sábado, 11 de mayo de 2024

PARO PARA JODER A LA GENTE


Comercios abiertos y un escaso clima de protestas en la calle
Muchos empleados buscaron alternativas para llegar al trabajo
Laura Ponasso y Luján Berardi
Supermercados, farmacias, almacenes, cafeterías y tiendas de ropa, entre tantos otros locales, levantaron ayer las persianas, con la esperanza de que las ventas no siguieran en picada. Así, tal como pudo comprobar en recorridas por barrios de la Capital y el conurbano, grandes cadenas y pequeños comerciantes le dieron forma a un escenario que distó por mucho de lo que tradicionalmente muestra un paro general de la CGT.
“Acá trabajamos con normalidad. Hay mucha menos gente de lo habitual, en la calle y en el local, pero muchísimos más pedidos de delivery. Yo vine con auto, porque vivo a pocas cuadras, y mis compañeras llegaron con remises que pagó la empresa”, afirmó la encargada de una cafetería en la avenida Triunvirato, en Parque Chas.
En Villa Urquiza, el impacto del paro se sintió con mayor crudeza, especialmente cerca de las estaciones de trenes y del subte. “Trabajamos con normalidad. Yo soy empleado y vivo a unas cuadras. Hay un poco menos de gente de lo habitual, pero hay. Los proveedores no entregaron mercadería, pero estamos haciendo unos arreglos de pintura en el local y las personas de mantenimiento sí vinieron”, indicó el empleado de un comercio chino.
“Abro a las siete de la mañana por el colegio que está al lado, pero hoy está todo medio parado. Abrí porque soy el dueño y necesito juntar plata para pagar las deudas. La luz llegó bastante cara y tengo que pagar alquiler”, explicó el dueño de un kiosco sobre Monroe.
En la zona comercial de Belgrano, donde confluyen diferentes líneas de colectivo, la estación del ferrocarril Mitre y el subte D, se notó la baja en el tránsito. “Parece un domingo”, indicó uno de los empleados de una cadena de kioscos en Cabildo y Juramento. Uno de ellos llegó en bicicleta desde Floresta y otro, en el colectivo 108 desde Retiro, sin problemas.
Alrededor de Primera Junta, en Caballito, ninguna de las cinco grandes farmacias se tomó una pausa. “Hoy venimos casi todos; los que vivimos cerca, caminando, y algunos, en remises a cargo de la empresa”, aseguró la farmacéutica de uno de estos puntos de venta.
El microcentro porteño fue otro termómetro del paro. “Muchos locales no abrieron porque la gente vive lejos. Yo abrí porque vivo cerca y porque tengo que comer, mantener a mis hijos y pagar cuentas”, explicó el dueño de un puesto de diarios sobre la calle Florida, a metros de la avenida Corrientes.
“Nosotros abrimos como todos los días. Los proveedores nos entregaron la mercadería programada y no notamos diferencias en las ventas, solo que algunos clientes habituales trabajan desde sus casas y aprovecharon para hacer las compras temprano”, afirmó el dueño de un almacén en Villa Pueyrredón.
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“Es un día normal; no me conviene quedarme en mi casa”
Historias de empleados que no adhirieron al paro y cumplieron sus tareasLucila Marin
La adhesión no fue total. Si bien en el centro porteño fue notorio el cierre de los locales comerciales, en distintos barrios hubo actividad comercial, de carnicerías a farmacias. Un ejemplo claro se corroboró sobre Juramento, entre Libertador y Montañeses, en Belgrano: solo dos negocios con persianas bajas delataban que ayer era el segundo paro general de la CGT contra la gestión de Javier Milei. Allí, como en otros rincones porteños, muchos dueños decidieron abrir y organizar el traslado de sus empleados. También trabajadores independientes, como remiseros y taxistas, emprendieron el día laboral como habitualmente.
Marcela Castro, 45 años, empleada de un comercio explicó: “Siempre vengo los paros y siempre pasa esto. Después del mediodía, hay más movimiento de gente”. Hace 17 que trabaja en la mercería y lencería Graciela, que queda frente a su casa.
Al lado hay una barbería. “El local tiene que estar abierto sí o sí”, dijo Tomás Morell, de 20 años. Hace dos meses que trabaja en una de las siete sucursales que tiene esta cadena. Ayer era el único empleado. Vive en Vicente López y le pagaron el viaje para ir y volver. “Es un día normal para nosotros. No me conviene quedarme en mi casa. El otro paro vine a trabajar yo solo. A mí me lo pagan, a los que viven lejos les dijeron que no vengan. Mi compañero vive en Claypole, quiere trabajar, pero por los paros que hacen no puede y si no viene, no le pagan”, relató.
