martes, 14 de mayo de 2024

GASTO Y PENSAMIENTO


¿Armas o comida?
Moisés Naím
El año pasado, el gasto militar del mundo aumentó casi 7%. Fue el mayor crecimiento que ese rubro ha tenido desde 2008. En su conjunto, en 2023 los gobiernos gastaron más de $2,4 billones en personal, equipos y armas: es decir, 2,4 millones de millones de dólares. Es mucho el bien que se podría hacer con este dinero. Los países del mundo dedican 9 veces más a gastos militares de lo que se dedica a erradicar el hambre, por ejemplo. De hecho, el gasto militar en el nivel global se acerca a los 3 billones de dólares, el monto que las Naciones Unidas estiman sería necesario para alcanzar todas las “Metas de desarrollo sostenible”. Dichas metas incluyen, entre otras, la erradicación del hambre, la provisión de servicios de salud, educación, vivienda, y energía eléctrica a todos los habitantes del mundo en desarrollo. Todo eso se podría lograr…pero no se logra, porque en vez de invertirlos en el bienestar humano, esos recursos están siendo utilizados por los gobiernos para armar sus países hasta los dientes.
Muy atrás ha quedado la esperanza del bienestar que traería el “dividendo de la paz” producido por el fin de la Guerra Fría en la década de los 90. Con el colapso de la Unión Soviética, ya no sería necesario gastar tanto en armas y ese dinero se podría redirigir a mejorar las condiciones de quienes menos tienen. Lamentablemente, esta esperanza duró poco. Tras la gravísima invasión rusa a Ucrania y ante una China recalcitrante e irredentista, los principales gobiernos del mundo van transitando el camino contrario, moviendo hacia gastos de guerra recursos que hubiesen servido para mejorar la vida de centenares de millones de personas.
Es una tendencia global. Según los investigadores del Stockholm International Peace Research Institute, cada una de las 10 mayores potencias del mundo aumentó significativamente su gasto militar en 2023. Rusia aumentó su gasto en un 24% llevándolo a un monto que es 13 veces mayor que el presupuesto del Programa Mundial de Alimentación de la ONU, que socorre a las poblaciones al borde de la hambruna. Ucrania aumentó su gasto en un 51% alcanzando los $65 mil millones, 3 veces más que el presupuesto de Unicef para atender a los niños más desprovistos del planeta.
Que estos países en guerra aumenten agresivamente su gasto militar no es una sorpresa. Lo que sorprende es que el conflicto entre Rusia y Ucrania haya tenido gravísimas consecuencias globales. Estados Unidos también aumentó su gasto hasta la impensable suma de $916 mil millones de dólares, el 38% del gasto militar del mundo entero. El gasto militar de China es mucho menor que el estadounidense, pero aun así es 70 veces la suma que gasta el mundo en combatir la malaria. Pero los analistas advierten que los costos en China son mucho menores que en EEUU, por lo que esa suma le rinde más a Pekín de lo que rendiría en EE.UU. Además, China está aumentando su gasto bélico más rápido que el Pentágono: 6% al año en EE.UU., comparado con 2.4% en China. La brecha militar entre las dos principales potencias se estrecha año tras año, y nadie sabe muy bien lo que pasará el día que se termine de cerrar.
Muchos argumentan que esta carrera armamentista se hizo inevitable el día que Vladimir Putin decidió desestabilizar a Europa invadiendo a Ucrania. El presidente francés, Emmanuel Macron, defiende a capa y espada su tesis de que, ante la amenaza rusa, Europa no puede seguir dejando su seguridad en manos de un Washington cada vez más volcado hacia el Pacífico como respuesta a los fuertes apetitos geopolíticos de China.
También las potencias militares más modestas han venido aumentando el gasto militar. España, por ejemplo, vio su gasto militar crecer en $2 mil millones en el último año, una suma parecida a la que ha prometido el mundo entero para aliviar la crisis humanitaria causada por la Guerra Civil en Sudán. Hasta los países obligados al pacifismo por haber perdido la última Guerra Mundial, hoy se preparan activamente para un posible conflicto armado. Japón está aumentando aceleradamente su presupuesto militar y se estima que en 2027 será la tercera potencia militar del planeta. Alemania le ha dado un giro de 180 grados a su política militar y está comprando una costosísima flota de cazabombarderos F35.
Que en un mundo más peligroso los gobiernos sientan una fuerte presión a armarse es natural, pero no por eso deja de ser una tragedia. Una de las razones del extraordinario desempeño económico y social de Japón y Alemania después de 1945 es que a esos países les fue prohibido dedicar recursos a sus fuerzas armadas. Eso hizo que los recursos fuesen usados para fortalecer su economía y su sociedad.
Sea necesaria o no, esta carrera armamentista nos empobrece a todos.

