Cuatro amigas en tiempos difíciles
fitz roy: secretos de montaña
AUTOR: Jordi Galcerán. ADAPTACIÓN: Daniel Cuparo. intérpretes: Leonora Balcarce, Mara Bestelli, Laura Novoa, Romina Richi. dirección: Mariana Chaud. sala: Teatro Metropolitan, Corrientes 1343. FUNCIONES: jueves y sábados a las 20; viernes y domingos a las 19. duración: 60 minutos.
Dos textos del catalán Jordi Galcerán fueron muy bien recibidos por el público porteño en distintas oportunidades. El método Grönholm, en 2005, y El crédito, en 2014. Fitz Roy, secretos de montaña, su nueva pieza, muestra a cuatro amigas muy entrenadas corporalmente que deciden escalar el cerro Fitz Roy, ubicado en la Patagonia sur. Está situado cerca de la villa El Chaltén (provincia de Santa Cruz). La aventura posee sus riesgos, dado que se trata de una montaña muy empinada, de 3405 metros de verticalidad, que posee cambios meteorológicos muy fuertes.
Julia, Caty, Laura y Ana poseen una relación muy sólida que sin duda vienen construyendo desde hace varios años. Cada una de ellas posee cualidades muy especiales y hay momentos en que parecería que solo las une ese deseo de superación que las provoca a embarcarse en una situación de estas características.
En verdad, el autor no aporta muchas pistas sobre las conductas personales de estas mujeres y utiliza este desafío que encaran para, en un alto del recorrido por esa montaña (obligadas por el mal clima) mostrarnos solo una pequeña porción de quiénes son, cuáles son sus inquietudes o necesidades, pero lo hace con muy poca profundidad.
En ese descanso que realizan, dialogan sobre temas banales, asoman algunas discusiones sobre el liderazgo de quien debe guiar ese viaje y quizá lo más inquietante resulte que una de ellas (quien confiesa que ha pagado los costos de este emprendimiento, algo que hasta entonces mantenía oculto) padece una enfermedad y que su mayor deseo es llegar a la cumbre del Fitz Roy y necesita que el grupo la apoye en ese derrotero.
Poner el cuerpo
La dirección de Mariana Chaud logra algo muy atractivo. Así como estas cuatro audaces empoderadas deciden llevar a cabo una compleja misión, lo mismo sucede a la hora de poner en escena esta pequeña historia del dramaturgo catalán. Chaud consigue que sus cuatro intérpretes (Leonora Balcarce, Mara Bestelli, Laura Novoa y Romina Richi) les pongan el cuerpo con fuerza a esos débiles personajes y demuestren que, más allá de las falencias que exponga la dramaturgia, hay en ellas una notable necesidad de concebir una experiencia que las lleve a demostrar sus cualidades interpretativas de forma muy convincente.
Si ascender al Fitz Roy resulta una empresa muy compleja, engrandecer este material dramatúrgico también lo es. Y este equipo creativo, en su totalidad, lo consigue.
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Un film que recupera la esencia de la saga
ALIEN: ROMULUS
(EEUU/2024). DIRECCIÓN: Fede Alvarez. Guion: Álvarez y Rodo Sayagués. FOTOGRAFIA: Galo Olivares. montaje: Jake Roberts. MÚSICA: Benjamin Wallfish. ELENCO: Cailee Spaeny, David Jonsson, Archie Renaux e Isabela Merced. DURACIÓN: 119 minutos. CALIFICACIÓN: apta para mayores de 16 años
En Alien: Romulus, el realizador uruguayo Fede Álvarez (No respires) se las arregla para compactar las seis películas previas de la saga iniciada en 1979 por Ridley Scott en una. Su entrada a la franquicia es la obra de un fan, no en el sentido peyorativo de amateur o diletante sino en el de ávido y apasionado. Tal devoción es evidente porque Álvarez claramente prefiere jugar con los elementos que la nutrida mitología de estos films pone a su disposición antes que reescribirla a su propia imagen. Seguramente, los espectadores que también sean fans de la saga agradecerán esta aproximación.