Miguel, de 35 años, trabaja hace dos meses en una sucursal de la cadena de carnicerías RES que está en la misma cuadra. Generalmente toma un tren y un colectivo para llegar, y demora una hora desde Caseros. Ayer usó Cabify. “Nos pagan el viaje, hay que venir. Como un compañero vive en José León Suárez le dijeron que no venga”, comentó.
Hace 18 años que Norberto Ribera, de 39, es remisero: “Siempre tuve la suerte de laburar para empresas”. “En otros paros ha pasado que te afectan las marchas y los cortes. Hoy [por ayer] nada, igual se nota porque no hay casi colectivos”, dijo.
Laura suele ir a trabajar en colectivo, pero por el paro tuvo que pedir un auto a través de Didi. “A mí no me lo pagaron”, sostuvo la joven, que vive en Barracas.
El local de McDonald’s en el corazón del microcentro porteño, sobre Florida, entre Sarmiento y Perón, estaba ayer por la mañana completamente vacío. Suelen abrir a las 5, pero ayer lo hicieron a las 8. Ella se ocupa de servir café. Al lado está su compañera Dei. “Me pagaron el Cabify porque vivo en Wilde, ella está más cerca. Pero cuando llegué mi gerenta me dijo que mi colectivo estaba funcionando. Así que quizás la vuelta sea en colectivo”, afirmó.
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Las apps de movilidad, ganadoras en un día sin transporte
La demanda subió el 100% en relación con una jornada habitual
Mauricio Giambartolomei
El paro general tuvo ganadores y perdedores. Dentro del primer grupo, tres empresas de movilidad se vieron beneficiadas por la falta de transporte público y tuvieron un aumento de la demanda de viajes de hasta un 100% de la actividad que registran en un día habitual. Fueron las plataformas que arribaron a la ciudad y al conurbano con la amenaza de convertirse en fuertes competidores del transporte convencional.
Ayer, Uber, Cabify y DiDi se frotaron las manos. Las tres plataformas pusieron todos sus productos a disposición del usuario y aplicaron una serie de incentivos y premios a sus conductores. Las aplicaciones ofrecieron a sus choferes mapas de tarifa dinámica y de demanda para indicarles cuáles eran las zonas donde aparecían las necesidades de viajes
DiDi, la última de las aplicaciones en arribar al país, vigente desde 2020, experimenta un alza superior al 100% cuando hay paro de actividades como sucedió ayer.
“Durante el último paro de transporte, del 11 de abril pasado, entre las 7 y las 8 registramos que la demanda de viajes aumentó más de un 80% en comparación al día anterior y hasta un 100% en comparación al jueves de la semana previa. Luego de las 8 la demanda continuó en alza con incrementos de más del 100% si se lo compara con el día anterior”, explicaron desde la empresa los cambios que hubo en los servicios DiDi Express, DiDi Taxi y DiDi Moto.
El año pasado la plataforma tuvo un aumento del 40% de conductores registrados que eligen, mayoritariamente, la mañana y la tarde para salir a trabajar, los momentos del día cuando se produce la demanda pico. La empresa detectó que la cantidad de viajes que se hicieron por semana a lo largo de ese año crecieron hasta un 50%.
En Cabify trabajan unos 35.000 conductores, aunque no todos registrados en el área metropolitana, sino también en Córdoba y Rosario, con servicios que cuentan con vehículos privados, corporativos y logísticas, incluidas motos y vans, todos operativos ayer. “En acontecimientos de esta índole la demanda puede incrementarse hasta un 35% y en momentos de mayor pico llegamos al 40%”, contaron desde la empresa.
Ayer, Uber no compartió la información sobre cómo varía la cantidad de viajes y solicitudes, aunque la lógica indica que debería haber un aumento por ser la primera de las aplicaciones que desembarcó en el país y con una gran penetración en el mercado de la movilidad. “Los precios de referencia que puede ver cada usuario antes de confirmar el viaje se calculan teniendo en cuenta múltiples factores. Tiempo, distancia, volumen de tráfico, demanda y cantidad de conductores disponibles, entre otros”, dijeron en Uber.