@moisesnaim

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La Argentina, Ortega y la odisea educativa
Pablo De San Román Doctor en Ciencia Política; director del Centro de Estudios de Gobierno de la Universidad Católica Argentina, Campus del Rosario

Hace unos días me tocó inaugurar una jornada destinada a revisar el pensamiento de José Ortega y Gasset y reflexionar sobre qué aspectos de su obra serían útiles para comprender la Argentina actual. Ortega no solo escribió por vocación, sino también por compromiso. Compromiso hacia su tiempo y hacia la realidad política española. La España de Ortega –de principios del siglo XX– no se parecía mucho a la Argentina actual, pero compartía un rasgo que el filósofo destacó enjundiosamente: su país no tendría futuro sin una verdadera revolución pedagógica. Una revolución que pusiese a los españoles a la “altura de los tiempos” y permitiese incorporarlos al progreso, los avances científicos y la modernidad.
No habría país posible, decía Ortega, si no había una sociedad educada para esos desafíos. Si España no lograba transformar sus condiciones culturales y conseguía “vertebrarse”. Hoy, el llamado de Ortega adquiere para la Argentina una vigencia fundamental. Una prioridad esencial frente al desafío de preparar a los niños, los jóvenes y los adultos para una economía diferente, abierta y extremadamente intensiva en conocimientos.
En la Argentina actual, el 43,7% de los niños viven en hogares con clima educativo bajo –refractarios a la educación–, el 41,9 realiza al menos una actividad productiva –trabajan en horario escolar o lo hacen paralelamente– y el 58% carece de las condiciones ambientales básicas. El último estudio del Sistema Cultural Argentino, del Ministerio de Educación de la Nación, indica que el 60% de los niños y adolescentes carecen de libros en sus hogares, y solo el 40% de los hogares argentinos registra presencia de libros o bibliotecas disponibles para la lectura.
Esto lleva al dilema de los recursos. A qué significa ser ricos. De nada servirán los recursos latentes de nuestro país si no los transformamos en energía. De nada servirán los materiales crudos –e inmensamente demandados en el mundo– si no los convertimos en valor. La riqueza de un país se queda donde está si no nos preparamos para transformarla. Esto fue lo que aprendió Ortega de sus viajes a la Alemania de la época. Esto fue lo que intentó transmitir a su España invertebrada. Hubo que esperar más de sesenta años para que esos frutos pudiesen observarse en el desarrollo de la España actual.
Desde el punto de vista filosófico, tres aspectos llaman la atención del pensamiento de Ortega: la convicción de que no hay logros sin sacrificios, la convicción de que esos sacrificios son esencialmente individuales y la certeza de que las sociedades no tienen futuro sin técnica y sin ciencia. Ortega no regañaba a los argentinos cuando nos decía que “fuésemos a las cosas”. No nos estaba amedrentando cuando nos llamaba a buscar nuestros propios caminos. Lo que nos estaba diciendo era que asumiésemos la tarea de prepararnos, de formar nuestra identidad, y que no dudásemos en “poner en juego” esas características para buscar el desarrollo.
Hoy, casi cien años después, estas consideraciones adquieren una especial vigencia. Vuelven a convocarnos para pensar, para reflexionar, y para conseguir que, en los tiempos que sobrevienen, podamos enfocar los temas importantes y no turbarnos en la demagogia.
Prepararnos para el desarrollo no es sólo crecer. No es solo obtener fiscalidad. Es hacer que ese crecimiento empalme con la proliferación de la ciencia, con la educación y el fomento, por todos los medios posibles, del conocimiento como forma de cambio.

http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA

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