Esto no quiere decir que su película sea apenas un grandes éxitos, un rejunte de ideas recalentadas tomadas de otra parte, sino que cada escena carga con el eco de otra reconocible. Por ejemplo, el comienzo de este film, en el que vemos como un rayo láser fulgurante parte al medio lo que parece un fósil espacial, hace pensar oblicuamente en el comienzo de Aliens, la segunda entrada en la serie, en el que un rayo láser fulgurante parte al medio la compuerta de un módulo de rescate. Algunos reenvíos son menos sutiles, como el momento en que la protagonista aprende a usar un rifle pulsátil de modo similar a la teniente Ripley, la figura central de los primeros cuatro títulos. Otros son directamente citas, tal como la reaparición de un personaje del primer film que retoma su rol y buena parte de sus diálogos. Estrictamente, dada su condición física, no reaparece un personaje sino apenas medio. Hay que decir que la animación requerida para su resurrección está tan poco lograda, en particular en los movimientos de los labios, que resulta tremendamente distractiva e inexplicable en un momento en que cualquiera con un celular puede lograr fakes más convincentes.
Esta película se ubica cerca de las dos primeras, en todo sentido. En la cronología de la serie, sucede tras que Ripley quede varada en el espacio luego de disponer de la criatura en el primer film y antes de que sea milagrosamente hallada entre millones de kilómetros de nada y oscuridad gracias al poder inconmensurable de las segundas partes. Desde el punto de vista estético, reclama el mismo lugar: tiene a la vez la oscuridad del cuento de terror gótico encarado por Scott y el vértigo de la acción militarizada a la que se entrega sin respiro James Cameron en su secuela.
Desde esa incomparable labor, Cameron se reveló el mejor realizador de escenas de acción del fin de siglo pasado. Sus seguidores, parados sobre sus hombros, fueron más lejos: crearon un cine de acción en el que todo es hiperbólico, todo está en movimiento frenético y no se entiende nada. En esta película se percibe una saludable nostalgia por la sensatez de otro momento, notable sobre todo en su extenso uso de efectos prácticos (opuestos a los digitales). Sin embargo, no puede evitar caer en el mal de esta era que asume primariamente que hay una proporción directa entre la cantidad de cosas que se mueven en un film y el interés que puede generar.
Así, por mera inflamación de contrincantes y problemas que supongan un upgrade respecto de lo ya visto, los protagonistas suelen quedar atrapados en situaciones absolutamente irresolubles para las que eventualmente encuentran soluciones imposibles. Paradójicamente, cuando cualquier cosa puede pasar, cuando todas las reglas salen por la ventana, lo que finalmente sucede no importa demasiado. No es un rasgo específico de este film sino del cine de esta época: hay un desfase entre la acumulación de tensión en las escenas centrales, que es altísima, y la satisfacción que debería llegar al final de tales escenas, cuya elevada competencia técnica para imprimir velocidad pero baja calidad imaginativa para dar sentido a tal velocidad termina volviéndolas anticlimáticas. Igual que las redes sociales, el cine de acción actual sabe bien como enervarnos pero no es tan eficiente para ofrecernos gratificación.
La película participa de este estado de cosas pero también cultiva un vínculo con rasgos del cine de los años 80 que la preserva un poco. La saga original tuvo a cuatro realizadores fuertes (Scott, Cameron, David Fincher y Jean-Pierre Jeunet) que dejaron su impronta en cada film. Como se dijo, Álvarez elige honrar esta herencia, en especial los primeros dos films, antes que subvertirla. En consecuencia, ésta es la entrada menos personal de la saga pero también la más consistente con el resto de las partes. Es el eslabón que une todas direcciones en las que se disparó el mito imaginado por Dan O’Bannon hace casi medio siglo.
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Cuando la imperfección se convierte en virtud
Siempre juntoS
(ESTADOS UNIDOS/2023). DIRECCIÓN: Tony Goldwyn. Guion: Tony Spiridakis. FOTOGRAFÍA: Daniel Moder. MÚSICA: Carlos Rafael Rivera. EDICIÓN: Sabine Hoffman. ELENCO: Bobby Cannavale, Rose Byrne, Robert De Niro, William Fitzgerald, Whoopi Goldberg, Tony Goldwyn, Vera Farmiga, Rainn Wilson. DURACIÓN: 101 minutos. DISTRIBUIDORA: Diamond. CALIFICACIÓN: solo apta para mayores de 13 años.
Siempre juntos es una película tan imperfecta como los personajes retratados en ella, todos ellos integrantes en el fondo de una gran familia disfuncional que va más allá de los lazos de sangre, porque incluye a los afectos y al mundo laboral.
En este caso la imperfección se transforma en virtud. La trama a veces tropieza, como suelen hacerlo las personas obstinadas que no saben (o no pueden o no quieren) tomarse un tiempo para pensar antes de actuar porque en todo momento sienten la necesidad de afirmar sus principios y sus valores.