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Paro general | Volver a casa, la otra odisea que deja la medida de la CGT
Quienes lograron llegar a sus puestos de trabajo esta mañana, tuvieron dificultades para regresar a sus hogares; solo algunas de líneas de colectivos funcionan
Erica Gonçalves

Una postal inusual en la estación Constitución
Miles de personas quedaron cautivas de la segunda huelga general que la Confederación General del Trabajo (CGT) organizó en protesta a las medidas de la presidencia de Javier Milei y en rechazo de la Ley Bases. Ferroviarios, metrodelegados del subte, peones de taxis, bancarios y los cinco gremios aeronáuticos adhirieron al paro. De las empresas de colectivos del área metropolitana de Buenos Aires (AMBA), el grupo DOTA fue una de las pocas que no interrumpió su actividad. Muchos trabajadores, como pudieron, asistieron a sus lugares de trabajo, a pesar de que sabían que el regreso no sería fácil.
La adhesión de los gremios fue casi total, algo que condiciona el normal funcionamiento de actividades. El Estado, que aporta subsidios para el funcionamiento en el AMBA, desplegó un operativo de inspectores de la Comisión Nacional de Regulación del Transporte para verificar qué empresas están prestando servicios.
Alrededor de las 16.30, no se veían colectivos en la intersección de las avenidas Sarmiento y Del Libertador, en Palermo. Tampoco circulaban en esa zona entre los autos particulares y los taxis.
Aunque más adelante, cerca de avenida Santa Fe, se veía, por momentos, algunas unidades de las líneas 106, 101, 132 y el 168, el caudal era considerablemente bajo. Así y todo, sobre la avenida Pueyrredón, entre Recoleta y Once, los locales comerciales permanecían abiertos. Esta postal contrastaba con la estación Once de la línea Sarmiento, que tenía las persianas bajas.
“No sé qué van a hacer mis compañeros que no tuvieron forma de llegar”, dijo Ana Díaz, empleada de limpieza, mientras esperaba en la Plaza Miserere el colectivo 31 que la acercará a Lanús. Y agregó: “La empresa no dijo nada”. Para Javier Krevzihr, su colega, era claro: “Seguro les van a descontar el día. Nosotros tuvimos suerte que ni este ni el 9 pararon hoy”.
Lidia Carrere es acompañante terapéutica y esperaba el 57 que la llevaría a su casa en General Rodríguez. Se acababa de bajar de un taxi que tomó cerca de su trabajo. “En Palermo hay cero colectivos, tanto para ir como para volver. Hasta acá tuve que pagar $3600. Obvio lo tengo que pagar yo; si no llego no me pagan el día”.
Algunas líneas de colectivos funcionan
Una fila de personas, esperaba su lugar en una combi, en la intersección de avenida Rivadavia y Paso. Para Matías, chofer en la empresa Laferbus, hoy fue un día de trabajo “normal”: “No tuvimos más pasajeros. Es como si no hubiese habido paro”.
“El 86 no funciona así que tengo que pagar $1500 por viaje”, dijo Maite Cruz, que trabaja en un mayorista en la zona de Once, mientras esperaba abordar la combi que la llevaría a González Catán. “Es la primera vez que tomo este servicio”, sostuvo.
“Es un gasto innecesario, pero no queda otra”, dijo Florencia Gómez de Monte Grande, compañera de trabajo de Cruz. Y sumó: “De nueve fuimos a trabajar solo dos. Posiblemente les van a descontar el día a los que no llegaron hoy”, indicó.
Una estación vacía
En tanto, Constitución era un desierto. Las puertas de la terminal de trenes estaban cerradas. Iván Herrera, cocinero en un hotel de Retiro que vive en Ezeiza, esperaba el 98 en la parada del metrobus. No sabía con certeza si la línea estaba funcionando porque era la primera vez en el día que se tomaba un colectivo. “Anoche dormí en lo de un amigo en la Capital por el paro de hoy, así que no sé qué servicio me puede llevar. Hay que ver si el 129 está operativo; hay que probar suerte”. Para él, las alternativas que impactarían menos en su bolsillo eran esas: “Un Uber me puede salir $44.000. El Didi moto quizás $20.000″.
“Voy a gastar $3000 en un día porque el 51 es expreso y es más caro”, dijo Leila Meza, que es de Parque Patricios y vuelve de su trabajo en el servicio penitenciario de Ezeiza. “Yo siempre me tomo el 59 y luego el tren, pero hoy no anda ninguno de los dos. Qué va a ser, a trabajar tengo que ir si o si”, indicó.
“Me quedé en los de mi hermana. Es la segunda vez que, ante una medida de fuerza, lo hago”, dijo Karina Ondiveros que es de Isidro Casanova y trabaja en una farmacia de Balvanera. Esperaba el 91 que le permitiría dormir hoy en su hogar.
Problemas para llegar
Durante la mañana, la adhesión al paro se vio de manera contundente en Constitución. De hecho, la terminal del ferrocarril Roca permaneció con sus puertas y rejas cerradas, situación que fue aprovechada por decenas de personas en situación de calle de la zona, que eligieron las escalinatas y los pasillos de ingreso del edifico para acomodarse y pasar la noche protegidos del viento.
En plena “hora pico” de la mañana, entre las 7 y 9, en las pasarelas de las líneas de colectivos de esa terminal, las pocas personas que circulaban eran, en su mayoría, camarógrafos de canales de televisión, un puñado de trabajadores que establecieron este lugar como punto de encuentro para que su empleador los pasara a buscar en auto, y personal de las líneas de la empresa DOTA. Sus colectivos llegaban y se marchaban casi vacíos.
Sobre la misma vereda y en las siguientes, combis privadas esperaron a llenarse para partir. Eran vehículos de empresas particulares que suelen acercarse a las zonas de trasbordo los días en que hay paro de transporte para trasladar a usuarios varados. El recorrido de Constitución a Glew, por ejemplo, salía esta mañana $7000, mientras que el de Microcentro a Moreno, $10.000. Pero era tal la magnitud del congelamiento del transporte público que estas combis no lograban llenar sus asientos: eran pocos los pasajeros que lograban llegar a Constitución.

http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA


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