York que Mancha y Gato. Convertí mi vida en eso que tanto soñé de niño”. Se volvió de la playa y en ocho meses organizó el tan ansiado viaje: buscar caballos, equipamiento y conseguir dinero para estar listo el domingo 4 de agosto.
Un criador de Pedro Luro, otro de Tapalqué y el último de Azul fueron los que gentilmente le prestaron los caballos, con el compromiso de que sean devueltos a su regreso. Con el mismo recorrido que Tschiffely, el joven realiza en promedio 30 kilómetros por día y va parando donde ve una tranquera abierta y gente de campo bien predispuesta a alojarlo.
Con el mismo recorrido que Tschiffely, el joven realiza en promedio 30 kilómetros por día y va parando donde ve una tranquera abierta y gente de campo bien predispuesta a alojarlo
Si bien no es el dueño, con estos caballos, un zaino, un moro y un gateado que se convirtieron en sus compañeros de ruta, ya ha generado un vínculo inquebrantable. “Lo único que me importa es que mis caballos tengan las mejores condiciones, que todas las noches tengan un buen lugar para descansar. Tenemos una relación especial que si les pasa algo me largo a llorar. Son el gran ejemplo de cómo quiero vivir”, dice.
Si bien no es el dueño, con estos caballos, un zaino, un moro y un gateado que se convirtieron sus compañeros de ruta, ya ha generado un vínculo inquebrantable
“No planifico dónde dormir; donde encuentro luz, me mando y pido alojamiento para mi y para mis tres compañeros. La gente está feliz de recibirme cuando les cuento mi historia. Siempre el kilómetro 22 es una distancia razonable para ir buscando alojamiento. Mi maleta tiene lo básico e indispensable: una muda de ropas, frutos secos, bolsa de dormir, un calentador para cocinar y no mucho más. El 80% de mi equipamiento es para los caballos: un kit veterinario, herraduras, herramientas par herrar”, agrega.
Lo que más le impresiona a Biderman es la repercusión que tiene su travesía en las redes sociales: “Es una cosa impresionante, la gente me escribe que me quiere recibir, que cuándo voy a pasar por tal lugar y esas cosas”.
Lo que más le impresiona a Biderman es la repercusión que tiene su travesía en las redes sociales
El viaje no tiene fecha ni tiempo de llegada, es lo que le depara el destino en cada lugar al que llega. “Esto no es un viaje, sino una filosofía de vida”, finaliza.

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