Pero cuando asoman en esas conductas intenciones buenas y nobles (como ocurre en la mayoría de los personajes de este relato) la verdad no tarda en aparecer. Y lo hace aquí unas cuantas veces de manera espontánea, reidera, tierna y casi siempre luminosa, siempre inspirada en esa voluntad de hierro que suele aparecer cuando queremos superar la adversidad.
Todo gira alrededor de Ezra (William Fitzgerald), nombre propio y a la vez título original de la película. Ezra es un chico del espectro autista que no termina de acomodarse ni en la escuela ni en el vínculo con sus padres separados, Max (un comediante de stand up que suele hacer catarsis de esa situación en sus shows) y Jenna (Rose Byrne), especialista en bienes raíces con nueva pareja (Tony Goldwyn, aquí actor y director).
Que Max se dedique a la comedia es una elección perfecta para darle a la historia un toque más ligero de lo habitual en estos casos, lo que de paso evita el riesgo siempre latente de poner un acento excesivo en las lecciones de vida, porque aquí se habla sobre todo de cómo aprender a tratar y a cuidar a un chico autista.
Interpretado por Bobby Cannavale en el mejor papel de su carrera, el impulsivo e inmaduro Max quiere lo mejor para su hijo, casi siempre sin medir las consecuencias y arrastrando unas cuantas heridas irresueltas de la relación con su propio padre (Robert De Niro), un famoso chef que se reinventó como portero de un edificio de lujo, con quien terminó viviendo desde que se divorció.
A ellos le debemos algunos de los mejores momentos de la película, que sabe encontrar todo el tiempo el costado más risueño para ocuparse de un tema de enorme sensibilidad. Aquí se habla todo el tiempo de aprendizajes en términos de ensayo y error, todo un desafío para personajes bastante obcecados. Cannavale lo hace con todo el cuerpo (más algunas salidas y chistes muy graciosos) y De Niro suma a su oficio, en este caso, una formidable gestualidad.
No es la suya una más de sus muchas apariciones en este tramo de su larga carrera. La química entre Cannavale y el muy creíble Fitzgerald queda a la vista en el tramo que transcurre en el camino, durante un viaje que tiene mucho de descubrimiento y aprendizaje recíproco, siempre espontáneo y distante de cualquier énfasis. Allí aparece un par de personajes circunstanciales y un poco forzados para la verosimilitud general, pero que expresan pureza y honestidad.
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Natalia Trzenko
romper el círculo
(estados unidos/2024). dirección: Justin Baldoni. Guion: Christy Hall a partir de la novela de Colleen Hoover. FotoGraFía: Barry Peterson. edición: Oona Flaherty, Robb Sullivan. elenco: Blake Lively, Justin Baldoni, Jenny Slate, Brandon Sklenar, Isabela Ferrer, Alex Neustaedter. caliFicación: Apta para mayores de 13 años con reservas. Duración: 140 minutos.
Ya hace unos años que las películas de Hollywood dejaron atrás la duración promedio de noventa minutos que utilizaron durante décadas. Incentivada por el fenómeno del cine comercial entendido como un evento que representan los films de superhéroes la industria parece haber acordado tácitamente que sus producciones cinematográficas deben durar al menos dos horas. La frase “a esta película le sobran...” (insértese la cantidad de minutos necesarios), se volvió parte de la rutina de ir al cine. Todo esto para decir que Romper el círculo, el drama romántico basado en la exitosa novela de Colleen Hoover, podría ser más efectiva con una edición que recortara los excesos que la llevaron a los 140 minutos de duración. Ciertas desprolijidades del montaje y la repetición de secuencias más bellas que significativas, perjudican un relato que trata de hacer equilibrio entre sus costados románticos, el drama de la violencia doméstica y el cuento de hadas moderno. La combinación de todos esos elementos incompatibles resultan en un film de tono inconsistente que de todos modos acierta en plantear la experiencia de la violencia de género desde la perspectiva de su personaje femenino central.
La historia gira en torno a Lilly
Bloom (Blake Lively), una mujer que está a punto de cumplir su sueño de abrir una florería en Boston mientras atraviesa el duelo por la muerte de su padre, un hombre violento que solía descargar su furia golpeando a su esposa. En ese momento, Lilly conoce a Ryle (Justin Baldoni), un neurocirujano tan apuesto y acaudalado que parece demasiado bueno para ser cierto. Y lo es porque desde su primer encuentro resulta evidente que Ryle carga con una intensidad que más tarde se manifestará en agresiones y oscuridad.
Gracias a un diseño de producción y vestuario que podrían pertenecer a alguna comedia romántica de buen presupuesto Romper el círculo se debate entre la fantasía y la realidad de la tragedia implícita en los casos de violencia de género. Los tramos en los que se muestran la etapa de enamoramiento de la pareja producen cierta desorientación en el espectador: el pelo perfectamente ondeado de Lively, la minuciosidad con la que la cámara capta cada uno de sus anillos, vestidos, botas y escotes dotan a las escenas de un tono rosa que no coincide con la tensión creciente que se quiere transmitir y deja al film peligrosamente cerca de la liviandad.
Por otro lado, resulta muy acertada la decisión creativa por parte de la guionista Christy Hall y el realizador de Justin Baldoni, director y coprotagonista, de estructurar la adaptación respetando el mismo punto de vista elegido por la novela: es Lilly quién vive y narra todo lo que sucede en su vínculo con el mundo. El modo en que interpreta la creciente violencia de su relación y su desorientación frente a un estado de situación que la desborda y confunde profundamente dotan al film de una perspectiva que le aporta la profundidad y emoción necesaria sin tropezar con lugares comunes.
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Alejandro Lingenti
inseparables
(bélGica-Francia/2023). dirección:
Jérémie Degruson. Guion: Joel Cohen, Alec Sokolow, Bob Barlen, Cal Brunker, Matthieu Zeller, Jérémie Degruson. animación: Valentin Legrand, Dagmara Ziemianska.edición: Jérémie Degruson. duración: 83 minutos. caliFicación: apta para todo público.
El gancho de esta coproducción entre Bélgica, Francia y España es la identidad de los guionistas: se dice en su campaña de promoción que son los mismos de Toy Story (al menos dos de ellos, Joel Cohen y Alec Sokolow), pero lo cierto es que esta dupla en realidad es la misma que, después de aquella experiencia con la saga de Pixar iniciada en 1995, participó en la discreta Garfield: la película (2004) y no mucho más…
Joss Whedon y Andrew Stanton, en cambio, tomaron otros rumbos. Después de aquel gran bombazo de Pixar (recaudó casi 400 millones de dólares en todo el mundo), el primero trabajó en los guiones de otra saga taquillera de Marvel, The Avengers, y Stanton estuvo involucrado en muy buenas películas de animación como Monsters, Inc., Buscando a Nemo y WALL-E.
Con otros cuatro guionistas como apoyo (es decir que hubo seis en total), Cohen y Sokolow idearon para Inseparables una trama que tiene un punto de partida similar al de Toy Story -un puñado de juguetes que imprevistamente cobran vida-, aunque esta vez se trate -una leve y no muy sustancial diferencia- de marionetas de un teatro de títeres.
Más allá de ese dato específico, no hay otras analogías entre esta película y la inolvidable obra maestra dirigida por John Lasseter. Inseparables tiene menos sorpresas y menos gracia que Toy Story, eso es notorio. Tampoco presenta un trabajo de animación con novedades que puedan seducir a los conocedores del género. Y su guión es mucho más endeble e imaginativo.
La historia transcurre en el famoso Central Park de Nueva York, controlado en esta fantasía por las marionetas de un teatro infantil creado por un anciano que ya se ha retirado de su profesión. Hay un payaso calvo que sufre por estar encasillado en el lugar del tonto de la función, un provocador perro de peluche rapero (llamado DJ Doggy Dog) y un Don Quijote que debe encontrar títeres robados para ser ofertados en eBay.
Son los personajes más fuertes de un film en el que las ensoñaciones de la marioneta inspirada en el clásico de Cervantes ocupan un lugar central y aparecen desde inocentes patitos hasta temibles dragones pasando, por supuesto, por los célebres molinos de viento de la polifónica novela del siglo XVI que es un hito indiscutible de la literatura española.
Las alusiones nada veladas y los guiños (ya sea a la tragedia del Pinocho de Carlo Collodi o incluso a la imaginería febril de Tolkien) le agregan densidad a una película con buen presupuesto (25 millones de dólares) que combina animación en 2D y 3D y es recomendada para niños de más de 5 años. Pero los padres también tienen más para entretenerse: alegorías a la gran tradición de los musicales en cine y la cultura del hip hop, e incluso una simpática versión de la banda belga Puggy de un temazo de los Pixies (“Where Is My Mind?”) que muchos conocieron gracias a otra banda sonora, la de El club de la pelea.
http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA
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